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La burguesía nacional, el modelo económico alternativo y el proyecto histórico

La burguesía nacional, el modelo económico alternativo y el proyecto histórico

La reflexión necesaria

Gerónimo Paz

Recientemente se ha planteado un debate sumamente importante y necesario que puede contribuir al encuentro de coordenadas para construir respuestas al complejo cuadro actual de la Revolución Bolivariana. Nos referimos al debate abierto por el ministro Castro Soteldo sobre la necesidad de ir a la construcción de una burguesía revolucionaria que motorice, según sus palabras, el desarrollo económico y la liberación nacional. Decimos puede contribuir y no ahogarse en un laberinto teórico estéril si se aterriza y se ubica en nuestros tiempos históricos, se incorpora un balance sobre las experiencias socialistas y progresistas que existen y han existido, pero además se hace en función de un esfuerzo concreto, es decir, que combine la reflexión filosófica y teórica con esfuerzos prácticos para adelantar una alternativa al capital.

Desde nuestra perspectiva el debate grueso pasa por definir y consensuar con la sociedad venezolana un modelo económico productivo que apunte a profundizar y ampliar las bases del horizonte trasformador abierto por la Revolución Bolivariana, que mantenga la perspectiva humanista, democrática radical y de liberación social, y que debe necesariamente estar anclado y en correspondencia con las condiciones y posibilidades que devienen de las circunstancias históricas en las que debe construirse. Por eso el debate debe hacerse en unas condiciones históricas, políticas, económicas y sociales concretas, no desde lo abstracto, de lo filosófico, pues como dijo un amigo mío, en el mundo de los modelos teóricos todo es perfecto; con base en una experiencia histórica hartamente aleccionadora sobre modelos y experimentos que ciertamente no funcionaron, por múltiples causas y factores, y que hoy no pueden seguir siendo marcos de referencia más que para saber lo que no se debe hacer en la construcción de una alternativa trasformadora.

No hay desafío más grande para quienes seguimos soñando y luchando por un mundo distinto que atrevernos a aceptar que los marcos teóricos, filosóficos y hasta programáticos sobre los que fundamos los proyectos anticapitalistas fracasaron y, desde esta certeza, reconstruir incluso epistemológicamente el sistema de ideas y planteamientos para construir una nueva forma de concebir e imaginar un mundo más allá de esto que llamamos capitalismo. Decimos esto porque los recursos y herramientas teóricas con las que se ha abordado el debate tiene mucho de una perspectiva reflexiva que creemos sirve poco para poder resolverlo desde el punto de vista de una utilidad concreta para los desafíos concretos, para la tarea concreta que es lo que le daría sentido al mismo.

Este debate puede abordarse desde tres posturas ideológicas, principalmente. En primer lugar, desde el dogmatismo puritano que tiene como expresión un falso radicalismo, casi siempre inconsecuente incluso con sus dogmas pues hacen poco para llevarlos a la practicas. Son los que piensan que de aquí al socialismo puro hay un pasito y que solo es un problema de claridad ideológica y voluntad de la dirección política, que, expropiando los medios de producción, estatizando la banca, eliminado la propiedad privada de un solo plumazo resolveríamos el problema. La cuestión de la revolución se reduce a un conjunto de medidas que hay que tomar y ya. Para estos es un verdadero sacrilegio hablar lo manifestado por Castro Soteldo.

En segundo lugar, desde un pragmatismo rapaz, oportunista, vacío de contenidos de fondo, que es la ideología, por decirlo así, de quienes se han aprovechado de los espacios de poder para enriquecerse y que, convertidos en una clase económica emergente, ven en una eventual radicalización socialista a la vieja usanza de la revolución el riesgo de sus intereses y privilegios. Son los falsos chavistas, no creen ni en socialismo ni en democracia, ni el mercado, ni en liberalismo, en nada, solo atienden a los que les conviene. Son la continuación de la forma parasitaria de acumulación mediante la apropiación de la renta nacional a través de la corrupción principalmente.

