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Nuevas sanciones contra gobernadores venezolanos evidencian desesperación de EEUU ante unidad chavista

Nuevas sanciones contra gobernadores venezolanos evidencian desesperación de EEUU ante unidad chavista

Hoy 25 de febrero de 2019 la oficina del tesoro de Estados Unidos anunció un nuevo conjunto de sanciones contra Venezuela. Esta vez las medidas coercitivas unilaterales apuntaron a cuatro gobernadores del bloque chavista: Ramón Carrizales, Rafael Lacava, Omar Prieto y Jorge Luis García Carneiro.
El anuncio, realizado con la reunión del Grupo de Lima, Mike Pence y Juan Guaidó en Bogotá como telón de fondo, constituye a todas luces una represalia contra Venezuela luego del fracaso de la operación del sábado 23 de febrero en la que, con la supuesta ayuda humanitaria como excusa, se construyó un falso positivo que fuera excusa para elevar la presión contra Venezuela y escalar el conflicto a un nivel mayor que pueda contemplar el uso de la fuerza militar.
El plan para lograr un quiebre interno en Venezuela no ha salido según los cálculos de Estados Unidos. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana se ha mantenido unida y leal al gobierno de Maduro y la constitución del país, el Psuv y los poderes públicos también, y el pueblo se ha mantenido cohesionado, organizado y movilizado en defensa de la paz, la soberanía, la democracia y la solidaridad. De allí, entonces, que amenacen con el uso de la fuerza desde el extranjero y que comiencen a elevar las sanciones económicas contra el país.

En el caso del gobernador del estado Apure, Ramón Carrizalez, se trata de una evidente acción de amedrentamiento, al tratarse de un dirigente político digno, patriota, que se ha mantenido leal al proyecto bolivariano del Comandante Hugo Chávez.

Desde La Corriente expresamos nuestro rechazo a las acciones injerencistas del gobierno de Estados Unidos y de los países serviles a sus intereses, reiteramos nuestra firme determinación a defender la soberanía de nuestra Venezuela y a mantenernos leales al gobierno del presidente Maduro. Asimismo, manifestamos públicamente nuestro respaldo y solidaridad con el compañero Carrizalez. 

 

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

 

 

Ante cruzada fascista de Trump, en Venezuela urge una Alianza Nacional por la Paz, la Soberanía y la Democracia

Ante cruzada fascista de Trump, en Venezuela urge una Alianza Nacional por la Paz, la Soberanía y la Democracia

El plan de agresión contra Venezuela continúa en desarrollo y escalando los niveles de presión. Para el 23 de febrero está planteada la fecha en que se supone que se hará entrar la mal llamada ayuda humanitaria, acción que busca generar el quiebre que hasta ahora no han conseguido. Para ello está montado todo un dispositivo mediático que apela a la cultura del entretenimiento como técnica dirigida a sumar consenso en torno a la agresión a Venezuela y una intensificación de la campaña mediática y psicológica dirigida a quebrar la unidad y moral de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

En el contexto preparatorio de lo que pueda ocurrir en esa fecha, se dio el discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Universidad Internacional de Florida, ante un auditorio conformado principalmente por lo más rancio de la mafia mayamera anticubana y anticastrista, fervorosos promotores de las salidas violentas y antidemocráticas en Venezuela. En sus palabras, Trump profirió las ya habituales amenazas contra el país, haciéndolas esta vez de forma directa contra la FANB, además de reafirmar su reconocimiento como supuesto presidente a Juan Guaidó y hacer una inusitada apología al terrorismo en la exaltación que hizo de Óscar Pérez.

De sus palabras, se desprenden además otros análisis. Queda claro, de forma más evidente, que los planes de invasión sobre Venezuela son parte de una estrategia mucho más amplia y profunda de reposicionamiento de Estados Unidos en toda América Latina y de formateo de todo el continente para ajustarlo a los intereses norteamericanos. En ese sentido han venido dando pasos con la imposición de Jair Bolsonaro en la presidencia de Brasil, la conquista electoral del gobierno argentino con Macri, el giro traidor de Lenín Moreno en Ecuador y la continuidad de gobiernos de derecha y serviles a sus intereses con presidentes como Piñera en Chile y Duque en Colombia. En la reconquista del continente, por su importancia política y geoestratégica, tiene especial importancia Venezuela.

