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ANC 2017-2020: balance en medio de la tempestad. Análisis de La Corriente

ANC 2017-2020: balance en medio de la tempestad. Análisis de La Corriente

 

 

 

I

Luego del fallecimiento del comandante Chávez EEUU decidió desarrollar un plan de ofensiva total contra la revolución bolivariana. El gobierno encabezado por Nicolás Maduro tuvo que enfrentar, desde el mismo día de la victoria electoral del 14 de abril de 2013, el despliegue implacable de ese plan:

1) desconocimiento del resultado electoral y arremetida de violencia política en 2013, lo cual fue derrotado y concluyó con la consolidación del gobierno de Maduro por la vía electoral con un triunfo que implicó una diferencia de más de un millón de votos y la casi totalidad de los gobiernos municipales del país,

2) en 2014, profundización de guerra económica y plan insurreccional La Salida dirigido por Leopoldo López, el cual causó 48 muertes violentas que fueron instrumentalizadas para construir la falsa imagen internacional del gobierno de Maduro como una tiranía feroz,

3) derrotadas estas operaciones iniciales, en 2015 el plan de EEUU se enfocó en que la oposición política capitalizara electoralmente los efectos negativos sobre la población causados por la guerra económica, con el resultado de la conquista por la vía electoral de la Asamblea Nacional,

4) en 2016, con la entrada en ejercicio de la Asamblea Nacional opositora, comenzó una nueva fase del plan de agresión: el despliegue del poder legislativo como arma de guerra contra el país, con el objetivo de desmembrar el Estado y acabar con la institucionalidad venezolana.

La pugna por evitar el éxito de ese plan implicó que el Tribunal Supremo de Justicia, apelando a los extremos constitucionales y con base en irregularidades ocurridas en las elecciones parlamentarias en algunos estados del país, sentenciara el desacato de la Asamblea Nacional y dejara sin efecto sus actos. Esa derrota ocurrió como resultado de las actuaciones de los poderes del Estado para defenderse de los planes que pretendían su disolución.

Como consecuencia, el plan de agresión contra Venezuela dirigido por EEUU definió el despliegue prácticamente nacional de violencia callejera paramilitarizada cómo táctica para derrocar el gobierno bolivariano. Esa escalada violenta caracterizó buena parte del año 2017, hasta que llegó la Asamblea Nacional Constituyente y mandó a parar.

 

 

I
A partir del mes de abril de 2017, Venezuela toda pasó a ser una vorágine de caos y violencia: pueblos y pequeñas ciudades sitiadas por la violencia paramilitarizada, zonas enteras de las principales ciudades del país totalmente tomadas y sometidas por la violencia, instalaciones militares y policiales atacadas con armas de fuego y bombas incendiarias, almacenes y depósitos de alimentos incendiados, más de 150 personas fallecidas, 23 personas quemadas vivas en la calle, cuatro meses de casi total paralización del país y una agobiante operación psicológica para sembrar el terror. El escenario que se configuraba a medida que pasaban los meses era el de una inminente guerra civil.

En ese contexto se logró convocar y realizar las elecciones para que la Asamblea Nacional Constituyente fuera electa el 30 de julio de 2017. Para llevar a cabo las elecciones el Estado venezolano definió la creación de centros de votación especiales en los que pudieran ejercer su derecho al sufragio las personas cuyos centros de votación estaban ubicados en zonas tomadas por la violencia: de estos, el más importante fue el Poliedro de Caracas. La historia recordará las fotos y videos de grandes caravanas de venezolanos y venezolanas cruzando ríos y recorriendo kilómetros de carreteras y caminos de montaña para moverse de un pueblo a otro y así evadir los cercos violentos y poder votar.

La elección de la ANC cumplió de manera absolutamente exitosa ese objetivo de frenar la escalada violenta que amenazaba al país con seguir elevándose hasta alcanzar proporciones de guerra civil. La masiva participación del pueblo venezolano, expresada en más de 8 millones de votos, gracias a la puerta democrática y electoral abierta por el Estado venezolano como estrategia para defender su unidad ante la agresión, causó el cese casi inmediato de la violencia, con lo cual se demostró, además, que no era espontánea ni fruto del descontento sino una megaoperación cuidadosamente diseñada y ejecutada.