Y en tercer lugar, desde el realismo revolucionario, ver el necesario cambio de paradigma económico social con sentido del momento histórico, pero con perspectiva de un horizonte de esperanza hacia un mundo más humano, ético y democrático. El realismo revolucionario significa entender que el proceso de trasformación será gradual y para que sea progresivo y continuo es fundamental dos cosas: en primer lugar, la emergencia de un liderazgo radicalmente ético y democrático fundido con los propósitos más altos del pueblo y de la patria; en segundo lugar, construir y sostener una mayoría nacional bajo un concenso social sobre el tipo de sociedad a construir, una sociedad humanista y profundamente democrática en la cual se cuestione los contenidos antagónicos que supone el capitalismo para estos propósitos. Es la hegemonía del humanismo, de la democracia revolucionaria, de la economía humanista como marcos programáticos del nuevo proyecto histórico. Esto es la esencia del pensamiento chavista en lo ideológico y en lo estratégico.

El horizonte temporal de los cambios hacia ese mundo humanista y radicalmente democrático es infinito y por lo tanto difícil de definir. Lo cierto es que, dado un conjunto de factores y variables, por mucho tiempo éste transitará en el marco del mismo capitalismo y en esas condiciones los procesos transformadores tendrán que ir arrebatando conquistas en todos los órdenes de la vida social a las fuerzas del capitalismo en una dinámica que, como estamos viendo en el último decenio en América Latina con el ciclo de gobiernos progresistas, será de avances, retrocesos y estancamiento. Será, como dice García Linera, una disputa permanente. Visto así, eso que llamamos socialismo es un horizonte utópico, pero esa utopía tendrá que ser uno de los pilares sobre los que se asienta la ética del nuevo liderazgo trasformador, o vanguardia, como prefieran, lo que será la garantía de que no se sucumba ni al pragmatismo soez ni a un reformismo sin perspectiva histórica de los cambios y sin visión estratégica lejana.

 

Este somero marco reflexivo nos permite aterrizar el debate. La cuestión, como decíamos al principio, es concebir y desarrollar un modelo económico alineado a esta perspectiva trasformadora. Ya Chávez lo definió con meridiana claridad antes que más nadie. Chávez, consciente de las limitaciones que imponía su tiempo histórico, propuso una modelo de economía mixta humanista y productiva para la superación del agotado sistema rentista parasitario. Por eso no entendemos mucho cómo algunos marxistas que se dicen chavistas peguen el grito al cielo cuando escuchan a Castro Soteldo hablar sobre la necesidad de una burguesía nacional revolucionaria. A propósito, para complicar más aun el debate, valdría la pena la pregunta: ¿Que significa ser revolucionario en estos tiempos? Ya tenemos más de 160 años del manifiesto comunista y un siglo desde la primera revolución que se planteó el socialismo como fin, algo debe haber cambiado el mundo desde entonces, solo que muchos no se han percatado.

El modelo de economía mixto propuesto por Chávez supone un Estado Democrático y Radicalmente Ético que administra los sectores estratégicos de la economía para garantizar el bien supremo de la sociedad, una economía social en sus más diversas expresiones, y un sector privado al cual hay que garantizar igualmente sus derechos y garantías para que cumpla su papel dentro del proceso de desarrollo nacional. Si esto es así, si esto es lo que Chávez definió, pero además tiene un gran sentido de realismo histórico, solo el dogmatismo y la falta de visión estratégica puede ver esto como una blasfemia. Por tanto, ningún chavista debería estar alarmado por el planteamiento hecho. El sector privado, como se entiende, tiene un papel concreto qué jugar en la construcción de este modelo económico humanista que es lo que esta planteado como objetivo estratégico por un buen rato. Por eso no es una travesura ideológica plantear la construcción de un sector privado productivo, patriota y humanista. Toda vez que esto es una necesidad objetiva nos guste o no y, si partimos que la vanguardia de la sociedad en trasformación, tendrá un liderazgo revolucionario que junto a una mayoría nacional sostiene un proyecto histórico y dirige el Estado, pues es lógico que se trabaje porque el sector privado de la economía tenga un carácter progresista, productivo y comprometido con los más altos intereses del país. Lo contrario, como de alguna manera ha pasado, es dejarlo servido en bandeja de plata a la propaganda enemiga, a los sectores neoliberales que los encandilan y manipulan con sus argumentos anticomunistas.

