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CRBZ se solidariza con Fetraelec en defensa de la Industria Eléctrica Nacional

CRBZ se solidariza con Fetraelec en defensa de la Industria Eléctrica Nacional

Hoy los y las trabajadores(as) del sector eléctrico, específicamente de la Federación Venezolana de Trabajadores Eléctricos (Fetraelec), realizaron una rueda de prensa en la que hicieron graves denuncias y anunciaron un plan de lucha y movilización en defensa de la Industria Eléctrica Nacional: “Autoridades de CORPOELEC pretenden acabar, desmontar o desmantelar la Industria Eléctrica Nacional, colocando como pretexto la crisis política, social, económica y financiera por la que atraviesa el país”, dijeron los y las trabajadores(as) del sector eléctrico con respecto a la grave situación que atraviesa este sector estratégico de la vida nacional. A su vez, denunciaron como grave la situación por la que atraviesan los trabajadores y trabajadoras de CORPOELEC y del Sistema Eléctrico Nacional.

Entre otros planteamientos, anunciaron un plan de lucha sustentado en denuncias públicas, movilización a través de ruedas de prensas regionales, tomas de las instalaciones, asambleas permanentes, ausencias planificadas y distintas medidas de presión que, de manera legal, puedan realizar: “No aceptaremos más engaños por parte de Motta Domínguez y de quienes lo acompañan, le exigimos al Ejecutivo Nacional respuesta inmediata al Plan de Emergencia Salarial que propusimos e hicimos público desde el mes de marzo de este año. Hacemos responsable de los robos y saqueos a las instalaciones, bienes y subestaciones de CORPOELEC a estas autoridades, pues fueron ellos los que tomaron la decisión de abandonar la planta física y los bienes de la empresa y dejarla a merced del hampa y los traficantes de metales valiosos y equipos”, señalaron.

Con este contexto de denuncias, anunciaron como inicio de estas jornadas de lucha, la convocatoria este lunes 04 de junio al Día de Ausencia Laboral, como forma de Protesta contra estas autoridades indolentes: “Por un salario digno y por el rescate de CORPOELEC, para exigir salarios dignos, uniformes y herramientas para trabajar y para salvar a CORPOELEC del desastre a la que la tienen sometida Motta Domínguez y todos los que lo acompañan”.

Desde la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora hemos venido planteando que el actual cuadro de crisis que atraviesa el país requiere de la implementación de medidas y acciones audaces y contundentes que respondan efectivamente a la gravedad de la situación, y hemos sostenido que estas medidas deben tomarse, desde su diseño y planificación hasta su ejecución y contraloría, con la participación del pueblo organizado. Uno de las prioridades que hemos propuesto dentro del Plan Nacional de Urgencias que planteamos al país es la recuperación de Sistema Eléctrico Nacional y la mejoría de las condiciones laborales y salariales de sus trabajadores y trabajadoras, la evaluación profunda y transparente, de cara al país, de CORPOELECT y demás empresas e instituciones, y la sustitución inmediata de los cuerpos directivos de las empresas e instituciones que no demuestren eficiencia, honestidad y productividad.

Hoy, cuando los trabajadores y trabajadoras del sector eléctrico se pronuncian públicamente sobre la grave situación del sector y de sus condiciones laborales, manifestamos nuestra solidaridad y respaldo a sus planteamientos, y nuestra voluntad de acompañar, desde nuestros modestos esfuerzos, su plan de lucha para defender la Industria Eléctrica Nacional y la dignidad de sus trabajadores(as). Asimismo, hacemos un llamado al presidente de la república Nicolás Maduro y las más altas autoridades del gobierno, a atender lo que denuncian los y las compañeros(as) del sector eléctrico, y a actuar en consecuencia.

¡CORPOELEC y la Industria Eléctrica Nacional es una conquista del pueblo venezolano!

¡Defender las conquistas y luchar por lo que falta!

 

Coordinación Nacional de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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El sacudón por venir

El sacudón por venir

Hemos perdido demasiado tiempo valioso discutiendo si había que apoyar o no a Maduro.

