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La reflexión necesaria

La burguesía nacional, el modelo económico alternativo y el proyecto histórico

Sep 30, 2018 | Opinión

Gerónimo Paz

Recientemente se ha planteado un debate sumamente importante y necesario que puede contribuir al encuentro de coordenadas para construir respuestas al complejo cuadro actual de la Revolución Bolivariana. Nos referimos al debate abierto por el ministro Castro Soteldo sobre la necesidad de ir a la construcción de una burguesía revolucionaria que motorice, según sus palabras, el desarrollo económico y la liberación nacional. Decimos puede contribuir y no ahogarse en un laberinto teórico estéril si se aterriza y se ubica en nuestros tiempos históricos, se incorpora un balance sobre las experiencias socialistas y progresistas que existen y han existido, pero además se hace en función de un esfuerzo concreto, es decir, que combine la reflexión filosófica y teórica con esfuerzos prácticos para adelantar una alternativa al capital.

Desde nuestra perspectiva el debate grueso pasa por definir y consensuar con la sociedad venezolana un modelo económico productivo que apunte a profundizar y ampliar las bases del horizonte trasformador abierto por la Revolución Bolivariana, que mantenga la perspectiva humanista, democrática radical y de liberación social, y que debe necesariamente estar anclado y en correspondencia con las condiciones y posibilidades que devienen de las circunstancias históricas en las que debe construirse. Por eso el debate debe hacerse en unas condiciones históricas, políticas, económicas y sociales concretas, no desde lo abstracto, de lo filosófico, pues como dijo un amigo mío, en el mundo de los modelos teóricos todo es perfecto; con base en una experiencia histórica hartamente aleccionadora sobre modelos y experimentos que ciertamente no funcionaron, por múltiples causas y factores, y que hoy no pueden seguir siendo marcos de referencia más que para saber lo que no se debe hacer en la construcción de una alternativa trasformadora.

No hay desafío más grande para quienes seguimos soñando y luchando por un mundo distinto que atrevernos a aceptar que los marcos teóricos, filosóficos y hasta programáticos sobre los que fundamos los proyectos anticapitalistas fracasaron y, desde esta certeza, reconstruir incluso epistemológicamente el sistema de ideas y planteamientos para construir una nueva forma de concebir e imaginar un mundo más allá de esto que llamamos capitalismo. Decimos esto porque los recursos y herramientas teóricas con las que se ha abordado el debate tiene mucho de una perspectiva reflexiva que creemos sirve poco para poder resolverlo desde el punto de vista de una utilidad concreta para los desafíos concretos, para la tarea concreta que es lo que le daría sentido al mismo.

Este debate puede abordarse desde tres posturas ideológicas, principalmente. En primer lugar, desde el dogmatismo puritano que tiene como expresión un falso radicalismo, casi siempre inconsecuente incluso con sus dogmas pues hacen poco para llevarlos a la practicas. Son los que piensan que de aquí al socialismo puro hay un pasito y que solo es un problema de claridad ideológica y voluntad de la dirección política, que, expropiando los medios de producción, estatizando la banca, eliminado la propiedad privada de un solo plumazo resolveríamos el problema. La cuestión de la revolución se reduce a un conjunto de medidas que hay que tomar y ya. Para estos es un verdadero sacrilegio hablar lo manifestado por Castro Soteldo.

En segundo lugar, desde un pragmatismo rapaz, oportunista, vacío de contenidos de fondo, que es la ideología, por decirlo así, de quienes se han aprovechado de los espacios de poder para enriquecerse y que, convertidos en una clase económica emergente, ven en una eventual radicalización socialista a la vieja usanza de la revolución el riesgo de sus intereses y privilegios. Son los falsos chavistas, no creen ni en socialismo ni en democracia, ni el mercado, ni en liberalismo, en nada, solo atienden a los que les conviene. Son la continuación de la forma parasitaria de acumulación mediante la apropiación de la renta nacional a través de la corrupción principalmente.

