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Innovamos o erramos: Producción nacional de semillas de papa

Innovamos o erramos: Producción nacional de semillas de papa

La articulación entre la gente, sus organizaciones y la institucionalidad para hacer frente a un escenario de ataque como nunca se vivió en nuestro país, es central. Esa es una de las premisas en estos momentos de bloqueo y asedio. La defensa del país se lleva a cabo en distintos escenarios, en distintos planos. En el diplomático, con los debates y denuncias en la ONU, en los acuerdos bilaterales, como los ocurridos con el viaje de Nicolás Maduro a Rusia y también en el productivo, como se viene realizando constantemente puertas adentro, quedando muchas veces con menos visibilidad, a pesar de la importancia estratégica de la producción de alimentos en tiempos de guerra.

En este caso, desde la Corriente y la Alianza Nacional Productiva se ha llegado a un acuerdo con el Ministerio de Ciencia y Tecnología, del cual hacen parte también el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas y el Instituto Nacional de Salud Agrícola Integral. Dicho acuerdo consiste en un proyecto de adaptación y diversificación de una semilla de papa, una semilla nativa. Un proceso de adaptación con pruebas para que la papa se cultive en terrenos de menor altura.

En Venezuela la papa se cultiva a partir de los 800 metros sobre el nivel del mar, comúnmente entre los 800 y 1500 metros. En la zona de Táchira, Mérida y Trujillo también en alturas que sobrepasan los 2000 metros. Con este proyecto que impulsa el ministerio, la intención es generar una producción de papa con semillas nacionales que se adapten a alturas menores a los 800 metros.

En charla con Henry Paradas, vocero de la Alianza Nacional Productiva en Yaracuy, explicaba: “El plan es reproducir esta semilla para ensemillarnos. Es una semilla específica, nacional. Se llama María Bonita. En Yaracuy ubicamos unos 65 kilogramos de semillas para ver su rendimiento a 500 metros. En varios estados se viene dando esta experiencia, no solo en la parte andina, sino también en Aragua, Miranda, Anzoátegui, entre otros. Se busca adaptarlas a otras alturas en diferentes estados”.

A través de la Alianza Nacional Productiva, los campesinos, campesinas, pequeños y medianos productores vienen desarrollando distintas iniciativas de producción autóctona de alimentos. El plan conuquero y el plan de siembra extensivo son las dos líneas de acción se desarrollan con mayor fuerza. En este caso, la primera cosecha se espera para fines de octubre, con la intención de lograr una mejor adaptación y rendimiento de cara a las próximas cosechas.

 

Para enfrentar la mayor crisis social que haya atravesado nuestro país, la gente tanto en el campo como en la ciudad apela a la organización, a retomar en este caso la producción nacional de alimentos. Multiplicar este tipo de iniciativas, intensificar la reactivación productiva del campo, con todos sus actores que apuesten a la producción, es fundamental en esta etapa. Desde la Alianza Nacional Productiva se apuesta en ese objetivo.

Innovamos o erramos reza el lema del festival de cine que se desarrolla por estos días en Caracas. Innovamos o erramos también en el campo. Es así como los sectores productivos del campo enfrentan las olas del mar embravecido del hambre y la especulación a las que nos vemos sometid@s.

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

Alianza Nacional Productiva: producción de alimentos en tiempos de guerra

Alianza Nacional Productiva: producción de alimentos en tiempos de guerra

Producir los alimentos que el país necesita es un elemento básico de cualquier economía, más allá del carácter político de su gobierno. En una Venezuela asediada y bloqueada económicamente, esto se vuelve central, estratégico. Uno de los planos donde en los últimos tiempos se ha venido atacando a la población ha sido justamente en su capacidad de adquirir los alimentos y nutrientes necesarios. Desabastecimiento, acaparamiento, hiperinflación, bloqueo de buques con alimentos, son algunos ejemplos de las variantes del ataque sufrido en este plano.

Asegurar la comida de las familias venezolanas, llegar a aquellos lugares y productor@s que el Estado no llega. Pensar y actuar con perspectiva de garantizar el más básico de los derechos de nuestra gente, la alimentación. He allí el desafío.

