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30 de abril de 2019
Matías Pacheco (desde Caracas)
Federico Simonetti

Desde el 23 de enero pasado, Venezuela vive un intento continuado de Golpe de Estado promovido por el ala derecha de la oposición interna y dirigido por los Estados Unidos. Durante el día de hoy asistimos a un nuevo capítulo de dicha trama en el que el chavismo obtuvo una nueva victoria.

Los hechos

Temprano en la mañana, con la colaboración de miembros del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), se produjo la fuga de Leopoldo López, quien se encontraba cumpliendo prisión domiciliaria. Junto a Juan Guaidó anunciaron la ofensiva final de “La operación Libertad”, eufemismo utilizado para denominar el pretendido asalto al poder y derrocamiento del Gobierno de Nicolás Maduro. El primer objetivo era tomar la base aérea la Carlota (ubicada en Altamira, al este de Caracas), desde aquella posición militar se proyectaba dirigir el intento golpista. En esta ocasión, Guaidó logró el apoyo de un centenar de desertores de la GNB (Guardia Nacional Bolivariana) que cumplían tareas ordinariamente como seguridad de la Asamblea Nacional (según las declaraciones de Moncada).

Sin embargo, la fragilidad de los apoyos obtenidos por la oposición quedó demostrada tempranamente. A primera hora, miembros leales de la GNB que se encontraban en el pretendido cerco a la base militar por órdenes de sus superiores, se escaparon al descubrir que los querían implicar en el Golpe y denunciaron públicamente que los habían llevado engañados.

De manera inmediata el conjunto de la FANB reiteró lealtad a la Constitución y al Gobierno de Nicolás Maduro. La dirección del proceso convocó al pueblo al Palacio de Miraflores para defender la democracia. Mientras el centro era copado por el chavismo, las tropas leales rápidamente repelían el intento de toma de La Carlota. Cumplido el objetivo, comenzaron a avanzar por la Avenida Francisco Fajardo para dispersar la movilización (más bien Guarimba) que con piedras y bombas molotov pretendía empalmar con la avanzada de las fuerzas golpistas. De esos enfrentamientos de baja intensidad y corta extensión temporal, en un barrio de clase media-alta a unos diez kilómetros del centro del poder político, es de lo que hablaron durante todo el día los grandes medios de comunicación.

Cuando escribimos estas , la situación ha sido completamente controlada por las fuerzas leales al Gobierno, el pueblo muestra su masiva presencia en Miraflores, Leopoldo López se refugia primero en la Embajada de Chile y luego en la de España, la intentona ha sido desarticulada.

Motivos

No es sencillo leer la jugada de la oposición. Se volcaron a una acción para la que contaban con una correlación de fuerzas muy desfavorable. ¿Realmente la oposición creía que iba a asaltar el poder? Es a todas luces improbable, se necesita mucho más que un centenar de militares para dicho propósito, la oposición y los Estados Unidos lo saben. ¿Volvieron a creer que se iba a quebrar la unidad de la FANB? Sería un error de cálculo demasiado burdo a tan sólo dos meses del estrepitoso fracaso del 23F. ¿Creyeron que iban a empalmar con una movilización de masas nacional espontánea hartada de la penosa situación social? Hace años lo vienen intentando sin resultados. ¿Pretendían únicamente la libertad de un dirigente detenido por promover guarimbas? Parece demasiado costo para tan modesto objetivo. Siendo que las condiciones internas muestran a una oposición sin la fuerza necesaria para un asalto al poder ¿Acaso se buscaba desatar un escenario de violencia generalizada, con muertes, que justificara una intervención extranjera? ¿Se buscaba montar un escenario escandaloso, que manchara cualitativamente a la gestión de Nicolás Maduro y justifique esa intervención a los ojos de la opinión pública internacional, al estilo “ataque de armas químicas en Siria”? Esta parece la hipótesis más probable.

Así y todo, para generar un escenario de ese tipo se requiere una correlación de fuerzas muchísimo más favorable que la que la oposición desplegó. Las guarimbas fueron dispersadas con gases lacrimógenos y balas de goma. Es factible que hayan esperado apoyos que no llegaron. El asesor de la Casa Blanca John Bolton lo dijo explícitamente, aunque por los nombres a los que recurrió pareció más un intento de generar tensiones hacia dentro del Gobierno de Venezuela que información fidedigna, puede haber un poco y un poco.

Existe un elemento de gran importancia que es preciso poner sobre la mesa para poder arrimarnos a una comprensión de los acontecimientos en cuestión. Si la acción fue lanzada prematuramente, si no se prepararon debidamente todos los elementos necesarios, no es sólo por ineptitud (que no le falta) de la oposición interna. El ala derecha de dicha fuerza (encarnada en Voluntad Popular), se viene desinflando críticamente en los últimos meses. Sus permanentes fracasos, su cada vez más escasa capacidad de movilización, el escepticismo que ha generado en amplias capas de la población antichavista; los pusieron en una situación de debilidad y vulnerabilidad. Era de esperar que sus principales dirigentes enfrenten allanamientos y detenciones en los próximos días, agobiados por un marco en el cuál los mismos iban a generar escasa reacción interna y poco margen de maniobra para la reacción externa. Se trata de una oposición interna que no contaba con el beneficio del tiempo. Esta variable no debe ser despreciada a la hora de analizar una jugada que tuvo rasgos de redención y evidentes signos de acción desesperada.

Porvenir

En política los errores no son gratuitos. Hoy la oposición recibió una derrota que la deja aún en peores condiciones que las que tenía ayer. A nivel internacional se volvió a expresar la correlación de fuerzas que hace meses se muestra adversa a Estados Unidos y la intervención militar. La sedición a la luz del día dota de más herramientas al Gobierno para avanzar judicialmente sobre los golpistas y ponerlos a la defensiva. Es de esperar que ante este escenario la oposición profundice el carácter violento de sus acciones.

Jorge Arreaza volvió a plantear que el diálogo es la única oferta del gobierno venezolano, opción que la derecha descartó una y otra vez, opción para la cual posee día a día peores condiciones de negociación. Diosdado Cabello planteó desde Miraflores que la mejor defensa es el contraataque, abriendo la puerta a una recuperación de la iniciativa por parte del chavismo.

La oposición derechista y los Estados Unidos obtuvieron su derrota, para que la misma se convierta en victoria del pueblo venezolano, debe mediar la acción decidida, basada en los anhelos de las bases. Se impone, como dijo e hizo Chávez, escuchar al pueblo en los momentos más adversos. Judicialmente contra los golpistas, económicamente contra los formadores de precios que hambrean al pueblo, políticamente fortaleciendo el protagonismo popular.

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