En el campo del antichavismo no hay el menor asomo de solución a los problemas fundamentales de la sociedad venezolana. Ningún análisis que apunte en la dirección correcta. Ideas hay, por supuesto, y diagnósticos que pueden llegar a ser útiles. Pero para estar bien encaminado, el análisis debe como mínimo aportar alguna pista sobre las fuerzas que harían posible zanjar la cuestión. Cosa distinta es, en el mejor de los casos, pura declaración de buenas intenciones, y ya sabemos que de éstas está empedrado el camino del infierno.

Y es justo allí, en la ausencia de alguna pista, donde fallan los análisis y proyecciones de escenarios de todo tipo, y comienzan a ganar terreno “perspectivas” como las de Michael Penfold, que escribe cosas así: “Cualquier ejercicio de proyección de los escenarios políticos que se despliegue para el caso venezolano va a encontrarse con una dificultad predictiva. La razón es que bajo ningún escenario las variables relevantes están bajo el control ni del gobierno ni de la oposición” (1).

¿En serio? ¿Hemos llegado al punto en que debemos conformarnos con estos análisis?

 

Ahora bien, lo realmente preocupante es cierta tendencia a desconocer que el chavismo, en tanto subjetivación de las clases populares, tiene más que la oportunidad, la obligación histórica de seguir descubriendo las fórmulas que le permitan resolver el conflicto a su favor, de manera democrática. Y esto pasa por reconocer la propia fuerza, por entender su naturaleza, y por terminar de asumir que, si bien el chavismo no es el gobierno, simplemente no es una opción que el gobierno esté en manos del antichavismo, porque tal circunstancia supondría una ventaja inestimable, que no irreversible, para las élites.

Por tales razones resultan tan incomprensibles como estériles las interminables discusiones en torno al respaldo o no a Nicolás Maduro: porque la responsabilidad y la obligación es del chavismo todo en tanto sujeto y no solo del Presidente; porque ni Maduro ni cualquier otro en su lugar, solo o acompañado de su equipo de gobierno, tendrá la capacidad de resolver nada, pero además no le corresponde hacerlo; porque si fuera el caso que su equipo de gobierno, o parte de él, ha decidido darle la espalda a las mayorías populares, tiene el chavismo la obligación de hacerle frente hasta poner la balanza a su favor; porque no existe el escenario de un gobierno antichavista, ni siquiera una parte de él, de brazos abiertos a las clases populares.

El chavismo no es el gobierno, es un sujeto político que excede al gobierno, de la misma forma que la vida nos excede en tanto seres vivientes, y nos excede la historia en tanto que generación. Que el antichavismo omita este detalle en sus análisis es perfectamente comprensible: para que desaparezca la política, su pertinencia histórica, tiene que desaparecer el sujeto. Pero que en el propio chavismo se incurra en la misma práctica, es muy desconcertante.

Están en deuda, particularmente, la inmensa mayoría de quienes se reclaman marxistas, o como prefieran llamarse: cinco años después de la victoria de Nicolás Maduro, no han sido capaces de realizar un asomo de análisis de la situación de la lucha de clases al interior del gobierno. Que en el lustro más difícil de la revolución bolivariana prevalezcan las referencias al gobierno como una cosa abstracta, como pura exterioridad, dice mucho de hasta dónde puede llegar el extravío.

Importantes cambios han tenido lugar en el seno del chavismo, profundas mutaciones, desgarraduras, y el gobierno es hoy, como nunca antes quizá, un campo de fuerzas, un territorio en disputa; pero lejos de ponerse a la altura de las circunstancias, dando cuenta de estos cambios, registrando hitos, identificando líneas de fuerza, posibles alianzas, definiendo los frentes de batalla prioritarios, nuestros analistas están heridos de nostalgia, añorando los viejos buenos tiempos en que el chavismo era lo que ya no puede ser, lamentándose por el socialismo que no es, indignándose con un madurismo inexistente, dedicados a la contemplación mientras intentan convencernos de que están realizando la crítica despiadada de todo lo existente.

