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La reflexión necesaria

Conciencia, solidaridad y disciplina

Mar 17, 2020 | Opinión

Por Gerónimo Paz

La humanidad se enfrenta a uno de los más grandes desafíos de los últimos tiempos:  unirse para luchar de manera mancomunada contra la pandemia del virus COVID-19, es decir, la propagación mundial de esta nueva enfermedad. Según los expertos, este virus no tiene una gran letalidad, pero sí una gran virulencia en su contagio y este se potencia a su vez con la falta de medidas rápidas y acertadas de los gobiernos y de conciencia y disciplina de la población, pues su amenaza letal aumenta por lo que los científicos llaman carga viral, es decir, la cantidad de virus que infecten a la persona. Según esto, no es lo mismo que a alguien lo infecte una persona, pudiendo por ejemplo trasmitir 100 mil virus (carga viral), a que la contagien 10 personas a la vez, que le trasmitirían una carga viral 10 veces mayor, complicando el trabajo del sistema inmunológico del organismo, pues no es lo mismo combatir 100 mil enemigos que a un millón.

De allí que la estrategia de respuesta inmediata trazada por el gobierno bolivariano, cuyo uno de sus pilares es la cuarentena o aislamiento social severo, es el más efectivo, tanto para evitar que el sistema de salud público colapse como para que la carga viral potencial que pueda infectar a la población sea mínima, permitiendo o facilitando que el ejército inmunológico que tod@s portamos haga su trabajo y así poder garantizar que los casos que requieran atención médica sean mínimos.

Por esto la batalla contra la pandemia del COVID-19 es una batalla de conciencia, solidaridad y disciplina, son estas las armas fundamentales para librarlas. Es un momento que, como pueblo, debemos dar los mejor de nosotros. Este es ciertamente un escenario inédito. El pueblo venezolano esta curtido en decenas de batallas, victoriosas todas, que en los últimos tiempos hemos tenido que librar contra la criminal e inmoral agresión norteamericana, y las claves para la victoria han sido siempre la unidad, la disciplina, la solidaridad y la conciencia. La particularidad de esta batalla es que, a diferencia de las otras en las cuales hemos tenido que movilizarnos, hemos tenido que tomarnos las calles y los territorios para defender la paz, la soberanía y la democracia, en esta tendremos que quedarnos en casa, acatar estoicamente las medidas de cuarentena, conscientes de que esa acción es la clave para vencer. Sabemos que para el chavismo esto no es fácil, es como decirle a un ejército que se tiene que acuartelar mientras se libra el combate. Pero esa es la naturaleza de este nuevo escenario y debemos asumirlo.

Conciencia entonces y disciplina para acatar y cumplir las medidas que el gobierno chavista está tomando con mucho acierto, y solidaridad entre nosotros, entre cada miembro de las comunidades, de la calle, del barrio. Estamos viviendo una etapa dura, de muchas limitaciones y restricciones para cubrir necesidades básicas que son consecuencias del bloqueo comercial y financiero. Muchos compañeros y compañeras tendrán dificultades adicionales en medio de esta cuarentena y es allí donde la organización popular movida por ese sentimiento de solidaridad debe manifestarse. Cada calle, cada barrio, cada pueblo o ciudad debe organizar mecanismos que, sin violentar las medidas sanitarias para evitar la propagación del virus, permitan la atención de los miembros de cada comunidad más vulnerables. No se trata de encerrarnos a esperar que todo pase y pensar solo en “los nuestros”, los nuestros son todos, los nuestros son el pueblo, no hay espacio para el egoísmo, para el sálvese quien pueda. El virus COVID-19 por ahora no tiene vacuna desde el punto de vista médico, pero sí desde el punto de vista social y espiritual, esa vacuna es precisamente cuidarnos unos(as) a los(as) otros(as), es la solidaridad, es la conciencia y la disciplina.

Más allá de la batalla concreta que debemos librar como venezolanos para derrotar la pandemia, está la reflexión política que debemos hacer los y las chavistas para enfrentar este escenario. Y es que, en la medida que se extiende por el mundo este coronavirus, está exponiendo con mucha claridad las consecuencias de un modelo de desarrollo que es insostenible para la humanidad, lo que reafirma la necesidad de cambiar profundamente la matriz de ese modelo que hoy sostiene la sociedad moderna. En primer lugar, debemos ubicar que la causa de esta pandemia está en el fondo del mismo modelo desarrollista que propone un crecimiento económico infinito en un planeta cuyo límite de recursos están bien identificados. Una sociedad cuya lógica económica exceda la capacidad de regeneración de su ecosistema está condenada al fin. En la actualidad, la humanidad en su conjunto supera en un 50% la huella ecológica sostenible y en algunos países el exceso es del 900%.

Pandemias como la que estamos enfrentado son síntomas que muestran los límites de este modelo económico social neoliberal, son síntomas multifacéticos, pero todos apuntan al caos, al colapso de la humanidad. Estamos hablando de cambio climático, fin de los combustibles fósiles, colapso de la biodiversidad, muerte de los océanos, hambrunas, migraciones masivas, guerras y pandemias como las del COVID-19. Es importante tener conciencia de ello, esta pandemia no es un accidente aislado de la naturaleza, no es el salto de un virus animal a los humanos, en el fondo la causa que subyace en la aparición de nuevas enfermedades está determinada por la lógica de crecimiento del capitalismo neoliberal.  La mayoría de los animales salvajes portan virus, y algunos de ellos pueden infectarnos y volverse letales.  En la medida que el desarrollismo compulsivo lleva a los humanos a tener un mayor contacto por la construcción de carreteras, explotación de bosques, el comercio de animales silvestres o el corrimiento de las fronteras agrícolas, estamos expuestos a estos virus que pueden infectarnos y matarnos.

Por otro lado, está el hecho que grandes sectores de la sociedad no puedan acceder a un sistema de salud, porque no es gratuito, lo que crea una gran disparidad en la forma como se trata a las personas dependiendo de su situación económica o su estatus migratorio. Esto está en la base de problema para enfrentar pandemias como la del COVID-19. Por ejemplo, en EEUU hay más de 27 millones de inmigrantes indocumentados que ni teniendo cómo costear la consulta acuden a un centro de salud por temor a ser identificados como ilegales y deportados, a esto se le suma que el 25% de la población no puede pagar el coste astronómico de la atención sanitaria.

La lógica de este modelo de crecimiento y desarrollo genera desigualdades. Estas solo se pueden superar reintegrando la economía en lo social y lo político, si la sociedad recupera su autonomía para imponer regulaciones. Sería una verdadera revolución en comparación con la hypermercantilización del mundo neoliberal actual. Esta batalla que libra el mundo entero hoy contra la pandemia del CIVID-19 ratifica la necesidad de seguir luchando por una humanidad humana.

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