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ANC 2017-2020: balance en medio de la tempestad. Análisis de La Corriente

ANC 2017-2020: balance en medio de la tempestad. Análisis de La Corriente

 

 

 

I

Luego del fallecimiento del comandante Chávez EEUU decidió desarrollar un plan de ofensiva total contra la revolución bolivariana. El gobierno encabezado por Nicolás Maduro tuvo que enfrentar, desde el mismo día de la victoria electoral del 14 de abril de 2013, el despliegue implacable de ese plan:

1) desconocimiento del resultado electoral y arremetida de violencia política en 2013, lo cual fue derrotado y concluyó con la consolidación del gobierno de Maduro por la vía electoral con un triunfo que implicó una diferencia de más de un millón de votos y la casi totalidad de los gobiernos municipales del país,

2) en 2014, profundización de guerra económica y plan insurreccional La Salida dirigido por Leopoldo López, el cual causó 48 muertes violentas que fueron instrumentalizadas para construir la falsa imagen internacional del gobierno de Maduro como una tiranía feroz,

3) derrotadas estas operaciones iniciales, en 2015 el plan de EEUU se enfocó en que la oposición política capitalizara electoralmente los efectos negativos sobre la población causados por la guerra económica, con el resultado de la conquista por la vía electoral de la Asamblea Nacional,

4) en 2016, con la entrada en ejercicio de la Asamblea Nacional opositora, comenzó una nueva fase del plan de agresión: el despliegue del poder legislativo como arma de guerra contra el país, con el objetivo de desmembrar el Estado y acabar con la institucionalidad venezolana.

La pugna por evitar el éxito de ese plan implicó que el Tribunal Supremo de Justicia, apelando a los extremos constitucionales y con base en irregularidades ocurridas en las elecciones parlamentarias en algunos estados del país, sentenciara el desacato de la Asamblea Nacional y dejara sin efecto sus actos. Esa derrota ocurrió como resultado de las actuaciones de los poderes del Estado para defenderse de los planes que pretendían su disolución.

Como consecuencia, el plan de agresión contra Venezuela dirigido por EEUU definió el despliegue prácticamente nacional de violencia callejera paramilitarizada cómo táctica para derrocar el gobierno bolivariano. Esa escalada violenta caracterizó buena parte del año 2017, hasta que llegó la Asamblea Nacional Constituyente y mandó a parar.

 

 

I
A partir del mes de abril de 2017, Venezuela toda pasó a ser una vorágine de caos y violencia: pueblos y pequeñas ciudades sitiadas por la violencia paramilitarizada, zonas enteras de las principales ciudades del país totalmente tomadas y sometidas por la violencia, instalaciones militares y policiales atacadas con armas de fuego y bombas incendiarias, almacenes y depósitos de alimentos incendiados, más de 150 personas fallecidas, 23 personas quemadas vivas en la calle, cuatro meses de casi total paralización del país y una agobiante operación psicológica para sembrar el terror. El escenario que se configuraba a medida que pasaban los meses era el de una inminente guerra civil.

En ese contexto se logró convocar y realizar las elecciones para que la Asamblea Nacional Constituyente fuera electa el 30 de julio de 2017. Para llevar a cabo las elecciones el Estado venezolano definió la creación de centros de votación especiales en los que pudieran ejercer su derecho al sufragio las personas cuyos centros de votación estaban ubicados en zonas tomadas por la violencia: de estos, el más importante fue el Poliedro de Caracas. La historia recordará las fotos y videos de grandes caravanas de venezolanos y venezolanas cruzando ríos y recorriendo kilómetros de carreteras y caminos de montaña para moverse de un pueblo a otro y así evadir los cercos violentos y poder votar.

La elección de la ANC cumplió de manera absolutamente exitosa ese objetivo de frenar la escalada violenta que amenazaba al país con seguir elevándose hasta alcanzar proporciones de guerra civil. La masiva participación del pueblo venezolano, expresada en más de 8 millones de votos, gracias a la puerta democrática y electoral abierta por el Estado venezolano como estrategia para defender su unidad ante la agresión, causó el cese casi inmediato de la violencia, con lo cual se demostró, además, que no era espontánea ni fruto del descontento sino una megaoperación cuidadosamente diseñada y ejecutada.