La Alianza Nacional Productiva nace en momentos de guerra y, como afirma Aníbal Montilla, uno de sus coordinadores nacionales, eso implica trabajar la unidad: “Esto no es claudicar, es entender el momento, definir las prioridades. Una perspectiva central nuestra es la integración de todos los sectores productivos. El tema de la producción hay que sacarlo de la diatriba política. Así haya diferencias, si el objetivo es producir, hay que hablar, resolver los problemas de manera conjunta. Por supuesto que eso tiene límites, porque no nos vamos a vincular con factores que financian a la derecha golpista, por ejemplo. Pero no estamos en la bonanza de años anteriores. Eso condiciona las acciones de cualquier iniciativa”.

Los primeros pasos se dieron en lo los estados de Apure, Barinas y Táchira. Al inicio el gran problema fueron los insumos. La iniciativa no contaba con los recursos suficientes para comprar en el mercado y tampoco el vínculo con el Estado que luego pudo tejerse. Eso hizo más lentas las cosas. Se toma impulso mayor  a partir de la primera entrega de insumos que se logró conseguir a través del plan conuquero con el Ministerio de Agricultura.

“Junto a otros compañeros comenzamos un recorrido nacional para estructurar la ANP, en 13 municipios de los estados Apure, Barinas, Táchira, Yaracuy y Portuguesa”, relata Montilla: “Al principio nos costó encontrar la estructura más adecuada. Esto atrasó un poco nuestro trabajo. Empezamos con lo que llamamos promotores por territorio, por municipio. La tarea central de éstos es conformar las mesas productivas municipales”.

Surge así, desde la base, una forma organizativa que empieza a tomar forma: las mesas productivas conformadas por productores y productoras que, de hecho, ya están integrados, ya que se vienen juntando para encarar los problemas comunes que tienen. Por ejemplo, en un municipio existen redes de maiceros, de conuqueros, consejos campesinos. “Son las estructuras de base en los territorios. Lo que hacemos nosotros es convocarlos a las mesas donde trabajamos desde la especificidad de cada sector las distintas problemáticas que se enfrentan para producir, de allí que las comisiones que se crean sean desde las necesidades: infraestructura, insumos, industrialización, seguridad, maquinaria, apoyo técnico y jurídico”. En la medida que la ANP avance, en un mediano plazo se formarán las mesas productivas regionales y la mesa productiva nacional.

Esta forma organizativa es clave, porque permite abordar los problemas en conjunto, valorar las capacidades existentes, ponerlas en común y trazar planes colectivos de cara a cada problemática desde las propias capacidades y posibilidades. El caso de la maquinaria es un buen ejemplo: se determina las maquinas que están paradas o que necesitan ser arregladas, cuántas son, dónde están y se aborda en colectivo cómo echarlas a andar: “No estamos en momentos donde el Estado pueda proveer tractores como lo hacía antes. Tenemos que trascender la lógica de únicamente pedir al Estado”. O el caso de la industrialización, en el que se está contactando con innovadores, gente que tiene maquinarias, procesadoras, empaquetadoras diseñadas. O la coordinación técnica con la cual se busca incorporar a los técnicos del territorio asociados a la producción, veterinarios, ingenieros agrónomos, gente que fue graduada en estos años de revolución.

Un caso diferenciado es el de los municipios donde es grave el problema del abastecimiento de combustible. Allí se conforma una comisión específica para ello: “Una guadaña durante tres horas consume veinte litros de gasolina. Un tractor que trabaja 8 horas consume doscientos litros de gasoil. ¿Cómo hace un productor que tiene que hacer hasta dos días de cola para comprar 50 litros de gasolina apenas o si no caer en la estructura clandestina que bachaquea el combustible hasta en un dólar el litro?”, explica Aníbal: “Desde allí surge la propuesta de que se priorice la distribución oficial de combustible para la producción, asegurar el combustible necesario para no dejar de producir alimentos”.

La Alianza Nacional Productiva tiene perspectiva estratégica y se piensa de cara a la necesidad nacional de producir alimentos de forma independiente: “Los grandes productores del país tienen acceso a divisas, a insumos. Tienen proyectos, planteamientos a nivel nacional. Y obtienen los recursos necesarios. Nosotros tenemos que pensarnos de manera similar. Obviamente con una producción dirigida a alimentar a la gente, no a enriquecer a unos pocos”.

