Seleccionar página

Por Eduardo Viloria Daboín

I

El intento de golpe de Estado en Venezuela continúa en desarrollo y va cargado con altas dosis de violencia: iniciada la madrugada del 21 de enero en Caracas, ésta continuó desarrollándose, intensificándose y expandiéndose a distintas regiones del país. Era de esperarse: el plan diseñado, coordinado y ordenado desde Estados Unidos para derrocar a Nicolás Maduro y acabar con la revolución bolivariana sólo tiene esa vía para intentar imponerse.

La autoproclamación de Guaidó como presidente de Venezuela, realizada el 23 de enero, por más que haya contado con el programado apoyo e inmediato reconocimiento de Donald Trump y de los gobiernos de Argentina, Colombia, Perú, Brasil, Canadá, Paraguay y parte de la Unión Europea, no tiene cómo hacerse realmente efectiva en el territorio venezolano. Esto, sin contar con el fracaso del plan golpista en la OEA: Mike Pompeo, Luis Almagro y los países del Grupo de Lima no lograron que la asamblea general reconociera el supuesto gobierno de Guaidó ni admitiera su embajador.

Los cinco poderes del Estado, institucional y democráticamente elegidos, se mantienen firmes en torno al presidente Nicolás Maduro como Jefe del Estado y del Gobierno del país. Lo mismo ocurre con la gran mayoría de las alcaldías y gobernaciones y con la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que expresó el 24 de enero, de forma pública y unitaria, su subordinación y lealtad a Maduro, a la constitución y al pueblo venezolano.

Sin instituciones ni fuerza armada, solo quedaría el pueblo como actor clave para poder inclinar la balanza a favor del plan golpista. Sin embargo, la movilización bolivariana del 23 de enero, así como multitudinarias movilizaciones en distintos estados del país realizadas el 24 y 25 de enero, vienen demostrando que el chavismo sigue teniendo fuerte cohesión, organización y capacidad de movilización, a pesar del descontento y de la mella que la crisis económica y de servicios ha venido generando en su base social. La intensa propaganda en redes sociales y wassap dirigida a generar un estallido social tampoco ha dado resultado.

Otro factor decisivo serían los medios privados de comunicación masivos tradicionales, que fueron determinantes en el golpe contra Hugo Chávez en el 2002 y en el sabotaje petrolero de 2002-2003. Hasta ahora se mantienen a distancia del golpe y del lado del poder legítimamente constituido. Un ejemplo: ayer optaron por transmitir al unísono la rueda de prensa del presidente Maduro (sin que se haya activado el recurso de la transmisión conjunta obligatoria nacional de radio y televisión) y abandonar la transmisión del golpista Juan Guaidó en el encuentro con los medios que había convocado desde la plaza Bolívar de Chacao.

II

Es la violencia, entonces, junto con el aumento de las presiones y amenazas de Estados Unidos, la táctica que el plan golpista ha desplegado con mayor fuerza. Se trata de una violencia financiada, planificada, administrada y dirigida. ¿Para qué? Para generar terror en la población, desgastar los cuerpos de seguridad y la fuerza armada, amedrentar, desmovilizar y anular las fuerzas populares organizadas que respaldan al gobierno de Maduro, para estimular a la población y provocar violencia masiva, saqueos, destrucción, y para tener insumos con los cuales construir una matriz de opinión mundial que acompañe el relato de las vocerías políticas nacionales e internacionales según el cual el pueblo venezolano se está rebelando contra una dictadura que lo reprime al protestar a causa de una supuesta crisis humanitaria. Nada distinto a los anteriores intentos golpistas de 2002, 2003, 2013, 2014 y 2017, sólo que con al menos dos variantes.

1) En esta ocasión, la violencia se ha dirigido hacia las zonas populares donde se concentra la base social más sólida del chavismo, y en contra de infraestructuras de instituciones públicas y el Psuv. Esto, por varias razones:

  1. La violencia en 2014 y 2017 se concentró principalmente en zonas de clase media y alta de las principales ciudades, lo cual terminó generando un resultado político negativo de alto impacto para la dirigencia opositora. Buena parte de la desmovilización, desencanto y desgaste de su base social se debe al padecimiento sostenido de la violencia a la que ese sector fue sometido entonces. Igualmente ocurrió con el elevado nivel de participación en las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente, en la que incluso sectores opositores asistieron a votar (en contra del llamado hecho por la dirigencia de la derecha) para acabar con la violencia. Por ello, en esta ocasión este factor entró en sus cálculos y se optó por mantener la violencia lejos de estos sectores.