Si bien el peso de la realidad nos oprime, también es cierto que solo la realidad nos libera, siempre y cuando aceptemos su invitación a transformarla. Los agentes de la transformación están allí, por ejemplo: el pueblo trabajador de las empresas nacionalizadas, recuperadas y ocupadas, así como de las empresas en sectores estratégicos de la economía; el pueblo campesino, sobre todo el que se encuentra produciendo, o intentando hacerlo, en predios recuperados por el gobierno; y el pueblo comunero, protagonista del experimento político más avanzado de la revolución bolivariana.

La lista puede ser mucho más larga, por supuesto, pero ¿qué tienen en común los mencionados? Pues, que actualmente resisten la arremetida de las líneas de fuerza más conservadoras y corrompidas del chavismo, las cuales apuestan de manera deliberada al fracaso de estas iniciativas, recurriendo a la fuerza si lo consideran necesario, mientras establecen alianzas con sectores de la burguesía, sin importarles cómo esto incide en la vulnerabilidad de una economía ya asediada.

Con frecuencia, estas mismas líneas de fuerza están de alguna forma vinculadas con algunas de las mafias económicas que denunciaba el mismo presidente Maduro el 1 de mayo (3), y que identificaba con más precisión el portal informativo La Tabla (4): de marcadores de dólar paralelo; del contrabando de extracción en general, y de combustible y derivados del petróleo en particular; de tráfico de efectivo; de importación de alimentos a tasa paralela con supuestas “divisas propias”; de asignación de divisas (Sistema de Divisas de Tipo de Cambio Complementario Flotante de Mercado, Dicom).

¿Están vinculados los agentes de la transformación revolucionaria? ¿Su alianza es tan duradera como la que han ido tejiendo las fuerzas restauradoras? ¿Cuál es su relación con las líneas de fuerza revolucionarias dentro y fuera del gobierno, y con el pueblo en general? Que toda la inteligencia, toda la energía, toda la vitalidad militante que hace falta para respondernos estas preguntas, sirvan de pretexto para sacudirnos la abulia, que no estamos para esa pendejada.

 

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¿Dónde están las claves para derrotar el 11 de abril permanente que vivimos en Venezuela?

¿Dónde están las claves para derrotar el 11 de abril permanente que vivimos en Venezuela?

Hoy, 11 de abril, se cumplen 16 años del golpe de Estado del imperialismo y las clases dominantes venezolanas contra el comandante Hugo Chávez y el pueblo venezolano. Ese día Venezuela vivió con total claridad un ejemplo de golpe de Estado utilizado por el imperialismo estadounidense para colocar en el poder gobiernos títeres y evitar que se desarrollen gobiernos antiimperialistas, progresistas y de izquierda en América Latina.  Hoy, a 16 años de derrotado aquel golpe y otros más que vinieron, el país y el continente viven otras y más acabadas formas para ejecutar el mismo objetivo, nuevas y refinadas formas de golpe de Estado e injerencias: la guerra económica y financiera, la infiltración paramilitar, sanciones económicas, golpes institucionales, entre otros mecanismos.

Sobre este tema, Prensa CRBZ conversó con Kevin Rangel, coordinador nacional de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora.

¿En qué contexto se da el golpe contra Chávez y qué lo desencadena?

El golpe ocurre cuando la revolución comenzaba a definir su rumbo estratégico, que ya se había iniciado con la consulta popular del referéndum consultivo, la Asamblea Constituyente y la aprobación en referéndum popular de la constitución de 1999. Ese proceso permitió refundar la patria. Luego, Chávez había empezado a tomar un conjunto de medidas y acciones con la ley habilitante, que le permitió decretar el conjunto de las 42 leyes. Dentro de este conjunto de leyes, hubo dos que desencadenaron el golpe de Estado, la Ley de Hidrocarburos y la Ley de Tierras, es decir, las que implicaban el control de la energía y la democratización de la tierra. Vemos entonces que aquella refundación inició por quebrar el control que históricamente había tenido el imperialismo norteamericano sobre nuestra industria petrolera así como el control que tenía la clase burguesa y latifundista en Venezuela de las tierras.