Se trata de construir una política, una práctica productiva para las familias campesinas, para la agricultura campesina y familiar. Está demostrado que ésta es la producción que nunca falta en las mesas venezolanas. Pensemos entonces en la potencialidad de este enfoque: la producción plena de un conjunto de rubros básicos para la alimentación venezolana garantiza por el trabajo de miles de pequeños productores organizados. China, por ejemplo, resuelve su comida diaria, estamos hablando de 4 mil quinientos millones de platos diarios de comida, principalmente a través de la agricultura familiar.

“Tenemos que asumir el papel que tienen, por ejemplo los conuqueros, los pequeños y medianos productores y productoras. Como país tenemos tres opciones ante la guerra que sufrimos: entregarnos, esperar el aniquilamiento o combatir y sacar adelante esta situación. Para ello, ante el asedio, ante el cerco, debemos optimizar los recursos internos, dirigirlos a ese foco prioritario y desde allí romper el asedio. Hay que conducir los recursos hacia la producción.El tejido político nacional debe entender esto. Hay muchos analistas para filosofar. Pero los análisis se deben hacer para emplear la táctica”, señala Aníbal.

   

Actualmente la Alianza Nacional Productiva aborda dos líneas de producción a nivel nacional: por un lado, desde los conucos, en tanto producción de comida sin agrotóxicos, y por otro, el plan de siembra extensivo, donde sí se utilizan insumos agrotóxicos: “Puede parecer una contradicción, la meta es la producción de alimentos totalmente sanos, pero entendemos el contexto y las urgencias que tenemos como país actualmente”, reflexiona Ángel Betancourt, quien también es coordinador nacional de la ANP.

A la izquierda, Ángel Betancourt

«El discurso enamora, pero el ejemplo convence. Ese es un lema que usamos nosotros», afirma Ángel, al comenzar a explicar que ha sido clave, junto a la prédica y al trabajo de convocatoria y organización, poder demostrar con hechos lo que se está construyendo: «El plan conuquero implica la independización de los productores, ya que se utiliza semilla autóctona y se trabaja la siembra orgánicamente. Se trata, en esa línea, de volver a nuestras raíces de la agricultura originaria, y desarrollar la producción natural de todos los componentes, por ejemplo, lo que es abono, fertilizantes. Así le damos un respiro a la madre tierra. La tierra está perdiendo su condición de fertilidad. Nosotros tenemos que devolverle los nutrientes a la madre tierra, para poder generar los alimentos sanos y necesarios. Y lograr, además, soberanía e independencia agroalimentaria: no podemos depender de que el Estado nos tenga que entregar las semillas, los insumos, los fertilizantes. Depender del Estado es un error. La industria nacional petroquímica está casi paralizada. Entonces, desde la Alianza Nacional Productiva, brindamos la oportunidad de producir sin esa dependencia. Una producción que depende del esfuerzo de los productores y productoras del campo”.

Actualmente la ANP ha articulado siete mil conuqueros a nivel nacional, que sembraron arroz, maíz, frijol y papa, en 11 mil hectáreas. Se utilizó semilla nacional, nativa, semilla de variedad, no transgénicas. A  este respecto, Betancourt explica: «Las transgénicas tienen alto rendimiento en la primera vez que se siembra, pero disminuye su rendimiento posteriormente. Si se toma una semilla de la mata y se la vuelve a sembrar, no sale, no da el fruto o en el mejor de los casos disminuye el rendimiento. En cambio, las semillas de variedad pueden tener un menor rendimiento inicial, pero se pueden volver a sembrar  con el mismo rendimiento que al inicio. Desde la propia cosecha uno puede ensemillarse. Estas semillas de variedad, además, se aclimatan al territorio en la primera cosecha».

El proyecto es, además de los núcleos de semilleristas que se vienen activando, crear en cada territorio las “casas de semillas”. En este primer ciclo de siembra la meta es garantizar una recolección de ciento cuarenta mil kilos de semillas que permita aumentar tres veces la cantidad de conuqueros, y pasar, en el próximo ciclo de siembra, de siete mil a veintiún mil conuqueros organizados en la ANP: «Al productor no se le pide nada. Sí se verifica y se hace el control y seguimiento para ver el estimado de cosecha, el retorno de semillas. Al productor le queda semilla. Se hace un aporte de semillas mínimo desde el productor a la ANP para garantizar la extensión de las siembras venideras, relata Ángel Betancourt.

En cuanto a la segunda línea de acción, además del plan conuquero se está trabajando el plan de siembra extensivo. Ése sí con agroquímicos. En este primer avance se sembraron mil hectáreas de maíz. Los insumos y las semillas los coloca el Estado.