Apenas instalada siguieron las acciones de la ANC en su rol histórico de ser instrumento parlamentario y jurídico del Estado venezolano para preservar y profundizar la paz conquistada con su elección e instalación. Una de las primeras medidas, tomada el 5 de agosto de 2017, fue la destitución de la fiscal general Luisa Ortega Díaz (que estaba previamente suspendida por el Tribunal Supremo de Justicia) luego de ser demostrada su participación en la conspiración contra el Estado venezolano. En su lugar, la ANC designó como Fiscal General a Tarek William Saab, quien hasta entonces había sido Defensor del Pueblo. Con esto, la ANC desarmaba el proceso de desmembramiento del Estado, que pretendía separar del mismo no solo a la Asamblea Nacional sino al Poder Ciudadano y al Judicial.

Por su parte, EEUU y sus aliados nacionales e internacionales respondían desconociendo la elección e instalación de la ANC, obviando flagrantemente la voluntad del pueblo venezolano expresada electoralmente. Como parte de la respuesta de EEUU y sus aliados, el 8 de agosto de 2017, en Lima (Perú) se efectuó una reunión con los cancilleres de 17 países del continente americano, cuya resulta fue un documento denominado la Declaración de Lima, la cual fue suscrita por 12 países en donde acuerdan condenar la supuesta ruptura del orden democrático en Venezuela y desconocer la ANC.
La respuesta de Venezuela fue más democracia. En función de reconstruir y consolidar la estabilidad política, la ANC continuó actuando, y convocó una seguidilla de elecciones que fueron clave no solo para ese objetivo estabilizador sino porque implicaron una contundente demostración de la voluntad absolutamente mayoritaria del pueblo venezolano de vivir en paz y democracia. Esto fue garantizado por la ANC incluso creando mecanismos de emergencia institucional mediante vías excepcionales.

Esas elecciones fueron: 1) regionales el 15 de octubre de 2017, 2) municipales el 10 de diciembre, y 3) presidenciales el 20 de mayo de 2018. La victoria de las fuerzas patrióticas y bolivarianas fue contundente en las tres jornadas, logrando con ello consolidar una unidad absoluta del Poder Ejecutivo en todos los niveles, con lo cual se consolidaba toda la fuerza para reestablecer la gobernanza y defender la paz y la soberanía. Los años subsiguientes en los cuales la agresión escaló aún más demostrarían el carácter vital y estratégico de esta unidad política expresada en el hecho de que la gran mayoría de los espacios del poder político del país estuviesen en manos de las fuerzas patrióticas.

Otro ámbito clave de actuación de la ANC fue el relacionado con el castigo a los responsables de la violencia que habían usado su investidura como diputados de la Asamblea Nacional para conspirar contra la paz, la democracia y la soberanía del país. Así, por ejemplo, el 6 de noviembre de 2017 la ANC autorizó el enjuiciamiento del diputado opositor y primer vicepresidente de la Asamblea Nacional Freddy Guevara, principal cabecilla de la escalada violenta, el 7 de agosto de 2018 se acusó al parlamentario Juan Requesens junto al también diputado y expresidente de la Asamblea Nacional Julio Borges, ambos pertenecientes al partido Primero Justicia, de estar presuntamente involucrados en el atentado contra Nicolás Maduro. El día siguiente la Fiscalía General pidió al TSJ emitir sentencia para dar pie a la remoción de la inmunidad parlamentaria de Requesens y Borges, la cual fue efectuada​ y remitida a la ANC, quien lo aprobó.

En esa misma dirección de fortalecimiento de mecanismos legales para preservar la paz, la democracia y la soberanía apuntó la Ley contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia, aprobada por unanimidad por la Asamblea Constituyente el 8 de noviembre de 2017 con el propósito de promover «el reconocimiento de la diversidad, la tolerancia y el respeto recíproco, así como prevenir y erradicar toda forma de violencia, odio e intolerancia política”. Igualmente, la creación de la Comisión para la Verdad, la Justicia, la Paz y la Tranquilidad Pública el 24 de mayo de 2018, que desde el primer momento encamino sus esfuerzos por la ruta del diálogo político y la concreción de consensos.


También en el plano económico la Asamblea Nacional Constituyente tuvo iniciativas en su actuación legislativa. El decreto sobre el Petro, la Ley Constitucional de los Clap, la Ley de Precios Acordados, la Ley de Inversión Extranjera, el decreto constituyente de Diálogo Económico, la Ley sobre la Unidad Tributaria Sancionatoria y la Ley de Impuestos a Grandes Patrimonios, la derogación del Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley del Régimen Cambiario y sus Ilícitos, con lo cual se abre paso a la libre convertibilidad del bolívar con el libre comercio y libre negociación de las divisas en el país, así como la aprobación de la Ley Antibloqueo, que tiene como objetivo central restituir las garantías sociales y económicas de nuestra gente.

