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La Batalla de la Luz

La Batalla de la Luz

Gerónimo Paz

Nos encontramos en medio de una gran batalla por el vital servicio eléctrico saboteado por el cruel y despiadado ataque de la élite neoconservadora norteamericana. Es un ataque más fuerte que el paro petrolero del 2002-2003. Es un claro hecho de negación plausible que busca dirigir la culpa hacia el gobierno. El apagón fue diseñado con ese propósito, por eso ejecutan 3 acciones simultáneas: 1) el ataque físico, saboteando plantas claves del sistema, para mostrar la supuesta evidencia de que la causa del apagón es la falta de mantenimiento y, por lo tanto, la responsabilidad es del gobierno, 2) el ataque electrónico: un ciber ataque al sistema central de control y 3) el ataque electromagnético. Esto suena a ciencia ficción, pero ojo, que la guerra de 4ta generación tiene mucho de eso y por eso mismo es negable.

La guerra de 4ta G que enfrentamos fue formulada para el caso específico venezolano: implica guerra económica, guerra psicológica, guerra comunicacional, guerra electrónica y electromagnética. Comprender este modelo de conflicto es clave para poder enfrentarlo y derrotarlo.

El plan de ataque del enemigo está perfectamente estructurado, es una plan que se ejecuta en su fase final. Es una ofensiva final según sus apreciaciones, que tiene grandes operaciones distractivas: el 23F fue eso, así como la amenaza de intervención. El verdadero golpe era el apagón.

Debemos desplegar un esfuerzo doble para vencer en esta batalla. Por un lado, garantizar los servicios vitales como agua, alimentos, salud y seguridad al pueblo, mientras se recupera el servicio eléctrico. Hay que evitar la caotización del país, porque eso es lo que quiere el enemigo, mientras damos la otra batalla, por la otra luz, la luz de la verdad.

Maximizar las operaciones comunicacionales, dar elementos sólidos, mostrar evidencia, desplegar esfuerzos masivos de información en todos los niveles organizados del proceso bolivariano será determinante.

No pudimos anticipar las verdaderas intenciones del enemigo. Queda eso como lección, dimensionar el carácter del conflicto, cubrir todos los flancos, todos los frentes. La Batalla de la luz es en esencia una batalla de los sentidos, de la percepción de la realidad, de la verdad.

En estas dimensiones se define la batalla, quien logre establecer su verdad habrá triunfado aún siendo culpable. En este caso el culpable es el poder norteamericano y sus peones criollos. Pero eso lo sabemos nosotros y nosotras. Lo más importante es que lo sepan las mayorías con fiabilidad.

23F en la frontera con Colombia: megaoperación de propaganda militar

23F en la frontera con Colombia: megaoperación de propaganda militar

Eduardo Viloria Daboín

I 

Pasó el 23 de febrero. Se cumplió el libreto preparado en torno a la supuesta ayuda humanitaria por parte de los arquitectos guerreristas de Estados Unidos. Fue ejecutada la mega operación psicológica para seguir buscando la construcción de consenso sobre la necesidad urgente de una intervención militar contra Venezuela y la instalación de una guerra en territorio venezolano. El escenario montado en la frontera tachirense con Colombia fue principalmente eso: una gran operación de propaganda militar.

Cada quien ejecutó su papel: Guaidó, Piñera, Duque, Almagro, los mercenarios, los medios de comunicación, los influencers. Pero el plan no contó, nuevamente, con un actor clave: el pueblo bolivariano que se expresó mutitudinariamente en la avenida Urdaneta de Caracas en apoyo al presidente Maduro y en rechazo a la intervención de Estados Unidos. Esas imágenes por sí solas desinflan cualquier discurso que pretenda mostrar apoyo total del pueblo venezolano a la intervención militar.

II 

Los hechos fueron, en resumen, los siguientes:

  • Un par de funcionarios de la GNB desertaron, cruzaron la frontera y fueron recibidos como héroes por quienes se encontraban del lado colombiano.
  • Se construyó una situación de presión violenta contra el límite fronterizo venezolano, por parte de civiles desde el lado colombiano para forzar un enfrentamiento con la GBN que resguardaba allí la soberanía territorial de Venezuela. Se trató del mismo formato de guarimba aplicado muchas veces en territorio venezolano: primero, se difundían imágenes de “manifestantes pacíficos” y, luego, imágenes del enfrentamiento y de las personas heridas. Esto, sin solución de continuidad, sin mostrar el inicio de la violencia a cargo de los guarimberos, de modo que pudiera construirse el relato de que la GNB agredió a manifestantes pacíficos.
  • Se construyeron las situaciones de violencia en las calles de Ureña y San Antonio con el mismo formato de guarimba.
  • Fueron incendiadas las cajas de supuesta ayuda humanitaria y se responsabilizó de ese hecho a la GNB y al presidente Maduro.