En concreto, con propuestas y con hechos la Alianza Nacional Productiva  implica una alternativa real, surgida desde el poder de la gente, para encarar la profunda crisis de producción alimentaria que vive Venezuela, en la cual mucha de las causas están en la existencia de mafias. De allí que sea central una política productiva que implique a su vez una política organizativa y de empoderamiento de los pequeños y medianos productores: «Nosotros planteamos producir junto a la gente. Organizarnos con los productores y productoras para acceder a la cartera de insumos del Estado y de la banca privada, resolver los problemas en conjunto y en colectivo. Las grandes empresas productoras acceden a una gran cantidad de insumos que luego se desvían y terminan vendiéndose en dólares en los distintos campos. Nosotros planteamos una lógica totalmente distinta. Organizarnos para obtener insumos del Estado pero principalmente organizarnos para resolver los problemas de la producción entre los mismos productores y productoras. Así avanzamos en la Alianza Nacional Productiva, por la reactivación productiva del campo».

Resistir produciendo: El Trébol y Santa María conquistaron sus cartas agrarias

Resistir produciendo: El Trébol y Santa María conquistaron sus cartas agrarias

“El rico no quiere que el pobre tome las tierras, porque las tierras son el corazón del país. Los ricos quieren que los campesinos se limpien las botas antes de salir de las fincas, para no perder ni un poquitito de tierra”. Palabras que se escuchan en una de las tantas las reuniones semanales de los consejos campesinos en las fincas del Sur del Lago merideño.

Para la comunidad campesina conquistar las cartas agrarias de los predios no significa únicamente obtener la titularidad de las tierras, que en muchos casos ya tienen productivas. Significan apoyo a la producción, significan alimento en las mesas de sus familias y las familias venezolanas. Significan Paz. Pero fundamentalmente significan una caricia por parte de la Revolución Bolivariana que los campesinos y campesinas defienden incluso con su vida. Significan materializar, en parte, el legado del Comandante Chávez en momentos donde el país más necesita retomar ese legado.

Así lo viven las campesinas y campesinos de las fincas “El Trébol” y “Santa María”, quienes recibieron, esta última semana, la titularidad colectiva y el derecho a permanencia de ambos predios a manos del presidente del Instituto Nacional de Tierras, Luis Soteldo.

Actualmente en Venezuela el día a día de las familias del país se hace realmente duro, cuesta arriba. Los impactos  de las sanciones económicas, el bloqueo, la devaluación, la inflación incluso en dólares de los productos de primera necesidad, la ineficiencia y lo que es peor aún, la corrupción, se hacen sentir en la economía cada día mas precaria de millones de compatriotas. En este cuadro de situación, la producción nacional de alimentos adquiere una centralidad e incluso se transforma en una necesidad de primer orden.

La disputa por la democratización productiva de la tierra tiene como fin último poner a producir miles y miles de hectáreas de las más fértiles del país, como lo son las del Sur del Lago merideño, catalogadas tierras A1 por su fertilidad.

Construyendo victoria popular

El camino de las y los campesinos para acceder a las tierras primero y a su titularidad después es un camino realmente dificultoso. Los terratenientes de la zona (al igual que ocurre en el resto del país) operan con métodos criminales para mantener las tierras como capital.

En el predio El Trébol, ubicado en el municipio Obispo Ramos de Lora del estado Mérida, hace exactamente un año atrás, el joven Jean Carlos Gil Sanchez salvó milagrosamente su vida de las manos del sicariato. Jean Carlos tiene un cuadro de retardo mental moderado, vive en un cambuche junto a sus tíos. En la tarde del 15 de septiembre del año 2018, un grupo armado ingresó al predio donde se encontraba, lo maniataron, intentaron ahorcarlo, lo quemaron con machetes y al escaparse de las torturas recibidas le dispararon con la clara intención de acabar con su vida, por suerte para Jean Carlos, sin éxito. Situaciones similares fueron denunciadas una y otra vez por los campesinos y campesinas organizados en el Consejo Campesino Tierras en Revolución, quienes hacen vida en el predio. Estas situaciones se dan en un predio de 150 hectáreas donde las familias campesinas llegaron luego de un acuerdo de reubicación con el Instituto Nacional de Tierras, un acuerdo que hasta el momento de la entrega de la carta agraria no redujo los niveles de impunidad y violencia con el que se desenvuelven los “presuntos” (como llaman los campesinos a los antiguos dueños).