  2. Conviene más a la matriz mediática que se busca construir que la violencia que se logra documentar en videos y fotografías tenga como contexto los sectores populares y sus ejecutores sean visiblemente personas pertenecientes a esa clase social. Si el plan aspira seguir profundizando el relato de la crisis humanitaria, éste no será favorecido si la violencia se desarrolla únicamente en sectores de clase media y alta.

  3. La gente de las zonas populares es la más afectada por la crisis económica y de servicios. Por ello, hay mayor probabilidad de que, sembrando violencia focalizada en estas zonas, pueda prenderse una espiral que la lleve a niveles de mayor envergadura.

  4. Es en las zonas populares donde se gesta de forma preponderante la vinculación de jóvenes a bandas delictivas armadas, que terminan siendo la mano de obra y carne de cañón de las mafias del narcotráfico, el paramilitarismo, el contrabando, el robo y comercio de vehículos, autopartes, equipos electrónicos. De allí que haya sido en estas zonas donde se infiltren los cabecillas de la derecha que tienen la tarea de reclutar estos jóvenes y pagarles en dólares para que ejecuten la violencia.

2) En el actual plan golpista, la violencia, en los días iniciales previos al 23 de enero, se concentró en zonas populares cercanas al perímetro de seguridad del Palacio de Miraflores como Catia, la avenida Sucre, La Pastora, Cotiza, Altagracia. En 2017 la violencia fue avanzando lentamente, con el paso de las semanas, hacia el centro de Caracas. Se trataba de coronar la épica con el asedio a Miraflores. En 2019, se trató de comenzar por allí. Esto, con el objetivo de que, si se lograba consolidar posiciones y generar una espiral masiva, se pudiese avanzar en una escalada de violencia creciente hacia Miraflores. Las imágenes de gente del pueblo protestando en torno al Palacio de Miraflores y siendo reprimidas por los cuerpos de seguridad apostados en el sitio, combinadas con el asalto armado al cuartel de Cotiza, hubieran sido oro puro para la mediática mundial que acecha con sus cámaras el país, y hubiera preparado un mejor escenario para la movilización que la derecha convocó para el 23 de enero y para la autoproclamación de Guaidó programada para ese día.

Los reportes contabilizan hasta ahora 28 personas fallecidas y han sido presentados genéricamente como “fallecimientos ocurridos en las protestas en Venezuela”. Así, sin mayor caracterización ni detalle. Medios como CNN, BBC, New Herald, ni siquiera mencionan nombres. Simplemente instrumentalizan la muerte, el número no más, para sumar al relato de la supuestamente sistemática violación del derecho a la vida y a la manifestación por parte del gobierno de Nicolás Maduro. No dicen que las supuestas protestas han sido en su mayoría violentas y que en ellas ha estado implicado el uso de armas de fuego contra los cuerpos de seguridad, ni mencionan el intento de linchamiento de un guardia nacional en el este de Caracas. Hay denuncias de un uso desproporcionado de la fuerza por parte de los cuerpos de seguridad del Estado en el control de esta violencia. La investigación profunda de este aspecto y del método de generación de la violencia será un elemento clave para combatir el discurso que en materia de DDHH se erige contra el gobierno de Maduro.

III

La otra forma de violencia que podría forzar, en el escenario interno, la concreción fáctica de la autoproclamación de Guaidó, sería la que generaría un eventual quiebre en la unidad que hasta ahora han mantenido la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y los cuerpos de inteligencia y seguridad del Estado, así como su lealtad a Maduro, la constitución y el pueblo de Venezuela.

El pronunciamiento conjunto del ministro de defensa, Vladimir Padrino, y del alto mando de todos los componentes de la FANB, ratificando su lealtad y subordinación, dejó claro que esa opción está cerrada. De allí que de inmediato al mismo surgiera la avalancha de fakenews y análisis mediáticos para atacar al ministro y al alto mando, para descalificarlos y para hacer el llamado a los cuadros medios de la jerarquía a que desconozcan la cadena de mando.

Guaidó, por su parte, desde un principio ha mantenido como parte de su discurso el llamado a la insurrección a la FANB y el plan ha avanzado en varias acciones en ese sentido: la Asamblea en desacato e ilegal redactó y aprobó una ley de amnistía para los militares que se cuadren con el golpe de Estado, y se le ha tendido anzuelos públicos al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional.