Con la transimisión “en directo” de estos hechos se inició la operación de propaganda. Se generaron las imágenes y videos que tenían un objetivo: elaborar en las redes sociales un relato, lo más indignante posible, protagonizado por un presidente en extremo malvado y cruel que ordena destruir ayuda humanitaria y masacrar a un pueblo indefenso y pacífico.

Esa fue la primera fase. Despúes, cuando ya se había logrado el clímax de la indignación en las redes sociales, se activó la segunda fase, con la activación de la etiqueta #IntervenciónMilitarYa y la difusión de contenidos gráficos en los que se llamaba abiertamente a la intervención militar de Venezuela.

III

Para construir el relato del presidente Maduro como un ser cruel que ordenó la destrucción de la ayuda humanitaria fueron centrales las imágenes de las cajas de la supuesta ayuda humanitaria ardiendo en fuego. Cómo éstas se incendiaron y qué pasó realmente allí no importó jamás. De forma automática y masiva se responsabilizó de ello a la GNB y se asoció directamente a Maduro. Lo demás lo hicieron las redes sociales por su cuenta.

Además de la vista aérea del puente con la gandola incendiándose y de las fotos cercanas, se utilizó el video de una cadena de gente (policías colombianos incluidos) sacando las cajas de la supuesta ayuda humanitaria de la gandola para salvarlas del fuego. Finalmente, la imagen de la supuesta ayuda humanitaria calcinada sobre la plataforma de la gandola también calcinada.

Luego de la activación de la etiqueta #IntervenciónMilitarYa circularon varios diseños gráficos. En unos se ven la imágenes de las cajas de supuesta ayuda humanitaria calcinadas o ardiendo en fuego, con un texto sobre ellas: “Maduro Criminal. ¡Intervención ya! En otro, se ve al presidente Maduro bailando, ataviado con la chaqueta de la bandera venezolana, silueteado sobre una foto de las cajas de supuesta ayuda humanitaria calcinadas, fuego y humo, con el siguiente texto escrito sobre la imagen: “Hoy Maduro asesinó a 40 mil venezolanos con toda la ayuda humanitaria que ordenó quemar”. En otro, se ve la imagen de Maduro esposado, con cara de llanto, empujado desde atrás por un marine que lo apunta con un fusil en la cabeza.

Además, hubo dos elementos, uno gráfico y otro en video, para generar la sensibilización en torno a la etiqueta. Uno fue la imagen de dos manos entrelazadas, una pintada como bandera gringa y la otra pintada como bandera de Venezuela, junto al texto “Yo apoyo la intervención humanitaria y militar ya”; el otro fue un video en el que se veía escrito sobre la nieve, como si hubiera sido hecho por un dedo humano, el texto “Intervención Militar Ya”, acompañado de un mensaje sgún el cual la gente en EEUU se solidarizaba con Venezuela.

IV

La versión de Maduro como un presidente asesino se fabricó, a partir de los hechos provocados, apelando a los dos relatos previamente desarrollados en instalados: la represión a través de cuerpos de seguridad oficiales y la utilización de supuestos grupos paramilitares financiados y armados por el gobierno.

Lo primero, se construyó con las imágenes de los enfrentamientos entre la GNB y grupos violentos, tanto en la línea fronteriza como en las poblaciones de Ureña y San Antonio, aislando y descontextualizando fotos y videos de gente herida y fotos de funcionarios de la GNB disparando armas de perdigones. Antes, se había posicionado el carácter pacífico de quienes exigían la entrada de la supuesta ayuda humanitaria, básicamente con la difusión de dos imágenes: la de una señora mayor de rodillas y con los brazos extendidos en señal de súplica, con un piquete de la GNB de fondo, y la de un joven ataviado con la bandera venezolana a modo de capa, de brazos abiertos, hablando a menos de dos metros de distancia a un piquete de control de orden público de la GNB. Como en anteriores ocasiones, a esas imágenes le sucedieron las de la violencia ya en desarrollo. A esto se agregó, como elemento legitimador, el video de un supuesto funcionario de la GNB denunciando la activación por órdenes de Maduro de los “colectivos armados” y eque la orden dada fue masacrar al pueblo.

