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Venezuela: formar filas contra el neoliberalismo disciplinario

Venezuela: formar filas contra el neoliberalismo disciplinario

Reinaldo Iturriza López

I.-
Al escribir estas líneas tengo en mente, principalmente, al contingente de compañeros y compañeras que, por razones diversas, ha renunciado temporalmente al trabajo militante; gente extraordinariamente valiosa que, por ejemplo, ha decidido dedicarse a atender las urgencias de la vida cotidiana, muchas veces porque no le ha quedado más alternativa; gente que ha dejado su trabajo en alguna institución pública, espacio que suele ser muy hostil para cualquier persona con vocación transformadora, por desacuerdo con sus superiores, por lo que evalúa como falta de coherencia entre el discurso y la práctica; gente que ha sido mantenida al margen en las mismas instituciones, pero también en los territorios, porque resulta incómoda, porque se empeña en mantenerse fiel a sus principios; gente que se siente defraudada por el liderazgo político chavista en general, al que considera, entre otras cosas, ajeno al sentir popular; gente que no se siente identificada con un Gobierno que demasiadas veces, a su juicio, anuncia que hará cosas que no hace, y hace cosas sobre las cuales no ofrece ninguna explicación; gente, en fin, que se siente derrotada o que se ha hecho a un lado (o ha sido apartada) porque cree que no tiene sentido pelear batallas que no son las suyas.

A esa gente, bajas de guerra, tenemos que poder hablarles. A esa, nuestra gente, no podemos abandonarla a su suerte.

II.-
Nadie en su sano juicio desea la guerra, pero corren tiempos de suspensión del juicio. La más clara demostración de ello es que, entrevistado el viernes 8 de febrero por AFP, Juan Guaidó “no descartó autorizar una intervención militar de los Estados Unidos o una fuerza extranjera en el país”, según reseñó El Universal (1). Sus palabras textuales fueron: “Haremos todo lo posible. Esto es un tema obviamente muy polémico, pero haciendo uso de nuestra soberanía, el ejercicio de nuestras competencias, haremos lo necesario”, refiriéndose al “eventual uso de sus facultades para autorizar una intervención militar” (2). Al día siguiente, el congresista estadounidense Ro Khanna le respondió que él podía proclamarse líder de Venezuela, pero que no era nadie para autorizar intervenciones militares estadounidenses (3). En descargo de Guaidó, habría que precisar que él no habla como líder de Venezuela, sino como muñeco de ventrílocuo de la política exterior estadounidense.

Guaidó tiene razón cuando habla de “nuestra soberanía”, solo que no se refiere a la soberanía venezolana.

En la tercera y última parte del libro “Una geopolítica del espíritu”, Miguel Ángel Contreras Natera hace un fascinante resumen de la evolución de la doctrina de seguridad y defensa de Estados Unidos desde la Doctrina Carter hasta la “Estrategia de Seguridad Nacional”, pasando por el “Proyecto para un nuevo siglo americano”. Allí se cuenta la historia de un imperio decadente que, en un contexto de crisis general del capitalismo como sistema histórico, y frente a la amenaza que constituye Asia y la posibilidad de que se constituya en centro hegemónico del poder global, reacciona dando al traste con el sistema de relaciones internacionales prevaleciente desde el Tratado de Westfalia, en 1648, que establecía el principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados.

En esencia, la gramática política imperial que se emplea hoy contra Venezuela data del período estudiado por Contreras Natera (1980-2006). Así, por ejemplo, cuando Guaidó afirma que hará “todo lo que sea necesario, todo lo que tengamos que hacer para salvar vidas humanas, para que no sigan muriendo niños” (4), incluso autorizar una intervención militar estadounidense en territorio venezolano, sus palabras son el eco colonial del razonamiento empleado por Michael Walzer para justificar la “guerra justa” contra Irak en 2003.

