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Vanessa Angustia es senadora en el Estado Español por Izquierda Unida. Formó parte de la delegación de acompañamiento internacional que estuvo presente en Venezuela durante las elecciones del pasado 20 de mayo en las que resultó reelecto Nicolás Maduro Moros como Presidente de la República.

Dos días después de realizadas dichas elecciones, la senadora interpeló al Senado español sobre las razones del gobierno de España para desconocer la legitimidad de los resultados electorales en Venezuela, señalando dicha posición como “antidemocrática e injerencista que ignora la voluntad emanada del pueblo venezolano”.

Inquirió además a esta cámara parlamentaria sobre por qué el gobierno español sí reconoció las elecciones en Honduras y Paraguay a pesar de las importantes denuncias de fraude en ambos casos, y sobre los factores que “justifican y sustentan esta diferencia de criterio establecida por el Gobierno con respecto a los comicios celebrados en Venezuela”.

En su interpelación, Vanessa Angustia concluyó por preguntar si el gobierno español “romperá relaciones diplomáticas con Venezuela mientras no lo hace con países que violan de forma constante y flagrante los Derechos Humanos, como son Marruecos e Israel”.

Prensa CRBZ conversó con la senadora en el marco de la mencionada intervención y de su reciente visita a Venezuela como acompañante internacional de las elecciones. 

¿Qué apreciación tienes del proceso electoral desde una perspectiva técnica?

El trabajo del  Consejo Nacional Electoral fue impecable. Todo el sistema de garantías electorales que pudimos comprobar permite constatar un nivel de confiabilidad que pocos países del mundo tienen. El proceso fue impecable en su conjunto, desde que el 23 de enero la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) decreta las elecciones presidenciales, durante la negociación en el marco del acuerdo de garantías electorales en República Dominicana, hasta el 20 de mayo.

Vengo de un país donde el gobierno gestiona los procesos electorales con una empresa privada que da soporte y que se encarga de la logística e, incluso, del traslado y difusión de los votos contabilizados, una empresa bastante cuestionada a nivel internacional llamada Indra, de modo que siempre resalto que en Venezuela todo el sistema electoral es público. Este proceso ha tenido diecinueve auditorías, en todos los aspectos: de registros electorales, de cuadernos de votación, de datos de electores y electoras en las máquinas de votación, etc. Está auditado prácticamente todo. Y es de resaltar la auditoría de resultados posteriores al módulo de escrutinio, cuando se realiza la comparacion del 54% de boletas de voto electrónico con las papeletas de resguardo.

En relación con otros procesos esta vez hubo mejoras, como la inclusión de cinco nuevas auditorías. El sistema electoral no es estático sino que es un sistema en permanente proceso de  revisión y mejoría. Es necesario resaltar esa vocación de cada vez buscar un sistema con mayores garantías.

Y desde una mirada política, ¿qué apreciación tienes?

En la oposición ha habido dos líneas, una interna y otra externa. La externa ha seguido apostando por la injerencia. Por un lado, una parte importante y sustancial de la oposición decide presentarse al proceso, no se levanta de la mesa de negociación de los acuerdos de garantías electorales, legitima el proceso en todas sus fases, lleva una campaña tranquila y en paz. Eso sí, un vez perdidas las elecciones denuncia fraude, sin aportar, además, ningún tipo de prueba.

Por otra parte está la oposición que agrupa la MUD, que decide no presentarse a las elecciones y deslegitimarlas llamando a la abstención. Parece que este llamado sí funcionó y que el porcentaje de abstención se corresponde con su proporción de electorado. Este es un argumento en contra del discurso de que hubo poca participación. Esa oposición es precisamente la misma que generó la violencia anterior a la ANC. Ahí entra la participación internacional, la intervención e injerencia de EEUU y la Unión Europea, que deciden desde el primer momento no legitimar las elecciones y hacer su propia campaña en medios de comunicación y desde los gobiernos, anunciando el no reconomimiento de los resultados electorales y amenazando con sanciones.

Esta agenda está muy clara: da igual lo que pase en Venezuela y las garantías democráticas que se den. Se fija el titular durante la campaña y a partir de ahí se construye el relato. Nunca van a reconocer el espacio electoral, porque la finalidad política es otra: quitar el gobierno y hacerse con el país junto a sectores que pretenden capitalizar los recursos de Venezuela para hacer sus negocios y reconstruir a su oligarquía derrotada con las oligarquías en EEUU y Europa. No se puede caer en el error de buscar algún punto de verdad dentro de esa estrategia política. Además, esta comunidad internacional viene de haber legitimado la violencia provocada en 2017.