III
Movimiento de Transición del Pueblo, Paramacay II, Operación Armagedón, Operación de Magnicidio, Operación Libertad, Operación Vuelvan Caras, Operación Fuerza y Libertad, Operación Venezuela Honor y Gloria, Operación Aurora, Operación Gedeón. Estos son los nombres de algunas de las conspiraciones militares ejecutadas y derrotadas en el lapso tres años y cuatro meses en que estuvo en funcionamiento la Asamblea Nacional Constituyente. A esto debe agregarse todo el andamiaje diplomático desplegado por EEUU en el mundo y el gigantesco arsenal mediático dirigido contra la revolución bolivariana. Y por si fuera poco, el desarrollo creciente de medidas económicas coercitivas y unilaterales aplicadas por EEUU, la Unión Europea, Canadá y otros, y el plan de ofensiva final desplegado desde enero de 2019 que tuvo como pieza central la Asamblea Nacional definitivamente insurrecta y separada del Estado para ponerse al servicio de las órdenes directas del gobierno de EEUU: la autoproclamación como presidente interino de Venezuela por parte del exdiputado Juan Guaidó, reconocido inmediatamente por EEUU, la Unión Europea y otro conjunto de países subordinados, que acarreó además el robo de más de 5.400 millones de dólares, pérdidas por más de 130 mil millones de dólares y el secuestro de Citgo y Monómeros.


En la ardua resistencia de Venezuela ante tamaña agresión multidimensional fue clave el accionar de la Asamblea Nacional Constituyente para llenar el vacío dejado por el Poder Legislativo insurrecto y ser el instrumento central para sostener la unidad institucional del Estado, la unidad identitaria de la República, en un despliegue suigéneris para contrarrestar las actuaciones ilegales de la Asamblea Nacional en desacato como instrumento de la agresión extranjera.

La unidad cívicomilitar del pueblo venezolano, la unidad y cohesión política de todas las instancias del Poder Ejecutivo y de las fuerzas políticas del chavismo, el funcionamiento del Poder Ciudadano, el Poder Judicial y el Poder Electoral, todos estos factores imprescindibles para la resistencia ante la agresión, tuvieron como eje y base la existencia y actuación de la Asamblea Nacional Constituyente en tanto fundamento institucional para la preservación de la paz, la democracia y la soberanía del país. El debate y las diatribas agoreras sobre la supuesta expropiación o conculcación que la ANC significó en relación con el supremo y soberano poder constituyente que reside exclusivamente en el pueblo venezolano queda zanjado cuando se analiza que fue justamente ese supremo poder constituyente de nuestro pueblo el que, por vía democrática y electoral, generó soporte y dio legitimidad al instrumento extraordinario y excepcional al que tuvo que recurrir Venezuela para continuar garantizando su existencia como nación y República, como Estado social de derecho y justicia.

Resistido el temporal, capeada la tormenta, no sin bajas, heridas o retrocesos pero de pie y con esperanza, con una nueva Asamblea Nacional que estará al servicio del país y de nuestra gente, cesan las funciones de la ANC y da paso a un 2021 en el que continuarán las batallas y los desafíos para nuestro país.

Si en 1819 el Libertador Simón Bolívar convocó al poder plenipotenciario constituyente para consolidar el edificio Republicano y construir un sistema político que reuniera la capacidad de sostener íntegra la unidad y a su vez dotara de seguridad social, estabilidad política y felicidad social al pueblo, y en 1999 Hugo Chávez lo hizo porque, según sus palabras, “la única vía en este momento que pudiera garantizar la paz futura de la Nación sería convocar una Asamblea Nacional Constituyente. Eso permitiría reunirnos en soberanía, convocar al soberano que es el pueblo nacional, el pueblo venezolano, para refundar la República, para darle un nuevo rumbo a la Nación, para decirle al mundo: aquí estamos reunidos en asamblea popular los venezolanos, para discutir quiénes somos y hacia dónde vamos, y convertir esa discusión en un gran proyecto nacional que tenga rumbo, que tenga destino cierto”, en 2017 y hasta diciembre de 2020 fue necesario acudir a este supremo poder de nuestro pueblo para preservar la unidad del Estado y defender la paz, la democracia y la soberanía, única base sobre la cual podremos continuar construyendo y profundizando la revolución bolivariana y su horizonte transformador.

