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Con esta entrevista a Llanisca Lugo, militante del Centro Martin Luther King de Cuba, iniciamos la publicación de una serie de entrevistas con Latinoamérica como tema común, con la mirada sobre el continente, sobre las perspectivas, las ideas y principalmente las acciones de organizaciones hermanas.

Llanisca es coordinadora  del Programa de Solidaridad del Centro Memorial Martin Luther King, organización macroecuménica de inspiración cristiana, que contribuye a la solidaridad y la participación popular, basada en la Educación Popular y una teología popular, crítica, liberadora y contextualizada.

Militantes de diversos países reflexionan sobre la situación en la región, nuestras tareas y desafíos por delante en la búsqueda de la reconstrucción de un proyecto de transformación y buen vivir de las mayorías.

¿Cómo caracteriza el actual contexto latinoamericano?

Actualmente estamos viviendo un momento peligroso para todos los pueblos del continente, especialmente para todos los pueblos organizados en defender las ideas de justicia social para nuestros países, un proyecto de integración popular que realmente sea capaz de construir poder popular, ese poder que tanto necesitamos. Hay una avanzada de la derecha, pero de los más reaccionario de las ideas de derecha en el continente. Hay una avanzada del neoliberalismo, pero las expresiones más criminales de ese neoliberalismo, en el intento histórico del imperialismo de construir su dominación sobre nuestras regiones. Hay una crisis en el sistema capitalista que presenta una institucionalidad muy fragilizada. Hay una judicialización de la política que cae sobre lideresas y líderes sociales y políticos, toda la criminalización que tiene la complicidad de diferentes aparatos e instancias, los asesinatos permanentes de compañeros y compañeras que defienden los territorios y la vida en comunidad. Toda la arremetida contra las ideas de izquierda y la posibilidad de un mundo nuevo que supere el capitalismo es un rasgo fundamental de este momento, el cual necesitamos pensarlo, analizarlo, para entender bien como se están generando las relaciones entre las estructuras de opresión. Cómo se están retomando los proyectos de dominación sobre nuestra región, para nosotros también entonces colocar nuestras estrategias, que es claro que tienen que ser de resistencia, de acompañamientos, de solidaridad y también de construir alternativas, construir procesos hacia adelante en unidad.

Venezuela es el centro de la disputa entre proyectos en la región. Un país que hoy simboliza todo lo que Estados Unidos y las élites regionales pueden generar en materia de violencia, presiones y sanciones para borrar la posibilidad de resistencia popular. Y también un país que es símbolo de un gigante, que es nuestro pueblo latinoamericano. Algo que podemos resaltar es la alegría, la fuerza y resistencia del pueblo venezolano en este proceso, que cuenta con el respaldo de las organizaciones sociales y políticas del continente que comprenden la significación de este proceso para la región, organizaciones que defienden la Revolución Bolivariana.

 

¿Cuáles son las tareas para las fuerzas de izquierda y las fuerzas progresistas en la región en este contexto?

Hay muchas tareas. Lo fundamental es organizar, priorizar estas tareas. Es encontrar donde están los puntos que nos permiten construir esa unidad que tanto deseamos y necesitamos. Dónde están los puntos sobre los que podemos dialogar. Cuáles son los puntos de encuentro de nuestros proyectos antimperialistas, anti neoliberales, donde están los ejercicios de diálogo reales que podemos sostener. Yo creo que esa es una de las tareas fundamentales entre el movimiento popular, entre los partidos, pero también con los Estados, intentando reconocer los momentos de tensión, de opresión, de lucha necesarias para profundizar los procesos. Intentando reconocer el papel, los roles que tiene cada actor, cada sujeto dentro de las revoluciones. Dentro de los países donde no tenemos procesos avanzados de construcción de poder popular, sino lo contrario, tenemos que encontrar dónde están las posibilidades de superar la situación. No podemos acomodarnos a una época de derrotas.

Otras tareas muy importantes son la formación, la comunicación estratégica, que nos construya nuestra identidad revolucionaria, resistencia organizada. Que reconstruya esa hegemonía, el sentido común. Tenemos que disputar y tenemos que construir con el pueblo, no sólo con la militancia de las organizaciones. La izquierda no puede estar contenta con discursos radicales dentro de su seno, de su teatro. Tiene que ir al pueblo, tiene que discutir con la gente su proyecto, reconstruir con la gente su proyecto, escuchar lo que la gente necesita. Esta es otra tarea, construir base popular organizada, diálogo con las bases populares, con el pueblo mas humilde. Es una tarea primordial de la izquierda hoy.

Entonces la comunicación estratégica, la formación, el diálogo con el pueblo, la articulación entre las fuerzas y la construcción de un programa que nos pueda articular. Creo que son tareas que hoy tenemos que enfrentar.

¿Cómo avanzamos en reconstruir esa hegemonía que supimos tener en años anteriores donde mayores sectores de la sociedad eran receptores de las ideas de transformación?