Y en tercer lugar, desde el realismo revolucionario, ver el necesario cambio de paradigma económico social con sentido del momento histórico, pero con perspectiva de un horizonte de esperanza hacia un mundo más humano, ético y democrático. El realismo revolucionario significa entender que el proceso de trasformación será gradual y para que sea progresivo y continuo es fundamental dos cosas: en primer lugar, la emergencia de un liderazgo radicalmente ético y democrático fundido con los propósitos más altos del pueblo y de la patria; en segundo lugar, construir y sostener una mayoría nacional bajo un concenso social sobre el tipo de sociedad a construir, una sociedad humanista y profundamente democrática en la cual se cuestione los contenidos antagónicos que supone el capitalismo para estos propósitos. Es la hegemonía del humanismo, de la democracia revolucionaria, de la economía humanista como marcos programáticos del nuevo proyecto histórico. Esto es la esencia del pensamiento chavista en lo ideológico y en lo estratégico.

El horizonte temporal de los cambios hacia ese mundo humanista y radicalmente democrático es infinito y por lo tanto difícil de definir. Lo cierto es que, dado un conjunto de factores y variables, por mucho tiempo éste transitará en el marco del mismo capitalismo y en esas condiciones los procesos transformadores tendrán que ir arrebatando conquistas en todos los órdenes de la vida social a las fuerzas del capitalismo en una dinámica que, como estamos viendo en el último decenio en América Latina con el ciclo de gobiernos progresistas, será de avances, retrocesos y estancamiento. Será, como dice García Linera, una disputa permanente. Visto así, eso que llamamos socialismo es un horizonte utópico, pero esa utopía tendrá que ser uno de los pilares sobre los que se asienta la ética del nuevo liderazgo trasformador, o vanguardia, como prefieran, lo que será la garantía de que no se sucumba ni al pragmatismo soez ni a un reformismo sin perspectiva histórica de los cambios y sin visión estratégica lejana.

 

Este somero marco reflexivo nos permite aterrizar el debate. La cuestión, como decíamos al principio, es concebir y desarrollar un modelo económico alineado a esta perspectiva trasformadora. Ya Chávez lo definió con meridiana claridad antes que más nadie. Chávez, consciente de las limitaciones que imponía su tiempo histórico, propuso una modelo de economía mixta humanista y productiva para la superación del agotado sistema rentista parasitario. Por eso no entendemos mucho cómo algunos marxistas que se dicen chavistas peguen el grito al cielo cuando escuchan a Castro Soteldo hablar sobre la necesidad de una burguesía nacional revolucionaria. A propósito, para complicar más aun el debate, valdría la pena la pregunta: ¿Que significa ser revolucionario en estos tiempos? Ya tenemos más de 160 años del manifiesto comunista y un siglo desde la primera revolución que se planteó el socialismo como fin, algo debe haber cambiado el mundo desde entonces, solo que muchos no se han percatado.

El modelo de economía mixto propuesto por Chávez supone un Estado Democrático y Radicalmente Ético que administra los sectores estratégicos de la economía para garantizar el bien supremo de la sociedad, una economía social en sus más diversas expresiones, y un sector privado al cual hay que garantizar igualmente sus derechos y garantías para que cumpla su papel dentro del proceso de desarrollo nacional. Si esto es así, si esto es lo que Chávez definió, pero además tiene un gran sentido de realismo histórico, solo el dogmatismo y la falta de visión estratégica puede ver esto como una blasfemia. Por tanto, ningún chavista debería estar alarmado por el planteamiento hecho. El sector privado, como se entiende, tiene un papel concreto qué jugar en la construcción de este modelo económico humanista que es lo que esta planteado como objetivo estratégico por un buen rato. Por eso no es una travesura ideológica plantear la construcción de un sector privado productivo, patriota y humanista. Toda vez que esto es una necesidad objetiva nos guste o no y, si partimos que la vanguardia de la sociedad en trasformación, tendrá un liderazgo revolucionario que junto a una mayoría nacional sostiene un proyecto histórico y dirige el Estado, pues es lógico que se trabaje porque el sector privado de la economía tenga un carácter progresista, productivo y comprometido con los más altos intereses del país. Lo contrario, como de alguna manera ha pasado, es dejarlo servido en bandeja de plata a la propaganda enemiga, a los sectores neoliberales que los encandilan y manipulan con sus argumentos anticomunistas.