 

Claro que se necesita un sector productivo con sentido nacional, innovador, audaz, que contribuya a desarrollar el mercado interno, con ética productiva. Este es un sector que, al igual que el trabajador, el campesino, el comunero, etc., la revolución debe entender como parte de los sujetos políticos y persuadirlo a formar parte del proyecto humanista nacional, porque en pleno proceso de expansión del capitalismo financiero parasitario que promueve el neoliberalismo sólo un proyecto como el chavista les garantiza sus aspiraciones e intereses. Pero hasta ahora no hemos sido eficaces en demostrarles esto, se han cometido errores de carácter vanguardista y hasta voluntarista. Ese sector se ha sentido acorralado, perseguido y no convocado. No es verdad que todo empresario es un pillo, un acaparador, un bicho sin alma. Conocemos gente en ese sector con verdadera vocación productiva y con mejores valores éticos que muchos chavistas confesos. No se puede despachar la tarea estratégica de un sector productivo privado con sentido nacional y patriótico, tan estratégico como construir el sector social o el Estadal de la economía con el manido argumento de que son explotadores, especuladores, etc. Es una tarea que corresponde con las condiciones históricas actuales salvo que se crea y se piense que estamos a un tris de construir el comunismo.

 

Particular interés debe tener el sector de la pequeña y mediana empresa, las empresas familiares, los emprendimientos. En Alemania, por ejemplo, las ‘mittelstand’, o pequeñas y medianas empresas, ocupan el 60% de la población activa. El concepto ‘mittelstand’ engloba empresas que cuentan con hasta 500 empleados y cuyas ventas anuales no superan los 50 millones de euros. Actualmente, los fabricantes del sector están ampliando sus mercados en China y los países de Asia y América Latina. Cuba está construyendo su propio sector privado con la política de cuentapropistas en el marco de su plan de actualización de su modelo económico y social. En esto coincidimos con el profesor Earle Herrera cuando dice que la Cuba que debemos imitar no es la Cuba de los años 60 si no la Cuba actual en la forma de entender las condiciones históricas reales y actuar en consecuencia con realismo revolucionario.

No se trata de viejos clichés izquierdistas como reformismo, o revisionismo. No nos interesa esos debates para nosotros caducados y para los efectos prácticos de las luchas trasformadoras estériles. El marxismo no es la luz del mundo, el marxismo es solo una ventana más para comprender la realidad, para objetivizarla. Si no transcendemos de los marcos marxistas e incorporamos otras perspectivas de análisis en el esfuerzo de repensar la alternativa trasformadora vamos ineludiblemente a seguir dando tumbos sin encontrar respuestas gruesas a preguntas gruesas que nos impone la lucha por una alternativa al capitalismo. Otra cosa es entender que el sector privado tiene un papel o está llamado a ser la vanguardia de la liberación nacional, pues la vanguardia para la superación de las dependencias que coartan nuestra soberanía e independencia será tarea de un amplio abanico plural de sectores sociales, entre lo que caben estos sectores con los cuales las fuerzas democráticas y trasformadoras en el marco de la democracia revolucionaria tendremos que disputar el liderazgo de la sociedad.

Para finalizar, el debate tiene que ver también con una cuestión clave para los proyectos alternativos al capitalismo, es la cuestión de la libertad en una democracia radical con horizonte socialista. Si aceptamos que el propósito ultimo del socialismo es la libertad plena del ser humano y aceptamos que en socialismo estén garantizados los derechos de las mujeres, de los niños, de la diversidad sexual, que quien quiera pueda, eso sí, aportando a la sociedad, hacer lo que mejore le parezca, puede ser cura, ingeniero, maestro, albañil, agricultor, político etc. ¿Por qué alguien en el ejercicio de su libertad y siempre bajo las normas que garantizan el bien común no puede decidir ser empresario en socialismo? Son estos los temas que merecen ser debatidos más allá de la prestablecidas verdades y certezas de una izquierda que, aunque duela decirlo y lo decimos con respeto: fracasó.