Quedó patente, además, que el poder estadounidense ha lanzado sobre el mundo una nueva cruzada contra cualquier forma política alternativa al capitalismo, y en esa cruzada están Venezuela, Cuba y Nicaragua como objetivos principales. El discurso de Trump permite ver graves signos fascistas en esta estrategia, al plantear frontalmente la eliminación del socialismo no sólo como propuesta política sino como pensamiento. Se trata, entonces, de una gran ofensiva restauradora.

El discurso reafirma, en lo concreto de la agresión a Venezuela, que nos encontramos en una fase definitoria de los planes intervencionista sobre el país. La fase actual puede ser calificada como amenaza de guerra para buscar quebrar psicólogicamente al chavismo, principalmente a la FANB, para lograr una rendición. Sin embargo, hasta ahora se han estrellado (y se seguirán estrellando) con la alta moral y disposición de lucha del pueblo, de nuestros(as) soldados(as) y del chavismo.

Vivimos tiempos complejos, en los que la crisis económica y política interna de Estados Unidos, así como la pérdida de espacios de control en el tablero geopolítico ante el crecimiento y fortalecimiento de países como Rusia y China, llevan al imperialismo estadounidense a acciones de fuerza y desesperadas en su afán de mantenerse como hegemón del mundo.

En Venezuela es necesario sumar de forma amplia a todos los sectores nacionalistas y patrióticos del país de forma concreta. Para ello es clave crear espacios amplios de encuentro que vayan perfilando una Alianza Nacional por la Paz, la Soberanía y la Democracia. Esa alianza debe incluir a aquellos(as) que incluso difieren del chavismo pero que, con cordura y sensatez, se oponen al mandado guerrerista de Guaidó y Voluntad Popular. La dirección política militar de la revolución bolivariana debe tomar la iniciativa, con una gran amplitud y flexibilidad estratégica. No son tiempos de sectarismo ni de purismo. La unidad nacional por la paz debe estar más allá del PSUV y del gobierno.

Los y las revolucionaros(as) del mundo, los pueblos que luchamos por el derecho a construir una sociedad humana, más justa y democrática, y por dar paso a un mundo basado en relaciones de solidaridad, de muto respeto a la soberanía y autodeterminación de los pueblos, debemos prepararnos para escenarios más difíciles y complejos que el actual. La solidaridad efectiva entre los pueblos y gobiernos del mundo que rechazan las pretensiones hegemonistas, supremacistas e imperialistas de Estados unidos es hoy un imperativo. Más que una opción, es una necesidad histórica.

Coordinación Nacional Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

Ante amenazas guerreristas de EEUU, defender con la gente la paz, la soberanía y la democracia. Análisis de La Corriente

Ante amenazas guerreristas de EEUU, defender con la gente la paz, la soberanía y la democracia. Análisis de La Corriente

El plan de Estados Unidos para derrocar a Nicolás Maduro y la revolución bolivariana alcanza niveles de presión cada vez mayores. En la medida en que pasan los días sin que ocurra el quiebre interno que busca el plan, al mantenerse la unidad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, la unidad institucional y la movilización popular a favor del gobierno y en defensa de la soberanía y la democracia, se hacen más fuertes las agresiones diplomáticas, económicas, mediáticas y arrecian las amenazas militares.

En días recientes se ha desarrollado la operación en torno a la llamada ayuda humanitaria en la frontera con Colombia, específicamente en Cúcuta. Se ha instalado el escenario material y se ha desplegado una intensa campaña mediática, plagada de fakenews y mentiras grotescas, para construir: 1) la legitimiación del ingreso de la mal llamada ayuda humanitaria “autorizada” por el autoproclamado Juan Guaidó, 2) el falso despliegue de acciones del gobierno legítimo venezolano para impedir su ingreso, 3) la imagen de un gobierno despótico sin apoyo popular y con el mundo entero en su contra, 4) una percepción magnificada y catastrofista de la situación económica y social venezolana, 5) el respaldo, inconsciente y manipulado, de una porción de la población venezolana a favor de la intervención extranjera. En la movilización de la derecha el 12 de febrero, Guaidó anunció que la fecha para el desenlace de esta farsa será el 23 de febrero.

