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I

Hoy se cumplen 7 años de aquel memorable consejo de ministros dirigido por el comandante Chávez, aquel que pasó a ser conocido como Golpe de Timón. Estaba aún fresca la victoria electoral del 7 de octubre de 2012, en la que Chávez había derrotado a Capriles Radonsky por una diferencia superior a un millón de votos. El país bullía de esperanza, de alegría. Teníamos excelentes indicadores económicos, el PIB tenía crecimiento sostenido, estadísticas sociales de las mejores de América Latina, una moneda que si bien no era del todo sólida sí tenía importante poder adquisitivo y de cambio real, una industria petrolera en expansión. El cuadro favorable lo cerraba la aplastante derrota de la mayor y más contundente apuesta electoral, democrática y unitaria que había logrado armar la derecha venezolana. El único nubarrón que ensombrecía el horizonte era la enfermedad de Chávez.

La contundente victoria del 7 de octubre, luego de 14 años en el poder, con todo el desgaste que podría suponer, significaba la apertura y revitalización de todo un horizonte nuevo para la profundización de la revolución bolivariana. Así lo entendió Chávez y así lo dijo ese día apenas iniciada la transmisión televisiva: “Estamos conversando sobre (…) la apertura del nuevo ciclo ante la victoria bolivariana del pasado 7 de octubre, que abrió el horizonte político, y, además, la victoria popular, que garantiza la estabilidad del país”.

Mucho se ha dicho y mucho se ha escrito al respecto de este Golpe de Timón. Hoy no estamos en medio de una victoria popular ampliamente mayoritaria como la del 7 de octubre, no tenemos ante nosotros aquel ancho horizonte político y menos aún aquella garantía de estabilidad que suponía la victoria de Chávez de cara a un nuevo período presidencial.

7 años después, en medio de una profunda crisis económica, bajo el asedio brutal de EEUU, atravesando una importante crisis política y de hegemonía, de liderazgo, la lectura que hagamos de estas palabras orientadoras de Chávez debe partir de la aceptación y comprensión de un hecho clave: ese punto de partida del cual arrancaba Chávez para reflexionar y trazar metas es radicalmente distinto.

Sólo así podremos encontrar es sus reflexiones, en sus orientaciones, claves para ajustar y aplicar a la actual situación, claves para diseñar y planificar nuestro accionar político.

II

A lo primero que hace referencia Chávez en el Golpe de Timón es a la necesidad de transformar la base real de la economía para poder avanzar hacia la construcción de una sociedad democrática, justa y humanista.

Dice Chávez que es clave “la transformación de la base económica del país para hacerla esencial y sustancialmente democrática, porque la base económica de un país capitalista no es democrática, es antidemocrática, es excluyente y de allí la generación de riqueza y de grandes riquezas para una minoría, una élite”. Si nuestro objetivo es el Estado social de justicia y de derecho, entonces aquella democratización es imprescindible.

Entonces se refiere a cinco aspectos, en el ámbito económico, que es central alcanzar para avanzar en el proyecto transformador:

– Democratización del poder económico.

– El rol del Estado como garante de que la riqueza se dirija a la satisfacción de las necesidades básicas de la mayoría de la población y a la defensa de la soberanía.

– La autogestión productiva a nivel colectivo.

– Planificación democrática para regular las relaciones productivas.

– Autonomía del país frente a la internacionalización del sistema capitalista.

Si algo es clave en estas reflexiones de Chávez es lo que corresponde al tema de la democratización de todo lo que tiene que ver con la economía. Es decir, la certeza de que el modelo a construir sea radicalmente democrático, al contrario del modelo capitalista, que es radicalmente antidemocrático, y que esa democracia debe alcanzar sin cortapisas a la economía.