De igual forma, la caracterización de Venezuela como “un narcoestado sumido en una enorme corrupción y responsable de la brutal represión de sus ciudadanos” (5), empleada sistemáticamente por la vocería oficial estadounidense y replicada entusiastamente por políticos, medios y analistas alineados con sus intereses, obedece a la categorización realizada en 1999 por una institución dependiente de la Secretaría de Defensa, según la cual los Estados se dividen en cuatro grupos, de acuerdo al nivel de estabilidad de sus democracias: estados núcleo (core states), estados en transición (transition states), estados canallas o forajidos (rogue states) y estados fallidos (failed states). En realidad, la clasificación “varía en función de las afinidades que presenten los estados con respecto al modelo de Washington”. Un rogue state como el venezolano “merecería desaparecer como Estado de no-derecho desde el momento en que parece no respetar las prescripciones del derecho internacional”, tal y como éstas son interpretadas por “los estados supuestamente legítimos y respetuosos de las leyes, es decir, aquellos que, disponiendo de la mayor fuerza, están dispuestos a llamar a los estados canallas al orden o hacerlos entrar en razón, si fuera necesario recurriendo a una intervención armada – punitiva o preventiva” (6).

Así, tenemos a los estados, y la posibilidad de la “guerra justa” de unos estados (Estados Unidos y sus aliados) contra otros (estados canallas), pero algo falta. Guerra, moneda y Estado son las fuerzas constituyentes del capitalismo, apuntan Éric Alliez y Maurizio Lazzarato (7). Falta el mercado. Esta taxonomía imperial referida a los estados es funcional a los propósitos del “neoliberalismo disciplinario”, como lo define Contreras Natera: “La libertad propuesta por los portavoces del neoliberalismo disciplinario – en tanto ideología y técnica de gobierno – debe ser comprendida en el marco de las mutaciones y transformaciones actuales de la globalización. La libertad remite al respeto irrestricto a cierta mecánica natural […] intrínseca de los procesos económicos antes que al reconocimiento de libertades individuales”. Libertad es, antes que cualquier otra cosa, libre mercado, y éste es asumido como principio moral. Guiado por este principio, en el acto de intervenir militarmente en algún Estado canalla, Estados Unidos no está haciendo otra cosa que velar porque el libre mercado “no se vea obstruido por intervención gubernamental alguna. La necesidad de mercantilizar cada espacio de la vida […] se inscribe dentro de la visión de disciplinar los cuerpos y pueblos para aumentar la productividad. Estar en contra de Estados Unidos, en éste y otros muchos aspectos, es estar en contra de la libertad” (8).

En otras palabras, “una sociedad es democrática siempre y cuando se pronuncie contra el intervencionismo del Estado y a favor del mercado”. Si esto no es así, entonces “es preciso defender el mercado tanto política como militarmente”. El objetivo es “extender el mundo gobernado por el puro intercambio de mercancías, extender las relaciones mediadas por el dinero como la forma natural y única de las relaciones humanas”, lo que supone, en términos geopolíticos, que una parte del mundo domina la economía de la otra parte. El destino de los estados canallas, susceptibles de intervención militar, es ajustarse “internamente para que puedan mantener el servicio de sus deudas con el régimen Dólar-Wall Street. Los vínculos con este régimen suponen la subordinación de los estados en tanto orden imperial-colonial a las turbulencias del sistema financiero internacional” (9).

Lo que hace el neoliberalismo disciplinario es “re-escribir la economía de mercado como una pulsión de fuerzas naturales y ocultar con ello a las instituciones, los individuos, los actores globales y locales que motorizan el capitalismo global”. Pero no es solo “un proceso de reescritura político e ideológico”. Es fundamentalmente “un programa de control deliberado de las fuentes energéticas del Tercer Mundo”, lo que se expresa como “la profundización de los niveles de desigualdad, una extracción intensificada, una renovada acumulación primitiva y el despliegue de mecanismos de sujeción por medio de deudas, vigilancias y coerción crecientes a escala mundial” (10).

