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Venezuela: formar filas contra el neoliberalismo disciplinario

Venezuela: formar filas contra el neoliberalismo disciplinario

Reinaldo Iturriza López

I.-
Al escribir estas líneas tengo en mente, principalmente, al contingente de compañeros y compañeras que, por razones diversas, ha renunciado temporalmente al trabajo militante; gente extraordinariamente valiosa que, por ejemplo, ha decidido dedicarse a atender las urgencias de la vida cotidiana, muchas veces porque no le ha quedado más alternativa; gente que ha dejado su trabajo en alguna institución pública, espacio que suele ser muy hostil para cualquier persona con vocación transformadora, por desacuerdo con sus superiores, por lo que evalúa como falta de coherencia entre el discurso y la práctica; gente que ha sido mantenida al margen en las mismas instituciones, pero también en los territorios, porque resulta incómoda, porque se empeña en mantenerse fiel a sus principios; gente que se siente defraudada por el liderazgo político chavista en general, al que considera, entre otras cosas, ajeno al sentir popular; gente que no se siente identificada con un Gobierno que demasiadas veces, a su juicio, anuncia que hará cosas que no hace, y hace cosas sobre las cuales no ofrece ninguna explicación; gente, en fin, que se siente derrotada o que se ha hecho a un lado (o ha sido apartada) porque cree que no tiene sentido pelear batallas que no son las suyas.

A esa gente, bajas de guerra, tenemos que poder hablarles. A esa, nuestra gente, no podemos abandonarla a su suerte.

II.-
Nadie en su sano juicio desea la guerra, pero corren tiempos de suspensión del juicio. La más clara demostración de ello es que, entrevistado el viernes 8 de febrero por AFP, Juan Guaidó “no descartó autorizar una intervención militar de los Estados Unidos o una fuerza extranjera en el país”, según reseñó El Universal (1). Sus palabras textuales fueron: “Haremos todo lo posible. Esto es un tema obviamente muy polémico, pero haciendo uso de nuestra soberanía, el ejercicio de nuestras competencias, haremos lo necesario”, refiriéndose al “eventual uso de sus facultades para autorizar una intervención militar” (2). Al día siguiente, el congresista estadounidense Ro Khanna le respondió que él podía proclamarse líder de Venezuela, pero que no era nadie para autorizar intervenciones militares estadounidenses (3). En descargo de Guaidó, habría que precisar que él no habla como líder de Venezuela, sino como muñeco de ventrílocuo de la política exterior estadounidense.

Guaidó tiene razón cuando habla de “nuestra soberanía”, solo que no se refiere a la soberanía venezolana.

En la tercera y última parte del libro “Una geopolítica del espíritu”, Miguel Ángel Contreras Natera hace un fascinante resumen de la evolución de la doctrina de seguridad y defensa de Estados Unidos desde la Doctrina Carter hasta la “Estrategia de Seguridad Nacional”, pasando por el “Proyecto para un nuevo siglo americano”. Allí se cuenta la historia de un imperio decadente que, en un contexto de crisis general del capitalismo como sistema histórico, y frente a la amenaza que constituye Asia y la posibilidad de que se constituya en centro hegemónico del poder global, reacciona dando al traste con el sistema de relaciones internacionales prevaleciente desde el Tratado de Westfalia, en 1648, que establecía el principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados.

En esencia, la gramática política imperial que se emplea hoy contra Venezuela data del período estudiado por Contreras Natera (1980-2006). Así, por ejemplo, cuando Guaidó afirma que hará “todo lo que sea necesario, todo lo que tengamos que hacer para salvar vidas humanas, para que no sigan muriendo niños” (4), incluso autorizar una intervención militar estadounidense en territorio venezolano, sus palabras son el eco colonial del razonamiento empleado por Michael Walzer para justificar la “guerra justa” contra Irak en 2003.