Y democratización en economía implica: medios de producción (fábricas, tierras, tecnología), materia prima e insumos, recursos e instrumentos financieros, canales de distribución, capacidad de consumo. Que todo esto esté al acceso de todas las fuerzas productivas del país en igualdad de condiciones, desde las grandes empresas y grupos económicos hasta los pequeños y medianos productores, los sectores de la economía comunal y social. Pero también significa la existencia de espacios amplios, regulares, transparentes y serios, creíbles, para el debate, la discusión, la definición, ejecución y seguimiento de políticas, planes y proyectos, desde la dimensión macroeconómica hasta la microeconómica. En fin, un modelo económico mixto, humanista.

III

Después se refiere Chávez a la necesidad de territorializar las experiencias de construcción del nuevo modelo de sociedad, y a algo clave: que esto se concrete de manera integral, entrelazada y creciente, sin que las experiencias queden aisladas, a merced de la enorme y voraz capacidad que tiene el sistema capitalista de engullir y asimilar todo a favor de su fortalecimiento.

Se trataría, desde la metáfora que usa Chávez, de que el tejido del muevo modelo económico y social vaya avanzando, ocupando el territorio, sembrándose, arraigando y expandiéndose, es decir, haciendo retroceder, aislando, debilitando, arrinconando al viejo modelo explotador y desigual.

Más adelante, cuando se refiere al injerto de la propiedad social, dice claramente: “Tenemos que asociarnos con los pequeños productores, pero tenemos que injertar la propiedad social, el espíritu socialista, a lo largo de toda la cadena, desde el trabajo de la tierra, donde se produce el mango, la guayaba, la fresa, hasta el sistema de distribución y consumo de los productos que de ahí salen. Todo eso hemos hecho en aras de la transición, pero no debemos perder de vista, compañeros y compañeras, la parte medular de este proyecto: no debemos seguir inaugurando fábricas que sean como una isla, rodeadas del mar del capitalismo, porque se lo traga el mar”.

En fin, a lo que se refiere Chávez es a la necesidad de que lo nuevo se haga hegemónico, pero no por imposición, sino por fortaleza real, por arraigo, por calado profundo en el territorio y en la gente. No se trata de imponer supremacía sino de construir hegemonía.

De allí que cierre diciendo:

«…Una de las cosas esencialmente nuevas en nuestro modelo es su carácter democrático, una nueva hegemonía democrática, y eso nos obliga a nosotros no a imponer, sino a convencer, y de allí lo que estábamos hablando, el tema mediático, el tema comunicacional, el tema de los argumentos. El cambio cultural. Todo esto tiene que ir impactando en ese nivel cultural que es vital para el proceso revolucionario, para la construcción de la democracia socialista».

Y toca como corolario de este punto el tema mediático, el tema comunicacional. Siguiendo la reflexión acerca de lo nuevo y su expansión, en el caso mediático a lo que Chávez se refiere, en el fondo, es a la necesidad de una acción comunicacional que se desprenda de esa realidad, que sea su continuación en forma de discurso, imagen, diseño, slogan. Y no a la práctica que funciona al revés, que se basa más en el discurso, en el slogan, en el enunciado y no en la realidad concreta siendo condensada, convertida en forma discursiva, y siendo comunicada.

¿Se puede convencer y construir hegemonía sólo con buenos videos, buenas canciones, buenos slogans, buenas campañas, buenos discursos, sin que esto vaya acompañado o surja de una igualmente buena, verificable, palpable realidad que lo confirme y le de sentido? ¿Se puede construir hegemonía con un discurso, un decir, un hacer, una producción comunicacional acaparada sólo por las vocerías oficiales e institucionales del gobierno y del partido y por un puñado de periodistas y comunicadores(as)? ¿Se puede construir hegemonía con un discurso alineado, unívoco, en el cual poco espacio hay para el para el debate, el análisis amplio y plural, la crítica sana y sincera, franca?

Hacia el final del consejo de ministros se refiere nuevamente a ese tema. Y dice: “Veo algunos programas de nuestro canal, el canal de todos los venezolanos y seguimos aferrados a aquello que ya pasó, incluso dándole vocería a quienes casi no tienen nada que decirle al país, poniendo videos, que esta persona dijo tal cosa. ¿Será eso lo más importante en este momento? ¿Y la gestión de gobierno? ¿Por qué no hacer programas con los trabajadores? Donde salga la autocrítica, no le tengamos miedo a la crítica, ni a la autocrítica. Eso nos alimenta, nos hace falta”.