Lo segundo, se armó con fotos y videos confusos e imprecisos de enfrentamientos civiles en las calles de San Antonio y Ureña, acompañados de relatos verbales en los que se condiciona la lectura de las imágenes afirmando, sin que nada en ellas lo pruebe, que se trata de grupos armados chavistas. Además, se difundieron fotos aisladas y descontextualizadas de hombres vestidos de negro y encapuchados, portando en su brazo izquierdo un brazalete con la bandera tricolor venezonala , exhibiendo de forma agresiva armas de fuego a plena luz del día y en la calle.

IV

La línea discursiva para la activación de la etiqueta #Intervención MilitarYa la marcó Juan Guaidó con un twitt en el que informaba su decisión de plantear a la comunidad internacional mantener abiertas todas las opciones contra el gobierno venezolano, apelando a la expresión utilizada por Donald Trump para amenzar militarmente a Venezuela. Además, otros twitts de influencers definieron la línea discursiva. Basten tres ejemplos.

Uno, de Miguel Bosé: “Maduro, pedazo de malnacido, sabíamos que eres incompetente, ignorante, farsante, dictador, marioneta, corrupto, narco, cobarde, criminal, pero ahora ya sabemos que eres el asesino criminal del pueblo venezolano. Que Dios te maldiga y te fulmine. Y pronto!”.

Otro, de Natalia Bedoya, conocida twittera al servicio de Álvaro Uribe e Iván Duque: “¿Los que critican la intervención en Venezuela que proponen? ¿Que sigan muriendo de hambre los venezolanos o que sigan pidiéndole a Maduro que no asesine a los manifestantes?”.

Y otro, de un twittero menor: “El baile del carnicero. Cinismo sin límites. Maduro baila con Cilia mientras niega la ayuda humanitaria y mata al pueblo. Puede este hombre ser racional? No existió tirano en el mundo que baile sobre los muertos como lo hace Nicolás Maduro”.

V

La operación de propaganda desarrolló otros elementos, principalmente dirigidos a moralizar la base social opositora, desmoralizar la base social chavista, y comenzar a instalar en el imaginario de la base social opositora las imágenes de lo que sería el momento victorioso.

En esta línea del relato está lo siguiente:

  • La imagen de Juan Guaidó colgado de la puerta de una gandola supuestamente cargada de “ayuda humanitaria”, rodeado de gente que lo aclama y aplaude.
  • Los videos de los funcionarios de la GNB en el momento de desertar, cruzar la frontera y ser recibidos como héroes por quienes estaban del otro lado
  • Imágenes de policía colombiana llegando heroicamente a proteger a los indefensos manifestantes que supuestamente fueron agredidos por la GNB

En esta línea, merece mención especial el video de una tanqueta de la GNB y un camión de transporte de soldados, avanzando por una calle de Táchira rodeados de gente marchando y cantando el himno nacional. Allí se construyó visualmente el relato de lo que sería el momento en que la FANB se quiebre, desobedezca al presidente Maduro y se coloque del lado del pueblo que lucha por la libertad y la democracia. Tal cosa no ha sido lograda, pero su construcicón visual como contenido de propaganda militar de guerra sí.

Por último, en esta línea discursiva, se agrega un twitt que decía lo siguiente: “Intervención militar llegaría a atacar los sitios estratégicos”, acompañado de un video en que se ven bombas cayendo en puntos súper específicos sin hacer otro daño que la destrucciión precisa de un objetivo. El video es de pruebas militares. Ésa línea fue trabajada también en la campaña previa como parte de los contenidos para inocular la aceptación social de la guerra.

VI

Hay que insistir en señalar que todo lo construido simbólica y discursivamente se logró gracias a la ejecución de operaciones que no pueden calificarse sino como militares mercenarias. La violencia en las calles de San Antonio y Ureña, los supuestos paramilitares chavistas encapuchados y exhibiendo armas de fuego en plana calle y a la luz del día, la violencia en los puentes fronterizos, la quema de las cajas de la supuesta ayuda humanitaria, los costos humanos, las deserciones de funcionarios de la GNB. Todo fue planificado y ejecutado como una operación militar para generar los insumos que sirvieran a los fines propagandísticos.