De igual forma, la caracterización de Venezuela como “un narcoestado sumido en una enorme corrupción y responsable de la brutal represión de sus ciudadanos” (5), empleada sistemáticamente por la vocería oficial estadounidense y replicada entusiastamente por políticos, medios y analistas alineados con sus intereses, obedece a la categorización realizada en 1999 por una institución dependiente de la Secretaría de Defensa, según la cual los Estados se dividen en cuatro grupos, de acuerdo al nivel de estabilidad de sus democracias: estados núcleo (core states), estados en transición (transition states), estados canallas o forajidos (rogue states) y estados fallidos (failed states). En realidad, la clasificación “varía en función de las afinidades que presenten los estados con respecto al modelo de Washington”. Un rogue state como el venezolano “merecería desaparecer como Estado de no-derecho desde el momento en que parece no respetar las prescripciones del derecho internacional”, tal y como éstas son interpretadas por “los estados supuestamente legítimos y respetuosos de las leyes, es decir, aquellos que, disponiendo de la mayor fuerza, están dispuestos a llamar a los estados canallas al orden o hacerlos entrar en razón, si fuera necesario recurriendo a una intervención armada – punitiva o preventiva” (6).

Así, tenemos a los estados, y la posibilidad de la “guerra justa” de unos estados (Estados Unidos y sus aliados) contra otros (estados canallas), pero algo falta. Guerra, moneda y Estado son las fuerzas constituyentes del capitalismo, apuntan Éric Alliez y Maurizio Lazzarato (7). Falta el mercado. Esta taxonomía imperial referida a los estados es funcional a los propósitos del “neoliberalismo disciplinario”, como lo define Contreras Natera: “La libertad propuesta por los portavoces del neoliberalismo disciplinario – en tanto ideología y técnica de gobierno – debe ser comprendida en el marco de las mutaciones y transformaciones actuales de la globalización. La libertad remite al respeto irrestricto a cierta mecánica natural […] intrínseca de los procesos económicos antes que al reconocimiento de libertades individuales”. Libertad es, antes que cualquier otra cosa, libre mercado, y éste es asumido como principio moral. Guiado por este principio, en el acto de intervenir militarmente en algún Estado canalla, Estados Unidos no está haciendo otra cosa que velar porque el libre mercado “no se vea obstruido por intervención gubernamental alguna. La necesidad de mercantilizar cada espacio de la vida […] se inscribe dentro de la visión de disciplinar los cuerpos y pueblos para aumentar la productividad. Estar en contra de Estados Unidos, en éste y otros muchos aspectos, es estar en contra de la libertad” (8).

En otras palabras, “una sociedad es democrática siempre y cuando se pronuncie contra el intervencionismo del Estado y a favor del mercado”. Si esto no es así, entonces “es preciso defender el mercado tanto política como militarmente”. El objetivo es “extender el mundo gobernado por el puro intercambio de mercancías, extender las relaciones mediadas por el dinero como la forma natural y única de las relaciones humanas”, lo que supone, en términos geopolíticos, que una parte del mundo domina la economía de la otra parte. El destino de los estados canallas, susceptibles de intervención militar, es ajustarse “internamente para que puedan mantener el servicio de sus deudas con el régimen Dólar-Wall Street. Los vínculos con este régimen suponen la subordinación de los estados en tanto orden imperial-colonial a las turbulencias del sistema financiero internacional” (9).

Lo que hace el neoliberalismo disciplinario es “re-escribir la economía de mercado como una pulsión de fuerzas naturales y ocultar con ello a las instituciones, los individuos, los actores globales y locales que motorizan el capitalismo global”. Pero no es solo “un proceso de reescritura político e ideológico”. Es fundamentalmente “un programa de control deliberado de las fuentes energéticas del Tercer Mundo”, lo que se expresa como “la profundización de los niveles de desigualdad, una extracción intensificada, una renovada acumulación primitiva y el despliegue de mecanismos de sujeción por medio de deudas, vigilancias y coerción crecientes a escala mundial” (10).

El problema, advierte Contreras Natera, es que “este etnocentrismo imperial, con sus inescrupulosas y sofisticadas defensas en el plano jurídico de la guerra justa, está quebrantando la institucionalidad internacional y, simultáneamente, con sus conjuntos de políticas de seguridad y defensa, socavando los procesos de reproducción de la vida en el planeta”. Asistido por la razón del más fuerte, arrogándose el derecho de ejercer su unilateralidad soberana, vulnera la soberanía de los llamados estados canallas. Un cuadro tal supone una peligrosa paradoja: “los estados que están en la situación de hacer la guerra a los rogue state son ellos mismos, en su más legítima soberanía, unos rogue state. Por consiguiente, dentro de la lógica autorizada y legitimada de los rogue state, ya solo hay estados canallas y ya no hay ningún Estado canalla” (11).