Apenas instalada siguieron las acciones de la ANC en su rol histórico de ser instrumento parlamentario y jurídico del Estado venezolano para preservar y profundizar la paz conquistada con su elección e instalación. Una de las primeras medidas, tomada el 5 de agosto de 2017, fue la destitución de la fiscal general Luisa Ortega Díaz (que estaba previamente suspendida por el Tribunal Supremo de Justicia) luego de ser demostrada su participación en la conspiración contra el Estado venezolano. En su lugar, la ANC designó como Fiscal General a Tarek William Saab, quien hasta entonces había sido Defensor del Pueblo. Con esto, la ANC desarmaba el proceso de desmembramiento del Estado, que pretendía separar del mismo no solo a la Asamblea Nacional sino al Poder Ciudadano y al Judicial.

Por su parte, EEUU y sus aliados nacionales e internacionales respondían desconociendo la elección e instalación de la ANC, obviando flagrantemente la voluntad del pueblo venezolano expresada electoralmente. Como parte de la respuesta de EEUU y sus aliados, el 8 de agosto de 2017, en Lima (Perú) se efectuó una reunión con los cancilleres de 17 países del continente americano, cuya resulta fue un documento denominado la Declaración de Lima, la cual fue suscrita por 12 países en donde acuerdan condenar la supuesta ruptura del orden democrático en Venezuela y desconocer la ANC.
La respuesta de Venezuela fue más democracia. En función de reconstruir y consolidar la estabilidad política, la ANC continuó actuando, y convocó una seguidilla de elecciones que fueron clave no solo para ese objetivo estabilizador sino porque implicaron una contundente demostración de la voluntad absolutamente mayoritaria del pueblo venezolano de vivir en paz y democracia. Esto fue garantizado por la ANC incluso creando mecanismos de emergencia institucional mediante vías excepcionales.

Esas elecciones fueron: 1) regionales el 15 de octubre de 2017, 2) municipales el 10 de diciembre, y 3) presidenciales el 20 de mayo de 2018. La victoria de las fuerzas patrióticas y bolivarianas fue contundente en las tres jornadas, logrando con ello consolidar una unidad absoluta del Poder Ejecutivo en todos los niveles, con lo cual se consolidaba toda la fuerza para reestablecer la gobernanza y defender la paz y la soberanía. Los años subsiguientes en los cuales la agresión escaló aún más demostrarían el carácter vital y estratégico de esta unidad política expresada en el hecho de que la gran mayoría de los espacios del poder político del país estuviesen en manos de las fuerzas patrióticas.

Otro ámbito clave de actuación de la ANC fue el relacionado con el castigo a los responsables de la violencia que habían usado su investidura como diputados de la Asamblea Nacional para conspirar contra la paz, la democracia y la soberanía del país. Así, por ejemplo, el 6 de noviembre de 2017 la ANC autorizó el enjuiciamiento del diputado opositor y primer vicepresidente de la Asamblea Nacional Freddy Guevara, principal cabecilla de la escalada violenta, el 7 de agosto de 2018 se acusó al parlamentario Juan Requesens junto al también diputado y expresidente de la Asamblea Nacional Julio Borges, ambos pertenecientes al partido Primero Justicia, de estar presuntamente involucrados en el atentado contra Nicolás Maduro. El día siguiente la Fiscalía General pidió al TSJ emitir sentencia para dar pie a la remoción de la inmunidad parlamentaria de Requesens y Borges, la cual fue efectuada​ y remitida a la ANC, quien lo aprobó.

En esa misma dirección de fortalecimiento de mecanismos legales para preservar la paz, la democracia y la soberanía apuntó la Ley contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia, aprobada por unanimidad por la Asamblea Constituyente el 8 de noviembre de 2017 con el propósito de promover «el reconocimiento de la diversidad, la tolerancia y el respeto recíproco, así como prevenir y erradicar toda forma de violencia, odio e intolerancia política”. Igualmente, la creación de la Comisión para la Verdad, la Justicia, la Paz y la Tranquilidad Pública el 24 de mayo de 2018, que desde el primer momento encamino sus esfuerzos por la ruta del diálogo político y la concreción de consensos.