El 6D elegimos futuro, paz, democracia, reconciliación, soberanía y recuperación económica

El 6D elegimos futuro, paz, democracia, reconciliación, soberanía y recuperación económica

#LaCorriente en pleno inicia su despliegue total para contribuir con la victoria electoral que el 6 de diciembre de este año permitirá al pueblo venezolano elegir una nueva Asamblea Nacional patriótica, ética y democrática.

Los hombres y mujeres que día a día ponemos nuestro esfuerzo, nuestro tiempo, nuestra voluntad y nuestra energía en la defensa y profundización de la revolución bolivariana desde los espacios de lucha concretos en que actuamos como organización social y política, reafirmamos nuestro compromiso con Venezuela y con nuestra gente, con la paz y la democracia de nuestro país, y decimos fuerte y claro: ¡Somos fuerza de unidad! ¡El chavismo unido es la única garantía para superar las dificultades y retomar el camino hacia el horizonte transformador y liberador que nos hemos trazado como pueblo!

Elegir el 6 de diciembre una Asamblea Nacional patriótica, ética y democrática es fundamental para reafirmar la solidez del Estado venezolano ante las pretensiones de disolverlo, fragmentarlo y crear un Estado paralelo. Es fundamental, además, para fortalecer las alianzas internacionales con los países hermanos que nos apoyan en la lucha contra la agresión de EEUU y para quebrar el bloque de países que, bajo presión de EEUU, se alinean en contra de nuestro país desconociendo nuestra institucionalidad y nuestra democracia.

Elegir el 6 de diciembre una Asamblea Nacional patriótica, ética y democrática es fundamental para consolidar y profundizar los acuerdos económicos, financieros y de cooperación internacional que Venezuela necesita para apuntalar la recuperación económica y reactivar en su plenitud el aparato productivo, comercial y financiero del país.

 

Elegir el 6 de diciembre una Asamblea Nacional patriótica, ética y democrática es fundamental para avanzar en la construcción de nuevas alianzas políticas internacionales que se sumen con fuerza, desde la reactivación plena de todos nuestros Poderes Públicos en función de los supremos intereses nacionales, al bloque internacional que rechaza el injerencismo, el bloqueo y la pretensión de cambiar por la fuerza el legítimo gobierno de Venezuela.

Elegir el 6 de diciembre una Asamblea Nacional patriótica, ética y democrática es fundamental para continuar aislando y dejando fuera de juego a los sectores y fuerzas políticas fascistas, violentos y colaboracionistas con la agresión extranjera y el bloqueo, y seguir profundizando, ampliando y consolidando las vías pacíficas, políticas y de diálogo para dirimir las diferencias políticas. Restituir la política como centro de la vida nacional y desechar de una vez por todas las opciones de fuerza es clave para recuperar la senda de estabilidad y prosperidad.

 

Venezuela necesita una nueva Asamblea Nacional patriótica, que esté al servicio de los intereses del país y de nuestra gente, y que se sume con todas sus capacidades a la lucha unitaria del Estado venezolano contra la agresión extranjera y el bloqueo.

Venezuela necesita una nueva Asamblea Nacional ética, que sea ejemplo de ética política radical y que se dedique con ahínco y profundidad a la lucha contra la corrupción y por el adecentamiento de la función pública. Reactivar su función contralora y avanzar en nuevas prácticas y leyes para combatir la corrupción debe ser eje central del accionar de la nueva Asamblea Nacional que elegiremos el 6 de diciembre.

Venezuela necesita una nueva Asamblea Nacional democrática, que reactive y profundice los canales, vías, mecanismos e instrumentos para que el pueblo venezolano ejerza amplia y libremente la participación y protagonismo que son pilares de nuestro modelo político transformador, una nueva Asamblea Nacional que practique el parlamentarismo con la gente y que retome su papel de ser el foro político por excelencia, donde tengan posibilidad de expresarse, debatir, discutir y construir acuerdos y consensos todos los sectores económicos, políticos, sociales y culturales que componen la enorme, robusta y rica diversidad que nos caracteriza como pueblo y que es uno de los pilares fundamentales de nuestra democracia.

Por estas y muchas razones más, en #LaCorriente, con nuestros candidatos y candidatas del estado Apure, Orlando Zambrano, Leonor Olivares, José Cabrera y Melitza Orellana encabezando nuestra movilización y nuestra entrega plena a este nuevo desafío, decimos:

¡Elegimos futuro!

¡Elegimos paz! 

¡Elegimos democracia!