A la brutal campaña mediática global contra Venezuela se suma el blackout informativo sobre: 1) las movilizaciones realizadas por el chavismo en casi todos los estados del país, 2) el profundo impacto de las medidas coercitivas unilaterales contra la economía del país como causa principal de la situación económico-social de Venezuela, 3) los éxitos de la diplomacia del gobierno legítimo venezolano, y 4) la descarada violación al marco jurídico del derecho internacional público que implica el reconocimiento a Juan Guaidó como supuesto presidente encargado de Venezuela y la avanzada en torno al tema de la ayuda humanitaria.

La configuración del tablero internacional a favor de EEUU tampoco ha cuajado del todo. Además del Grupo de Lima, excepto México, y de los aliados europeos que se alinearon de entrada, no han sido mayores los éxitos de EEUU. Fracasaron en el Consejo de Seguridad de la ONU y también en la Asamblea General de la OEA. Rusia, China y Turquía se mantienen firmes en su apoyo al gobierno legítimo de Maduro. Incluso, en el caso de China y Rusia, ha circulado información sobre apoyo militar y una eventual participación en los ejercicios que la FANB viene realizando.

El canciller Arreaza se reunió con el secretario general de la ONU, quien manifestó el reconocimiento al gobierno de Maduro y su disposición a continuar profundizando proyectos de cooperación técnica con Venezuela. Se supo que la India había llegado a un acuerdo con el gobierno venezolano para aumentar sus compras de petróleo y pagarlo en insumos como forma de evadir el bloqueo financiero contra Venezuela. Se realizó con éxito la conferencia sobre Venezuela en Uruguay, lo que dio paso al llamado Mecanismo de Montevideo, a pesar de la negativa a participar en ella por parte de EEUU y sus títeres de la derecha venezolana. Por último, el canciller Arreaza anunció desde Nueva York la creación de un Grupo de Estados, Rusia y China incluidos, para la defensa de la Carta de la ONU, el Derecho Internacional y el rechazo la agresión a Venezuela.

En ese contexto EEUU intensifica la agresión. Además de los usuales llamados de Juan Guaidó a la FANB para que se sume al golpe y apoye el ingreso de los insumos enviados a Cúcuta por EEUU, se suman llamados directos a la FANB por parte del asesor de seguridad John Bolton, así como pronunciamientos al respecto por parte de Mike Pompeo. Trump, desde una reunión con el presidente Colombiano Iván Duque, reiteró sus habituales amenazas directas al presidente Maduro.

Aparece entonces, con más fuerza, la amenaza del uso de la opción militar. Comienza a circular información sobre preparativos de EEUU para movilizar tropas, concretamente desde San Diego y la costa este de Florida, se estima que hasta zona colombiana fronteriza con Venezuela. El gobierno cubano, por su parte, alertó sobre el desplazamiento, hacia República Dominicana y Puerto Rico, de fuerzas de operaciones especiales y de la infantería de marina “que se utilizan para acciones encubiertas, incluso contra líderes de otros países”. Esto, a la vez que Holanda autoriza la intalación de un centro de acopio en Curazao para insumos de la supuesta ayuda humanitaria, simultáneamente al anuncio del gobierno de Brasil de mantener tropas en el estado de Roraima, fronterizo con Venezuela, por un lapso de sesenta días más.

El Gobierno Bolivariano, por su parte, además de la intensa actividad diplomática y mediática, viene profundizando los ejercicios militares en el marco de la doctrina de unión cívico militar para la defensa integral del territorio. La Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora se ha incorporado a los mismos con su militancia activa en la Milicia Nacional Bolivariana, y hace un llamado a todas las fuerzas y corrientes patrióticas del país, independientemente de posiciones ideológicas y más allá de las críticas, errores y desviaciones éticas y políticas de sectores del gobierno, a incorporarse con firmeza en las tareas de defensa de la patria.