También en el plano económico la Asamblea Nacional Constituyente tuvo iniciativas en su actuación legislativa. El decreto sobre el Petro, la Ley Constitucional de los Clap, la Ley de Precios Acordados, la Ley de Inversión Extranjera, el decreto constituyente de Diálogo Económico, la Ley sobre la Unidad Tributaria Sancionatoria y la Ley de Impuestos a Grandes Patrimonios, la derogación del Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley del Régimen Cambiario y sus Ilícitos, con lo cual se abre paso a la libre convertibilidad del bolívar con el libre comercio y libre negociación de las divisas en el país, así como la aprobación de la Ley Antibloqueo, que tiene como objetivo central restituir las garantías sociales y económicas de nuestra gente.

III
Movimiento de Transición del Pueblo, Paramacay II, Operación Armagedón, Operación de Magnicidio, Operación Libertad, Operación Vuelvan Caras, Operación Fuerza y Libertad, Operación Venezuela Honor y Gloria, Operación Aurora, Operación Gedeón. Estos son los nombres de algunas de las conspiraciones militares ejecutadas y derrotadas en el lapso tres años y cuatro meses en que estuvo en funcionamiento la Asamblea Nacional Constituyente. A esto debe agregarse todo el andamiaje diplomático desplegado por EEUU en el mundo y el gigantesco arsenal mediático dirigido contra la revolución bolivariana. Y por si fuera poco, el desarrollo creciente de medidas económicas coercitivas y unilaterales aplicadas por EEUU, la Unión Europea, Canadá y otros, y el plan de ofensiva final desplegado desde enero de 2019 que tuvo como pieza central la Asamblea Nacional definitivamente insurrecta y separada del Estado para ponerse al servicio de las órdenes directas del gobierno de EEUU: la autoproclamación como presidente interino de Venezuela por parte del exdiputado Juan Guaidó, reconocido inmediatamente por EEUU, la Unión Europea y otro conjunto de países subordinados, que acarreó además el robo de más de 5.400 millones de dólares, pérdidas por más de 130 mil millones de dólares y el secuestro de Citgo y Monómeros.


En la ardua resistencia de Venezuela ante tamaña agresión multidimensional fue clave el accionar de la Asamblea Nacional Constituyente para llenar el vacío dejado por el Poder Legislativo insurrecto y ser el instrumento central para sostener la unidad institucional del Estado, la unidad identitaria de la República, en un despliegue suigéneris para contrarrestar las actuaciones ilegales de la Asamblea Nacional en desacato como instrumento de la agresión extranjera.

La unidad cívicomilitar del pueblo venezolano, la unidad y cohesión política de todas las instancias del Poder Ejecutivo y de las fuerzas políticas del chavismo, el funcionamiento del Poder Ciudadano, el Poder Judicial y el Poder Electoral, todos estos factores imprescindibles para la resistencia ante la agresión, tuvieron como eje y base la existencia y actuación de la Asamblea Nacional Constituyente en tanto fundamento institucional para la preservación de la paz, la democracia y la soberanía del país. El debate y las diatribas agoreras sobre la supuesta expropiación o conculcación que la ANC significó en relación con el supremo y soberano poder constituyente que reside exclusivamente en el pueblo venezolano queda zanjado cuando se analiza que fue justamente ese supremo poder constituyente de nuestro pueblo el que, por vía democrática y electoral, generó soporte y dio legitimidad al instrumento extraordinario y excepcional al que tuvo que recurrir Venezuela para continuar garantizando su existencia como nación y República, como Estado social de derecho y justicia.

Resistido el temporal, capeada la tormenta, no sin bajas, heridas o retrocesos pero de pie y con esperanza, con una nueva Asamblea Nacional que estará al servicio del país y de nuestra gente, cesan las funciones de la ANC y da paso a un 2021 en el que continuarán las batallas y los desafíos para nuestro país.