El problema, advierte Contreras Natera, es que “este etnocentrismo imperial, con sus inescrupulosas y sofisticadas defensas en el plano jurídico de la guerra justa, está quebrantando la institucionalidad internacional y, simultáneamente, con sus conjuntos de políticas de seguridad y defensa, socavando los procesos de reproducción de la vida en el planeta”. Asistido por la razón del más fuerte, arrogándose el derecho de ejercer su unilateralidad soberana, vulnera la soberanía de los llamados estados canallas. Un cuadro tal supone una peligrosa paradoja: “los estados que están en la situación de hacer la guerra a los rogue state son ellos mismos, en su más legítima soberanía, unos rogue state. Por consiguiente, dentro de la lógica autorizada y legitimada de los rogue state, ya solo hay estados canallas y ya no hay ningún Estado canalla” (11).

Suspendido el orden jurídico vigente, solo queda el estado de excepción permanente: “El caso de excepción decisivo políticamente es la guerra que, justamente, en tanto caso de excepción, también es el parámetro y, por consiguiente, aquello que no puede ser medido por otra cosa. Ante un caso excepcional, el Estado imperial estadounidense suspende el derecho por virtud del derecho a la propia conservación”. Siguiendo a Carl Schmitt, afirma Contreras Natera: “quien ostenta el poder de suspender el ordenamiento jurídico y, eventualmente, instaurar un orden legitimado basado en ese poder realmente ostentado, es el soberano” (12).

Es en nombre de la soberanía del Estado imperial estadounidense que habla Juan Guaidó. Y es en su nombre que se pone al servicio de una intervención militar en Venezuela. No en nuestro nombre.

III.-
El tratamiento de Venezuela como Estado canalla, la política de estrangulamiento de la economía nacional promovida y practicada por Estados Unidos, la farsa de la “ayuda humanitaria”, la amenaza de intervención militar, un “Plan País” neoliberal que supuestamente contiene “las claves que liberarán las fuerzas productivas de la nación” (13), y que se refiere a Venezuela como Estado fallido: todo esto sucede porque vivimos en un estado de excepción permanente a escala global, en el que, para resumir una idea expuesta por Michel Löwy, lo excepcional es la democracia (14).

Por eso resulta realmente desconcertante el contenido de una declaración suscrita por intelectuales y académicos como Edgardo Lander, Antonio Negri, Boaventura de Sousa Santos, entre otros, según el cual Nicolás Maduro “ha gobernado al margen de la Constitución, aplicando un estado de excepción permanente” (15).

Con todo y la presencia en el Gobierno venezolano de elementos autoritarios, corruptos y más bien propensos a favorecer los intereses del capital, lo que por cierto no es ninguna novedad, no puede existir la menor duda de que la democracia bolivariana sigue siendo un caso excepcional que, de hecho, confirma la regla global: el estado de excepción permanente, con el Estado imperial estadounidense autoproclamado como soberano.

El soberano imperial ha declarado la guerra a Venezuela. Cuando, el 9 de marzo de 2015, nos declaró “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior” estadounidense, eran tambores de guerra los que sonaban. Ciertamente, la guerra cabalga sobre nuestro malestar, es decir, sobre nuestros errores, sobre lo que hemos hecho mal, sobre aquello que nos hace débiles. Pero no es por nuestros errores que se nos hace la guerra, sino por nuestros aciertos.

La amenaza es real. Y sí, es inusual y extraordinaria la amenaza a nuestra soberanía nacional. No es un Gobierno lo que estamos defendiendo, sino nuestra existencia como nación soberana. Pocas veces fue tan necesario nuestro trabajo militante. Es preciso romper el aislamiento, juntarnos los comunes, estrechar lazos, reconstruir relaciones, restañar heridas, rehacer vínculos, es decir, ir a contramano de la neoliberalización de la sociedad venezolana, neutralizar sus efectos políticos, formar filas contra el neoliberalismo disciplinario. Es momento de tomar la decisión.