La violencia terrateniente a través de sicarios contratados es un método lamentablemente común en las disputas por las tierras, al igual que la destrucción de las siembras o la compra de voluntades de los funcionarios de organismos competentes. Con el objetivo de no perder las tierras, utilizadas como garantía para la obtención de préstamos que nada tienen que ver con la producción, los terratenientes han conformado verdaderas mafias agrarias, que tiene su brazo armado y su brazos de la institucionalidad corrompida, como lo son algunos jueces y juezas agrarios, funcionario de segunda y tercera línea del INTI, funcionarios de las fuerzas de seguridad, fiscales, entre otros actores. A todo este conjunto de factores y dificultades se enfrenta las y los campesinos y sus organizaciones.

“Queremos producir los alimentos para los venezolanos. Queremos trabajar, producir para abastecer al pueblo, que la producción se lleve a los mercados más grandes. Ese es nuestro objetivo.” Relataban hace un año los campesinos y campesinas de los Consejos “Campo en Acción” y “El Campo Primero”, al momento de ingresar a resguardar las tierras de la finca Santa María. En junio del año 2018 Luis Soteldo se había comprometido a hacer efectivo el rescate de dicho predio. Poco más de un año después, llegaría a las manos que laboran la tierra la tan ansiada carta agraria.

Así como en reiteras ocasiones se ha denunciado que los retardos en las entregas por parte del Instituto Nacional de Tierras favorecían a los intereses terratenientes, hay que reconocer que en los últimos meses, producto de la constante lucha y principalmente, la constante producción campesina, el INTI ha avanzado en la entrega de otras cartas agrarias. A las de los predios del Trébol y Santa María, se suma la del predio el Carmen, también del Sur del Lago merideño, por citar un ejemplo. Sin embargo, son decenas de predios que esperan aún correr con la misma suerte que los mencionados. La democratización productiva de la tierra es un paso importantísimo en estos momentos, pero no es el único eslabón de la cadena de producción en el campo.

Avanzar en la entrega de las cartas agrarias de las fincas que las y los campesinos mantienen productivos, apoyar dicha producción con la entrega de insumos, las herramientas y la recuperación del parque de maquinaria agrícola, asegurar la distribución necesaria de combustible que respalde las posibilidades de producción, son elementos de un programa para garantizar que la democratización productiva de la tierra sea el primer paso en un política que ponga al sector campesino al frente de la producción de alimentos necesarios en un contexto de ataque contra el país. Hay una necesidad de explotar las capacidades productivas con las que el país ya cuenta, a través de un plan nacional de emergencia productiva. El apoyo del Estado y sus instituciones a las distintas iniciativas que despliega el sector, como lo es por ejemplo la Alianza Nacional Productiva, es un elemento de primer orden para salir victorioso de la guerra económica que estamos sufriendo. El país cuenta con los hombres y mujeres necesarios para  afrontar estas dificultades y avanzar en la defensa de nuestra independencia y nuestra soberanía.

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

Alianza Nacional Productiva: producir para resistir

Alianza Nacional Productiva: producir para resistir

Las alternativas para hacer frente al contexto que vive nuestro país van aflorando en distintos puntos. Iniciativas impulsadas por distintos sectores, el gobierno, las organizaciones sociales, comunas, sectores campesinos, profesionales y trabajadores de las grandes ciudades.

En las últimas semanas el gobierno norteamericano profundizó aun más el criminal bloqueo, atacando de forma más directa la población en general. Medidas que son avaladas por sectores de la oposición que no pueden disimular a estas alturas las consecuencias directas sobre la gente que estas medidas traen, fundamentalmente en los alimentos diarios que se llevan a la mesa de millones de familias venezolanas. Es tal el impacto que el presidente Nicolás Maduro planteó en la movilización del pasado sábado, que para antes de terminar el año, todos los productos de las cajas CLAP deben ser de producción nacional.

Ante esta realidad el sector productor adquiere una importancia estratégica. Una expresión de este sector son los pequeños y medianos productores, campesinos con y sin tierra que se organizan en la Alianza Nacional Productiva (ANP), espacio de coordinación, articulación y seguimiento del plan organizativo y productivo en los territorios que lleva ya dos años de existencia.

