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“Despertate perro, nos están atacando, hay un intento de golpe de Estado, el PSUV convoca a Miraflores”. Acto seguido prendo la vieja televisión que el compañero, quien me está alojando en Caracas, tiene en su habitación (pieza le decimos en el conurbano bonaerense). Tal vez no fue la mejor forma de despertarlo, pero fue la que encontré. Nunca me había tocado dar una noticia parecida.

Eran las 6:30 de la mañana del martes 30 de Abril. Lo que debió ser mi primer día laboral en una institución estatal, comenzaba con los pasos acelerados de María Alejandra subiendo a la terraza, buscando mejor señal para atender el llamado de su padre. Su cara denotaba una preocupación inusual, bastaron milésimas de segundo para comprender que algo estaba sucediendo. Tomé el celular que había apoyado la noche anterior a un costado de lo que en algún momento fue un sofá cama. Las redes sociales lo confirmaban. El golpe de Estado estaba en curso hacía al menos una hora.

17 Abriles atrás este mismo pueblo enfrentaba un golpe similar, aquel con más saña y lamentablemente con un gran número de muertos. Pero con los mismos actores encabezando la intentona. Basta con googlear el nombre de Leopoldo López.

Esta vez aparecía el viejo soldado de la derecha venezolana al lado de la nueva figura que encontraron las águilas del norte para lograr lo que hace 20 años no pueden. ¿Por qué no pueden? Porque aún no descubrieron como viajar en el tiempo.

Desean regresar al tiempo del pueblo en las catacumbas, de pobres silenciados. De negros y negras sin voz. De campesinos sin tierras. Aquellos tiempos donde las mayorías no estaban constituidas como sujetos políticos. Como sujetos políticos de una Revolución bolivariana, que tiene sus aciertos y errores. Que atraviesa disputas externas y también internas. Pero que cuenta con un arraigo popular muy profundo y con el legado de un comandante que construyó un puente con las luchas de la primera independencia. Un estratega que les dijo a quienes no tenían siquiera identidad, que es el momento de ellos y ellas; que les transfirió poder (aún insuficiente) y organización que nunca tuvieron. Que les pagó la deuda histórica. Un líder que hoy comparte la mesa con Bolívar.

La derecha venezolana hace 20 años que niega la identidad de ese pueblo. Es sorprendente para quien llega de miles de kilómetros de distancia, entender que puedan negar la identidad de un adversario que constantemente los derrota. El chavismo ha ganado más elecciones que los años que lleva en el gobierno. La derecha ha fracasado en 2002 y en los distintos golpes intentados este año.

Como el Doc y Marty McFly destruyeron el DeLorean, recurren a la violencia. Al asedio, al golpe, la guerra. A la muerte.

Por ahora y para siempre.

“Como a la una y treinta de la madrugada sonó el teléfono de la casa, era una hermana mía: “Nico, hay un golpe”… Enseguida abro los ojos sorprendido: “¿Qué?”. Y ella: “Prende el televisor”. Eso hice, y de repente aparece Carlos Andrés Pérez con cara de loco, pálido, nervioso”[1].

“¿Cómo esta la situación por Petare?” Le pregunté a un pana, ya en las cercanías de Miraflores. “En todos los barrios la cosa está tranquila, los pobres somos todos chavistas”. La misma calma se encontraba en los altos de Lídice, Catia, Lomas de Urdaneta, las Lomas, el 23 de Enero, según me comentaban compañeras de las distintas barriadas de Caracas. “Si ves Guarimbas hay que reportarlas” me aconsejaba, más bien era una orden, una histórica compañera del bloque 15, segundos antes de ponerse a bailar al ritmo de la salsa sobre la av Urdaneta, a metros del palacio de gobierno. La gente se divierte en la batalla.

Los primeros en responder a la convocatoria parecían ser trabajadoras y trabajadores estatales del centro de la ciudad. No hubo metro en todo el día. De a poco, más y más pueblo fue llegando, en grupos, en buses, caminando, bajando de los cerros. A media mañana en un improvisado camión, que sería reemplazado con sonido y todo a mitad del discurso, Diosdado era el primer dirigente que salía al encuentro con su gente. La sola presencia era sinónimo de victoria, de tranquilidad y por supuesto desató la algarabía de las miles y miles que ya había en el lugar para ese entonces. “Golpe derrotado, vamos al contraataque” lanzó Cabello. “Si sigue la ladilla, nos vamo pa Altamira” respondía la gente, haciendo referencia al epicentro de los enfrentamientos. “No volverán” se unía pueblo y dirigencia en un mismo grito.

Durante todo el resto del día seguía llegando pueblo a la convocatoria en Miraflores. Convencidos y convencidas de que estaban haciendo historia nuevamente. Bailaban, discutían, exigían, se saludaban. Se cruzaban anécdotas de cómo cada quien se enteró de lo sucedido. Otra vez quienes vienen de las catacumbas habían vencido a la muerte.

Mientras volvía al final de día para la urbanización (complejo de edificios) donde me alojo, recordé una frase que tiene más de 200 años “…Por fortuna se ha visto con frecuencia a un puñado de hombres libres vencer a imperios poderosos…”. Pertenece a Simón Bolívar, en debate con el representante de EEUU John Irvine, en 1818. Dos siglos después la frase tenía nuevamente la fuerza inicial, un puñado de hombres y mujeres ganaron una nueva batalla en post de su libertad. El pueblo no necesita máquinas del tiempo para nutrirse de las experiencias de combates anteriores.

Mates y arepas mediante, vendría el momento de análisis e intercambios con compañeros y compañeras de aquí y de allá. Maduro, desde Miraflores, explicaba lo sucedido durante el día y convocaba a la movilización del 1 de Mayo. La noche transcurrió con tranquilidad.

Hoy no lo vimos nervioso, pálido ni loco a Nicolás. Tampoco a Diosdado. La diferencia son 20 años de Chavismo y un pueblo empoderado de su lado.

“Si mañana me despiertas, primero dime buen día” Se despidió Ariel en vísperas del 1 de Mayo.

Matías Pacheco – Caracas, 30 de Abril 2019.

 

[1] Germán Sánchez Otero, Chávez y la resurrección de un pueblo. Ed. Vadell Hermanos. Entrevista a Nicolás Maduro Moros.

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