De alguna forma, el imperialismo y la burguesía, al principio, esperaban que se repitiera la lógica de algunos líderes que habían llegado al poder en otros momentos en el continente levantando banderas populares, es decir, la lógica de la traición al pueblo. El imperialismo norteamericano y la clase política de la cuarta república esperaban que el comandante Chávez traicionara el proyecto, traicionara las banderas por las cuales llegaba al poder y por las cuales el pueblo se movilizó masivamente a conquistar una victoria para darle fin al pacto de punto fijo y comenzar a definir un rumbo revolucionario, un rumbo que quebrara con los intereses imperiales y pusiera los intereses del pueblo por encima de los de la burguesía y oligarquía nacional y transnacional.

Al comprobar que Chávez no traicionaría sino que avanzaba en el programa revolucionario, vino el golpe. El 11 de abril abrió el camino a un conjunto de agresiones e injerencias, a la  agresión y asedio constantes y sistemáticos para derrocar al gobierno de la revolución bolivariana. Son ya 16 años desde aquel abril del año 2002 y esas acciones del imperialismo no han cesado.

Hemos visto otros casos de derrocamiento de gobiernos en América Latina, ¿qué opinas al respecto?

La revolución bolivariana inició un proceso de transformaciones que se fue generando en todo el continente, implicó un proyecto para ir construyendo un mundo multipolar, un proyecto de alternativas a la institucionalidad internacional del imperialismo norteamericano con la que se legitimaban gobiernos dictatoriales disfrazados de democracias. Así se fueron contruyendo el Alba-TCP, Petrocaribe, Celac, Unasur, se fue tejiendo un conjunto de espacios de articulaciones, no solo entre Estados y gobiernos, sino entre los pueblos y sus organizaicones sociales y políticas, que llevaban entonces a una pérdida del control por parte del imperialismo norteamericano sobre el continente.

Estos procesos revolucionarios que se iban levantando en Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador, donde fueron llegando al poder gobiernos progresistas en el continente, han venido transformándose en uno de los centros de la disputa geopolítica global, de la batalla internacional. De allí la intervención estadounidense en todos esos procesos, de distintas formas y en intensidades distintas, para sacar del poder a líderes y liderezas como Cristina Kirchner, Lula, Lugo, Zelaya, Correa y Evo Morales. El caso más reciente vivido con Lula es un claro ejemplo de esa injerencia, en una modalidad distinta a la del 11 de abril, más parecida a la de Zelaya o Lugo, en Honduras y Paraguay.

Por eso, hoy, 16 años después pudiéramos decir que seguimos enfrentando un 11 de abril. Y no solo en Venezuela, sino en toda latinoamérica.

En ese contexto de 11 de abril permanente, ¿cómo ves el escenario actual?

Hay mucha diferencia, porque de eso resultó un aprendizaje para la revolución bolivariana y para el pueblo de Venezuela. Primero, la claridad en  la necesidad de profundizar los niveles de la organización popular y construir bases sólidas para la defensa de la revolución y de la soberanía. Se ha venido avanzando en eso en este proceso.

El 11 de abril se combinaron un conjunto de actores como parte del guión de la estrategia del imperialismo norteamericano. Estaba la iglesia, los medios de comunicación y los sectores empresariales de la oligarquía representada en federaciones como Fedecamaras quienes fueron partícipes del golpe de Estado. Pero también hubo participación de traidores(as) a la revolución bolivariana, que estaban allí solapados y que también traicionaron el proyecto y traicionaron al comandante Chávez.

Hoy estos sectores siguen allí, en su empeño, pero ha cambiado el guión. Han llevado un conjunto de operaciones contra la revolución bolivariana, desde la infiltración paramilitar hasta la intervención a niveles altos de la revolución y de los distintos gobiernos para ir captando adeptos también dentro de los procesos progresistas. Actores como Rafael Isea, Miguel Rodríguez Torres, Luisa Ortega Díaz fueron captados por el imperialismo norteamericano, lo cual corresponde entonces a un plan estratégico.