 

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Carta a Chicha

Carta a Chicha

Tenía cuatro años cuando te conocí. Era un día de París, estabas con las Abuelas, buscaban. Llevabas la imagen de Clara Anahí, de cada nieto, cada nieta, nuestra historia. Ya habías recorrido el mundo, entrado a las puertas de los infiernos para encontrarla, conocido gente hermosa que te quiso, te admiró, por lo inmensa, por lo sencilla, como ese caramelo que le regalaste a Cortázar sin conocerlo porque tosía. No recuerdo ese día de París. Me lo cuenta mi padre, era en la rue Pernety, donde nos criamos con mis hermanos. La distancia con que nací entraba en el nombre que llevabas bordado en el pañuelo blanco.

Treinta años después nos vimos por última vez. Fue en tu casa de La Plata, en enero. Entré a tu habitación, tomaste mate cocido, me preguntaste por Venezuela, desde donde te escribo hoy -llueve desde que amanecí, caen goteras en mi habitación, en mis dedos, en mis palabras, en la manera de decir tu nombre. Tu hermano se enamoró de esta tierra, siempre me lo contabas. Te pregunté lo que siempre te pregunto desde que entré una tarde de invierno a tu casa en el 2004. Ese día me acerqué y te pedí que me contaras. Nos sentamos, me contestaste todo lo que te preguntaba. Había algo que viene de muy lejos en tu forma de abrazarme, de buscar en mi algo de ellas, de Diana, de Clara Anahí. Dejaba que me miraras, encontraras en mí todo lo que quisieras encontrar.

Tu casa siempre estuvo abierta para quien quiso acercarse a conocer, a investigar, a leerte, a ayudarte con lo que pudiera para los juicios, para encontrar a Clara, a cada nieta, cada nieto. Por eso tanta gente sabía donde vivías, te iba a visitar, a quererte.

La historia no sería la misma sin vos. Ni la verdad, ni la memoria, ni la justicia, Diana, Posky, ni la casa de los conejos, de la resistencia, donde crece un limonero que dice que la vida vuelve, que las risas ganan, que no pudieron. Hiciste inmensidades, un cielo en cada mano, en el bastón que acompañó tus últimos pasos, en la sonrisa de cada reencuentro.

El agua cae Chicha. Tengo tu nombre en un lugar hondo y silencioso desde que amanecí. Junto al tuyo el de Clara Anahí, la injusticia, esa misma que sentí el día en que partió Kewpie, su otra abuela, mi abuela, que tanto querías. Ya no tendrá abuelos ni abuelas para abrazar cuando la encontremos. Porque lo haremos, o será ella quien nos encuentre. Le diremos lo tanto, tu belleza, tu tristeza, la verdad que le enseñaste al mundo, ese mundo que hoy está más solo.

Sé que miles seguirán tu ejemplo, ya lo hacen. Abrirán la casa, contarán la historia, pronunciarán los nombres que amaste, mostrarán las fotos que observaste tantas horas, dirán Chicha como quien habla de alguien que brilla y da la vida. Así lo haré. Gracias. Infinitamente gracias. Por haber sido, por habernos hecho mejor. Hablo por mí, hablo por muchos, por muchas. No descansaré hasta abrazar a Clara Anahí. Ese día estarás vos, en el centro de todo estarás vos, y Diana, y Posky, y los compañeros, las compañeras, y mis hermanos, mis padres, mis abuelos, mis tíos, mis primos, cada persona que te quiso. Estará todo lo que no pudieron robarnos porque a pesar de tanto vencimos, gracias a vos vencimos, podremos vencer.

 

Marco Teruggi

Los malos ejemplos: la crisis ética del chavismo

Los malos ejemplos: la crisis ética del chavismo

Melquíades Iguarán

En Venezuela hay dos polos políticos bien definidos, los que simpatizan con el chavismo y los que simpatizan o tienden a votar con la oposición de derecha (antes agrupada en la MUD).