Si en 1819 el Libertador Simón Bolívar convocó al poder plenipotenciario constituyente para consolidar el edificio Republicano y construir un sistema político que reuniera la capacidad de sostener íntegra la unidad y a su vez dotara de seguridad social, estabilidad política y felicidad social al pueblo, y en 1999 Hugo Chávez lo hizo porque, según sus palabras, “la única vía en este momento que pudiera garantizar la paz futura de la Nación sería convocar una Asamblea Nacional Constituyente. Eso permitiría reunirnos en soberanía, convocar al soberano que es el pueblo nacional, el pueblo venezolano, para refundar la República, para darle un nuevo rumbo a la Nación, para decirle al mundo: aquí estamos reunidos en asamblea popular los venezolanos, para discutir quiénes somos y hacia dónde vamos, y convertir esa discusión en un gran proyecto nacional que tenga rumbo, que tenga destino cierto”, en 2017 y hasta diciembre de 2020 fue necesario acudir a este supremo poder de nuestro pueblo para preservar la unidad del Estado y defender la paz, la democracia y la soberanía, única base sobre la cual podremos continuar construyendo y profundizando la revolución bolivariana y su horizonte transformador.

A Chávez, lealtad y coherencia

A Chávez, lealtad y coherencia

Por Gerónimo Paz

Lo más importante cada 5 de marzo no es solo rendir tributo al comandante Chávez, recordarlo y exaltarlo, cosa que es fundamental (los pueblos debemos recordar siempre a quienes dedicaron sus vidas a la lucha por una patria humana, justa y soberana), lo importante, lo que realmente importa es no perder su espíritu, no perder su ejemplo, no abandonar su ética, su pensamiento político, su pensamiento estratégico.
Chávez sintetiza en su acción y en su pensamiento una fuerza ética nuclear. Toda su vida política estuvo marcada por un compromiso ético, por el desprendimiento, por el altruismo, por el espíritu de sacrificio por los demás. La ética política de Chávez se sustenta en una fusión ecléctica entre la tradición cristina de “amar al próximo como a ti mismo” y las tradiciones libertarias patrióticas y altruistas de nuestro pueblo y de los y las revolucionarios(as) del mundo; su legado ético es una propuesta para la reconstrucción de la vida política, para una nueva forma de hacer política que esté a la altura del nuevo país y del nuevo mundo que queremos construir. La propuesta ética que ofrece como alternativa histórica es la del compromiso insoslayable, es la política como acción trasformadora, como testimonio o apostolado de entrega y desprendimiento sin aspiraciones banales.
La política en Chávez es altruismo, pero un altruismo superior, racional, desprendido del simple dar. Es el refuerzo mutuo entre el yo y los otros, en una simbiosis en que ambos se potencian. La meta del altruismo de Chávez no es solo dar de comer, no es solo multiplicar los panes, es una ventana para el empoderamiento, para la construcción colectiva, no termina en las misiones o en políticas sociales distributivas, va mucho más allá. El altruismo de Chávez que se hace política para que las mayorías salgan de la pobreza, pero no dándoles dádivas, sino construyendo con ellas poder, transfiriéndoles poder. Es por lo tanto un altruismo trasformador, es una apertura hacia un propósito universalmente realizador de lo humano, que es la verdadera utopía.
Chávez resuelve con su praxis y pensamiento un dilema ético central de la política: ¿la política para qué? En él, esta se deslastra de la perversión de usarla como mecanismo de ascenso social y la eleva a lo que debe ser. La perversión de la política es uno de los grandes males históricos del país. Desde la traición de Páez hasta Chávez la historia política de Venezuela es la historia de la corrupción, es la historia del pillaje de la cosa pública, tanto que no se puede entender el proceso de acumulación de riquezas sin estudiar el papel determinante que la corrupción ha tenido en este proceso. Los grandes capitales, con salvadas exenciones, son el resultado, como bien se sabe, del trasiego de la renta petrolera a manos privadas mediante múltiples mecanismos ilícitos e inmorales.
La ética chavista es una ética integral, es en defensa de la humanidad, de la naturaleza, es una opción clara y firme por los empobrecidos y desprotegidos de la sociedad, invita a luchar por la vida buena y  la felicidad de todos; critica el orden establecido excluyente de las mayorías; propone alternativas de vida inclusivas donde quepamos todas y todos; afirma una relación armoniosa entre los seres humanos y la naturaleza. Su pensamiento político se sustenta en estos principios, se proyecta y se traduce en un proyecto de país, en un pensamiento estratégico concreto para avanzar hacia ese objetivo transcendente, hacia esa utopía posible. La ética de Chávez es lo que nosotr@s llamamos una ética política radical. No se puede comprender a Chávez, no se puede ser chavista sin tener una práctica alineada a su propuesta ética, así como el cristianismo nos dice que la verdad nos hará libres, Chávez nos enseña que sólo la ética nos hará chavistas.
Que no se vuelva el recuerdo de sus ideas, de su legado, algo académico, dogmático, que no se vuelva algo así como una historia fría, petrificada y, peor aún, que no se vuelva retórica vacía. A Chávez honor y gloria, pero sobre todo a Chávez lealtad y coherencia siempre.