¡Elegimos reconciliación nacional!

¡Elegimos diálogo!

¡Elegimos recuperación económica!

¡Elegimos soberanía!

Nostros y nosotras, que somos hijos e hijas de esta tierra, nacidos(as) en las entrañas de nuestro pueblo humilde y trabajador, que nos hemos forjado en las luchas de la gente, siempre en la calle, en el campo, en primera línea de nuestras batallas para construir la revolución bolivariana y defender la paz, la democracia y la soberanía, con todo nuestro acumulado y nuestra fuerza, con toda nuestra solvencia ética y política y con la verdad honesta de lo que somos y hemos construido todos estos años de lucha, juntos y juntas decimos:

¡Vamos por una Asamblea Nacional patriótica, ética y democrática!

¡Pa atrás ni pa coger impulso!

 

La actual escalada de agresión estadounidense y la necesidad estratégica de una nueva mayoría nacional. Análisis de La Corriente

La actual escalada de agresión estadounidense y la necesidad estratégica de una nueva mayoría nacional. Análisis de La Corriente

Es notorio que atravesamos una nueva escalada en la agresión sostenida que EEUU dirige contra Venezuela, la cual continuará en crecimiento e intensidad al menos durante lo que queda de año. A fin de contribuir al análisis de la actual coyuntura política venezolana, a la comprensión del momento en que estamos por parte de nuestro pueblo y a la necesaria preparación ante los posibles escenarios que se avecinan, conviene analizar las señales que evidencian esta escalada, las variables determinantes y significativas que la generan, los posibles escenarios que puedan presentarse y la definición de líneas de acción necesarias para situarnos en este cuadro.

I

Comencemos por las señales en el escenario internacional. Lo primero que debemos tener presente es que está en pleno desarrollo la nueva política de EEUU para América Latina que tiene como objetivo central en sus definiciones “contener la influencia extranjera”, es decir, la influencia de potencias como Rusia y China. Esto, basado en los postulados de la doctrina Monroe, según la cual América toda pertenece a los norteamericanos. Desde la perspectiva colonialista estadounidense el control del continente debe estar en sus manos y cualquier otra influencia es considerada enemiga. En esta perspectiva hegemonista y supremacista, Estados Unidos considera que todo el continente es parte de su territorio, por lo tanto se considera con el derecho de ocuparlo militarmente, controlarlo económicamente y decidir sobre asuntos de política interna de nuestros países. Un componente central de esa política hacia el continente es la estrategia de máxima presión contra Venezuela, así como el asedio a Cuba y Nicaragua.

En el marco de ese despliegue, y como una de las señales de la actual escalada, está el reciente viaje de Robert O’Brien, asesor de seguridad nacional del presidente Trump, a Panamá y Colombia. En palabras O’Brien, el objetivo es “Promover la seguridad, prosperidad y gobernanza democrática en el continente”. En la realidad, seguridad quiere decir presencia militar, prosperidad quiere decir control económico y gobernanza quiere decir alineamiento y subordinación política. En su viaje estuvo acompañado de Craig Faller, jefe del Comando Sur, y de Mauricio Claver-Carone, director del Consejo de Seguridad para el hemisferio occidental. Entre otros temas, se trataron asuntos como “el combate al lavado de activos y al financiamiento al terrorismo”, así como la supuesta lucha contra el narcotráfico. En el caso de Colombia, se acordó una nueva fase de relanzamiento del Plan Colombia, que implicará más recursos en esa dirección, esta vez maquillados con un nuevo componente vinculado a la inversión social. Este discurso y estos acuerdos apuntan a Venezuela ya que, como se sabe, una de las líneas de criminalización contra nuestro país se basa en falsas acusaciones de narcotráfico y terrorismo.

Una segunda señal es la denuncia del presidente colombiano Iván Duque sobre la supuesta compra de misiles de largo alcance a Irán, lo cual es absolutamente falso: se trata de un tipo de armamento que Irán no tiene para la venta sino para su propia defensa. Esto constituye un intento de Duque de generar una causal de guerra, una justificación que pretende ser la base para una posible reedición de lo que fue la llamada crisis de misiles, que involucró a EEUU, Cuba y la URSS. A la vez, está la denuncia de que militares venezolanos estarían triangulando armas para la guerrilla de ese país. En esto está de fondo la profunda crisis política, social y económica que atraviesa Colombia, la más profunda en los últimos 30 años, lo cual facilita que la oligarquía de ese país se preste para los planes que dirige EEUU en la medida en que se beneficia porque constituyen una forma de distraer al pueblo colombiano en relación con su propia crisis. A esto hay que agregar la reciente activación de la brigada militar de EEUU en Colombia, la cual había sido suspendida por no contar con la aprobación jurídica nacional para hacerlo.