De cara al día de ayer, se trataba de lograr que se hiciera visible en todo el país, de forma pública, con la gente en la calle, con protestas y/o violencia, el apoyo popular a la intervención militar. Ese objetivo no se logró.

De cara al escenario bélico en contrucción, la propaganda continúa avanzando en la preparación de una porción de la población venezolana que esté a favor de una guerra en Venezuela, y para seguir reforzando internacionalmente la matriz de opinión sobre la necesidad de la intervención militar en Venezuela.

Queda claro que los arquitectos del plan no han logrado el consenso que buscan, ni adentro de Venezuela ni en “la comunidad internacional”. Pero la operación de propaganda se cumplió y se seguirá trabajando su efecto con miras a otros escenarios por venir.

Venezuela: formar filas contra el neoliberalismo disciplinario

Venezuela: formar filas contra el neoliberalismo disciplinario

Reinaldo Iturriza López

I.-
Al escribir estas líneas tengo en mente, principalmente, al contingente de compañeros y compañeras que, por razones diversas, ha renunciado temporalmente al trabajo militante; gente extraordinariamente valiosa que, por ejemplo, ha decidido dedicarse a atender las urgencias de la vida cotidiana, muchas veces porque no le ha quedado más alternativa; gente que ha dejado su trabajo en alguna institución pública, espacio que suele ser muy hostil para cualquier persona con vocación transformadora, por desacuerdo con sus superiores, por lo que evalúa como falta de coherencia entre el discurso y la práctica; gente que ha sido mantenida al margen en las mismas instituciones, pero también en los territorios, porque resulta incómoda, porque se empeña en mantenerse fiel a sus principios; gente que se siente defraudada por el liderazgo político chavista en general, al que considera, entre otras cosas, ajeno al sentir popular; gente que no se siente identificada con un Gobierno que demasiadas veces, a su juicio, anuncia que hará cosas que no hace, y hace cosas sobre las cuales no ofrece ninguna explicación; gente, en fin, que se siente derrotada o que se ha hecho a un lado (o ha sido apartada) porque cree que no tiene sentido pelear batallas que no son las suyas.

A esa gente, bajas de guerra, tenemos que poder hablarles. A esa, nuestra gente, no podemos abandonarla a su suerte.

II.-
Nadie en su sano juicio desea la guerra, pero corren tiempos de suspensión del juicio. La más clara demostración de ello es que, entrevistado el viernes 8 de febrero por AFP, Juan Guaidó “no descartó autorizar una intervención militar de los Estados Unidos o una fuerza extranjera en el país”, según reseñó El Universal (1). Sus palabras textuales fueron: “Haremos todo lo posible. Esto es un tema obviamente muy polémico, pero haciendo uso de nuestra soberanía, el ejercicio de nuestras competencias, haremos lo necesario”, refiriéndose al “eventual uso de sus facultades para autorizar una intervención militar” (2). Al día siguiente, el congresista estadounidense Ro Khanna le respondió que él podía proclamarse líder de Venezuela, pero que no era nadie para autorizar intervenciones militares estadounidenses (3). En descargo de Guaidó, habría que precisar que él no habla como líder de Venezuela, sino como muñeco de ventrílocuo de la política exterior estadounidense.

Guaidó tiene razón cuando habla de “nuestra soberanía”, solo que no se refiere a la soberanía venezolana.

En la tercera y última parte del libro “Una geopolítica del espíritu”, Miguel Ángel Contreras Natera hace un fascinante resumen de la evolución de la doctrina de seguridad y defensa de Estados Unidos desde la Doctrina Carter hasta la “Estrategia de Seguridad Nacional”, pasando por el “Proyecto para un nuevo siglo americano”. Allí se cuenta la historia de un imperio decadente que, en un contexto de crisis general del capitalismo como sistema histórico, y frente a la amenaza que constituye Asia y la posibilidad de que se constituya en centro hegemónico del poder global, reacciona dando al traste con el sistema de relaciones internacionales prevaleciente desde el Tratado de Westfalia, en 1648, que establecía el principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados.

En esencia, la gramática política imperial que se emplea hoy contra Venezuela data del período estudiado por Contreras Natera (1980-2006). Así, por ejemplo, cuando Guaidó afirma que hará “todo lo que sea necesario, todo lo que tengamos que hacer para salvar vidas humanas, para que no sigan muriendo niños” (4), incluso autorizar una intervención militar estadounidense en territorio venezolano, sus palabras son el eco colonial del razonamiento empleado por Michael Walzer para justificar la “guerra justa” contra Irak en 2003.