El Caracazo, por Hugo Chávez

El Caracazo, por Hugo Chávez

EL CARACAZO

¿Saben a qué vine yo aquí por primera vez, a este Palacio? Yo vine aquí por primera vez a buscar una caja de whisky. ¡Fíjate para lo que era este Palacio! Al teniente Chávez lo mandaron a hablar con el jefe de la Casa Militar en esta misma oficina. Era un general, y otro oficial, había una fiesta y faltaba whisky, porque había que tomar whisky. Me mandaron con una hojita a presentarme aquí y yo salí por allí con una caja de whisky. ¡Me da pena! Pero no me da pena, porque eso refleja en mucho lo que era este palacio, la loquera que era.

Años después, un poco más maduro, llegué ya mayor al Palacio Blanco, como ayudante de un general, de un buen jefe que tuve. Así que un día amanecí del Cajón de Arauca al Cajón del Guaire, y a los pocos días vinimos a la juramentación en este salón. Luego, con cierta habilidad que me dio la sabana y la vida, fui haciendo amigos por aquí: los oficiales que trabajaban, las secretarias, un viceministro. Así que yo caminaba por aquí, pasaba por el túnel. Vine a varias fiestas en este patio, champaña de la buena, de la más costosa, whisky, música.

En esos años vi con estos ojos a la mismísima Blanca Ibáñez, por esos pasillos, en el Salón de los Espejos, en varios eventos. Yo siempre la miraba y veía en su rostro la expresión del poder. El presidente Jaime Lusinchi era un hombre que no mandaba. El poder personal, digámoslo así, lo tenía Blanca Ibáñez. A tal nivel de degeneración habíamos llegado que todo el mundo sabía que era la amante del Presidente, y la esposa estaba allá en La Casona. Y aquí venía toda la alta sociedad, la burguesía, muchos altos dignatarios de la Iglesia, Fedecámaras, a brindar. Varias veces brindé en ese patio del Pez que Escupe el Agua, había muchas fiestas entonces aquí. Casi todos los viernes, era como dicen en las calles “palo y palo, compadre” y no era Magallanes precisamente. Una noche vi cómo se llevaron al Presidente, así como en las comiquitas, que sacan al borrachito dando pataditas en el aire, que no se quiere ir, así se lo llevaron. Estaba muy borracho, en verdad. Y tenía aquella fama que le hicieron los que dirigieron la estrategia comunicacional. Había un análisis de la sonrisa de Lusinchi y lo comparaban con la Mona Lisa, una sonrisa misteriosa: “el Presidente más bueno y más querido”.

Estaban entregados a la élite económica. Hacían muchos negocios y fue aquellos años donde la deuda del sector privado, por un acuerdo que se hizo entre el Gobierno de Lusinchi y el sector privado, se la echaron encima a la República. Así fue como, de un año para otro, Venezuela duplicó la deuda externa pública. ¿De dónde surgió? No fue que le prestaron dinero a Venezuela. La deuda que tenían los privados la asumió el Gobierno de Lusinchi y la seguimos pagando hoy. Les digo más, los papeles desaparecieron. La República pagaba la deuda de los ricos con dólares de las reservas internacionales, del dinero del pueblo. No la deuda de los pobres, sino de grandes empresarios, la elite, la burguesía. Ese acuerdo fue el que dio lugar a que Lusinchi dijera después: “La banca me engañó”. Pero se fue tranquilo y aquí nos quedamos nosotros. Todo eso son causas de “El Caracazo”.