Suspendido el orden jurídico vigente, solo queda el estado de excepción permanente: “El caso de excepción decisivo políticamente es la guerra que, justamente, en tanto caso de excepción, también es el parámetro y, por consiguiente, aquello que no puede ser medido por otra cosa. Ante un caso excepcional, el Estado imperial estadounidense suspende el derecho por virtud del derecho a la propia conservación”. Siguiendo a Carl Schmitt, afirma Contreras Natera: “quien ostenta el poder de suspender el ordenamiento jurídico y, eventualmente, instaurar un orden legitimado basado en ese poder realmente ostentado, es el soberano” (12).

Es en nombre de la soberanía del Estado imperial estadounidense que habla Juan Guaidó. Y es en su nombre que se pone al servicio de una intervención militar en Venezuela. No en nuestro nombre.

III.-
El tratamiento de Venezuela como Estado canalla, la política de estrangulamiento de la economía nacional promovida y practicada por Estados Unidos, la farsa de la “ayuda humanitaria”, la amenaza de intervención militar, un “Plan País” neoliberal que supuestamente contiene “las claves que liberarán las fuerzas productivas de la nación” (13), y que se refiere a Venezuela como Estado fallido: todo esto sucede porque vivimos en un estado de excepción permanente a escala global, en el que, para resumir una idea expuesta por Michel Löwy, lo excepcional es la democracia (14).

Por eso resulta realmente desconcertante el contenido de una declaración suscrita por intelectuales y académicos como Edgardo Lander, Antonio Negri, Boaventura de Sousa Santos, entre otros, según el cual Nicolás Maduro “ha gobernado al margen de la Constitución, aplicando un estado de excepción permanente” (15).

Con todo y la presencia en el Gobierno venezolano de elementos autoritarios, corruptos y más bien propensos a favorecer los intereses del capital, lo que por cierto no es ninguna novedad, no puede existir la menor duda de que la democracia bolivariana sigue siendo un caso excepcional que, de hecho, confirma la regla global: el estado de excepción permanente, con el Estado imperial estadounidense autoproclamado como soberano.

El soberano imperial ha declarado la guerra a Venezuela. Cuando, el 9 de marzo de 2015, nos declaró “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior” estadounidense, eran tambores de guerra los que sonaban. Ciertamente, la guerra cabalga sobre nuestro malestar, es decir, sobre nuestros errores, sobre lo que hemos hecho mal, sobre aquello que nos hace débiles. Pero no es por nuestros errores que se nos hace la guerra, sino por nuestros aciertos.

La amenaza es real. Y sí, es inusual y extraordinaria la amenaza a nuestra soberanía nacional. No es un Gobierno lo que estamos defendiendo, sino nuestra existencia como nación soberana. Pocas veces fue tan necesario nuestro trabajo militante. Es preciso romper el aislamiento, juntarnos los comunes, estrechar lazos, reconstruir relaciones, restañar heridas, rehacer vínculos, es decir, ir a contramano de la neoliberalización de la sociedad venezolana, neutralizar sus efectos políticos, formar filas contra el neoliberalismo disciplinario. Es momento de tomar la decisión.

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(1) AFP. Guaidó no descarta autorizar intervención de EEUU en Venezuela “de ser necesario”. El Universal, 8 de febrero de 2019. http://www.eluniversal.com/politica/32653/juan-guaido-no-descarta-autorizar-intervencion-de-eeuu-en-venezuela-de-ser-necesario

(2) Agence France-Presse [@AFPespanol]. (8 de febrero de 2019, 18:18). [Amplía] “Haremos todo lo posible. Esto es un tema obviamente muy polémico, pero haciendo uso de nuestra soberanía, el ejercicio de nuestras competencias, haremos lo necesario”, respondió Guaidó sobre un eventual uso de sus facultades para autorizar una intervención militar #AFP
Recuperado de https://twitter.com/AFPespanol/status/1093997414187524096

(3) Ro Khanna [@RoKhanna]. (9 de febrero de 2019, 14:51). Mr. Guaido, you can proclaim yourself leader of Venezuela but you don’t get to authorize US military interventions. Only the US Congress can do that. We will not.
Recuperado de https://twitter.com/RoKhanna/status/1094307903215988737

(4) AFP. Guaidó no descarta autorizar intervención de EEUU en Venezuela “de ser necesario”. El Universal, 8 de febrero de 2019. http://www.eluniversal.com/politica/32653/juan-guaido-no-descarta-autorizar-intervencion-de-eeuu-en-venezuela-de-ser-necesario

(5) Emili J. Blasco. Trump eleva a Venezuela a la categoría de «Estado canalla». ABC, 27 de septiembre de 2017. https://www.abc.es/internacional/abci-trump-eleva-venezuela-categoria-rogue-state-201709260104_noticia.html

(6) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Caracas, Venezuela. 2011 Págs. 262-263.