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(1) AFP. Guaidó no descarta autorizar intervención de EEUU en Venezuela “de ser necesario”. El Universal, 8 de febrero de 2019. http://www.eluniversal.com/politica/32653/juan-guaido-no-descarta-autorizar-intervencion-de-eeuu-en-venezuela-de-ser-necesario

(2) Agence France-Presse [@AFPespanol]. (8 de febrero de 2019, 18:18). [Amplía] “Haremos todo lo posible. Esto es un tema obviamente muy polémico, pero haciendo uso de nuestra soberanía, el ejercicio de nuestras competencias, haremos lo necesario”, respondió Guaidó sobre un eventual uso de sus facultades para autorizar una intervención militar #AFP
Recuperado de https://twitter.com/AFPespanol/status/1093997414187524096

(3) Ro Khanna [@RoKhanna]. (9 de febrero de 2019, 14:51). Mr. Guaido, you can proclaim yourself leader of Venezuela but you don’t get to authorize US military interventions. Only the US Congress can do that. We will not.
Recuperado de https://twitter.com/RoKhanna/status/1094307903215988737

(4) AFP. Guaidó no descarta autorizar intervención de EEUU en Venezuela “de ser necesario”. El Universal, 8 de febrero de 2019. http://www.eluniversal.com/politica/32653/juan-guaido-no-descarta-autorizar-intervencion-de-eeuu-en-venezuela-de-ser-necesario

(5) Emili J. Blasco. Trump eleva a Venezuela a la categoría de «Estado canalla». ABC, 27 de septiembre de 2017. https://www.abc.es/internacional/abci-trump-eleva-venezuela-categoria-rogue-state-201709260104_noticia.html

(6) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Caracas, Venezuela. 2011 Págs. 262-263.

(7) Éric Alliez y Maurizio Lazzarato. Wars and Capital. Semiotext(e). 2016. Pág. 15.

(8) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 266.

(9) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 267-269.

(10) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 270.

(11) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 298.

(12) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 304.

(13) Plan País: la Venezuela que viene. Págs. 4, 42.
Puede descargarse en: https://www.elinformador.com.ve/2019/01/31/descargue-aqui-el-plan-pais-lo-que-viene-para-venezuela/

(14) Daniel Garroux y Gabriel Zacarías. “El estado de excepción es constante. Lo excepcional es la democracia”. Entrevista a Michel Löwy. Viento Sur, 23 de julio de 2016. https://vientosur.info/spip.php?article11548

(15) Declaración: Por una solución democrática, desde y para el pueblo venezolano. Viento Sur, 2 de febrero de 2019. https://vientosur.info/spip.php?article14573

Tomado de https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2019/02/13/venezuela-formar-filas-contra-el-neoliberalismo-disciplinario/

Ciudad Comunal Simón Bolívar: resultados concretos del autogobierno de la gente

Ciudad Comunal Simón Bolívar: resultados concretos del autogobierno de la gente

En el territorio de la Ciudad Comunal Simón Bolívar, en el municipio Páez del estado Apure, la comunidad de la comuna Víctor Díaz Ojeda se dio cita para inaugurar el nuevo puente El Tigre, sobre el caño Burguita, anteriormente denominado puente El Garcero.

El puente fue construido plenamente en un importante esfuerzo de autogestión y organización comunal para dar solución a la problemática que se venía presentando con el viejo puente El Garcero que ameritaba desde hacía tiempo ser reemplazado. En estos tiempos de dificultades económicas, el aporte de la ciudadanía de nuestro país tiene mucho por andar, y está allí una de las claves para la superación de la actual crisis.

Así, los y las habitantes de la Ciudad Comunal Socialista Simón Bolívar da una demostración más de que con voluntad, convicción y organización, el poder de la gente tiene la capacidad de asumir las riendas de su propio destino y emprender no sólo la producción de alimentos o la gestión de políticas públicas del gobierno, sino además la construcción de obras de infraestructura, su mantenimiento y la gestión de servicios vitales para la gente.