Viví aquí el día que ganó Carlos Andrés Pérez. En la noche vi desde mi ventana llegar a Fidel Castro. Allá va Fidel, esperanza de estos pueblos —dije yo—, pero cómo acercármele. Recuerdo que el maestro John Sifontes era sargento, un afrovenezolano revolucionario. Estaba en el movimiento porque habíamos estado juntos en Elorza. Llegó un día muy contento a mi despachito en el Palacio Blanco y me dijo: “Mi mayor, me nombraron jefe de seguridad de Fidel, de la caravana”. “¿Qué le digo a Fidel?”. “¿Le hablo del movimiento?, porque yo hablo con él”. “No le puedes decir nada. Páratele firme, le das un saludo, el más enérgico que en tu vida hayas dado y con eso le dices todo. Le dices que el Ejército Boliva-riano lo saluda”. Él cumplió, porque a los dos días me llegó. “¿Qué te respondió?”. “Me dio un abrazo”. El ejército bolivariano, pues.

Venía calentándose una situación, histórica, de caos moral, político, estructuras sociales totalmente desgastadas. Un pueblo sin rumbo, sin gobierno, sin representantes. ¿Recuerdan ustedes los nombres de aquellos carcamales del Congreso? La mayoría eran negociantes. En el Congreso los diputados eran puestos por los grandes medios de comunicación, tenían su cuota allí. Fedecámaras y los grandes sectores privados metían diputados y senadores. Era el reparto del poder, el Pacto de Punto Fijo. La embajada norteamericana, por supuesto, tenía entrada libre, me consta. Llegué a volar en el avión de la embajada de los Estados Unidos, porque yo era audaz, andaba jugando duro dentro del Ejército. Me hice amigo de los militares estadounidenses, de la embajada. Me acuerdo de Hugo Posei, a su casa iba, en Prados del Este. A mi ascenso a teniente coronel, un año después, fueron el coronel y los agregados militares de los Estados Unidos en el avión de la Embajada. Se llevaron un poco de gente de Caracas, fueron a Barinas a la celebración del ascenso.

Y llegó el lunes 27 de febrero. Llegué muy temprano aquí a Palacio. Me sentía mal de salud, tenía un malestar, venía de San Joaquín. Ahí vivíamos con mi esposa entonces, Nancy, y mis tres niños mayores. Me vine muy temprano para evitar la cola de aquí de los Ocumitos y la cola de Coche, para no llegar tarde al trabajo. Había que estar aquí a las siete, así que yo salía a las cinco de la mañana en mi carromato, “El Vaporón”. Trabajamos ese día, había algún movimiento. En la tarde me fui a la Universidad Simón Bolívar, estábamos haciendo el postgrado. Recuerdo con mucho cariño mis profesores de postgrado, algunos me critican hoy, pero no importa, recuerdo aquellos debates. Profesores algunos de izquierda, pero la mayoría de derecha. Esa noche no hubo clase en la universidad debido a los disturbios. Había un grupo de compañeros ahí a la entrada de la universidad que no tenían carro y yo les di la cola. Fui por allá, por La Trinidad, y me tocó ver, después que dejé a mis amigos cerca de sus casas, como saqueaban, policías, disparos. Me vine a Palacio esa noche, llame a mi general y le dije: “Mire, yo acabo de ver esto, esto y esto, y aquí en el centro de Caracas hay humo”. Me dijo: “Quédate ahí, me avisas cualquier cosa”. Al siguiente amanecí con fiebre, tenía lechina, estaba brotando. Me fui a la enfermería de Palacio y me mandaron reposo. Me le presento al general y me dice: “No te me acerques, que a mí no me ha dado eso, y es contagioso”. No conseguía gasolina para regresar a casa, estaban todas las estaciones cerradas. Era ya el 28, el martes en la mañana. Entré a Fuerte Tiuna y me tocó verlo en guerra. Fui a buscar gasolina con un compadre que era coronel. Me senté en su oficina y veo en el televisor aquel desastre. Salgo al patio, los sol-dados corriendo y unos oficiales mandando formación y a buscar los fusiles. Y le digo: “Mi coronel, ¿qué van a hacer ustedes?”. “¡Ay, Chávez!, yo no sé qué va a pasar aquí. Pero la orden que llegó es que todas las tropas salgan a la calle a parar al pueblo”. “¿Pero cómo lo van a parar?”. “Con fusiles, con balas”, incluso dijo: “Que Dios nos acompañe, pero es la orden”. Vi los soldados salir, los soldados logísticos que no son soldados entrenados. Esos son los que hacen la comida, los que atienden los vehículos. Hasta a los mecánicos los sacaron y les dieron un fusil, un casco y bastante munición. Lo que venía era un desastre, como así fue.