(7) Éric Alliez y Maurizio Lazzarato. Wars and Capital. Semiotext(e). 2016. Pág. 15.

(8) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 266.

(9) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 267-269.

(10) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 270.

(11) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 298.

(12) Miguel Ángel Contreras Natera. Una geopolítica del espíritu. Leo Strauss: la filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense. Pág. 304.

(13) Plan País: la Venezuela que viene. Págs. 4, 42.
Puede descargarse en: https://www.elinformador.com.ve/2019/01/31/descargue-aqui-el-plan-pais-lo-que-viene-para-venezuela/

(14) Daniel Garroux y Gabriel Zacarías. “El estado de excepción es constante. Lo excepcional es la democracia”. Entrevista a Michel Löwy. Viento Sur, 23 de julio de 2016. https://vientosur.info/spip.php?article11548

(15) Declaración: Por una solución democrática, desde y para el pueblo venezolano. Viento Sur, 2 de febrero de 2019. https://vientosur.info/spip.php?article14573

Tomado de https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2019/02/13/venezuela-formar-filas-contra-el-neoliberalismo-disciplinario/

La frontera, una puerta que hoy no cede

La frontera, una puerta que hoy no cede

 

Por el puente Simón Bolívar pasan cerca de 30 mil personas diarias, de las cuales 2 mil sellan pasaporte. 


Imagen: Gentileza Marcos Salgado

 

Desde Táchira

Las cámaras apuntan a la frontera entre Venezuela y Colombia. El set montado la presenta como una puerta que estaría por ceder. Todo parece listo, faltaría que llegue el día indicado que, a seguir declaraciones de presidentes, títulos de noticieros, estaría por ocurrir. La narrativa de la inminencia es central desde que Juan Guaidó se autoproclamó presidente: inminente caída de Nicolás Maduro, inminente gobierno de transición y resolución de todos los problemas de Venezuela.

Las imágenes al llegar a la frontera son otras. En particular en el punto que se ha construido como zona crítica: los municipios Simón Bolívar y Ureña, en el estado Táchira, frente a la ciudad de Cúcuta, Colombia. Allí debería verse un territorio conmocionado, militarizado del lado venezolano y transformado en un acopio masivo de ayuda humanitaria del lado colombiano. La realidad es diferente, una superposición de normalidad de una de las fronteras más complejas del continente, y el clima de un escenario en construcción.

Comprender las dinámicas de frontera demanda cruzar algunas variables. En primer lugar, la conformación histórica de ese territorio como zona de comercio binacional, marcado en las direcciones de compra-venta según la relación entre el bolívar venezolano y el peso colombiano. En segundo lugar, la puesta en marcha desde el año 2013 –con señales anteriores– del contrabando de extracción como parte de un plan de desangre de la economía venezolana. En tercer lugar, la presencia de actores claves al mando de las operaciones del contrabando, como grupos paramilitares. En cuarto lugar, los tres puntos anteriores dentro del cuadro económico actual. Las variables se cruzan y retroalimentan.

Dentro de esa geografía las cámaras se enfocan sobre dos cruces, el puente Las Tienditas, y el puente Simón Bolívar. El primero fue tapa de periódicos por los conteiners puestos del lado venezolano, presentados como un cierre del paso. Ese puente nunca estuvo abierto. Su construcción fue por iniciativa venezolana, saboteado en su concreción por las políticas colombianas que apuestan a magnificar el contrabando ilegal de gasolina en vez de ordenar un sistema de precios acordados entre ambos países en las gasolineras fronterizas.

La cuestión de la gasolina es clave para comprender la frontera: un litro del lado colombiano cuesta cerca de 60 centavos de dólares, mientras que del lado venezolano el tanque completo no cuesta un dólar. Esa gasolina contrabandeada permite abastecer las zonas fronterizas colombianas empobrecidas, a la empresa colombiana Ecopetrol destinar el combustible a otros sitios, a los paramilitares amasar millones, y a quienes manejan el control de la cocaína –paramilitares y carteles– contar con gasolina económica para su procesamiento. El gobierno colombiano ha autorizado por ley el contrabando de gasolina.