En el medio está un valle que se está alimentando del desconcierto, de la confusión, de la desesperanza, de la decepción.

Cada vez más la trama política se concentra en la élite de esos dos polos, en el lado de la MUD reina aparentemente las luchas por el liderazgo y por la imposición de estrategia. Por el lado del chavismo, en la cúpula está el Gobierno donde tratan de convivir los grupos de poder y de influencia; son un batiburrillo donde las diferentes tribus saben que mantener la unidad es vital, pero también saben que no deben quedarse dormidos porque el virus del canibalismo avanza rápidamente.

En ambos polos sus bases populares están cada vez más descontentas. Ese descontento erosiona el apoyo a las cúpulas. Las bases opositoras, especialmente las clases medias altas, ya no sólo se burlan de Maduro y lo chavistas, sino que se refieren a Radonsky, a Leopoldo, a Maria Corina y a los demás dirigentes como incapaces de superar sus ambiciones personales y sus limitaciones intelectuales.

Ellos (ricos, clases medias altas y bajas) saben que lo que le están disputando al chavismo no es el derecho a gobernar democráticamente, sino a volver a disfrutar los privilegios de quienes se creen predestinados a mandar en este país. Ellos son los únicos que, históricamente, deben ejercer el poder, bien sea para mantener su “the american dream”, bien sea para abusar de ese poder y enriquecerse a partir de él. Repiten en su mente ¿Cómo es posible que estos negros chavistas nos hayan quitado esa silla durante esto 15 años?

El que se va a Sevilla pierde su silla.

En el lado chavista, el descontento va creciendo a ritmo de epidemia. La crítica es abierta o encapillada[i], temiendo que lo acusen de contrarrevolucionario, traidor, ultraizquierdista, partidario de Giordani, hijo malagradecido…

Este malestar, de las bases chavistas, se alimenta de dos fuentes: 1) Primero, la situación económica, y la creciente presencia de un discurso bipolar en el alto mando. Donde, por un lado, se ataca a la burguesía pero, por otro lado, se negocian aumentos de precios con los grupos económicos; por un lado se habla de guerra económica y por el otro la Conferencia de Paz sirve para que la burguesía y demás especuladores actúen impunemente acaparando, especulando con los dólares petroleros, exportando ilegalmente hacia Colombia un equivalente que cubre el consumo de 10 departamentos de nuestra hermana República; por un lado se critica al Fondo Monetario Internacional, al imperialismo y por otro, se negocia con trasnacionales de la energía, con Goldman Sachs, se tolera la actuación de la banca privada nacional en la especulación cambiaria y la impune exportación de dólares (fuga de divisas).

2) La segunda fuente que alimenta este malestar en el chavismo, es un secreto a voces: los malos ejemplos de una casta corrupta que se aprovecha del ejercicio del poder para generar un proceso acelerado de acumulación originaria sobre la base de las diferentes formas de corrupción: el desfalco, del peculado de uso, de la malversación de fondos, el tráfico de influencia, el control de puestos claves en la banca y los seguros, el negocio de importar productos de mala calidad para ganar comisiones en dólares, el negocio de manejar la distribución de dólares, el negocio de la importación de medicinas, la importación de carne, la importación de ganado, del manejo especulativo de los recursos de la banca pública, de la coima que cobran por los contratos de infraestructura…

La cultura de la corrupción se ha convertido en un valor promovido por esta casta privilegiada. Sabú es un local nocturno de la exquisita urbanización caraqueña Las Mercedes, donde es evidente la asistencia de chavistas militares y civiles, muchos de ellos jóvenes bien conectados, hijos, sobrinos, cuñados, amantes de los que controlan la extracción de recursos públicos.

Sus temas de conversación son los negocios ilícitos, las propiedades en Estados Unidos, las avionetas y los yates. En las afueras del local, usted puede contar los choferes y guardaespaldas que esperan aburridos, con sus cortes de pelo militar, a que salgan los “jefes”. Durante casi cuarenta años los adecos y los copeyanos hacían lo mismo en Las Mercedes y sus choferes tenían que esperar pacientemente por los dirigentes del partido, del sindicato, por los altos funcionarios de los ministerios y empresa del Estado.