El primero de marzo matan a Luis Felipe Acosta Carlez, uno de los jefes del movimiento en Caracas. El 27 de febrero, sonaron las dianas del 4 de febrero. Como soldados nos sentíamos tan avergonzados, tan adoloridos después de aquella tragedia y recordábamos siempre entonces aquella centella que fue Bolívar cuando dijo: “Maldito el soldado que vuelva las armas contra su pueblo”. El 27 de febrero nos hizo llorar, nos hizo sangrar, pero recuerdo que yo no pude ni siquiera venir a nada, yo estaba que no podía ni hablar casi, una semana de reposo.

Cuando regreso a Caracas me fui a la tumba de Felipe, fue lo primero que hice. Otra noche iba subiendo las escalinatas del Palacio Blanco, regresando de la universidad como a las diez, once de la noche, y un teniente se me acerca, me dice que quiere hablar conmigo. El Ejército estaba encendido de un debate interno, sobre todo nosotros los humanistas, nosotros los más jóvenes. Había otros que no querían debatir, había otros que decían: “Para eso somos nosotros”. No, para eso no puede ser un Ejército, para masacrar niños, hombres, mujeres, desarmados. Todavía que fuera una guerrilla, una cosa armada, pero gente desarmada, inocente. Recuerdo la foto de un niño bocabajo tendido, tendría seis años; la recuerdo a color, la sacó algún periódico, uno de los tantos niños que murieron. Entonces el teniente me dice en la escalinata: “Mi mayor, yo quiero hablar con usted”. “Bueno, vamos a tomarnos un café ahí en la oficinita mía. “Mi mayor, aquí no, hay grabadoras”. Le dije: No, creo que no, pero vamos a hablar en el pasillo, a ver qué es lo que tú me quieres decir”. Él me dijo: “Mire, mi mayor, por ahí se dice que usted anda en un movimiento revolucionario”. Esos eran los comentarios desde 1986. Dos años atrás ya había empezado el rumor de que había un Movimiento Revolucionario y que yo era uno de los jefes. Nosotros teníamos mucho cuidado para la captación de gente, no podíamos equivocarnos, por uno que nos equivocábamos caía un grupo o a lo mejor todo el movimiento. Así que teníamos un proceso muy estricto de estudio de la personalidad, hombre a hombre, mujer a mujer, para la incorporación. Así que

yo al teniente le dije: “No, usted está equivocado, son rumores, usted sabe, yo lo que hago es que estudio, hablo de Bolívar”. Y por ahí me le fui para no decirle absolutamente, sino dejarle abierta una puerta y luego estudiar al muchacho. Él ha estado aquí en la Casa Militar. Al final me dice: “Bueno, mi mayor, yo entiendo que usted no puede decirme nada, pero le voy a decir algo, si ese movimiento existe, por favor métanme, porque yo lo que viví y lo que vi, sería lo único que justificaría mi presencia en el Ejército, porque yo en un Ejército como este, no quiero ser soldado”. Ese muchacho después se fue de baja, yo le perdí la pista.

Ese fue “El Caracazo”, con los mártires del pueblo, ese estallido venía fermentándose desde décadas atrás. Hay que recordar lo que fue el 23 de enero y la traición al espíritu del 23 de enero. La entrega de Rómulo Betancourt, que se arrodilló ante el poder imperial de los Estados Unidos. Desde el suspiro de Santa Marta este pueblo fue traicionado una y cien veces por Páez, Guzmán Blanco y cuántos otros, doscientos años de traición, compañeros, compañeras, ya bastaba. Así que tenía que ocurrir y ocurrió “El Caracazo”.