Asimismo, hacemos un llamado a la dirigencia de la revolución a intensificar las acciones vinculadas al anuncio hecho sobre la convocatoria a asambleas populares y cabildos abiertos de cara a unas elecciones adelantadas de la Asamblea Nacional. Es central en esta batalla que el ejercicio de la política implique una radical apertura a la participación y protagonismo popular, al debate y análisis colectivo, horizontal entre la gente y la dirigencia de todos los niveles. Las movilizaciones masivas y los actos políticos son necesarios, pero es clave que se den pasos a una política centrada en los principios de la democracia revolucionaria, cuyo basamento fundamental es el poder de la gente, el poder popular.

Es necesario además, abrir espacios a organizaciones de todo tipo (profesionales, trerritoriales, gremiales, vecinales, partidistas, religiosas) más allá del chavismo. La hora actual requiere de una convocatoria que sea capaz de sumar todas las voluntades que están contra contra la injerencia y la guerra. La fuerza del país debe estar puesta en la preservación de la paz, la soberanía y la democracia.  En esa dirección, La Corriente está impulsando realización de Marchas Patrióticas Populares Cívico-Militares en los territorios, en las comunidades. Se trata de ir creando espacios de participación amplia, en donde todos los sectores puedan materializar la necesaria alianza nacional por la paz, la soberanía y la democracia.

Son horas cruciales y Venezuela necesita de la incorporación de toda la población a esta batalla histórica. No se trata únicamente de defender al presidente Maduro y al gobierno bolivariano. Lo que está en juego es la vida misma del país, de la nación, es decir, nuestra existencia como pueblo, nuestra unidad histórica, cultural, afectiva. No hay tiempo para vacilaciones. El momento es ahora.

Coordinación Nacional Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

 

Venezuela: formar filas contra el neoliberalismo disciplinario

Venezuela: formar filas contra el neoliberalismo disciplinario

Reinaldo Iturriza López

I.-
Al escribir estas líneas tengo en mente, principalmente, al contingente de compañeros y compañeras que, por razones diversas, ha renunciado temporalmente al trabajo militante; gente extraordinariamente valiosa que, por ejemplo, ha decidido dedicarse a atender las urgencias de la vida cotidiana, muchas veces porque no le ha quedado más alternativa; gente que ha dejado su trabajo en alguna institución pública, espacio que suele ser muy hostil para cualquier persona con vocación transformadora, por desacuerdo con sus superiores, por lo que evalúa como falta de coherencia entre el discurso y la práctica; gente que ha sido mantenida al margen en las mismas instituciones, pero también en los territorios, porque resulta incómoda, porque se empeña en mantenerse fiel a sus principios; gente que se siente defraudada por el liderazgo político chavista en general, al que considera, entre otras cosas, ajeno al sentir popular; gente que no se siente identificada con un Gobierno que demasiadas veces, a su juicio, anuncia que hará cosas que no hace, y hace cosas sobre las cuales no ofrece ninguna explicación; gente, en fin, que se siente derrotada o que se ha hecho a un lado (o ha sido apartada) porque cree que no tiene sentido pelear batallas que no son las suyas.

A esa gente, bajas de guerra, tenemos que poder hablarles. A esa, nuestra gente, no podemos abandonarla a su suerte.

II.-
Nadie en su sano juicio desea la guerra, pero corren tiempos de suspensión del juicio. La más clara demostración de ello es que, entrevistado el viernes 8 de febrero por AFP, Juan Guaidó “no descartó autorizar una intervención militar de los Estados Unidos o una fuerza extranjera en el país”, según reseñó El Universal (1). Sus palabras textuales fueron: “Haremos todo lo posible. Esto es un tema obviamente muy polémico, pero haciendo uso de nuestra soberanía, el ejercicio de nuestras competencias, haremos lo necesario”, refiriéndose al “eventual uso de sus facultades para autorizar una intervención militar” (2). Al día siguiente, el congresista estadounidense Ro Khanna le respondió que él podía proclamarse líder de Venezuela, pero que no era nadie para autorizar intervenciones militares estadounidenses (3). En descargo de Guaidó, habría que precisar que él no habla como líder de Venezuela, sino como muñeco de ventrílocuo de la política exterior estadounidense.