Yo creo que una cosa fundamental es creer en el pueblo. Esto es lo primero. A veces la izquierda quiere que el pueblo crea en ella, “tienen que creer en mi proyecto”. Vamos a creer en el pueblo. En el pueblo que le da la comida a sus hijos, que se va a trabajar, vamos a dialogar con ese pueblo, que quiere una sociedad mejor y que muchas veces es decepcionado. Hay que cuidar la fe en el pueblo.

Esto no se logra únicamente con grandes debates éticos. Se logra con un comportamiento coherente. La discusión de la coherencia es una discusión que nos tenemos que dar. Coherencia en todos los órganos de la vida. Emanciparnos de toda forma de opresión.

La coherencia y el diálogo con el pueblo son fundamentales. Y otro aspecto es nuestra capacidad de conectarnos con las ideas de la gente. A veces tenemos discursos que están muy lejos de lo que la gente quiere, de lo que la gente siente, muy lejos de la vida. Quedamos atados a escenarios, estructuras, aparatos que hoy tal vez ya no son capaces de generar escenarios de revolución. La izquierda tiene que reinventar sus instrumentos. El instrumento tiene que ser el territorio privilegiado del diálogo con el pueblo, debería ser el territorio donde uno construya la participación del pueblo. Pero al servicio del pueblo, no el pueblo respondiendo al instrumento. Constantemente transformamos esta relación, la invertimos. Es una necesidad renovar nuestras metodologías. Con instrumentos viejos no podemos crear sociedades nuevas. En momentos de crisis, de redefiniciones como en el que estamos las organizaciones, los sujetos se reconfiguran. EL campo popular, los sujetos se reconfiguran.

Vemos la necesidad de construir un nuevo modelo económico sustentable, que sea garantía de los avances que vallamos logrando.  ¿Cómo avanzamos en la construcción de este nuevo modelo?

Lo primero creo que es que hay que integrarlo en nuestros debates. Siempre lo separamos. Normalmente la izquierda separa las discusiones de la espiritualidad y de la economía de sus debates. Son debates que normalmente no son parte de nuestras discusiones. ¿Cómo reproducimos la vida? Desde las mujeres en su trabajo doméstico, no remunerado, que tiene que ser incluido cuando evaluamos la prosperidad de una sociedad, hasta como superamos las matrices extractivas. Cómo nosotros y nosotras construimos una transición justa, que sea capaz de buscar un modelo de ecología política sistémica que integre las visiones para que el bienestar no sea entendido como una escalada de consumo, sino con una vida en armonía, de compartir los bienes, de una vida en comunidad. Hace falta trastocar el paradigma que nos sembraron en la cabeza de qué es lo que significa una sociedad que está bien. Hay una creencia, incluso nuestros gobiernos progresistas aspiraron a que la gente tenga más consumo, a salir de la pobreza. Por supuesto que es importante que la gente salga de la pobreza, y este fue un logro en este tiempo en muchos países de la región, pero nuestro proyecto no puede ser construir sociedades con el orden liberal burgués, con un capitalismo noble y democrático, esto no existe en el mundo. La mayor de las utopías es creer que mientras tengamos capitalismo vamos a tener una sociedad con capacidad democrática. Nosotros necesitamos subvertir este orden desde abajo con mucha creación nueva, con innovación de lo que significa las relaciones del pueblo con las estructuras a nivel local. Necesitamos estimular la autogestión local, estimula la articulación de emprendimientos a nivel local que resuelvan los problemas de la gente, esto en diálogo con políticas de estado que tienen que ir avanzando hacia esta necesidad de superar las políticas extractivas, esa matriz que nos mantiene dependientes del sistema económico mundial que siempre nos va a tener desplazados, supeditados.

La soberanía es fundamental. No podemos construir una economía capas de alimentar a nuestros pueblos sin soberanías. Soberanías energética, alimentaria, territorial y la soberanía de las mujeres.

En este pensarnos desde la integralidad un eje que fue ganando fuerza en la región es el debate, las prácticas que se enmarcan en la construcción del feminismo. ¿Qué balance se hace del feminismo en la región?

El feminismo está siendo mediatizado con mucha intención desde los centros de poder. Se visibiliza un feminismo desorganizado, sin construcción de procesos políticos. Un feminismo liderado por actrices, por cantantes, por famosas. Y no se visibiliza el feminismo de abajo, construido por el sudor de las mujeres del pueblo que hacen política desde sus bases, que están salvando la vida de las compañeras, que están poniendo su vida en riesgo. Estamos avanzando en América Latina en una comprensión de como esto tiene que atravesar nuestros debates de nuestro proyecto. Transversalmente. Cuando discutimos democracia, cómo las mujeres aportan a la construcción de esta democracia. Desde la historia del patriarcado. Si encerramos la discusión del feminismo en una tendencia que sólo gire sobre sí misma y ahí se quede, tenemos un límite. Necesitamos construir, organizar las movilizaciones que fueron muy grandes en la región.

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

 

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