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Un nuevo evento electoral se ha cumplido en Venezuela. Nuevamente el pueblo venezolano demuestra su vocación democrática y su determinación a seguir defendiendo la soberanía y la revolución bolivariana.

En medio de las más complejas adversidades económicas y sociales, la gente salió a votar. Un nivel de participación cercano al 30% y la conquista de una mayoría absoluta de concejales y concejalas chavistas, en el actual escenario, es a todas luces una importante demostración de fuerza y de unidad del pueblo. En esa unidad y capacidad de organización y movilización en las bases chavistas está sin duda una de la claves para seguir garantizando la continuidad del gobierno bolivariano y la posibilidad de seguir construyendo y profundizando nuestra revolución. La victoria implicó la elección de concejalas y concejales que integraban la propuesta de #LaCorrientePsuv, hombres y mujeres con trayectoria de lucha popular, con quienes seguiremos profundizando la construcción de #ElPoderDeLaGente y de liderazgos éticos y democráticos que apunten a la reconstrucción de la esperanza en la revolución bolivariana.

La victoria es importante pero sería un error únicamente celebrar y elogiar la lealtad, la unidad y la disciplina de la gente. Las últimas cuatro elecciones se han dado en un contexto similar de dificultades y en todas estos rasgos se han puesto a prueba y han sido demostrados de forma contundente. Todos han sido precedidos del compromiso de la dirigencia del gobierno y del Psuv de avanzar con mayor contundencia en la solución de los grandes problemas que afectan a nuestra gente y que ponen en riesgo las extraordinarias conquistas logradas en la revolución bolivariana bajo el liderazgo del comandante Chávez.

Hoy el control político de las fuerzas chavistas es absoluto, todos los espacios del poder público están en manos del chavismo y esto es resultado de procesos electorales legítimos e inobjetables. Nada impide entonces que se abran los espacios para la crítica y autocrítica profunda y transparente, para la rectificación, para la participación y el protagonismo de la gente.

Hay debates, como el debate sobre la política económica, que deben darse con mayor amplitud, en el que los diversos sectores de la economía y el pueblo organizado deben ser escuchados y sus aportes tomados en cuenta. Es evidente que medidas y acciones puestas en marcha por el gobierno en materia económica no han dado resultado y ello debería conducir a la evaluación y correción. Reconocemos como necesarias las políticas de transferencias monetarias para disminuir los efectos que la crisis tiene sobre la economía familiar, pero señalamos la urgente necesidad de avanzar con fuerza en una política de desarrollo productivo que abarque todos los sectores de la vida económica nacional: es allí donde está la clave para superar la crisis y derrotar la hiperinflanción. Un prerrequisito para la reactivación productiva es en, primer lugar, concretar una Alianza Nacional Productiva entre el Estado, el pueblo organizado y los sectores privados. Para ello es fundamental crear las condiciones, dar garantías, reconocer el trabajo y esfuerzo de la pequeña y mediana empresa. En segundo lugar, cumplir los objetivos macroeconómicos definidos en el Plan de Recuperación Económica, sobre todo en lo relativo a la libre convertibilidad de divisas y la disciplina fiscal.

En este sentido hemos venido planteando la necesidad de un Plan Nacional de Urgencias con énfasis en la producción de alimentos y en el abordaje de la crisis de los servicios públicos, disponiendo todos los recursos y capacidades de que disponga el Estado para la salud, la educación, la electricidad y las telecomunicaciones. Esto debe realizarse con absoluta transparencia y con la más amplia participación del pueblo organizado. Y debe implicar, además, una radical evaluación de quienes están al frente de las instituciones y empresas públicas responsables de estas áreas neurálgicas de la vida del país. Detener los graves efectos que la crisis está generando en el bienestar de la gente y en sus derechos sociales debe ser tarea prioritaria: buena parte de la preservación de la unidad popular y de la capacidad de resistencia y combate de nuestra gente pasa por ello.

Nos quedan todavía importantes batallas. El asedio imperialista no se detendrá sino que, al contrario, se agudizará. Son explícitos los planes para desconocer al presidente Nicolás Maduro luego de que asuma su nuevo mandando constitucional el 10 de enero; ya se vienen dando acciones en esa dirección. Son tiempos en los que necesitamos la más sólida unidad cívicomilitar y debemos estar lo mejor preparados para escenarios aún más complejos que el actual. El pueblo ha dicho presente nuevamente. Aquí seguimos y aquí seguiremos. Avancemos pues ante los desafíos abriendo las compuertas a la más amplia y profunda participación popular. En el poder de la gente está la clave de nuestra fuerza.

Coordinación Nacional Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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