La presencia de estos funcionarios corruptos en las instituciones públicas es devastadora. Por donde pasan destruyen, desfalcan, deterioran y desmoralizan las instituciones. Son los Atila de la institucionalidad pública, donde pasan no se mantiene una institución en pie. Están desmontando el Estado burgués, sin sustituirlo, dejando unas instituciones con las capacidades disminuidas.

Hay casos donde, creyéndose guapos y apoyados corren a los representes de la Contraloría General de la República. No quieren que nadie los audite, porque de esta forma pueden colocar a amigos y familiares como beneficiarios de jugosos contratos. En nombre la revolución, pasan por encima de las normas y de las formalidades legales. Se creen impunes, y al mismo tiempo saben que tienen que raspar la olla cuanto antes.

Bolívar decía que “el talento sin probidad es un azote”, lo cual es cierto. El problema es que estos personajes además de no ser probos en muchos casos son brutos, incapaces e ineficientes. Inteligentes, en todo caso, para robar. Son lo peor del nuevo rico subdesarrollado, repitiendo además consignas revolucionarias. El cinismo y la doble moral invaden la práctica política. Motivan a que se califique el proceso bolivariano como la revolución de los mediocres, de los ignorantes.

Los funcionarios honestos y capacitados que quedan en la administración pública, tienen que presenciar el triste espectáculo de un autoproclamado revolucionario, que llega con prepotencia, como comisario político, lleno de carencias profesionales y éticas. En muchos casos, cuando asumen un cargo piden chofer, guardaespaldas, buenas oficinas, celulares y putas. Les importa poco saber que el nepotismo es una forma de corrupción, los familiares son colocados en puestos claves sin importar el daño que hacen.

Me cuentan casos insólitos, donde algunos pillos se aprovecharon de la crisis de los “dignificados” que el Gobierno asumió darles refugio en albergues temporales. Los corruptos llegan a la vulgaridad de manejar los contratos de los servicios relacionados con esta situación humanitaria. Inflan los presupuestos de remodelación de los ministerios o instituciones que sirvieron de albergues; controlan la distribución del agua mineral que además la envasan con agua contaminada.

Es común la práctica de los militares que pasaron por BANDES, por FONDEN y por el Ministerio de Finanzas, todos remodelaron las oficinas y colocaron grandes televisores pantalla plana. Ahora están disfrutando verdaderas fortunas en el exterior. De ser unos pobres, lleva-maletines, pasaron a tener caballos finos, grandes propiedades y cuentas bancarias engordadas con la corrupción. Seguramente, para poder disfrutar, junto con sus familias, de esta vida placentera, han llegado a acuerdos con las autoridades imperialistas. Son una vergüenza para los militares bolivarianos, honestos y revolucionarios.

Por supuesto, que por el lado de los civiles hay malos ejemplos. Instituciones que se convierten en mercados de transacciones con el sector privado, con la banca especialmente. No es extraño observar en las instalaciones de algunas instituciones que manejan recursos financieros, la presencia de muchachas “pre-pagos”.

En el Congreso del PSUV este tema no fue tocado. Toda la dirigencia se hace la vista gorda. En la carta de Giordani este punto brilla por su ausencia. Sólo Carlos Lanz tiene las bolas de ponerles nombre y apellidos a los actores, y trata de comprender los vínculos de esta casta maldita con la oligarquía del dinero. El capital financiero infiltró al proceso revolucionario mostrándole cómo se disfrutan las mieles del poder. ven revolucion sin corrupcion

Mientras que la imagen de Chávez queda en el recuerdo del pueblo, la imagen del buen ejemplo. Cada vez más, hace falta que su ejemplo alimente la esperanza de los que creen en la justicia y la honestidad. El socialismo hay que rescatarlo de quienes lo prostituyeron. No dejemos que la patria se pierda en manos de la derecha, de la oligarquía, ni de las castas corruptas que en nombre de la revolución están matando a Bolívar y a Chávez.

