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Venezuela atraviesa el más complejo escenario de los últimos años. La decisión de Estados Unidos de asumir frontal y públicamente la conducción y ejecución de un plan riguroso para derrocar al presidente Nicolás Maduro y acabar con la revolución bolivariana, implica el desarrollo de una ofensiva total contra el país. Ese plan consiste en acciones programadas y simultáneas en el ámbito comunicacional, político, diplomático, económico y militar, como parte de una estrategia de Guerra de IV Generación, es decir, una guerra de nuevo tipo cuya característica central es hacer parecer que no existe, que no es tal. Es en ese contexto que vienen sucediéndose los recientes ataques al Sistema Eléctrico Nacional. No debe haber dudas al respecto. Es fundamental que el pueblo todo y sus intrumentos políticos y organizativos así lo entendamos y actuemos en consecuencia.

Parte de esa estrategia implica que a la par que se desarrollan los ataques al servicio eléctrico, la dirigencia política opositora y golpista, trabaje para conducir el descontento que generan las afectaciones a la vida cotidiana generadas por los ataques en función de sembrar y generar violencia. Bajo el manto de reclamo justo por el óptimo funcionamiento de servicios públicos básicos, está en marcha un plan insurrecccional violento. Necesitan que en Venezuela se generalice el caos y la violencia. Eso es parte fundamental del plan de intervención. Lo han dicho claramente: la eventual e inconstitucional activación del artículo 187 de la constitución, con la cual justificarían jurídicamente ante el mundo la solicitud de que en Veneuzela ingresen tropas extranjeras y se concrete una intervención militar, debe esperar su momento justo y debe estar acompañada de un discurso mediático que muestre un descontento masivo del pueblo. En esa dirección dirigen hoy todos sus esfuerzos. Con base en las necesidades concretas generadas por el bloqueo económico y por los ataques al Sistema Eléctrico Nacional, trabajan para convocar, organizar y movilizar a la gente, con el objetivo de generar ese caos y esa violencia que necesitan.

En este sentido, desde La Corriente expresamos nuestro respaldo a lo declarado anoche por el presidente Nicolás Maduro en cadena nacional de radio y televisión, así como la activación de todas nuestras estructuras y militancia en el despliegue que la actual situación nos exige. Asumimos plenamente el llamado hecho por el presidente de la república a la organización y acción de las Cuadrillas de Paz, y planteamos que las mismas deben constituirse como espacios realmente amplios y democráticos, en los que la participación y el protagnismos de la gente sean la línea rectora para su funcionamiento y accionar. Desde hace poco más de una año, desde La Corriente venimos impulsando las Brigadas de Defensa Popular Hugo Chávez (BDPHCh) como un espacio para la confluencia del pueblo patriota en los territorios en tareas de defensa y seguridad territorial, así como de acompañamiento en la resolución de necesidades concretas como distribución de agua, por ejemplo. En la actual coyuntura, las BDPHCh, con toda su capacidad y militancia, se suman a las tareas urgentes para preservar la paz y la democracia, así como de acompañamiento concreto del pueblo en las dificultades. La violencia la derrotaremos con la gente organizada.

La complejidad de la situación en la que se encuentra el país exige que desde los poderosos intrumentos comunicacionales con los que cuenta la revolución se despliegue el mayor esfuerzo posible para que a la gente le llegue la información que se requiere para contribuir a la claridad popular que apunte a la preparación necesaria para asumir la actual situación, comprenderla e incorporarse a las tareas concretas. Entonces, la explicación técnica de lo que ha sucedido y de sus consecuencias, así como los plazos reales estimados en los que serán superadas las implicaciones en la vida cotidiana y el detalle sobre los enormes esfuerzos institucionales que se adelantan para enfrentar la situaición, es clave que sean difundidos y manejados por las grandes mayorías del país.

El escenario exige de la dirigencia política e institucional el máximo compromiso y la más absoluta entrega y desprendimiento. La unidad, lealtad y disciplina popular que el momento exige, necesitan de una dirigencia que esté al lado de la gente, sufriendo y enfrentando las dificultades codo a codo con el pueblo, sin privilegios, sin distancias. La elevada moral popular que requerimos en este momento debe ser impulsada y fortalecida por el liderazgo y el ejemplo de la dirigencia. Lo contrario sería en extremo negativo y podría incidir en un eventual efecto positivo de la convocatoria que hace la derecha.

Vamos, pues, a la batalla. Los y las de Chávez, los y las de Bolívar, los y las de Guaicaipuro y Apacuana, los y las de Manuelita hemos demostrado la madera de que estamos hechos(as). Sabemos que enfrentamos grandes dificultades, pero el momento hist´rico nos exige la mayor fortaleza. De la unidad, compromiso, desperndimiento, entrega y capacidad de trabajo de todos y todas depende la victoria.

Coordinación Nacional Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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