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“Si no hay café para todos, no habrá café para nadie”. La frase se le atribuye al Che, en los primeros años de la revolución cubana, cuando le ofrecieron la infusión solamente a él en medio de una reunión. El rechazo al privilegio, incluso en sus expresiones mínimas. La conciencia sobre lo colectivo. Todos o nadie. En los tupidos cerros de la zona alta de Tucaní, capital del municipio Caracciolo Parra Olmedo, Mérida, esta frase del Che se hace práctica. No sólo porque haya café para toda la comuna, al punto de usarlo como moneda de cambio, sino porque la premisa que sus comuneras y comuneros tienen es muy clara: el avance de todas y todos sus habitantes hacia un mejor vivir, con organización colectiva, construyendo un proyecto del que se apropiaron hace años y hoy empujan en medio de las dificultades a las que se ve sometido el país.

En la comuna Che Guevara viven 1600 familias, unas 6000 personas. Están organizadas en 12 Consejos Comunales, de cada uno de los cuales la comunidad elige dos representantes para el parlamento comunal. Si bien el registro formal se concretó en 2013, esta organización viene siendo construida desde el año 2008 y 2009 cuando, en conjunto con La Corriente, realizaron el diseño territorial de las comunas en el municipio, diseño que se mantiene actualmente y que se proyecta hacia la construcción de una nueva ciudad comunal.

“El gobierno de Estados Unidos viene asediando, desprestigiando nuestro proyecto revolucionario bolivariano. Ese desprestigio no es sólo hacia el gobierno, es también hacia el trabajo que hacemos en las comunas, en los consejos campesinos, en los CLAP” Comenta Cati Lobo, comunera y militante de La Corriente.

 

Escuelas, liceos, dispensarios y principalmente producción. Una de las mayores fortalezas es la capacidad productiva que muestra la comuna. En sus partes bajas se observan siembras de plátanos, auyama, yuca. En la medida que se comienzan a subir los cerros, aparecen en cantidad las hectáreas de piña, naranja y limón. 15 gandolas de piña, unas 450 toneladas, se producen semanalmente en los momentos de mayor producción. También una gandola semanal de limón y naranjas, para seguir con estos ejemplos.

   

En la comuna hay diversas empresas familiares. Sin embargo, el baluarte productivo está en el café y en el cacao. El orgullo de la comuna son las empresas “Che Guevara 2021”  de producción, transformación y distribución de cacao y en menor medida de café y la Cooperativa Colinas del Mirador (COLIMIR) productora y distribuidora de café.

La comuna impulsa el intercambio de producción a lo interno, con otras comunas, con privados y con el Estado. A lo interno se utiliza el café como medio de pago. Los precios de varios productos se ponen en kilogramos. En un municipio relativamente cercano a una frontera que se extiende económicamente día a día (valores en pesos colombianos), en medio de la guerra económica que soporta el país y afecta entre otras cosas a la moneda nacional, el equivalente general encontrado en café es una alternativa en busca de estabilidad que encuentran los habitantes de la zona.

Las empresas de propiedad social locales no compiten entre ellas, mantienen precios unificados. Con otras comunas se intercambian distintos tipos de alimentos (carne, pasta, arroz) por café y cacao. Incluso los uniformes escolares se intercambian  en las jornadas que impulsan los distintos consejos comunales. Esta práctica es tan habitual que COLIMIR utiliza una moneda propia para su intercambio con productores asociados, el “Cafeto”, equivalente a un kilogramo respaldado físicamente en sacos de café que la cooperativa tiene en sus depósitos.

 

Prácticas y creaciones que el pueblo realiza en sus batallas cotidianas para enfrentar la guerra que promueve Estados Unidos y sus títeres locales. Fueron éstos últimos los que incentivaron situaciones violentas en Tucaní a fines de febrero, generando guarimbas en distintos puntos de la ciudad, lo que llevó a los consejos comunales a preparar también las condiciones de seguridad para evitar estos actos: la defensa territorial de la comuna, por lo cual hay un proceso de conformación de las Brigadas de Defensa Popular. “Los guarimberos no pueden ser voceros”, afirma un panadero que tiene su negocio frente a la plaza Bolívar, plaza reconstruida y mantenida en las jornadas de trabajo voluntario que se realizan los sábados.

    

Las comunas son uno de los legados organizativos más importantes que ha construido la Revolución Bolivariana. La comuna es organización de la gente desde la mínima expresión para resolver los problemas de la vida cotidiana hasta el objetivo de ir avanzando en la disputa de poder real en la construcción de una nueva sociedad. La comuna es la forma en que de modo concreto se construye la democracia revolucionaria, ésa en que la gente no transfiere ni delega su poder sino que lo construye y lo ejerce.

Así lo expresa con total claridad Lobo: «El pueblo es quien empuja las comunas. El pueblo fue quien se apropió del proyecto de las comunas. Son las bases las que más construyen esas comunas y esa nueva sociedad. El propio esfuerzo e iniciativa de las mismas bases construye lo que hoy tenemos. Hay que apropiarse del proyecto comunal para conseguirlo. Queremos derrumbar el viejo Estado. Si no nos creemos el cuento del poder que tenemos, si no hacemos precedente del poder que tenemos, no nos van a reconocer. Somos nosotros quienes tenemos que buscar las formas y las alternativas. Avanzar hacia el autogobierno. Es un desafío, no está fácil. Para lograrlo necesitamos fuerza y conciencia. Ese es el proyecto”.

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

 

 

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