Guaidó tiene razón cuando habla de “nuestra soberanía”, solo que no se refiere a la soberanía venezolana.

En la tercera y última parte del libro “Una geopolítica del espíritu”, Miguel Ángel Contreras Natera hace un fascinante resumen de la evolución de la doctrina de seguridad y defensa de Estados Unidos desde la Doctrina Carter hasta la “Estrategia de Seguridad Nacional”, pasando por el “Proyecto para un nuevo siglo americano”. Allí se cuenta la historia de un imperio decadente que, en un contexto de crisis general del capitalismo como sistema histórico, y frente a la amenaza que constituye Asia y la posibilidad de que se constituya en centro hegemónico del poder global, reacciona dando al traste con el sistema de relaciones internacionales prevaleciente desde el Tratado de Westfalia, en 1648, que establecía el principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados.

En esencia, la gramática política imperial que se emplea hoy contra Venezuela data del período estudiado por Contreras Natera (1980-2006). Así, por ejemplo, cuando Guaidó afirma que hará “todo lo que sea necesario, todo lo que tengamos que hacer para salvar vidas humanas, para que no sigan muriendo niños” (4), incluso autorizar una intervención militar estadounidense en territorio venezolano, sus palabras son el eco colonial del razonamiento empleado por Michael Walzer para justificar la “guerra justa” contra Irak en 2003.

De igual forma, la caracterización de Venezuela como “un narcoestado sumido en una enorme corrupción y responsable de la brutal represión de sus ciudadanos” (5), empleada sistemáticamente por la vocería oficial estadounidense y replicada entusiastamente por políticos, medios y analistas alineados con sus intereses, obedece a la categorización realizada en 1999 por una institución dependiente de la Secretaría de Defensa, según la cual los Estados se dividen en cuatro grupos, de acuerdo al nivel de estabilidad de sus democracias: estados núcleo (core states), estados en transición (transition states), estados canallas o forajidos (rogue states) y estados fallidos (failed states). En realidad, la clasificación “varía en función de las afinidades que presenten los estados con respecto al modelo de Washington”. Un rogue state como el venezolano “merecería desaparecer como Estado de no-derecho desde el momento en que parece no respetar las prescripciones del derecho internacional”, tal y como éstas son interpretadas por “los estados supuestamente legítimos y respetuosos de las leyes, es decir, aquellos que, disponiendo de la mayor fuerza, están dispuestos a llamar a los estados canallas al orden o hacerlos entrar en razón, si fuera necesario recurriendo a una intervención armada – punitiva o preventiva” (6).

Así, tenemos a los estados, y la posibilidad de la “guerra justa” de unos estados (Estados Unidos y sus aliados) contra otros (estados canallas), pero algo falta. Guerra, moneda y Estado son las fuerzas constituyentes del capitalismo, apuntan Éric Alliez y Maurizio Lazzarato (7). Falta el mercado. Esta taxonomía imperial referida a los estados es funcional a los propósitos del “neoliberalismo disciplinario”, como lo define Contreras Natera: “La libertad propuesta por los portavoces del neoliberalismo disciplinario – en tanto ideología y técnica de gobierno – debe ser comprendida en el marco de las mutaciones y transformaciones actuales de la globalización. La libertad remite al respeto irrestricto a cierta mecánica natural […] intrínseca de los procesos económicos antes que al reconocimiento de libertades individuales”. Libertad es, antes que cualquier otra cosa, libre mercado, y éste es asumido como principio moral. Guiado por este principio, en el acto de intervenir militarmente en algún Estado canalla, Estados Unidos no está haciendo otra cosa que velar porque el libre mercado “no se vea obstruido por intervención gubernamental alguna. La necesidad de mercantilizar cada espacio de la vida […] se inscribe dentro de la visión de disciplinar los cuerpos y pueblos para aumentar la productividad. Estar en contra de Estados Unidos, en éste y otros muchos aspectos, es estar en contra de la libertad” (8).