El segundo puente enfocado es el Simón Bolívar. Abierto de 6 a 21 al paso de peatones, y de 21 a 12 al paso de gandolas (camiones). Por allí pasan cerca de 30 mil personas diarias, de las cuales cerca de 2 mil sellan pasaporte, es decir que las demás van y vienen en el mismo día. Tiene una ventaja cinematográfica: es angosto, por lo cual puede generarse una gran cola de gente con solo frenar el paso unos minutos. Es lo que hacen las autoridades colombianas cuando la campaña mediática requiere fotografías que muestren masividad. De lo contrario el tránsito de personas es grande y fluido.

El ida y venida es comercial y familiar. Del lado colombiano se consiguen determinados productos a precios más económicos que en Venezuela, por lo que mucha gente cruza a comprarlos, para consumo personal o para revenderlos más caro del lado venezolano. Otros productos, regulados o subsidiados, son más baratos del lado venezolano, por lo que la dirección es la opuesta. Se trata de una economía de miles de personas de la frontera, de otros estados del país –como gente venida de Barinas o Barquisimeto– ampliada por las dificultades económicas que se deben a la combinación del bloqueo financiero, el ataque sobre la moneda, la dificultad para detener la hiperinflación, entre otros puntos.

Sobre esa cotidianeidad está en construcción la narrativa humanitaria, la ayuda, la posible intervención. Han hecho de la frontera el set donde se encuentran las grandes agencias de comunicación, voceros de diferentes gobiernos, organizaciones internacionales. El objetivo es mostrarla como el punto crítico por donde cederá la puerta.

Todos saben, por ejemplo, que el puente Las Tienditas nunca estuvo abierto, aunque afirmen que el gobierno venezolano lo bloqueó ante esta situación. En el recorrido que brindó Freddy Bernal, nombrado protector del estado Táchira por Maduro –la gobernadora pertenece a Acción Democrática, de oposición– estuvieron presentes medios colombianos y agencias internacionales. No importa que sepan la verdad del puente, afirman lo contrario, la campaña en marcha para aislar a Venezuela requiere la construcción de una matriz, donde están articulada agencias, funcionarios de gobiernos, organismos, presidentes, ingenierías de redes sociales, entre otros.

En ese contexto la ayuda humanitaria se ha construido como el ariete para derribar la puerta. Con varias particularidades: en primer lugar, que lo que hasta ahora ha llegado es insignificante, dos gandolas, cuando se reparten 40 en una sola jornada de distribución de comida en Táchira a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción. En segundo lugar, que no importa el impacto real que podría tener, sino la construcción del escenario, que será el de mostrar de un lado la ayuda, del otro a población venezolana pidiéndola –para lo cual la derecha movilizará sus fuerzas– y en el medio el gobierno cerrando el paso. Esa es la imagen que, al parecer, buscarán construir.

Dentro de ese cuadro puede generarse hipótesis. Una de ellas es que ese sea el territorio donde la estrategia del asalto pueda construir el elemento detonante, la operación montada para justificar nuevos ataques de mayor potencia. Necesitan elevar el impacto en la opinión pública, conseguir acuerdo en el Senado norteamericano para dejar por escrito que la intervención militar puede ser contemplada, crear conmoción interna.

El escenario parece estar en una excesiva normalidad para los objetivos que se han propuesto alcanzar. Eso se debe a que algunas maniobras no les resultaron, como por ejemplo la detención de García Palomo, quien iba a encabezar una serie de acciones militares en Caracas. Esta semana podría ser la elegida para activar el escenario frontera, sería el punto donde se unirían el frente internacional con el nacional para buscar un quiebre. Por el momento la superficie continúa calma.

Tomado de https://www.pagina12.com.ar/174244-la-frontera-una-puerta-que-hoy-no-cede

La ruta del golpe en Venezuela.  Recuento y perspectivas.

La ruta del golpe en Venezuela. Recuento y perspectivas.