Esa agenda, además, tiene un componente político muy duro para el espacio de alianzas que la izquierda europea pretendemos construir desde relaciones de igualdad, y ha dado un paso atrás para llevarnos al siglo XX a una forma de política colonial con respecto a América Latina creyendo que puede decidir sobre los recursos y sobre la organización de sus pueblos. Y nos equivocaríamos si no leyéramos que es una estrategia global del imperio contra los países que no se alínean y contra los espacios políticos que no nos alineamos con esa política colonial.

Desde tu punto de vista, luego de conocidos los resultados, ¿qué puedes decir sobre la legitimidad con la que surge el nuevo mandato de Maduro?

En este caso es importante dar datos porque los datos no son acépticos sino que son política. Hay datos que se manipulan para manchar de ilegitimidad un proceso que ha sido absolutamente limpio, válido y democrático.

Cuando se celebran las últimas elecciones europeas en el año 2014, el global de participación en todos los paises fue de 41,6%; en España, 43,8% y en Reino Unido 35,6%. Es decir, Europa no puede hablar del nivel de legitimidad de unas elecciones con base en la participación, porque con esa medida no se ha cuestionado la representatividad del Parlamento Europeo y nadie ha dudado de ella.

En las últimas elecciones de EEUU hubo un 48% de participación, con lo cual el presidente Trump es reconocido como legítimo habiendo sido elegido con un porcentaje menor al de Maduro. Es el mismo caso de Macri, Piñera y Santos. En Francia, las  parlamentarias del año pasado fueron entre un 42 y 48%, en Portugal ha sido igual.

Entonces, el tema no es la participación sino el uso que se quiere hacer de los datos. A eso se le llama manipular.

4) En tanto militante y parlamentaria, a partir de las enormes dificultades que vive hoy el pueblo venezolano que dan contexto a estas recientes elecciones, ¿qué valoración haces de lo que pudiste apreciar en el contacto con la gente de nuestro país durante el desarrollo de las elecciones?

El gran triunfo en Venezuela es tener un poder popular organizado, tener unas clases trabajadoras que se defienden a sí mismas, que tienen clarísimo quién es el enemigo y quién es el agresor, y a partir de allí actúan, tengan diferencias o no, críticas o no, y tienen claro qué es lo que hay que enfrentar y quién pretende restarles derechos y soberanía.

Esto es resultado de una política en la que no se fragmenta la visión de la vida, no se habla de economía por un lado y de política, garantías sociales y política internacional por otro. Esa fragmentación se aplica desde el poder en Europa y EEUU con sus pueblos para que no ocurra en ellos una visión de conjunto y una comprensión de su realidad, con lo cual se genera desmotivación política y fragmentación de las luchas.

Cuando no se hace eso y se gobierna con políticas favorables al pueblo la gente se forma políticamente y aprende a distinguir. Eso que parece sencillo de explicar, no es el modelo de muchos de nuestros Estados. No es la dinámica social de participación política que se da, por ejemplo, en España.

Las dificultades en Venezuela son enormes. Hay desánimo como consecuencia de esa situación y de la certeza de mucha gente de que la situación es difícil de sostener porque las sanciones y agresiones ya estaban anunciadas. Sin embargo, ese desánimo se condujo y cerró un círculo perfecto con esa conciencia autogenerada de las clases populares. Aunque la situación pueda ser extrema para millones de personas también está la percepción de que no hay que rendirse porque si gana el imperialismo la situación va a ser mucho peor.

Creo que es un baño de realidad estar en Venezuela. Muchos y muchas deberían ir a Venezuela para aprender un poco de humildad y para conocer a un pueblo que se defiende y se protege a sí mismo, sobre todo quienes deslegitiman el proceso y a un pueblo por seguir apoyando al gobierno sin conocer en realidad las circunstancias, sin haber leído en conjunto qué es lo que provoca las agresiones y qué es lo que provoca esta guerra con Venezuela.

Y no deja de sorprender gratamente ésa forma de disfrutar el proceso y de vivirlo con mucha alegría por parte del pueblo venezolano, incluso en los momentos más difíciles, como las elecciones a la ANC por los niveles de violencia brutales que se vivían, y en éstas, por la situación económica durísima. Eso es algo de lo que hay mucho para aprender y que es el ejemplo de valiosos códigos culturales y sociales sobre lo que es la participación democrática. Allí hay una lección para meditar en ello y mejorar nuestras propias garantías democráticas.

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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