De igual forma, la caracterización de Venezuela como “un narcoestado sumido en una enorme corrupción y responsable de la brutal represión de sus ciudadanos” (5), empleada sistemáticamente por la vocería oficial estadounidense y replicada entusiastamente por políticos, medios y analistas alineados con sus intereses, obedece a la categorización realizada en 1999 por una institución dependiente de la Secretaría de Defensa, según la cual los Estados se dividen en cuatro grupos, de acuerdo al nivel de estabilidad de sus democracias: estados núcleo (core states), estados en transición (transition states), estados canallas o forajidos (rogue states) y estados fallidos (failed states). En realidad, la clasificación “varía en función de las afinidades que presenten los estados con respecto al modelo de Washington”. Un rogue state como el venezolano “merecería desaparecer como Estado de no-derecho desde el momento en que parece no respetar las prescripciones del derecho internacional”, tal y como éstas son interpretadas por “los estados supuestamente legítimos y respetuosos de las leyes, es decir, aquellos que, disponiendo de la mayor fuerza, están dispuestos a llamar a los estados canallas al orden o hacerlos entrar en razón, si fuera necesario recurriendo a una intervención armada – punitiva o preventiva” (6).

Así, tenemos a los estados, y la posibilidad de la “guerra justa” de unos estados (Estados Unidos y sus aliados) contra otros (estados canallas), pero algo falta. Guerra, moneda y Estado son las fuerzas constituyentes del capitalismo, apuntan Éric Alliez y Maurizio Lazzarato (7). Falta el mercado. Esta taxonomía imperial referida a los estados es funcional a los propósitos del “neoliberalismo disciplinario”, como lo define Contreras Natera: “La libertad propuesta por los portavoces del neoliberalismo disciplinario – en tanto ideología y técnica de gobierno – debe ser comprendida en el marco de las mutaciones y transformaciones actuales de la globalización. La libertad remite al respeto irrestricto a cierta mecánica natural […] intrínseca de los procesos económicos antes que al reconocimiento de libertades individuales”. Libertad es, antes que cualquier otra cosa, libre mercado, y éste es asumido como principio moral. Guiado por este principio, en el acto de intervenir militarmente en algún Estado canalla, Estados Unidos no está haciendo otra cosa que velar porque el libre mercado “no se vea obstruido por intervención gubernamental alguna. La necesidad de mercantilizar cada espacio de la vida […] se inscribe dentro de la visión de disciplinar los cuerpos y pueblos para aumentar la productividad. Estar en contra de Estados Unidos, en éste y otros muchos aspectos, es estar en contra de la libertad” (8).

En otras palabras, “una sociedad es democrática siempre y cuando se pronuncie contra el intervencionismo del Estado y a favor del mercado”. Si esto no es así, entonces “es preciso defender el mercado tanto política como militarmente”. El objetivo es “extender el mundo gobernado por el puro intercambio de mercancías, extender las relaciones mediadas por el dinero como la forma natural y única de las relaciones humanas”, lo que supone, en términos geopolíticos, que una parte del mundo domina la economía de la otra parte. El destino de los estados canallas, susceptibles de intervención militar, es ajustarse “internamente para que puedan mantener el servicio de sus deudas con el régimen Dólar-Wall Street. Los vínculos con este régimen suponen la subordinación de los estados en tanto orden imperial-colonial a las turbulencias del sistema financiero internacional” (9).

Lo que hace el neoliberalismo disciplinario es “re-escribir la economía de mercado como una pulsión de fuerzas naturales y ocultar con ello a las instituciones, los individuos, los actores globales y locales que motorizan el capitalismo global”. Pero no es solo “un proceso de reescritura político e ideológico”. Es fundamentalmente “un programa de control deliberado de las fuentes energéticas del Tercer Mundo”, lo que se expresa como “la profundización de los niveles de desigualdad, una extracción intensificada, una renovada acumulación primitiva y el despliegue de mecanismos de sujeción por medio de deudas, vigilancias y coerción crecientes a escala mundial” (10).

