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Matías Pacheco, Federico Chimonetti

En las elecciones presidenciales de Argentina, la derecha encarnada en la formula Macri-Pichetto terminó por ser derrotada en primera vuelta por poco menos de ocho puntos porcentuales. Se impuso el Frente de Todos que llevaba a Alberto Fernández como candidato a Presidente y a Cristina Fernández como candidata a Vice. Cientos de miles festejaban en las calles de Buenos Aires hasta entrada la noche la derrota electoral de la derecha y su proyecto neoliberal, principal vehículo de los intereses norteamericanos en el país del sur.

Otro golpe a la contraofensiva neoliberal

La contraofensiva derechista al avance de los pueblos tras las heroicas rebeliones anti-neoliberales de fines/principios de siglo, está sufriendo un verdadero golpe en toda América Latina. El estallido social que en Chile jaquea al que hasta hace poco fuera el principal ejemplo que las distintas derechas levantaban en nuestros países, las fuertes movilizaciones en Ecuador y Haití contra el FMI, la ratificación electoral de Evo en Bolivia, la inestabilidad de Bolsonaro en Brasil, la resistencia del gobierno bolivariano en Venezuela al golpismo del imperialismo yanqui, las contundentes marchas en Uruguay contra la Reforma represiva de seguridad y su derrota electoral en el plebiscito, los golpes electorales en contra del uribismo en Colombia, son algunos de los testimonios del retroceso de dicho modelo. En Argentina, las movilizaciones de fines de 2017 contra le reforma previsional neoliberal, hirieron de muerte al proyecto de Cambiemos, los resultados de ayer no son más que la coronación electoral de aquel triunfo popular callejero.

El pueblo argentino se suma a la resistencia anti-neoliberal continental con un importantísimo capítulo. Mauricio Macri era el principal caballito de batalla del imperialismo yanqui (préstamo de 50 mil millones de dólares del FMI) y ayer fue derrotado en primera vuelta. La supuesta apertura de un ciclo derechista en Nuestramérica cruje al calor de la movilización popular, la misma demostró no ser más que una expresión de deseo de los publicistas del imperio.

La derecha y una recomposición inquietante

Dicho lo anterior, es preciso señalar que la candidatura de Macri ha conseguido una inquietante recomposición entre las elecciones primarias de agosto y las definitivas de ayer. En aquellas, la fórmula Fernández-Fernández se imponía por 18 puntos; en éstas, la brecha se redujo a menos de diez puntos. La fórmula oficialista abandona la Casa Rosada con una elección de 40% y una base social que durante las últimas semanas ocupó las calles como no lo había hecho durante estos años.

El balance nos arroja que el triunfo en Argentina no es sinónimo de un golpe definitivo, o al menos duradero, a la fracción más agresiva del capital, cuestión que creíamos posible tras las primarias de agosto. A pesar de la catástrofe social y económica que propició, a pesar de la gestión de saqueo que promovió, el macrismo seguirá siendo el principal actor de la oposición. Con los números de ayer, el Frente de Todos y Juntos por el cambio tendrán paridad en la Cámara de Diputados de la Nación (120 a 119), siendo grande la ventaja del gobierno entrante en la Cámara de Senadores (37 a 29).

Con el insoslayable apoyo de los grandes medios de comunicación, el macrismo se ha recompuesto radicalizando su discurso antipopular y la polarización en torno al mismo. En los próximos años buscará afianzarse una derecha social con capacidad de movilización que ha dado cuenta de existir, profundamente xenófoba, clasista y anti-derechos.

Es vox populi que Macri mostró ser un gobierno absolutamente inviable, propios y ajenos lo reconocen. Así y todo se recuperó fuertemente en una elección ideologizada contra “los populismos” de América Latina. En definitiva, una porción importantísima de nuestros pueblos sigue colonizada por un ideario profundamente antipopular. Cómo construir mayorías en este marco no deja de ser un interrogante estratégico de primerísimo orden para las fuerzas de izquierda.

La necesidad y principalmente el desafío de construir mayorías en torno a proyectos de cambios profundos, radicales, con el empuje popular necesario, no es una problemática únicamente Argentina, es un síntoma de la región en los nuevos vientos que soplan. Las victorias populares no pueden limitarse únicamente a derrotar a los representantes políticos del neoliberalismo temporalmente.

Una transición cargada de significación

Los próximos meses se jugarán batallas decisivas. Argentina se encuentra al borde del default. La relación deuda PBI supera el 90% y el Banco Central está prácticamente quebrado. El grueso del préstamo del FMI ya se ha fugado. Vía devaluaciones e inflación el mercado ha logrado que el grueso de la crisis la pague el pueblo. Dicho proceso se agravará en los próximos días. El gobierno anuncia ineludibles restricciones cambiarias para mostrarse responsable y cuidar el caudal electoral conquistado.

Es fundamental que el pueblo argentino no ingrese al nuevo ciclo con una derrota a cuestas, con un empeoramiento aún mayor de su situación social. Es por ello que adquiere importancia central todo pliego reivindicativo que ponga un freno a una profundización del ajuste vía degradación del salario y disolución de la moneda. Para ello será vital la movilización popular para coronar en el terreno social la victoria electoral.

Sostener y desarrollar las expectativas

El triunfo de la fórmula Fernández-Fernández ha generado una enorme expectativa popular que no hay que abandonar, es preciso apuntalarla y desarrollarla. Chávez y Evo nos han enseñado que los triunfos sobre el imperialismo y el derecho a ejercer la soberanía, no se conquistan a pesar de la movilización, sino precisamente gracias a ella. En este sentido, los llamados a abandonar las calles que protagoniza el presidente electo Alberto Fernández, no colaboran con el despliegue de fuerzas que se requiere para derrotar los planes del neoliberalismo, expectativa central del electorado que se volcó masivamente contra Macri en las jornadas de ayer.

El gobierno de Alberto llegará fuertemente condicionado por derecha y encabezando un frente político muy heterogéneo. Una vez más, será el movimiento popular, su claridad y su capacidad de movilización quien terminará por definir el rumbo de esta historia.

Se sumó un nuevo capítulo a la batalla que los pueblos latinoamericanos desarrollan en contra del neoliberalismo en la región. Cambiar todo lo que deba ser cambiado. Chile, Ecuador, Haití, Honduras, Argentina, Bolivia, Venezuela, Cuba, distintos países, distintos modelos, un mismo enemigo. La región da un nuevo paso en defensa de su futuro.

¡Viva la lucha del pueblo argentino! ¡Viva la lucha de los pueblos de América Latina!

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