En el acto popular, además de habitantes de la comunidad y militantes de La Corriente, estuvo presente el constituyente por el sector comunas y consejos comunales del estado Barinas, Pedro Alvarado, quien manifestó el apoyo irrestricto a este tipo de iniciativas de la gente organizada en ejercicio de su poder para transformar la realidad: “Es en las capacidades de la gente que la revolución bolivariana tiene su mayor fortaleza. Es allí donde debe estar el énfasis para la profundización de la democracia revolucionaria y la defensa de la revolución”.

La construcción de la ciudad comunal Simón Bolívar es un proceso que viene de lejos y ha sido acompañado por La Corriente desde sus inicios, cuando la organización popular no contaba con instrumentos como los consejos comunales o las comunas, y luego, cuando la revolución bolivariana dotó a la gente de mecanismos concretos para ejercer su poder. A principios del año aprobó un nuevo modelo de autogobierno, resultado de un intenso proceso asambleario en absolutamente todo su territorio, con participación de toda la población. En una gran asamblea con más de 1000 personas este modelo fue aprobado y fueron electas las nuevas autoridades del autogobierno. La inauguración del puente El Tigre es un resultado concreto de lo que viene construyéndose en este profundo proceso de ejercicio de democracia revolucionaria en el territorio del municipio Páez.

Con este tipo de acciones se demuestra que es en el ejercicio de la participación y el protagonismo de la gente donde está la base del modelo de democracia que dibujó el comandante Chávez. Es en estos espacios de construcción popular donde seguiremos avanzando para defender las conquistas y luchar por lo que falta.

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

Mañana será historia: un diario frenético sobre la realidad venezolana

Mañana será historia: un diario frenético sobre la realidad venezolana

Desde hace varios años, Venezuela se encuentra en el ojo del huracán mundial. El periodista  Marco Teruggi relata esa realidad en su nuevo libro.

Por Leandro Albani para: La tinta

Leer Mañana será historia. Diario urgente de Venezuela es lanzarse a un río caudaloso que, por momentos, permite descansar en un breve remanso, para después ser arrastrado por corrientes frenéticas que no sabemos a qué destino final nos llevarán. Esa vorágine que se respira al pasar cada página del libro es la misma que hace vibrar la historia de Venezuela.

Publicado por la Editorial Sudestada, Mañana será historia… puede ser una guía para quienes buscan entender la realidad venezolana. Pero también se convierte en una bitácora cotidiana en donde revolución y necesidad se entrelazan, siempre desde un relato que rescata las voces de los principales protagonistas del proceso político y social iniciado por Hugo Chávez en 1998: los hombres y las mujeres del pueblo, que se niegan a perder la dignidad conquistada, que luchan contra enemigos internos y externos, y que deben combatir los errores de quienes, en muchas ocasiones, deciden los destinos de una revolución que despertó a América Latina del letargo.

Teruggi teje páginas que se convierten en una road movie por los Llanos venezolanos para luego, apenas unos párrafos más abajo, analizar y desenredar una situación económica que no siempre es entendida en su totalidad desde países como Argentina.

Venezuela Chavez pueblo la-tinta

Sociólogo, periodista, pero, sobre todo, un protagonista más de las victorias, tragedias y contradicciones del proceso bolivariano, Teruggi –que vive en Venezuela desde 2013-, llegó recientemente a Argentina, donde inició una maratón de presentaciones por todo el país. Autor de Lo que Chávez sembró. Testimonios desde el socialismo comunal (Sudestada, 2015) y de los poemarios Siempre regreso al pie del árbol (2012) y Días Fundados (2014), Teruggi dialogó con La tinta sobre Mañana será historia…, la actualidad venezolana y la figura siempre presente de Hugo Chávez.

—¿Por qué elegiste estructurar el libro como un diario?