El problema, advierte Contreras Natera, es que “este etnocentrismo imperial, con sus inescrupulosas y sofisticadas defensas en el plano jurídico de la guerra justa, está quebrantando la institucionalidad internacional y, simultáneamente, con sus conjuntos de políticas de seguridad y defensa, socavando los procesos de reproducción de la vida en el planeta”. Asistido por la razón del más fuerte, arrogándose el derecho de ejercer su unilateralidad soberana, vulnera la soberanía de los llamados estados canallas. Un cuadro tal supone una peligrosa paradoja: “los estados que están en la situación de hacer la guerra a los rogue state son ellos mismos, en su más legítima soberanía, unos rogue state. Por consiguiente, dentro de la lógica autorizada y legitimada de los rogue state, ya solo hay estados canallas y ya no hay ningún Estado canalla” (11).

Suspendido el orden jurídico vigente, solo queda el estado de excepción permanente: “El caso de excepción decisivo políticamente es la guerra que, justamente, en tanto caso de excepción, también es el parámetro y, por consiguiente, aquello que no puede ser medido por otra cosa. Ante un caso excepcional, el Estado imperial estadounidense suspende el derecho por virtud del derecho a la propia conservación”. Siguiendo a Carl Schmitt, afirma Contreras Natera: “quien ostenta el poder de suspender el ordenamiento jurídico y, eventualmente, instaurar un orden legitimado basado en ese poder realmente ostentado, es el soberano” (12).

Es en nombre de la soberanía del Estado imperial estadounidense que habla Juan Guaidó. Y es en su nombre que se pone al servicio de una intervención militar en Venezuela. No en nuestro nombre.

III.-
El tratamiento de Venezuela como Estado canalla, la política de estrangulamiento de la economía nacional promovida y practicada por Estados Unidos, la farsa de la “ayuda humanitaria”, la amenaza de intervención militar, un “Plan País” neoliberal que supuestamente contiene “las claves que liberarán las fuerzas productivas de la nación” (13), y que se refiere a Venezuela como Estado fallido: todo esto sucede porque vivimos en un estado de excepción permanente a escala global, en el que, para resumir una idea expuesta por Michel Löwy, lo excepcional es la democracia (14).

Por eso resulta realmente desconcertante el contenido de una declaración suscrita por intelectuales y académicos como Edgardo Lander, Antonio Negri, Boaventura de Sousa Santos, entre otros, según el cual Nicolás Maduro “ha gobernado al margen de la Constitución, aplicando un estado de excepción permanente” (15).

Con todo y la presencia en el Gobierno venezolano de elementos autoritarios, corruptos y más bien propensos a favorecer los intereses del capital, lo que por cierto no es ninguna novedad, no puede existir la menor duda de que la democracia bolivariana sigue siendo un caso excepcional que, de hecho, confirma la regla global: el estado de excepción permanente, con el Estado imperial estadounidense autoproclamado como soberano.

El soberano imperial ha declarado la guerra a Venezuela. Cuando, el 9 de marzo de 2015, nos declaró “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior” estadounidense, eran tambores de guerra los que sonaban. Ciertamente, la guerra cabalga sobre nuestro malestar, es decir, sobre nuestros errores, sobre lo que hemos hecho mal, sobre aquello que nos hace débiles. Pero no es por nuestros errores que se nos hace la guerra, sino por nuestros aciertos.

La amenaza es real. Y sí, es inusual y extraordinaria la amenaza a nuestra soberanía nacional. No es un Gobierno lo que estamos defendiendo, sino nuestra existencia como nación soberana. Pocas veces fue tan necesario nuestro trabajo militante. Es preciso romper el aislamiento, juntarnos los comunes, estrechar lazos, reconstruir relaciones, restañar heridas, rehacer vínculos, es decir, ir a contramano de la neoliberalización de la sociedad venezolana, neutralizar sus efectos políticos, formar filas contra el neoliberalismo disciplinario. Es momento de tomar la decisión.

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(1) AFP. Guaidó no descarta autorizar intervención de EEUU en Venezuela “de ser necesario”. El Universal, 8 de febrero de 2019. http://www.eluniversal.com/politica/32653/juan-guaido-no-descarta-autorizar-intervencion-de-eeuu-en-venezuela-de-ser-necesario

(2) Agence France-Presse [@AFPespanol]. (8 de febrero de 2019, 18:18). [Amplía] “Haremos todo lo posible. Esto es un tema obviamente muy polémico, pero haciendo uso de nuestra soberanía, el ejercicio de nuestras competencias, haremos lo necesario”, respondió Guaidó sobre un eventual uso de sus facultades para autorizar una intervención militar #AFP
Recuperado de https://twitter.com/AFPespanol/status/1093997414187524096