En esa dirección apuntan: 1) las amenazas de guerra concretas, como la emitida por el almirante general Craig Faller el 24 de enero, en la que señaló que entre las opciones que están sobre la mesa para deponer a Maduro está la invasión militar: “Lo hicimos en Panamá para deponer a Noriega, en Haití cuando reemplazamos al dictador por Aristide, y pacíficamente lo hicimos en Filipinas”, 2) el juego de tensión generado en torno a la ruptura de relaciones diplomáticas con EEUU que Maduro decretó el 23 de enero, la cual implica la salida del personal de la embajada en un lapso de 72 horas que se cumple hoy 26 de enero: Pompeo declaró que actuarían con reciprocidad si se ponía en peligro la seguridad de sus ciudadanos en Venezuela, 3) la declaración del envío de ayuda humanitaria al país, que implicaría que le sea permitida su entrada por parte de las autoridades. Pretenden generar terror, quebrar la moral y fracturar la FANB.

Guaidó hizo lo propio nuevamente ayer desde la plaza Bolívar de Chacao y a través de su cuenta de twitter. Quedó claro que las acciones inmediatas planteadas en la agenda del plan en el escenario interno van en esa dirección: «Los invito a descargar la Ley de Amnistía, porque el domingo vamos a entregársela al familiar, amigo y vecino militar. En pequeños grupos pueden acercarse a las comandancias y entregarlas (…). Nos vamos a organizar en pequeños grupos, para que se las entreguen a la familia militar, a sus amigos militares, y después entregarlos a las comandancias cercanas, son acciones pacíficas». Esto, luego de una seguidilla de twitts sobre le tema: «Quiero insistir en el mensaje a la familia militar: llegó el momento de ponerse del lado de la Constitución. Soldado de la patria, pónganse del lado del pueblo de Venezuela (…). Van a tener una prueba importante. ¿Van a permitir el ingreso de la ayuda humanitaria? (…). Es hora de que salga Cuba de las FAN,que se retiren de los puestos de decisión, hermano cubano usted es bienvenido a quedarse aquí en esta patria, pero fuera de los puestos de decisión, soberanía”. No hace falta agregar nada. La evidencia es total.

IV

El golpe está en proceso desde todos los flancos. La presión internacional de EEUU es cada vez mayor y más abierta: hoy llega a un punto clímax con el cumplimiento de las 72 horas de plazo para que todo el personal de la embajada abandone Venezuela. La derrota en la OEA, lejos de amainar el temporal puede acelerar otras acciones y amenazas. EEUU nombró a Elliot Abrams, experto en intervencionismo, procesado por tráfico de drogas y armas en el caso Irán-Contra, involucrado en el golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002, como responsable para “conducir las negociaciones” en Venezuela. Estados Unidos convocó el Consejo de Seguridad de la ONU para tratar el tema de Venezuela. La Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA dictó medidas cautelares a favor de Guaidó y su familia. Francia, España y Alemania anuncian que reconocerán a Guaidó como presidente si Maduro no convoca a elecciones en un plazo de ocho días.

Toda esa presión internacional necesita que se logre inclinar la balanza en el cuadro interno en contra de Maduro y su gobierno. Necesitan que se fracture el bloque de los cinco poderes que se mantiene unido en torno a Maduro como Jefe de Estado, que se fisure en alguna de sus instancias el poder ejecutivo del cual Maduro también es el jefe, que la sólida unidad del Psuv y del chavismo se rompa y que la unidad y lealtad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana se quiebre.

Estamos en esa fase del golpe, la de la búsqueda del quiebre institucional para que pueda darse la violencia que necesita el plan golpista y para que pueda generarse en el territorio del país un poder dual, dividido, que de beligerancia concreta y capacidad de actuación real a Guaidó. Ese quiebre implicaría la capacidad de Guaidó de ejercer concretamente el golpe de Estado que hasta ahora solo ha sido una proclamación. La agenda de movilización de derecha convocada en lo inmediato apunta a presionar en lo interno en esa dirección. Podría implicar, también, un nuevo escenario servido para la infiltración de la violencia.

De no concretarse estas posibilidades, queda de nuevo la jugada del lado de los factores internacionales con Estados Unidos a la cabeza, con el escenario alimentado por nuevos elementos y variables. Allí están las acciones económicas y militares como las siguientes opciones. La historia de América Latina está plagada de muerte, autoritarismo, pobreza y saqueo por voluntad del poder estadounidense. Hoy Venezuela está en el centro de un nuevo asalto.

Pin It on Pinterest

Share This