En otras palabras, “una sociedad es democrática siempre y cuando se pronuncie contra el intervencionismo del Estado y a favor del mercado”. Si esto no es así, entonces “es preciso defender el mercado tanto política como militarmente”. El objetivo es “extender el mundo gobernado por el puro intercambio de mercancías, extender las relaciones mediadas por el dinero como la forma natural y única de las relaciones humanas”, lo que supone, en términos geopolíticos, que una parte del mundo domina la economía de la otra parte. El destino de los estados canallas, susceptibles de intervención militar, es ajustarse “internamente para que puedan mantener el servicio de sus deudas con el régimen Dólar-Wall Street. Los vínculos con este régimen suponen la subordinación de los estados en tanto orden imperial-colonial a las turbulencias del sistema financiero internacional” (9).

Lo que hace el neoliberalismo disciplinario es “re-escribir la economía de mercado como una pulsión de fuerzas naturales y ocultar con ello a las instituciones, los individuos, los actores globales y locales que motorizan el capitalismo global”. Pero no es solo “un proceso de reescritura político e ideológico”. Es fundamentalmente “un programa de control deliberado de las fuentes energéticas del Tercer Mundo”, lo que se expresa como “la profundización de los niveles de desigualdad, una extracción intensificada, una renovada acumulación primitiva y el despliegue de mecanismos de sujeción por medio de deudas, vigilancias y coerción crecientes a escala mundial” (10).

El problema, advierte Contreras Natera, es que “este etnocentrismo imperial, con sus inescrupulosas y sofisticadas defensas en el plano jurídico de la guerra justa, está quebrantando la institucionalidad internacional y, simultáneamente, con sus conjuntos de políticas de seguridad y defensa, socavando los procesos de reproducción de la vida en el planeta”. Asistido por la razón del más fuerte, arrogándose el derecho de ejercer su unilateralidad soberana, vulnera la soberanía de los llamados estados canallas. Un cuadro tal supone una peligrosa paradoja: “los estados que están en la situación de hacer la guerra a los rogue state son ellos mismos, en su más legítima soberanía, unos rogue state. Por consiguiente, dentro de la lógica autorizada y legitimada de los rogue state, ya solo hay estados canallas y ya no hay ningún Estado canalla” (11).

Suspendido el orden jurídico vigente, solo queda el estado de excepción permanente: “El caso de excepción decisivo políticamente es la guerra que, justamente, en tanto caso de excepción, también es el parámetro y, por consiguiente, aquello que no puede ser medido por otra cosa. Ante un caso excepcional, el Estado imperial estadounidense suspende el derecho por virtud del derecho a la propia conservación”. Siguiendo a Carl Schmitt, afirma Contreras Natera: “quien ostenta el poder de suspender el ordenamiento jurídico y, eventualmente, instaurar un orden legitimado basado en ese poder realmente ostentado, es el soberano” (12).

Es en nombre de la soberanía del Estado imperial estadounidense que habla Juan Guaidó. Y es en su nombre que se pone al servicio de una intervención militar en Venezuela. No en nuestro nombre.

III.-
El tratamiento de Venezuela como Estado canalla, la política de estrangulamiento de la economía nacional promovida y practicada por Estados Unidos, la farsa de la “ayuda humanitaria”, la amenaza de intervención militar, un “Plan País” neoliberal que supuestamente contiene “las claves que liberarán las fuerzas productivas de la nación” (13), y que se refiere a Venezuela como Estado fallido: todo esto sucede porque vivimos en un estado de excepción permanente a escala global, en el que, para resumir una idea expuesta por Michel Löwy, lo excepcional es la democracia (14).

Por eso resulta realmente desconcertante el contenido de una declaración suscrita por intelectuales y académicos como Edgardo Lander, Antonio Negri, Boaventura de Sousa Santos, entre otros, según el cual Nicolás Maduro “ha gobernado al margen de la Constitución, aplicando un estado de excepción permanente” (15).