(3) Ro Khanna [@RoKhanna]. (9 de febrero de 2019, 14:51). Mr. Guaido, you can proclaim yourself leader of Venezuela but you don’t get to authorize US military interventions. Only the US Congress can do that. We will not.
Recuperado de https://twitter.com/RoKhanna/status/1094307903215988737

(4) AFP. Guaidó no descarta autorizar intervención de EEUU en Venezuela “de ser necesario”. El Universal, 8 de febrero de 2019. http://www.eluniversal.com/politica/32653/juan-guaido-no-descarta-autorizar-intervencion-de-eeuu-en-venezuela-de-ser-necesario

(5) Emili J. Blasco. Trump eleva a Venezuela a la categoría de «Estado canalla». ABC, 27 de septiembre de 2017. https://www.abc.es/internacional/abci-trump-eleva-venezuela-categoria-rogue-state-201709260104_noticia.html

(6) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Caracas, Venezuela. 2011 Págs. 262-263.

(7) Éric Alliez y Maurizio Lazzarato. Wars and Capital. Semiotext(e). 2016. Pág. 15.

(8) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 266.

(9) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 267-269.

(10) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 270.

(11) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 298.

(12) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 304.

(13) Plan País: la Venezuela que viene. Págs. 4, 42.
Puede descargarse en: https://www.elinformador.com.ve/2019/01/31/descargue-aqui-el-plan-pais-lo-que-viene-para-venezuela/

(14) Daniel Garroux y Gabriel Zacarías. “El estado de excepción es constante. Lo excepcional es la democracia”. Entrevista a Michel Löwy. Viento Sur, 23 de julio de 2016. https://vientosur.info/spip.php?article11548

(15) Declaración: Por una solución democrática, desde y para el pueblo venezolano. Viento Sur, 2 de febrero de 2019. https://vientosur.info/spip.php?article14573

Tomado de https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2019/02/13/venezuela-formar-filas-contra-el-neoliberalismo-disciplinario/

La frontera, una puerta que hoy no cede

La frontera, una puerta que hoy no cede

 

Por el puente Simón Bolívar pasan cerca de 30 mil personas diarias, de las cuales 2 mil sellan pasaporte. 


Imagen: Gentileza Marcos Salgado

 

Desde Táchira

Las cámaras apuntan a la frontera entre Venezuela y Colombia. El set montado la presenta como una puerta que estaría por ceder. Todo parece listo, faltaría que llegue el día indicado que, a seguir declaraciones de presidentes, títulos de noticieros, estaría por ocurrir. La narrativa de la inminencia es central desde que Juan Guaidó se autoproclamó presidente: inminente caída de Nicolás Maduro, inminente gobierno de transición y resolución de todos los problemas de Venezuela.

Las imágenes al llegar a la frontera son otras. En particular en el punto que se ha construido como zona crítica: los municipios Simón Bolívar y Ureña, en el estado Táchira, frente a la ciudad de Cúcuta, Colombia. Allí debería verse un territorio conmocionado, militarizado del lado venezolano y transformado en un acopio masivo de ayuda humanitaria del lado colombiano. La realidad es diferente, una superposición de normalidad de una de las fronteras más complejas del continente, y el clima de un escenario en construcción.

Comprender las dinámicas de frontera demanda cruzar algunas variables. En primer lugar, la conformación histórica de ese territorio como zona de comercio binacional, marcado en las direcciones de compra-venta según la relación entre el bolívar venezolano y el peso colombiano. En segundo lugar, la puesta en marcha desde el año 2013 –con señales anteriores– del contrabando de extracción como parte de un plan de desangre de la economía venezolana. En tercer lugar, la presencia de actores claves al mando de las operaciones del contrabando, como grupos paramilitares. En cuarto lugar, los tres puntos anteriores dentro del cuadro económico actual. Las variables se cruzan y retroalimentan.

Dentro de esa geografía las cámaras se enfocan sobre dos cruces, el puente Las Tienditas, y el puente Simón Bolívar. El primero fue tapa de periódicos por los conteiners puestos del lado venezolano, presentados como un cierre del paso. Ese puente nunca estuvo abierto. Su construcción fue por iniciativa venezolana, saboteado en su concreción por las políticas colombianas que apuestan a magnificar el contrabando ilegal de gasolina en vez de ordenar un sistema de precios acordados entre ambos países en las gasolineras fronterizas.