Otro aspecto importante es que ya no está la presencia de Chávez, ¿no?

Con la pérdida de Chavez han venido generando una ofensiva contra el pueblo, contra la revolución bolivariana y contra todo el bloque alternativo continental al imperialismo norteamericano. En la ausencia de Chávez vieron una oportunidad para concretar el derrocamiento, y por eso la ofensiva comunicacional, mediática, cada vez más agresiva contra la revolución bolivariana, generando distintos elementos incluso xenofóbicos contra Venezuela, y no sólo mediáticamente sino económica y diplomáticamente de modo frontal.

¿Dónde ves las claves para continuar resistiendo y derrotar al imperialismo en ese intento permanente de derrocar la revolución?

Ese balance histórico que hacemos del plan de agresión contra la revolución bolivariana hoy tiene que llevar también a una reflexión que permita identificar que se trata de los mismos actores del plan adelantado contra Venezuela en distintas fases, pero que también nos permita internalizar la revolución bolivariana y seguir profundizando nuestros niveles de la organización popular y de defensa de la patria. Porque la confrontación sigue abierta, sigue vigente contra ese modelo que pretender restaurar el imperialismo en Venezuela.

Ante eso es necesario confrontar en el escenario internacional, pero también es necesario confrontar a lo interno de la revolución los factores que colaboran con las estrategias del enemigo: la ineficiencia, la corrupción. Porque justamente en ese Abril del 2002, uno de los factores importantes fue justamente la colaboración a lo interna de los traidores al proyecto. Por ejemplo, quienes hoy se solidaricen con los terratenientes, quienes desde adentro pretenden derrotar el legado del comandante Chávez, le hacen un franco favor a la estrategia del imperialismo y de derrotar un plan estratégico para la producción de alimentos para la defensa del país y el fortalecimiento cada vez mayor de los niveles organizativos de la gente.

El 11 de abril jugó un papel importante, como siempre lo ha jugado en todos los escenarios, el pueblo venezolano. Es el pueblo bolivariano quien logra retornar al presidente Chávez a Miraflores. Es ese pueblo consciente, movilizado, el que hoy en día requiere del máximo acompañamiento para fortalecer mucho más sus niveles de organización. En la lealtad de la revolución con ese pueblo está la clave para que permaneza firme y decidida la lealtad del pueblo con la revolución.

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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La Magdalena y el silencio oficial

La Magdalena y el silencio oficial

Las últimas semanas nuevamente ha sido noticia la lucha por la tierra. Y lo ha sido no por el logro de una nueva conquista, no por un avance en la lucha, sino justamente por lo contrario: un nuevo atropello, un nuevo capítulo de agresión del Estado contra el campesinado, en el que pareciera castigarse su atrevimiento de dar pasos concretos y firmes en la lucha por sus derechos históricos. Se trata del caso de la detención arbitraria de quienes pelean el rescate de las tierras de la finca La Magdalena, ubicada en la zona del Sur del Lago en el estado Mérida.

No había razón jurídica alguna para que los 32 campesinos y campesinas que permenanecen bajo arresto desde hace 9 días en los calabozos del Cicpc de El Vigía, estado Mérida, lo estuvieran. Sin embargo, una jueza de control, Rosario Méndez, ordenó privarles de libertad por delitos como invasión, desacato a la autoridad y daños al ambiente, luego de que dos fisclalas del Ministerio Público, Miriam Briceño y Geraldine Zambrano, solicitaran la medida, que fue ejecutada por funcionarios del Cicpc y la Guardia Nacional Bolivariana.