Euardo Viloria Daboín

El desarrollo del golpe de Estado contra la democracia venezolana sigue en marcha desde todos los flancos y aumenta su intensidad. A medida que transcurren los días y los hechos, se hace más evidente cómo Estados Unidos es quien dirige, cómo la subordinada derecha venezolana obedece y cómo el desarrollo del libreto interno corresponde programadamente al desarrollo del plan en el frente internacional. A cada paso, a cada jugada, a cada acción que Guaidó y la derecha local dan en el territorio venezolano se corresponden una o un cuerpo de acciones que Estados Unidos y sus aliados ejecutan en el tablero internacional.

Aunque no puede descartarse la reaparición de violencia provocada, pareciera haber pasado una primera fase violenta del plan, fase en que la apuesta central estuvo en fabricar un escenario de insurreción popular generalizado contra el gobierno de Nicolás Maduro: se construyó un relato según el cual las clases populares se alzaban violentamente contra el gobierno y la oposición pacífica marchaba multitudinariamente en el Este de Caracas y en otras ciudades del país. La violencia no prendió. La movilización de la derecha no pudo ocultar una también masiva movilización del chavismo en Caracas y otras sucesivas marchas multitudinarias en varios estados: Yaracuy, Lara, Apure.

Hoy el centro está puesto, junto al aumento de la presión económica, en la búsqueda del quiebre institucional, de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y de la unidad del bloque político chavista. La estrategia es clara: aumentar la presión por todos los flancos para que la hasta ahora sólida unidad popular e institucional del chavismo cruja por dentro y abra la grieta por la que pueda colarse alguna posibilidad real de que Guaidó y la Asamblea Nacional ilegal concreten todo lo que, en lo que va de golpe, no son más que declaraciones, amenazas, anzuelos, intenciones.

Primero fue la presión abierta contra la FANB. En varios mensajes de twitter Guaidó hizo nuevamente el llamado a los militares para que se sumaran al golpe y con el anzuelo de la Ley de Amnistía y Garantías lanzó la iniciativa de movilizar en pequeños grupos a su gente y entregar la ley en panfletos a los militares en la calle, en las zonas donde viven, en las afueras de los comandos y cuarteles. El video que circuló en redes sociales de un soldado de la Guardia Nacional quemando el panfleto delante del grupo de opositores que se la había entregado es una buena síntesis de los resultados de la jugada: a ello se sumó la realización de ejercicios militares en el estado Carabobo, en los cuales se vio al presidente Nicolás Maduro marchando junto a centenas de militares, presenciando maniobras, arengando a la tropa, acompañado del ministro de la defensa Vladimir Padrino.

De forma programada y casi en simultáneo, en la misma línea de ataque a la FANB, EEUU hizo sus movidas fuera del territorio venezolano. Todas estas fueron básicamente de amedrentamiento, presión psicológica, amenazas para generar miedo, dudas, terror y así forzar el quiebre: 1) la noticia de que el general Mark Stammer, comandante del Ejército Sur de los Estados Unidos, visitaría Colombia para “entrevistarse con la nueva cúpula militar y de Policía y revisar temas fronterizos”; 2) un contingente de 130 soldados israelíes al mando del coronel Golan Vach llegó a Brasil luego de que su gobierno reconociera a Guaidó como presidente de Venezuela; 3) John Bolton amenazó a Maduro con acciones violentas si se atentaba contra la seguridad personal de Guaidó; 4) circuló en redes sociales un video en el que un supuesto abogado tachirense, rodeado de hombres encapuchados, vestidos de negro y armados, anunciaba el inicio de una guerra en Venezuela, la búsqueda vivos o muertos del presidente Nicolás Maduro y otros altos funcionarios del gobierno, gobernadores y alcaldes, todo esto con un fondo simbólicamente llamativo: la bandera de Venezuela con sus ocho estrellas blancas en semicírculo en la franja azul y bajo éstas la estrella de David de la bandera israelí; 5) John Bolton “dejó colar por descuido” una anotación a mano en su cuaderno en la cual se leía que enviarían a Colombia 5000 soldados provenientes de Afganistán. A todo esto el ministro Padrino López respondió con claridad que en Venezuela hay preparación para contrarrestar esos ataques y que están a la espera de la violencia para actuar.

