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La situación de Chile se complejiza con el pasar de los días. La intensa movilización popular que inició con las protestas contra el alza de la tarifa del metro de Santiago derivaron en masivas movilizaciones en todo el país, como reacción popular contra el gobierno de Sebastián Piñera y el modelo neoliberal que impera en ese país. La consigna que mejor sintetiza el sentimiento popular es “No son 30 pesos, son 30 años”.

La respuesta del gobierno fue, desde un principio, la mayor represión. Una adolescente herida de bala, numerosos heridos y decenas de detenciones fue el saldo del primer día de protesta. Desde un principio, sin mediar ningún llamado a diálogo, el gobierno de Piñera decretó estado de excepción, toque de queda y lanzó el ejército a la calle. Abundan los documentos fotográficos y audiovisuales que evidencian la más feroz represión a las manifestaciones públicas pacíficas, así como la actuación criminal de los cuerpos de seguridad disparando armas de fuego a mansalva contra ciudadanos desarmados, allanando y deteniendo arbitrariamente a ciudadanos, a periodistas, sin apego al menor procedimiento de respeto a derechos humanos. Las cifras hablan por sí solas: 23 personas fallecidas, 38 heridos por arma de fuego, más de 500 heridos, 23 atropellos graves, 30 heridos con trauma ocular, 8 niños heridos, 5485 detenidos.

Se trata, sin lugar a dudas, de una crisis política que evidencia el carácter autoritario, de total irrespeto a los principios mínimos de la democracia, por parte de la élite que dirige el gobierno en Chile, la cual actúa bajo estricto apego a los mandatos de la élite del poder económico y político de Estados Unidos. Es, además, una expresión del continuismo  que existe entre la dictadura de Pinochet y quienes detentan el poder hoy en Chile: los mismos métodos para imponer el  mismo modelo.

La actual crisis pone de manifiesto, con igual contundencia, el carácter desigual, excluyente, explotador y precarizador del sistema político y económico de Chile, acabando con la imagen que mediáticamente se ha construido de este país como un dechado de prosperidad y bienestar. Los sectores más explotados y excluidos de Chile han estallado, han dicho basta, y han generado una reacción en cadena que abarca otros sectores del país, además de múltiples expresiones de solidaridad internacional y de activismo para romper el cerco mediático y dar a conocer la verdad, no sólo de la actual crisis política y la respuesta represiva del gobierno de Sebastián Piñera, sino de la realidad social del pueblo chileno.

Así, ante la profundidad de la crisis política generada por la magnitud del estallido social, en función de bajar la presión y preservar el orden constituido y el modelo neoliberal, el gobierno chileno ha anunciado un conjunto de medidas paliativas que no implican sino una mínima ampliación de las clásicas medidas de contención social previstas como parte del modelo neoliberal. Así como reprimió de forma cruenta, la élite del poder chileno hará lo necesario en términos políticos y económicos para garantizar su continuidad en el poder. Queda en manos del pueblo chileno, de sus organizaciones sociales y políticas, la posibilidad de partir del estallido social para dar cuerpo a una perspectiva estratégica que permita el cambio del modelo, el derrocamiento político y democrático de la élite que gobierna y oprime al pueblo chileno a favor de sus intereses en tanto élite y de los intereses de las fuerzas transnacionales del poder económico global. Las multitudinarias movilizaciones pacíficas que se han dado en los últimos días, y la perspectiva sintetizada en la consigna #ChileDespertó, permiten pensar que, luego del estallido inicial, hay fuerza y base para avanzar en esa dirección.

Desde Venezuela expresamos nuestra más absoluta solidaridad con el hermano pueblo de Chile y nuestra voluntad de apoyar y contribuir, desde nuestras modestas capacidades, a la difícil lucha por su liberación y por la construcción de un Chile justo y democrático. Muchos son los lazos que históricamente han unido a los pueblos de Chile y Venezuela, y profundo es el ejemplo de la revolución democrática socialista que encabezó el eterno Salvador Allende, que ha sido inspiración y fuerza para construir, para avanzar, para resistir.

Hoy se levantan otros pueblos del continente. No sólo Chile ha dicho basta. Haití, Honduras, Ecuador, Argentina, México, están hoy de pie, luchando de distintas formas, por reabrir los caminos de rebeldía, prosperidad, unidad  e integración que necesitamos para hacer frente a la determinación de la élite del poder económico y político en Estados Unidos de retomar el control político del continente completo en función de sus intereses. Bolivia, Nicaragua, Cuba y Venezuela seguimos de pie también, resistiendo, luchando por preservar y profundizar nuestras revoluciones, enfrentando la más feroz agresión de esas élites estadounidenses.

Recordemos las últimas palabras de Salvador Allende, que hoy aplican no solo a Chile sino al continente todo y a la humanidad: “Es una hora determinante de nuestra historia como pueblos. La paz, la democracia, la soberanía y la prosperidad de América Latina está en juego hoy más que nunca. Demos esa batalla juntos y juntas. La unidad, solidaridad e integración de nuestra gente es la clave. Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

 

Coordinación Nacional Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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