Hay que tratar que no gane la desesperanza, hay suficiente gente honesta, capaz y revolucionaria en el seno del pueblo. Los mirones son de palo, no nos quedemos como espectadores, como meros críticos. Rescatemos la dignidad de ser chavista.Ya vendrán nuevos liderazgos y nuevos escenarios.

Chávez Vive, coño, Chávez Vive! Nosotros también.

 

Tomado de www.aporrea.org

¿Y el poder popular para cuándo?

¿Y el poder popular para cuándo?

Martha Lía Grajales Pineda

En medio de la grave crisis que enfrenta el país, algunxs se preguntan sí el horizonte socialista sigue vigente como objetivo estratégico que orienta el discurso y la acción política, tanto de la dirigencia chavista del gobierno como del movimiento popular, o si por el contrario el pragmatismo y sentido común de la economía capitalista se está imponiendo como estrategia, en el mejor de los casos de manera coyuntural, para superar, o por lo menos disminuir, los efectos de lo que estamos viviendo en Venezuela.

En el campo del movimiento popular, en términos mayoritarios pareciera ratificarse, y aún más, profundizarse el horizonte socialista en medio de esta grave crisis. Diversas experiencias como la de la Comuna El Maizal o el Plan Pueblo a Pueblo, por mencionar sólo algunas, vienen demostrando lo económicamente eficiente y políticamente potente que es la construcción del poder popular desde abajo, y cómo su mismo proceso de construcción está generando las condiciones de posibilidad del socialismo como objetivo estratégico.

En la comuna El Maizal el pueblo eligió, de manera autónoma y desde sus propias bases, a sus candidatxs para instancias como la Asamblea Nacional Constituyente, la Alcaldía, los Consejos Municipales. Y a diferencia de lo que viene ocurriendo en el acontecer nacional, en la comuna la participación crece y se extiende en cantidad y calidad. Desde el 2009, fecha en que se constituyó la comuna, su capacidad de producción se ha incrementado, y actualmente producen más de 1000 hectáreas de maíz al año, carne de cochino, leche, además de hortalizas como pimentón, cebollín, pepino, tomate, calabacín, entre otras.

El Plan Pueblo a Pueblo con apenas 270 productorxs libres y asociadxs ha logrado producir de manera autogestionada más de mil toneladas de alimentos durante los últimos tres años, articulando los esfuerzos por el rescate de nuestras semillas nativas, produciendo semillas que limiten la dependencia de lxs productorxs campesinxs a la importación de las mismas, y ha diseñado un sistema de distribución basado en una nueva relación entre el campo y la ciudad, que elimina a los intermediarios de la cadena productiva, y que ha permitido que más de 1.200 familias accedan semanalmente a alimentos de buena calidad con un ahorro superior al 60% respecto a los precios del mercado.

Una y otra vez las bases de la Revolución Bolivariana demuestran que es desde el poder popular como mejor podemos enfrentar y transformar esta crisis, y a su vez parir el socialismo. Es el poder popular construido desde abajo el único camino para parir el socialismo, tal como lo planteo Chávez en innumerables ocasiones:

“El socialismo desde donde tiene que surgir es desde las bases, no se decreta eso; hay que crearlo. Es una creación popular, de las masas, de la nación; es una “creación heroica”, decía Mariategui. Es un parto histórico, no es desde la Presidencia de la República”.

Y si bien no es desde la Presidencia de la República que se decreta el socialismo, en Venezuela también sabemos por experiencia propia lo importante que es tener un gobierno popular que facilite y potencie la construcción de ese poder popular. Y justamente por esto, nos preguntamos si a diferencia de lo que ocurre en el movimiento popular, el Gobierno Nacional, a quien asumimos como nuestro aliado en la construcción del poder popular y por ende de la transición al socialismo, está optando por el pragmatismo y el sentido común de la economía capitalista, en el mejor de los casos de manera coyuntural, para enfrentar la crisis que actualmente vivimos en Venezuela.