Si no fuera un hecho suficientemente conocido la cantidad de denuncias que permanencen alimentándose de polvo en las gavetas de los juzgados venezolanos y de las sedes regionales del Ministerio Público, no generaría suspicacia la celeridad, eficiencia y eficacia con que actuaron en este caso, de foma coordinada, tribunales, fiscalía y cuerpos de seguridad. De allí que pueda sospecharse la participación, desde las sombras y la holgura del poder económico regional, de la familia Celis Aranguren, quienes pretenden la propiedad de las tierras en cuestión, aún cuando el Instituto Nacional de Tierras (INTI) ya certificó que se trata de tierras ociosas que deben ser rescatadas y entregadas a los campesinos y campesinas para que las hagan productivas.

Sorprende e indigna que en la revolución bolivariana se den situaciones semejantes. Aunque cada vez ocurren con mayor frecuencia, no deja de sorprender e indignar. Sobre todo porque se trata de una de las más firmes banderas de la revolución y del comandante Chávez: la guerra contra el latifundio, y una de las zonas de nuestra realidad en la que más avances ha habido y más conquistas ha logrado nuestra gente.

La sorpesa e indignación crecen, cuando al atropello lo secunda el silencio oficial, la mudez deliberada de la institucionalidad y sus autoridades. Aunque el Estado y el gobierno disponen de poderosos instrumentos para hacerse oír, en estos casos finge o decide mudez. Hasta ayer sólo medios de comunicación alternativos e independientes, todos chavistas, han dedicado tiempo y espacio al caso. La noticia sólo ha sido referida por sitios web como La Tabla, Alba TV y Desafío Constituyente, y la cuentas de redes sociales de estos medios y otros como Voces Urgentes, y las de organizaciones sociales como la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, así como las de periodistas y comunicadores(as) populares. A pesar de la gravedad de los hechos, no ha habido pronunciamientos oficiales o mediáticos ni de autoridades del Ministerio Público ni de la Defensoría del Pueblo ni del Instituto Nacional de Tierras (Inti) ni de los cuerpos de seguridad involucrados, ni de otros entes del Poder Ejecutivo relacionados con aspectos concretos del caso.

¿No ayudaría a aclarar la situación y solucionarla que el presidente del INTI o quien dirige su sede regional ratificara públicamente la existencia de una medida de aseguramiento a favor de los campesinos y campesinas y la certificación de la tierra como ociosa? ¿No deberían, acaso, rendir explicaciones públicas los órganos de justicia y los cuerpos de seguridad involucrados, así como las intituciones de protección de derechos humanos como el Ministerio Público y la Defensoría del Pueblo? ¿No ejercería presión una declaración pública del Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género  en defensa de las campesinas? Esta ausencia de pronunciamiento público de autoridades institucionales al respecto de casos como éste o de problemáticas amplias como el tema de los atropellos reiterados a consejos campesinos en procesos de rescate de tierra, ¿no favorece la actuación opaca y en la sombra de estos poderes fácticos locales en conjunción con actores locales de instituciones del Estado y del gobierno?

Está claro que estamos ante un hecho en el que la gente, la ciudadanía, a través de los medios de que dispone, están interpelando al Estado y al Gobierno ante un hecho concreto que consideran injusto e ilegal. En tal situación la institucionalidad está obligada a responder por los mismos canales y está obligada a tomar posición, además, a favor de quien está siendo vulnerado. Pero nada de esto ocurre. Los medios de comunicación, las organizaciones sociales y las individualidades que asumen frontalmente la denuncia en el ámbito mediático terminan hablando solos. “El que calla otorga”, reza el adagio popular.

Para no continuar otorgando la razón por omisión a la familia terrateniente, a la jueza que sobrepone su competencia por encima del INTI, al Cicpc y a la GNB, habría que escuchar lo que tienen que decir algunas autoridades, como al presidente del INTI, Luis Soteldo, por ejemplo. Y para no continuar otorgando la razón por omisión a quienes han asumido la defensa del caso en el terreno y en los medios de comunicación (quienes denuncian inacción institucional), habría que escuchar lo que tienen que decir, como mínimo, las autoridades regionales del Ministerio del Poder Popular para la Mujer, el Instituto Nacional de Protección al Niño, Niña y Adolescente, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio Público. Tienen la palabra y tienen los medios. ¿O seguirán otorgando de tanto callar?

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