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La reflexión necesaria

La feminización

Nov 10, 2019 | Opinión

Por Gerónimo Paz

Los pueblos de América Latina protagonizan una ola de movilizaciones antineoliberales sin precedentes. Desde Honduras a la Argentina soplan vientos transformadores, democratizadores desde una perspectiva de la gente y antioligarca. Cómo se decantarán, cómo se sintetizarán cada una de estas luchas, no lo sabemos. Va depender de muchas variables. En todo caso son tiempos parturientos, esperanzadores, que requieren ser decodificados de forma muy fina por parte de las fuerzas progresistas para poder incidir y aportar a que estas luchas se traduzcan en conquistas y en un mejor vivir para la mayorías nacionales, para que abran los horizontes transformadores hacia sociedades más justas, democráticas y humanistas.

Un componente fundamental y un objetivo clave para avanzar hacia esa sociedad radicalmente democrática y humanista es colocar como uno de los núcleos y propósitos de las luchas la feminización de la sociedad, la reivindicación plena de los derechos de la mujer a una vida de inclusión, de reconocimiento como sujeto político pleno de derecho, a vivir en una sociedad sin patriarcado, sin violencia. Las luchas que levantemos tienen que tener el problema de género entre sus principales planteamientos como eje transversal de la democracia y de la sociedad que proponemos, una sociedad sustentada en una perspectiva y en un liderazgo basado en la igualdad de géneros.

Esta nueva ola transformadora que recorre a América Latina plantea un conjunto de retos, entre otros, que las fuerzas de las izquierdas transformadoras seamos capaces de identificar los nuevos sujetos, las demandas y aspiraciones de esos nuevos actores que aparecen, se visibilizan y están llamados a ser claves para la articulación de la masa crítica necesaria para la acumulación de fuerzas capaces de producir los cambios. El sujeto femenino es uno de ellos. En Chile, por ejemplo, han jugado y juegan en los actuales momentos un papel destacado en las movilizaciones. Las mujeres están llamadas a ser punta de lanza de esta nueva posibilidad histórica liberadora. Las revoluciones que se vienen tendrán que ser feministas o no lo serán.

La Corriente asume este desafío. Nuestra reflexión política, nuestras propuestas y nuestro accionar deben apuntar cada vez más con mayor profundidad y coherencia a contribuir a la superación de la sociedad y de la cultura patriarcal, sexista y homofóbica. Esto no como una un dispositivo discursivo instrumental, es decir por razones de estrategia política, sino como un elemento genético de nuestro ser como organización, de nuestra más férreas convicciones. La humanidad humana por la que luchamos los y las de La Corriente la soñamos libre de todo vestigio de discriminación, exclusión o violencia contra el ser humano por razones de sexo, raza, credo o cualquier otro atributo o condición.

Pero esa sociedad debemos comenzar a construirla desde ya en cada espacio que podamos, en cada ámbito de la vida y de las relaciones sociales. Esto reclama coherencia mínima, sin fundamentalismos y sin modelajes, sencillamente coherencia de cada uno de las y los crbzistas y muy particularmente de los liderazgos y referentes.

Somos el resultado de una sociedad que nos conformó, es cierto, pero también de lo que queremos ser, de lo que pensamos y contenemos espiritualmente. La herencia cultural patriarcal y machista no puede ser excusa que justifique prácticas que choquen con nuestros valores de igualdad de géneros. Debemos trabajar más eficazmente contra todo esto.

Es una tarea, insistimos, que reclama coherencia de todos y todas, no podemos ser feministas solo en unos aspectos. La feminización y la instalación de una cultura de igualdad de género, en este caso adentro de la CRBZ, no puede ser primero un arreglo entre hombre y mujeres invisibilizando las otras orientaciones y diversidades sexuales.

Finalmente, ante este y ante muchos otros desafíos en la ruta para construir una organización ética y democrática, debemos tener mucho realismo revolucionario, entender las dinámicas complejas y contradictorias que supone estos procesos. Somos un proyecto en desarrollo, en construcción, en movimiento, nada está acabado, nada es definitivo, todo se confronta con las condiciones y posibilidades del contexto y las circunstancias histórica.

Lo determinante va ser siempre la disposición del liderazgo colectivo a encarar los desafíos y las dificultades con una actitud correcta y con conciencia de lo que está en juego.

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