 

Tomado de Cuentos del Arañero.

El espíritu ético y el horizonte transformador del 4F.

El espíritu ético y el horizonte transformador del 4F.

Tal como lo dijo el mismo Chávez, el movimiento patriota del 4F fue el resultado de, o producto de, un conjunto de acumulaciones dentro de la sociedad venezolana: acumulación de rabia, de frustraciones, de esperanzas, de traiciones, que hicieron irrupción como un volcán histórico esa madrugada para marcar el espíritu y el horizonte transformador de lo que sería la revolución bolivariana. Ser consecuentes con ese legado de dignidad, de patriotismo, con la fuerza ética de aquella jornada, con las esperanzas que despertó ese centellazo, es un deber de tod@s quienes nos decimos chavistas.

La dimensión ética del espíritu del 4F debe marcarnos el sendero. El 4F fue un acto contra la perversión de la política, contra la corrupción, contra el despilfarro y el usufructo de la cosa pública en beneficio de élites minoritarias. El 4F buscaba devolver el carácter altruista y colectivo de la política, propuso lo que podríamos llamar una ética política radical, una nueva forma de ejercerla, de hacerla, centrada el bien común, en los intereses del país. La ética política radical que propuso y practicó Chávez es un grito de indignación contra una casta política que había postrado al país, que lo había entregado sin pudor a intereses foráneos, que había llevado las mayorías nacionales a una vida de ignominia. Chávez nos llama a ser consecuentes con este legado sembrado por el heroísmo de quienes aquella madrugada dieron el paso para abrir un nuevo tiempo histórico para Venezuela con el espíritu del 4F. Si perdemos ese aliento, ese soplo ético vital, habremos perdido todo.

El otro componente esencial del 4F es el horizonte trasformador que señaló, fue una convocatoria al protagonismo popular, a visibilizar, no solo a actuar por, sino a actuar con y para la gente siempre. La política se había convertido en una actividad exclusiva, había sido privatizada. Solo las castas de poder político y económicos decidían sobre el futuro del país, las mayorías eran una entelequia sin voz y también sin voto porque este había sido anulado en la práctica por la perversión de un sistema electoral corrupto que solo buscaba darle un aura de democracia a un sistema anacrónico que solo beneficiaba a sus gestores. El horizonte trasformador que promueve el chavismo que aquella madrugada nacía es el de la democracia de la gente, con la gente, eso que Chávez llamó la democracia revolucionaria sustentada en el papel activo, empoderado del pueblo organizado. Solo en democracia, con un pueblo movilizado y actor de su propia escena de trasformación es posible la revolución.

La revolución política democrática debe ser un imperativo estratégico que no se puede detener, ni ralentizar bajo ninguna circunstancia ni escenario pues nos estaríamos alejando de le esencia misma de lo que es la revolución bolivariana y del chavismo, que es su pensamiento, su alma. El 4F se dio por una democracia portentosa, para barrer toda forma, todo argumento, todo módelo o prácticas que privaran a las mayorías de ser sujeto y objeto de la política. Que no se nos olvide nunca esto. Avanzar sostenidamente en la democratización de todo lo que deba y pueda ser democratizado debe ser como dijimos un imperativo ético e ideológico del liderazgo bolivariano.

El espíritu ético y democrático del 4F para materializarse debe encarnarse un cada uno de nostr@s, de lo contrario será una farsa, solo una consigna que hará de la revolución bolivariana una ilusión. Consolidar y profundizar un liderazgo ético y democrático es una tarea sobre la que se va configurar el futuro del proceso, su continuidad y viabilidad. La experiencia soviética duró 70 años, pero los virus de la corrupción y las prácticas antidemocráticas mellaron su horizonte trasformador. La democracia del pacto de Punto Fijo durante 40 año logró sostenerse y al final la acumulación de sus contradicciones la dieron al traste. Estos dos casos, uno foráneo y otro propio, nos deben alertar para que el espíritu de del 4F este siempre en nostr@s.

Gerónimo Paz

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