Otra señal de la escalada vendría a ser el despliegue de toda una campaña mediática sobre la supuesta amenaza iraní en América Latina, dentro de la cual se construye la justificación para agredir a Venezuela en la medida en que la cercana relación del gobierno venezolano con el gobierno de Irán estaría siendo la puerta de entrada para esta supuesta amenaza iraní.

Por último, estaría la cada vez mayor implicación de Israel en el conflicto venezolano, lo cual se desprende de la forma en que se profundiza la cercanía y vinculación que la dirigencia opositora (prófuga de la justicia venezolana) mantiene con Israel.

II

En el escenario nacional, tenemos en primer lugar los recientes esfuerzos de la ultraderecha guaidocista para reactivarse, haciendo anuncios y convocatorias, llamando a la construcción de una nueva ruta para sus objetivos, buscando reconstruir la unidad perdida y pretendiendo materializar en alguna acción concreta una supuesta acción en favor del pueblo venezolano. Evidentemente su gestión y promoción del bloqueo contra Venezuela le ha restado aún más popularidad al artefacto Guaidó, y buscan revertir ese efecto.

Por otro lado es notoria una fuerte reactivación de acciones de bandas delincuenciales organizadas, las llamadas Bacrim, cuyos vínculos y operación bajo control y dirección de la ultraderecha han sido denunciados y expuestos en reiteradas ocasiones. En este sentido, hay sospechas de avance en el control de la derecha con relación a estas bandas a través de sectores de los cuerpos policiales que pueden servir de mecanismo para el acercamiento y manejo de las mismas. Del accionar de estas bandas llama la atención su componente mediático, que es muy particular y fuera del patrón de actuación de ese tipo de delincuencia: buscan la exposición mediática, la creación de cuentas de redes sociales y la incidencia en la opinión pública, lo cual las ubica como parte de la estrategia de desestabilización y guerra psicológica. Esto estaría en relación con lo ocurrido en Petare y en Lara en el contexto de la Operación Gedeón, por ejemplo. Se trata, en todo caso, de una operación encubierta de muy fino diseño.

Por último, en el cuadro nacional, otra señal es la radicalización de la estrategia de presión económica sobre la gente, una de cuyas principales armas es la disparada brutal del precio del dólar, con su respectivo impacto en los precios de los bienes y servicios y en el deterioro del poder adquisitivo de la gente.

III

Nada de esto es casual ni caprichoso, sino que tiene su origen en un conjunto de elementos determinantes y variables significativas que están actualmente en desarrollo a escala global. La principal es la aceleración de la disputa geopolítica mundial producto de la crisis generada por la pandemia de Covid-19, sobre todo la disputa entre China y EEUU en el plano tecnológico, financiero y militar. La carrera por la vacuna contra el COVID-19 es parte de esta disputa, en la que entran otras potencias como Rusia. Esta aceleración suma presión a la crisis estructural que enfrenta la hegemonía de EEUU en el planeta, haciendo que aumente su virulencia porque está obligado a reaccionar, lo cual hace con sus dos armas fundamentales: el control y hegemonía que posee sobre el sistema financiero mundial y su poderío militar.

Otro elemento central es la situación política interna de EEUU, en cuyo centro está el venidero proceso electoral presidencial. En ese punto Trump está acorralado, con serios riesgos de perder la reelección. De allí que como parte de su campaña busque desesperadamente resultados qué mostrar, entre los cuales estaría una eventual victoria en el caso venezolano, que podría ser exhibido como un logro en política exterior.

A esa complejidad interna de la situación política de EEUU se agregan los efectos devastadores de la pandemia en ese país, principalmente en el aspecto económico: 14 millones de nuevos desempleados, 34% de decrecimiento en el PIB y paralización económica en torno a un 40% son datos contundentes para un presidente que mostraba como su principal logro el crecimiento y éxito económico. Allí estaba el fuerte de su imagen y su oferta electoral.

Este cuadro político se agrava con el aumento de las tensiones raciales, que alejan aún más la simpatía por Trump de los sectores afroamericanos y latinos. Hoy día hay ciudades enteras prácticamente insurrectas, con movilizaciones masivas en las cuales incluso se exhibe armamento. Esto, sin contar la profunda crisis de salud resultado del mal manejo de la pandemia. La situación es tan crítica para Trump, que incluso un sector del partido republicano, quienes impulsan el llamado Proyecto Lincoln, se opone a la reelección de su propio candidato.