Si no es esa la orientación, y se mantiene el horizonte socialista como objetivo estratégico, ¿cómo se explica que, en medio de esta crisis, se priorice un enfoque de cooptación más que la participación y el protagonismo popular? Esto se evidencia, por ejemplo, con la suspensión de las elecciones de los consejos comunales en el año 2016; la designación y no elección popular de lxs vocerxs del CLAP, y de lxs dirigentes en la estructura territorial y nacional del PSUV; así como en la pérdida de centralidad de la construcción del Estado comunal y del fortalecimiento del poder popular en la agenda política nacional.

¿Por qué se ha priorizado el asistencialismo más que la autogestión? Los alimentos subsidiados a través de las cajas de los CLAP, o el otorgamiento de bonos en dinero a través del carné de la patria, son sin duda alguna acciones afirmativas necesarias para disminuir los efectos de la crisis actual en la población más pobre, que es la más afectada. Pero por qué esto se ha convertido en la política bandera de nuestro gobierno revolucionario, mientras tiende a desaparecer aquella otra que permite ir avanzando al poder popular, a lxs pobres, hacia la apuesta estratégica, la autogestión y el autogobierno, también en lo económico, fortaleciendo la propiedad social sobre los medios de producción.

¿Por qué desde nuestro gobierno popular se le apuesta al fortalecimiento del capital privado más que a las formas de producción social? Declaraciones como las ofrecidas por el entonces ministro de Comercio Exterior, José Vielma Mora, durante una reunión con la directiva del Consejo Nacional de Promoción de Inversiones (CONAPRI), el pasado 11 de junio de 2018, dan cuenta de ello de manera contundente: “Nosotros queremos ser altamente productivos y lo vamos a lograr junto al sector privado… Lo digo otra vez: nosotros podemos tener diferencias políticas grandes, e incluso, insalvables, pero el tema comercial es otra cosa”.

¿Es acaso la transición al socialismo conciliable con los acuerdos o con las coexistencias pacíficas con el capital? No lo creo. Mientras sigamos haciendo pactos con el capital, asumiendo que la crisis nos obliga al pragmatismo, el sentido común del capital terminará imponiéndose en todos los ámbitos. En palabras de Mazzeo:

“Uno de los grandes desafíos de la Revolución Bolivariana es eliminar todo campo de connivencia entre el capitalismo privado/estatal y las lógicas corporativas y burocráticas que, desde su interior (y practicando un chavismo “desde arriba”), se aferran a un camino basado en las formas de acumulación de capital parasitarias y a un modelo que poco tiene que ver con el socialismo comunal. Si los capitalistas, o una burocracia que asuma las funciones de una burguesía, conservan en sus manos la propiedad, la gestión y la dirección de las empresas mientras que las clases subalternas y oprimidas siguen relegadas a las tareas de ejecución, esa preeminencia del capital se expresará, inevitablemente, en la política”.

Sólo desde la propiedad social de los medios de producción a través de formas organizativas como las comunas, los consejos comunales, las cooperativas, entre otras, es posible crear el nuevo modelo económico socialista, injertando la propiedad social, el espíritu socialista, a lo largo de toda la cadena productiva: producción, distribución y consumo.

Y para quienes argumentan que apostarle a la economía popular como estrategia central para enfrentar y transformar esta crisis, resulta cuando menos ingenuo, pareciera que lo ingenuo es seguir creyendo que el capital está dispuesto a salvar a alguien más que a sí mismo. Los resultados publicados por Oxfam demuestran que el proceso de concentración de la riqueza en el mundo se ha acelerado en los últimos años:

“Entre marzo de 2016 y marzo de 2017 se produjo el mayor aumento de la historia en el número de personas cuyas fortunas superan los mil millones de dólares, con un nuevo milmillonario cada dos días”(Oxfam, 2018).

El llamado, es entonces, a que este movimiento popular chavista, que ratifica y profundiza el horizonte socialista como única forma de enfrentar y transformar la profunda crisis que atravesamos en Venezuela, se masifique y articule, para construir agendas de lucha colectivas, que nos permitan fortalecer el poder popular, cadenas productivas socialistas, y disputar con la dirigencia política y demás actores, la orientación estratégica de la revolución bolivariana para la transición al socialismo.

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