Con todo y la presencia en el Gobierno venezolano de elementos autoritarios, corruptos y más bien propensos a favorecer los intereses del capital, lo que por cierto no es ninguna novedad, no puede existir la menor duda de que la democracia bolivariana sigue siendo un caso excepcional que, de hecho, confirma la regla global: el estado de excepción permanente, con el Estado imperial estadounidense autoproclamado como soberano.

El soberano imperial ha declarado la guerra a Venezuela. Cuando, el 9 de marzo de 2015, nos declaró “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior” estadounidense, eran tambores de guerra los que sonaban. Ciertamente, la guerra cabalga sobre nuestro malestar, es decir, sobre nuestros errores, sobre lo que hemos hecho mal, sobre aquello que nos hace débiles. Pero no es por nuestros errores que se nos hace la guerra, sino por nuestros aciertos.

La amenaza es real. Y sí, es inusual y extraordinaria la amenaza a nuestra soberanía nacional. No es un Gobierno lo que estamos defendiendo, sino nuestra existencia como nación soberana. Pocas veces fue tan necesario nuestro trabajo militante. Es preciso romper el aislamiento, juntarnos los comunes, estrechar lazos, reconstruir relaciones, restañar heridas, rehacer vínculos, es decir, ir a contramano de la neoliberalización de la sociedad venezolana, neutralizar sus efectos políticos, formar filas contra el neoliberalismo disciplinario. Es momento de tomar la decisión.

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(1) AFP. Guaidó no descarta autorizar intervención de EEUU en Venezuela “de ser necesario”. El Universal, 8 de febrero de 2019. http://www.eluniversal.com/politica/32653/juan-guaido-no-descarta-autorizar-intervencion-de-eeuu-en-venezuela-de-ser-necesario

(2) Agence France-Presse [@AFPespanol]. (8 de febrero de 2019, 18:18). [Amplía] “Haremos todo lo posible. Esto es un tema obviamente muy polémico, pero haciendo uso de nuestra soberanía, el ejercicio de nuestras competencias, haremos lo necesario”, respondió Guaidó sobre un eventual uso de sus facultades para autorizar una intervención militar #AFP
Recuperado de https://twitter.com/AFPespanol/status/1093997414187524096

(3) Ro Khanna [@RoKhanna]. (9 de febrero de 2019, 14:51). Mr. Guaido, you can proclaim yourself leader of Venezuela but you don’t get to authorize US military interventions. Only the US Congress can do that. We will not.
Recuperado de https://twitter.com/RoKhanna/status/1094307903215988737

(4) AFP. Guaidó no descarta autorizar intervención de EEUU en Venezuela “de ser necesario”. El Universal, 8 de febrero de 2019. http://www.eluniversal.com/politica/32653/juan-guaido-no-descarta-autorizar-intervencion-de-eeuu-en-venezuela-de-ser-necesario

(5) Emili J. Blasco. Trump eleva a Venezuela a la categoría de «Estado canalla». ABC, 27 de septiembre de 2017. https://www.abc.es/internacional/abci-trump-eleva-venezuela-categoria-rogue-state-201709260104_noticia.html

(6) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Caracas, Venezuela. 2011 Págs. 262-263.

(7) Éric Alliez y Maurizio Lazzarato. Wars and Capital. Semiotext(e). 2016. Pág. 15.

(8) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 266.

(9) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 267-269.

(10) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 270.

(11) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 298.

(12) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 304.

(13) Plan País: la Venezuela que viene. Págs. 4, 42.
Puede descargarse en: https://www.elinformador.com.ve/2019/01/31/descargue-aqui-el-plan-pais-lo-que-viene-para-venezuela/

(14) Daniel Garroux y Gabriel Zacarías. “El estado de excepción es constante. Lo excepcional es la democracia”. Entrevista a Michel Löwy. Viento Sur, 23 de julio de 2016. https://vientosur.info/spip.php?article11548

(15) Declaración: Por una solución democrática, desde y para el pueblo venezolano. Viento Sur, 2 de febrero de 2019. https://vientosur.info/spip.php?article14573

Tomado de https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2019/02/13/venezuela-formar-filas-contra-el-neoliberalismo-disciplinario/

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