La cuestión de la gasolina es clave para comprender la frontera: un litro del lado colombiano cuesta cerca de 60 centavos de dólares, mientras que del lado venezolano el tanque completo no cuesta un dólar. Esa gasolina contrabandeada permite abastecer las zonas fronterizas colombianas empobrecidas, a la empresa colombiana Ecopetrol destinar el combustible a otros sitios, a los paramilitares amasar millones, y a quienes manejan el control de la cocaína –paramilitares y carteles– contar con gasolina económica para su procesamiento. El gobierno colombiano ha autorizado por ley el contrabando de gasolina.

El segundo puente enfocado es el Simón Bolívar. Abierto de 6 a 21 al paso de peatones, y de 21 a 12 al paso de gandolas (camiones). Por allí pasan cerca de 30 mil personas diarias, de las cuales cerca de 2 mil sellan pasaporte, es decir que las demás van y vienen en el mismo día. Tiene una ventaja cinematográfica: es angosto, por lo cual puede generarse una gran cola de gente con solo frenar el paso unos minutos. Es lo que hacen las autoridades colombianas cuando la campaña mediática requiere fotografías que muestren masividad. De lo contrario el tránsito de personas es grande y fluido.

El ida y venida es comercial y familiar. Del lado colombiano se consiguen determinados productos a precios más económicos que en Venezuela, por lo que mucha gente cruza a comprarlos, para consumo personal o para revenderlos más caro del lado venezolano. Otros productos, regulados o subsidiados, son más baratos del lado venezolano, por lo que la dirección es la opuesta. Se trata de una economía de miles de personas de la frontera, de otros estados del país –como gente venida de Barinas o Barquisimeto– ampliada por las dificultades económicas que se deben a la combinación del bloqueo financiero, el ataque sobre la moneda, la dificultad para detener la hiperinflación, entre otros puntos.

Sobre esa cotidianeidad está en construcción la narrativa humanitaria, la ayuda, la posible intervención. Han hecho de la frontera el set donde se encuentran las grandes agencias de comunicación, voceros de diferentes gobiernos, organizaciones internacionales. El objetivo es mostrarla como el punto crítico por donde cederá la puerta.

Todos saben, por ejemplo, que el puente Las Tienditas nunca estuvo abierto, aunque afirmen que el gobierno venezolano lo bloqueó ante esta situación. En el recorrido que brindó Freddy Bernal, nombrado protector del estado Táchira por Maduro –la gobernadora pertenece a Acción Democrática, de oposición– estuvieron presentes medios colombianos y agencias internacionales. No importa que sepan la verdad del puente, afirman lo contrario, la campaña en marcha para aislar a Venezuela requiere la construcción de una matriz, donde están articulada agencias, funcionarios de gobiernos, organismos, presidentes, ingenierías de redes sociales, entre otros.

En ese contexto la ayuda humanitaria se ha construido como el ariete para derribar la puerta. Con varias particularidades: en primer lugar, que lo que hasta ahora ha llegado es insignificante, dos gandolas, cuando se reparten 40 en una sola jornada de distribución de comida en Táchira a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción. En segundo lugar, que no importa el impacto real que podría tener, sino la construcción del escenario, que será el de mostrar de un lado la ayuda, del otro a población venezolana pidiéndola –para lo cual la derecha movilizará sus fuerzas– y en el medio el gobierno cerrando el paso. Esa es la imagen que, al parecer, buscarán construir.

Dentro de ese cuadro puede generarse hipótesis. Una de ellas es que ese sea el territorio donde la estrategia del asalto pueda construir el elemento detonante, la operación montada para justificar nuevos ataques de mayor potencia. Necesitan elevar el impacto en la opinión pública, conseguir acuerdo en el Senado norteamericano para dejar por escrito que la intervención militar puede ser contemplada, crear conmoción interna.

El escenario parece estar en una excesiva normalidad para los objetivos que se han propuesto alcanzar. Eso se debe a que algunas maniobras no les resultaron, como por ejemplo la detención de García Palomo, quien iba a encabezar una serie de acciones militares en Caracas. Esta semana podría ser la elegida para activar el escenario frontera, sería el punto donde se unirían el frente internacional con el nacional para buscar un quiebre. Por el momento la superficie continúa calma.

Tomado de https://www.pagina12.com.ar/174244-la-frontera-una-puerta-que-hoy-no-cede

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