En ese contexto tan adverso para Trump cobra un valor central Venezuela ¿Por qué? No solo por su importancia geoestratégica, sino por la importancia que tiene Florida para la elección presidencial en el elitesco y antidemocrático sistema electoral estadounidense. Para Trump es fundamental ganar las elecciones en Florida. Recordemos que es justamente allí en Florida donde está concentrado el lobby mayamero anticastrista y antichavista, que tiene mucho peso en el establishment del partido republicano. En medio de la compleja crisis que pone en riesgo su reelección, Trump está obligado a hacer concesiones y complacer a ese sector, que es el más acérrimo enemigo de la revolución bolivariana en EEUU, uno de cuyos principales voceros es el senador Marco Rubio.

IV

 

Con todos estos elementos sobre la mesa de análisis, podemos definir al menos tres posibles escenarios de lucha:

  • Que el conflicto no se resuelva en una intervención militar directa e invasión, sino que se sostenga la estrategia de máxima presión, incrementándola y llevándola a niveles superiores, extremos, utilizando para ello a Colombia. Esto implica radicalización total del bloqueo comercial, financiero y petrolero, provocaciones armadas desde Colombia y Brasil sin que lleguen necesariamente a acciones directas armadas, incursiones armadas con mercenarios, intentos de reactivación insurreccional de la protesta y la movilización de calle, presión para la división de los cuerpos militares y policiales, acciones de sabotaje para agravar la pandemia.
  • Que el conflicto mantenga su actual nivel de intensidad en la agresión, con un componente más retórico y mediático, sosteniendo el nivel actual de la asfixia económica, con lo cual continuaría el deterioro interno económico y social, pero en la misma progresividad.
  • Intervención militar directa de una colación militar en la que estarían Colombia y Brasil.

A esto habría que agregar el riesgo y la amenaza siempre latente de colapso total y la explosión social, que podría darse en cualquiera de los escenarios, principalmente en el primero, aunque se requiere para ello la combinación de muchas variables, entre las cuales está un liderazgo opositor capaz de atizarlo y conducirlo, lo cual no existe en la realidad concreta de los territorios.

V

Ante este grave cuadro que se cierne sobre el país, lo fundamental es que seamos todos y todas fuerzas que sumen a la unidad nacional y patriótica: hombres y mujeres, organizaciones sociales y políticas, colectivos, grupos, partidos, comunas, consejos comunales, consejos campesinos, de mujeres, de estudiantes, organizaciones de base, grupos religiosos, sindicatos, brigadas de defensa, brigadas agrarias y productivas, cada quien en su espacio y jugando su papel.

Por parte del chavismo esta unidad debe nuclearse en torno al gobierno bolivariano, al liderazgo del presidente Maduro y de la dirección del Psuv. Es en torno a estas fuerzas centrales que debe construirse la unidad del chavismo y no buscarla por fuera. Esta unidad debe ser nuestro pilar fundamental adentro del cual saber manejar, gestionar y trabajar las diferencias y contradicciones.

Coincidimos con el presidente Maduro en los puntos hacia donde debe orientarse el debate, cuyo centro está en la necesidad de reconstruir un nuevo bloque histórico, una nueva mayoría nacional que, para lograrse, debe trascender la propia izquierda e ir por todos los sectores de la vida nacional, incluida la social democracia y más allá; una nueva mayoría nacional que, en primer lugar, garantice la democracia, la soberanía y luche contra el bloqueo y el asedio, sin lo cual no hay posibilidad de recomponer la vida nacional. Las fuerzas de izquierda debemos tener la capacidad de entender y asumir esto.

En ese debate central hay grandes preguntas: ¿Cómo reconstruir la nueva mayoría nacional en las actuales condiciones de adversidad económica, de asedio imperialista, de bloqueo, de reducción drástica de la capacidad financiera, logística y operativa del Estado? ¿Cómo hacerlo sin restablecer el normal funcionamiento institucional del estado con la recuperación de la Asamblea Nacional? ¿Cómo retomar en esas condiciones las dinámicas transformadoras de la revolución bolivariana? ¿Qué podemos aportar en concreto desde nuestros espacios y territorios a esas tareas?