La ANP busca ser una alternativa de avanzada, comprendiendo el papel del productor en este momento histórico del país. Un planteamiento que busca producir masivamente los alimentos necesarios. Nuestro país cuenta con la capacidad, las tierras, las semillas e insumos necesarios, y principalmente con las mujeres y los hombres para hacerlo.

En el plano organizativo esta alianza está desplegada en 13 municipios de 7 estados. Se articula en mesas productivas de coordinación nacional, regional y municipal. Como lo expresa Aníbal Montilla, coordinador nacional, el único requisito para la participación en estas mesas es ser productor o productora.

Claramente la ANP tiene una orientación política, lo cual no la hace excluyente hacia quienes piensen distinto. En estas mesas articulan, debaten y proyectan las redes de productores de diversos rubros: redes de productores de leche, de queso, red de conuqueros, arroceros, maiceros, así como también campesinos y campesinas con y sin tierra.

Las mesas tienen la función de enfrentar los problemas que se presentan a la hora de la producción, desde allí se articula con el Estado y también con distintas expresiones locales, como por ejemplo universidades, otros productores, Milicia Nacional Bolivariana, comuneros y otras expresiones del poder popular.

De las instituciones se requiere principalmente el apoyo técnico, de infraestructura y de insumos. Aunque no se espera depender totalmente de las mismas, se trabaja y se resuelve entre la articulación entre los mismos productores, en trabajo colectivo, “cayapa”, “mano vuelta”, el trabajo en beneficio mutuo.

Las mesas a su vez cuentan con distintas coordinaciones en base a las necesidades que haya en cada municipio y sus particularidades a la hora de producir. En líneas generales se pueden hallar coordinaciones de infraestructura, de insumos, coordinaciones técnicas, jurídicas y de seguridad, para citar algunos ejemplos.

En lo referente al despliegue productivo en sí mismo, la ANP viene trabajando en dos líneas principales, proyectando una tercera, a saber: el plan de siembra 2019, el plan conuquero y el plan siembra de leguminosas “norte verano”.

El plan siembra 2019 se basa en dos productos principalmente. En acuerdos con el Ministerio del Poder Popular para la Agricultura y Tierras se entregaron insumos, principalmente semillas, para la siembra de 1000 hectáreas de maíz y 100 hectáreas de arroz.

El plan conuquero, que actualmente cuenta con mayor desarrollo, se articula a través de la red nacional de conuqueros, de la cual participan 7000 mil pequeños y medianos productores. En este caso las extensiones de siembra son de 2576 hectáreas de maíz, 2654 hectáreas de arroz y 1522 de frijol. Un elemento central en este caso es el ensemillamiento de dichos conuqueros, principalmente de arroz, que es un producto que está monopolizado en el mercado. El arroz tiene un rendimiento de 6000 kilogramos por hectárea, por lo cual en este incipiente plan estamos hablando de 16 millones de kilogramos de arroz, o lo que es igual, 16 mil toneladas.

La intención es interpelar al mayor número de conuqueros del país para producir arroz. Ya que los alimentos producidos en conuco son los que nunca faltan en la mesa de las familias venezolanas. La ANP entiende el conuco como un concepto de economía familiar para la resistencia en este contexto de bloqueo, asedio y guerra económica.

Finalmente, en cuanto a la proyección del plan de leguminosas se aspira a sembrar entre 10 mil y 15 mil hectáreas de frijol y caraota, con la misma concepción. Para ello se está realizando un censo en los 13 municipios donde la alianza se encuentra desplegada, en los estados Táchira, Barinas, Mérida, Apure, Portuguesa, Trujillo y Guárico.

Como agenda de lucha y proyección, en las mesas productivas de coordinación en sus distintos niveles se trabaja en el impulso y la promoción de los bancos de semillas en cada territorio, para afrontar los próximos ciclos de siembra y a su vez una lucha por un plan de distribución de combustible, gasolina y gasoil, para la producción de alimentos. En estos momentos de escasez de este recurso, es urgente priorizar la asignación del mismo en las cantidades necesarias para seguir llevando los alimentos a las mesas venezolanas.

Los efectos de la guerra económica y el bloqueo, son contrarestables en la medida que crezcan y se fortalezcan iniciativas como las que se despliegan en la Alianza Nacional Productiva, iniciativas que abonan a la defensa de nuestra independencia y nuestra soberanía, en este caso la soberanía alimentaria.

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora.

 

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