La primera pregunta que me hice es cómo hacer para contar toda esa realidad. Cuando digo toda esa realidad, va desde la cotidianeidad hasta el conflicto internacional, pasando por la experiencia de organización popular, la descripción de un paisaje, una reflexión o un diálogo. Son las formas que pueden contener esa realidad extraordinaria, que está en un momento único de su historia y que no se repetirá. La forma de diario surgió como una posibilidad de ordenarlo temporalmente y permitir que adentro ingresaran todos los géneros que logré construir. Hay momentos de crónica, de reflexión, de ensayo, de literatura de viaje, de análisis más duro económico y político, de denuncias, de cartas. Todas esas formas son posibilidades de atrapar lo que uno va viviendo y en lo cual está inmerso. La idea de un diario quiere decir que quien escribe no está afuera y observa desde una supuesta neutralidad, que algunos sectores del periodismo les gusta hacer creer que todavía existe, sino que está adentro de lo que está pasando. Y tiene que ser creíble y saber de qué está hablando. El “yo” aparece poquito, pero aparece, para que, al que está leyendo, le permita aterrizar un poco más y preguntarse cómo vive y sobrevive esa persona que le habla.


El objetivo principal del libro es intentar narrar una época, que es más que una serie de acontecimientos o una reflexión, que es más que dos o tres personas. Es un momento histórico, es el espíritu de un país de un determinado momento, muy específico, que está viviendo en una batalla inmediata, en la que estamos muy a la defensiva comunicacionalmente y donde nos han ganado de mano. También es un libro para quienes vendrán después y nos pregunten qué pasaba en Venezuela.


—En el libro, te centrás bastante en el proceso comunal y campesino. ¿Por qué te recostaste sobre ese sector para contar la historia?

—Primero, porque fue mi puerta de entrada al país. Cuando ingresé al proceso revolucionario fue a través de ese universo. Y porque siempre vi que, en ese sector, había una potencia de transformación que no había en otros, ligada al proyecto que planteó Chávez, de lo que significó en términos organizativos y en horizonte de transformación. Y también porque mis héroes y heroínas siempre estuvieron ahí. Mis puntos de referencia, la gente que más admiro, siempre estuvo en esos espacios. Hay mucho que va transcurriendo en esa dimensión: desde lo maravilloso que son las experiencias comunales hasta lo trágico que tiene el asesinato de dirigentes campesinos. Todo eso es parte del espacio del cual hablo y del cual, muchas veces, analizo la realidad.

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El libro está situado en un lugar, que no es mejor ni peor. También tiene que ver con un ritmo del país,  por lo cual, a su vez, me despego y vuelco la escritura al conflicto político que se está desarrollando. Por ejemplo, todo lo que fue abril y junio de 2017, cuando había campesinos a los que les quitaban tierras los terratenientes que financiaban a los sectores paramilitares, pero el eje estaba puesto en el análisis de cómo iba tomando forma el asalto al poder por la fuerza de la oposición. Justamente, lo más difícil siempre es hacer una síntesis, que todos esos elementos convivan. Gran parte de mis fuentes de información, o desde donde podía aterrizar más lo que estaba pasando, tenía que ver con el universo de los territorios concretos. Ahí donde hay un caudal de información que, muchas veces, no está en los medios de comunicación. La particularidad para hacer periodismo en Venezuela es que, muchas veces, es difícil acceder a las fuentes y esas fuentes se pueden conseguir desde las alturas políticas y dirigenciales, o desde muy abajo en los territorios.

—¿Cómo fue abordar los temas de la burocracia y la corrupción dentro del proceso bolivariano?

Lo de la corrupción no era un tema hasta que Maduro, un día, dijo que ese era el principal enemigo de la revolución. Cosa que, incluso, los medios estatales pasaron por alto, pero Maduro lo dejó sentado. En septiembre de 2017, cuando vino el nuevo Fiscal General, Tarek William Saab, abrió la situación de la corrupción en sus dimensiones más fuertes, atacando problemas muy complejos, como el de PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A.). Ahí, el tema entró en pleno debate público, incluso contra resistencias de sectores al interior del chavismo, que dicen que de eso no hay que hablar. Ahí se pudo empalmar ese debate alrededor de la corrupción con los números que iba dando la Fiscalía General, lo que permitía complejizar muchas cosas. Creo que hay una dimensión de lo que sucede en Venezuela que no se puede entender sin incorporar ese factor, sabiendo que eso es una agenda de la derecha para el continente. Pero también sabiendo que el proceso bolivariano se propuso abordarlo. Al contrario de otros procesos, lo puso en el centro de la mesa, diciendo que había que hacerse responsable y encabezar una batalla contra esto.