Los debates necesarios no deben plantearse, creemos, de forma superficial, perdiendo de vista las complejas variables estratégicas que están en juego. No es momento para aéreos debates ideológicos o teóricos que no tengan en cuenta las prioridades estratégicas y las realidades y posibilidades concretas. No es momento para debates meramente electoralistas, que ven las elecciones parlamentarias desde una perspectiva inmediatista y centrada solo en el logro de cuotas de participación electoral y política.

Las alianzas políticas que el país demanda son alianzas que deben fundamentarse en el aporte y la construcción en función de la solución de los grandes problemas, las grandes tareas y desafíos que enfrenta el país. No podemos establecer o exigir alianzas desde posiciones y prácticas políticas basadas solo en opiniones. La situación actual del país nos exige jugarnos el pellejo en la calle, junto a la gente, enfrentando los problemas y construyendo la democracia participativa y protagónica legada por Chávez.

La construcción del socialismo en Venezuela, que mantenemos como horizonte estratégico liberador, depende de que juntos y juntas, en unidad, salgamos victoriosos(as) del complejo trance nacional que atravesamos. Nos toca seguir luchando, pugnando, empujando en esa dirección, pero construyendo y aportando. Alcanzar ese horizonte será una conquista resultado de la lucha y la construcción para que nuestra perspectiva transformadora sea hegemónica en la sociedad, en los territorios, en el partido, en el chavismo. Y en ello cada quien debe entender cuál es su papel.

VI

En el actual contexto y con estos fundamentos de análisis, La Corriente como organización política y social que tiene como basamento para su proyecto transformador la construcción de poder desde abajo, asume como marco de actuación las siguientes tareas prioritarias:

  • Incrementar la preparación para la defensa de la soberanía y la paz, en lo cual es clave profundizar la vigilancia popular.
  • Fortalecer las articulaciones en el Psuv, la FANB, y las expresiones del poder ejecutivo en todos los niveles.
  • Mantener la cohesión de equipos y estructuras: comunicación, información, organización, y fortalecer el trabajo de base.
  • Apoyar con todas nuestras capacidades la campaña del Psuv por la victoria en la Asamblea Nacional.
  • Seguir trabajando en la lucha contra la pandemia.
  • Continuar en la lucha por el desarrollo productivo del campo en articulación con las instituciones del gobierno bolivariano en esa área.
  • Continuar el trabajo de organización y multiplicación de la solidaridad hacia los sectores sociales más afectados por la crisis y el bloqueo.
  • Seguir contribuyendo a la batalla comunicacional por la defensa de la paz y la soberanía, y por la profundización de la democracia revolucionaria y el desarrollo productivo

 

Coordinación Nacional Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

La Corriente Psuv activa en la batalla electoral

La Corriente Psuv activa en la batalla electoral

Las elecciones parlamanetarias convocadas constitucionalmente por el nuevo Consejo Nacional Electoral para diciembre de este año tienen un carácter central en la lucha de Venezuela contra la agresión estadounidense, y en defensa y profundización de la democracia, la paz y la soberanía del país.

Es una victoria de nuestra gente y del país que podamos retomar el cauce democrático y participativo para la solución de los conflictos políticos internos. La consolidación de esta victoria será el desplazamiento y aislamiento definitivo de los sectores opositores que, actuando como agentes al servicio de EEUU, han utilizado el espacio institucional y político de la Asamblea Nacional para desde allí trabajar por el derrocamiento del gobierno, la fractura de nuestra institucionalidad y la entrega del país y sus riquezas a las élites del poder estadounidense.

 

Así, desde la comprensión de esto, en todos los territorios en los que tenemos presencia, principalmente en distintos municipios de los estados Apure, Táchira y Barinas, la militancia de La Corriente Psuv se encuentra activa en el proceso de organización y movilización de la juventud de nuestro país para que puedan inscribirse en el registro electoral. Asimismo, además de la organización de la inscripción de nuevos votantes, estamos activos y activas en el registro de cambios de residencia.

Además de San Fernando y Biruaca, en Apure, uno de los municipios donde se ha realizado con éxito este proceso es en Libertador, en Táchira, donde el concejal Pedro Ortega ha enacabezado las jornadas: “Es clave no solo que logremos una alta participación  de la gente, sino que alcancemos una contundente victoria para recuperar la Asamblea Nacional”, afirmó Ortega.

El camino para derrotar la agresión imperialista pasa necesariamente por la recuperación plena de la institucionalidad para que esta funcione en los términos en que lo define nuestra constitución y no al servicio de quienes tienen agendas personales al servicio de intereses extranjeros.

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

 

 

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