IV

Es desde este marco inicial que Chávez pasa luego a hacer las durísimas críticas en torno a la forma en la que según su análisis se venía asumiendo el tema de la Comuna desde el gobierno que él dirigía. Un marco definido por varios aspectos: 1) la necesidad de integralidad en la obra de gobierno, de construcción tejida, imbricada, entre cada obra, cada proyecto, cada acción del gobierno en función del proyecto estratégico de construcción de un nuevo modelo de sociedad, 2) la necesidad de que lo nuevo se haga hegemónico y de que a ello contribuya el gobierno revolucionario en cada acción, 3) la necesidad imprescindible de que lo nuevo sea radicalmente democrático, 4) la revolución política debe conducir a una revolución económica que va de la mano, indisolublemente, con la transformación social.

Así llega Chávez al tema de la Comuna como ese espacio en el que se concrete, se engrane, se materialice todo esto que plantea como fundamental en el accionar del gobierno y de la revolución. Chávez afirma que si se revisa palmo a palmo los proyectos económicos, sociales y de infraestructura que el gobierno adelantaba en el momento no se encontraría la Comuna presente en ninguno de ellos. Es muy dura su crítica. Lo dice contundentemente.

Si la comuna es el espacio en el cual la nueva sociedad va a construirse en el territorio, ¿cómo va a ocurrir si los proyectos de desarrollo económico, los proyectos de inversión social, los proyectos y obras de infraestructura no están imbricados con la construcción de las Comunas en cada territorio donde esto avanza?

Si la Comuna es el espacio por excelencia para que confluyan y se integren todas las experiencias que en el territorio existan de construcción de espacios de participación, protagonismo popular y del poder de la gente; es decir, si es el espacio por excelencia para que se concrete y se construya la democracia participativa y protagónica, la democracia revolucionaria, ¿cómo va a quedarse afuera del diseño, planificación y ejecución del más mínimo proyecto del gobierno bolivariano y revolucionario?

Chávez lo expresaba con angustia y hacía la autocrítica severamente preocupado por la viabilidad de la revolución al constatar que esto no se estaba comprendiendo y practicando. Hoy, siete años después de aquellas palabras y críticas de Chávez que aún retumban en el país, ¿qué podemos decir al respecto? ¿qué balance podría hacerse?

 V

Otro aspecto clave al que se refirió Chávez ese día fue al tema de la dirigencia, del liderazgo, y a la necesidad imprescindible de que éste se construya con base a la ética, al desprendimiento, a la vocación por el trabajo honesto y el sacrificio, en función siempre del interés público y colectivo y jamás a favor de intereses personales o grupales.

Si algo fustigó Chávez ese día fue a la conformación de grupúsculos, élites, cotos de poder: “Si algunos de ustedes ve que se ha venido conformando en algún ente, en algún ministerio, esos cotos cerrados, díganmelo que yo tengo el poder que me da la Constitución, que ninguno de ustedes tiene, yo les mando un misil”, dijo con absoluta claridad el comandante Chávez.

Y lo decía desde la preocupación central por la necesaria unidad y cohesión que debe tener todo el equipo dirigente con respecto al impulso del nuevo modelo de sociedad, al cumplimiento de las enormes expectativas sociales de las grandes mayorías nacionales, a la solución de los grandes y graves problemas que aquejan a la población, sobre todo la más vulnerable, y al enfrentamiento de las grandes batallas que una revolución como la bolivariana debe enfrentar para salir adelante y tener éxito.

A ello se refiere el comandante Chávez cuando exige mayores niveles de eficiencia. No se refiere a números y a estadísticas solamente, sino a resultados concretos y palpables que sólo pueden lograrse si la dirigencia asume para sí ese mandato de ética democrática radical, desprendimiento, espíritu de sacrificio, de trabajo y de cohesión a favor de los grandes intereses colectivos.

 

Coordinación Nacional Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

 

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