Lo de la burocracia fue evolucionado. Primero, había una lógica más de análisis, demostrando cómo la burocracia opera y atenta en lo cotidiano, de forma invisible, contra los procesos de organización popular. Después, fue mutando más hacia el debate que hay en torno al proyecto político y económico, que es más que un asunto de burocracia. Es hacia dónde se está orientando el trazo estratégico en lo económico. El nudo principal del debate más complejo está ahí. ¿Por qué hemos visto, en el último tiempo, que la apuesta a lo comunal, social, estatal –sacando a algunos puntos clave, como PDVSA-, ha ido corriéndose del centro de la escena y la apuesta ha sido los acuerdos con el empresariado? ¿Qué hay detrás de eso? ¿Es algo solamente táctico o es estratégico? ¿Cómo se enmarcan los desalojos campesinos, los asesinatos de dirigentes, las dificultades para que crezcan las comunas al interior de ese debate? Esto tiene que ver más con el ejercicio teórico de cuál es el modelo económico que se está planteando en la situación actual, que no es la ideal. Es una situación que carga errores que se acumularon, junto con un bloqueo económico internacional cada vez más agudo, al mismo tiempo que los sectores empresarios boicotean la economía. En ese contexto, ¿qué se está planteando? Ahí, el ejercicio es más teórico sobre cuál es la proyección económica, sabiendo que la economía es política concentrada.

—¿Cómo podés describir a la oposición venezolana?

—Acorralada por su propia incapacidad de crear escenarios insurreccionales o incendiarios, en la que después termina quemada por su propio fuego. Hay un sector grande de la oposición que está convencido que sólo se va a saldar a través de una salida violenta. No lo plantea por una cuestión de concepción ideológica, sino porque ha cometido tantos errores, ha desacumulado lo poco que tenía, que llegó a un punto en el cual no tiene más remedio que plantearlo en ese sentido. Pero es tan crítica su situación que, para que eso sea realidad, no depende de su propia fuerza, sino que depende de un factor internacional. Ahí está la paradoja del asunto. Plantean una salida para la cual ellos no tienen la fuerza, por eso piden, con sus operadores internacionales, que se geste una acción desde el frente exterior bajo el paraguas de la crisis humanitaria.


La oposición ha cometido tantos errores y ha empujado hasta tan lejos el conflicto, que la derrota, sus contradicciones y sus disputas le ha costado ser un actor, en términos políticos, casi inexistente, por fuera de la comunicación. Hoy, se puede poner a cualquier dirigente de la oposición en una calle donde sus sectores son mayoritarios y no va juntar más de cien personas, porque no les creen.


Después, hay otro sector que oscila entre acompañar la línea más violenta y no respaldarla, y que el gobierno intenta acercarlo para dialogar. El planteo sigue siendo construir democracia participativa al interior de una democracia representativa. Hace falta una oposición que participe con las reglas del juego que están establecidas y, contra la mitología que se plantea, la misma derecha se encarga de desmentir. Cuando ganan elecciones, las reconocen, pero cuando pierden, no. El problema es cuando se presentan de conjunto, algunos ganan y otros pierden, entonces, los que perdieron les piden a los que ganaron que no reconozcan su victoria. En su propia capacidad de dispararse a los pies entre ellos, han creado una especie de crisis política muy honda que lleva a la situación en la que, hoy, la principal vocería, su línea de acción y estrategia está en Estados Unidos, mediada a través de Colombia.

—¿Cómo aparece la figura de Chávez en el libro?