 

Claro que se necesita un sector productivo con sentido nacional, innovador, audaz, que contribuya a desarrollar el mercado interno, con ética productiva. Este es un sector que, al igual que el trabajador, el campesino, el comunero, etc., la revolución debe entender como parte de los sujetos políticos y persuadirlo a formar parte del proyecto humanista nacional, porque en pleno proceso de expansión del capitalismo financiero parasitario que promueve el neoliberalismo sólo un proyecto como el chavista les garantiza sus aspiraciones e intereses. Pero hasta ahora no hemos sido eficaces en demostrarles esto, se han cometido errores de carácter vanguardista y hasta voluntarista. Ese sector se ha sentido acorralado, perseguido y no convocado. No es verdad que todo empresario es un pillo, un acaparador, un bicho sin alma. Conocemos gente en ese sector con verdadera vocación productiva y con mejores valores éticos que muchos chavistas confesos. No se puede despachar la tarea estratégica de un sector productivo privado con sentido nacional y patriótico, tan estratégico como construir el sector social o el Estadal de la economía con el manido argumento de que son explotadores, especuladores, etc. Es una tarea que corresponde con las condiciones históricas actuales salvo que se crea y se piense que estamos a un tris de construir el comunismo.

 

Particular interés debe tener el sector de la pequeña y mediana empresa, las empresas familiares, los emprendimientos. En Alemania, por ejemplo, las ‘mittelstand’, o pequeñas y medianas empresas, ocupan el 60% de la población activa. El concepto ‘mittelstand’ engloba empresas que cuentan con hasta 500 empleados y cuyas ventas anuales no superan los 50 millones de euros. Actualmente, los fabricantes del sector están ampliando sus mercados en China y los países de Asia y América Latina. Cuba está construyendo su propio sector privado con la política de cuentapropistas en el marco de su plan de actualización de su modelo económico y social. En esto coincidimos con el profesor Earle Herrera cuando dice que la Cuba que debemos imitar no es la Cuba de los años 60 si no la Cuba actual en la forma de entender las condiciones históricas reales y actuar en consecuencia con realismo revolucionario.

No se trata de viejos clichés izquierdistas como reformismo, o revisionismo. No nos interesa esos debates para nosotros caducados y para los efectos prácticos de las luchas trasformadoras estériles. El marxismo no es la luz del mundo, el marxismo es solo una ventana más para comprender la realidad, para objetivizarla. Si no transcendemos de los marcos marxistas e incorporamos otras perspectivas de análisis en el esfuerzo de repensar la alternativa trasformadora vamos ineludiblemente a seguir dando tumbos sin encontrar respuestas gruesas a preguntas gruesas que nos impone la lucha por una alternativa al capitalismo. Otra cosa es entender que el sector privado tiene un papel o está llamado a ser la vanguardia de la liberación nacional, pues la vanguardia para la superación de las dependencias que coartan nuestra soberanía e independencia será tarea de un amplio abanico plural de sectores sociales, entre lo que caben estos sectores con los cuales las fuerzas democráticas y trasformadoras en el marco de la democracia revolucionaria tendremos que disputar el liderazgo de la sociedad.

Para finalizar, el debate tiene que ver también con una cuestión clave para los proyectos alternativos al capitalismo, es la cuestión de la libertad en una democracia radical con horizonte socialista. Si aceptamos que el propósito ultimo del socialismo es la libertad plena del ser humano y aceptamos que en socialismo estén garantizados los derechos de las mujeres, de los niños, de la diversidad sexual, que quien quiera pueda, eso sí, aportando a la sociedad, hacer lo que mejore le parezca, puede ser cura, ingeniero, maestro, albañil, agricultor, político etc. ¿Por qué alguien en el ejercicio de su libertad y siempre bajo las normas que garantizan el bien común no puede decidir ser empresario en socialismo? Son estos los temas que merecen ser debatidos más allá de la prestablecidas verdades y certezas de una izquierda que, aunque duela decirlo y lo decimos con respeto: fracasó.

 

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