—Aparece de una manera compleja, como un punto sobre el cual volver para reflexionar en términos del proyecto político estratégico. Aparece en su relación muy fuerte emotivo sentimental y de manera consciente con la gente, con lo que representó Chávez para millones de personas. También aparece desde un lugar de ausencia que pesa, en la necesidad que estuviera Chávez. Incluso aparece desde un lugar de no saber qué decir. Hay un texto, es uno de los pocos artículos que incorporo en el libro sobre un aniversario del fallecimiento de Chávez, y que cuento cómo fue el proceso de escritura de ese artículo y su dificultad. Porque dentro de una revolución hay cosas complejas de procesar y que son parte de aprender a vivir en esa revolución. Como, por ejemplo, sectores que hacen usurpaciones de la palabra y que nombran y vanaglorian y glorifican, pero, en su práctica cotidiana, hacen exactamente lo contrario. A veces, es preferible el silencio antes de que salir a plantear algunos ejes que no tiene razón de entrar en ese momento en el debate público. Chávez está omnipresente y, a veces, aparece como una ausencia. Hay algo que, incluso, parecería una pesadilla de la que nos despertamos y aparece.

Tomado de https://latinta.com.ar/2018/10/manana-sera-historia-un-diario-frenetico-sobre-la-realidad-venezolana/

 

 

Táchira: #ElPoderDeLaGente se organiza para asumir distribución de gas

Táchira: #ElPoderDeLaGente se organiza para asumir distribución de gas

La falta de eficacia en el servicio distribución del gas ha propiciado una serie de manifestaciones populares en todo el territorio nacional, entre las cuales, la tranca cuenta como la más frecuente. Táchira no es la excepción: semana tras semana, las vías principales del estado son obstaculizadas por ciudadanos(as) que manifiestan su descontento frente a la situación de la falta del recurso y la inoperatividad del sistema de distribución del mismo.

El pasado 2 de Octubre una comisión integrada por voceros(as) de diferentes comunas, consejos comunales y movimientos sociales del municipio Libertador se trasladaron a Santa Bárbara de Barinas para exigir que se respete el cronograma de distribución del gas del municipio. Días antes, haciendo uso de las redes sociales, integrantes de esta comisión, denunciaban la vinculación de funcionarios militares en el desvío de las rutas de distribución del recurso.

“Estas medidas apenas ayudan a ejercer presión y resolver el problema a corto plazo. Algunas autoridades responsables del llenado y distribución actúan según intereses propios y no del pueblo”, comentó Pedro Ortega, militante de La Corriente, vocero de la comuna Alí Primera II y candidato a concejal por el municipio Libertador del estado Táchira.

Motivados por esta serie de incidentes, y buscando formas de autogobierno, autogestionarias y cogestionarias, ochenta y tres consejos comunales que conforman las ocho comunas del municipio Libertador del estado Táchira se han estado organizando para crear la EPS Directa de Gas Comunitario. Desde hace meses vienen trabajando para consolidar este objetivo que beneficiará a 9800 familias y que, además, contribuirá a la generación de empleos directos e indirectos.

Para ello, se han estado realizando una serie de asambleas en las que se acuerdan las instancias de agregación de la EPS, que servirán como articuladores y sumarán fuerzas para la ejecución de este proyecto en el que ya se plantean 23 rutas de distribución que cubrirán el territorio municipal.

Pedro Ortega afirma: “Somos nosotros, la gente, la base, quienes tenemos la obligación de organizarnos para hacer frente a los problemas y resolver paulatinamente las dificultades que afectan las condiciones de vida de nuestra gente. Seguimos en pie de lucha para asegurar esta aspiración, que fortalecerá el poder comunal y nos empoderará en lo relativo a los servicios básicos”.

Con este tipo de iniciativas se construye la ruta para que la gente vaya asumiendo cada vez más poder y logremos, así, profundizar la democracia participativa y protagónica. De allí la importancia de que se multipliquen.

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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