En el plano económico avanzaron con acciones concretas. Estados Unidos, en voz de John Bolton y del secretario del Tesoro, anunció sanciones a PDVSA y el bloqueo de sus cuentas y activos en el territorio estadounidense, luego de que Marco Rubio dijera que las cuentas de Venezuela en Estados Unidos pasarían a ser administradas por Guaidó: “Cualquier compra de petróleo venezolano, el dinero tendrá que ir a cuentas bloqueadas”, dijo Bolton. Esto implica el secuestro de 7 mil millones de dólares en activos y hasta 11 mil millones en exportaciones petroleras para este año: “Como resultado de la acción de hoy, todos los bienes e intereses propiedad de PDVSA que estén sujetos a la jurisdicción de los EE.UU. están bloqueados, y las personas en los EE.UU. tienen generalmente prohibido realizar transacciones con ellos”. Con esto se puso en evidencia una vez más el doble rasero con el que actúa el gobierno de Estados Unidos: por un lado erigen un discurso de defensa de la democracia y los derechos humanos, y por el otro asaltan el patrimonio de un país y un pueblo, en este caso el venezolano: a estos 18 mil millones hay que sumar 23 mil millones de dólares congelados que impiden al país la compra de medicamentos y 1200 millones de oro venezolano retenidos en un banco de Gran Bretaña.

La línea de acción que busca el quiebre institucional no se limita a la FANB. Se han desplegado más presiones para quebrar la unidad que hasta ahora han mantenido los poderes públicos en torno a Nicolás Maduro como Jefe del Estado. Guaidó hizo público en twitter un llamado a los magistrados y funcionarios del Tribunal Supremo de Justicia para que se sumen al golpe: “A quienes hoy están en la sede del TSJ: el régimen está en su etapa final ¡Esto es indetenible y ustedes no tienen que sacrificarse con el usurpador y su banda! Piensen en uds,su carrera,en el futuro de sus hijos y nietos que también son los nuestros. La historia se los reconocerá (…). Los crímenes de lesa humanidad no prescriben, señores funcionarios venezolanos; no se anoten en esa lista; piensen en sus hijos, madres, hermanos. Luchar por una mejor Venezuela para todos, demanda también de su participación y apoyo”. La actuación por Twitter es lo que se ve. Debajo hay presiones, amenazas, promesas, ofertas. En este aspecto sólo parecen haber conseguido el quiebre de la cónsul de Venezuela en Miami, Scarlet Salazar, que manifestó públicamente el reconocimiento de Guaidó como presidente. Prueba de esta unidad y firmeza de los poderes del Estado Venezolano es la solicitud que hoy hizo el Fiscal General de la República, Tarek William Saab, ante el Tribunal Supremo de Justicia para dictar medidas cuatelares a Juan Guaidó para prohibir su salida del país, prohibirle enajenar bienes, muebles e inmuebles y el bloqueo de sus cuentas bancarias en Venezuela. En esta dirección, entonces, tampoco ha tenido mayores avances el plan golpista, pero cabe esperar mayores presiones y acciones: el nombramiento de un Consejo Nacional Electoral paralelo para que convoque a elecciones sería una de las que se ve venir en lo inmediato, alineada con lo planteado por Francia, Alemania y España de que sino se convoca a elecciones este sábado reconocerían a Guaidó como presidente.

En este contexto inicia Guaidó el ataque en otro plano: la búsqueda de fractura de la unidad política del chavismo, que hasta ahora también se ha mantenido sólida. En su twitter publicó una nota de prensa en la que se hace saber que Arkiely Perfecto, anteriormente diputada suplente por el partido Tupamaro, de tendencia chavista, asumía su rol como diputada titular en la ilegal asamblea que Guaidó preside: “Yo sigo siendo chavista y por eso decido dar este paso”, dicen la nota que dijo la diputada. A todas luces se trata de un nuevo anzuelo, esta vez lanzado a las fuerzas chavistas para provocar división, roce, dudas. Además de las operaciones psicológicas para quebrar la subjetividad ser dirigentes, militantes, ¿cómo presionan, qué ofrecen, con qué amenazan? Lo mismo que vienen haciendo con la FANB y que empezaron con los poderes públicos y la institucionalidad, empieza ahora en contra de la unidad chavista. Necesitan, como parte de su relato, que el chavismo se quiebre, que incluso figuras pertenecientes al chavismo rechazen a Maduro y apoyen al autoproclamado Guaidó y sus padrinos del norte. Lo intentaron con la siembra de violencia en zonas populares para que la base chavista cayera en la violencia y sus cálculos no salieron. La diputada Perfecto es el primer paso. Vendrán más acciones apuntando al mismo fin.
Esta semana la derecha en su plan golpista se prepara para nuevas movilizaciones de calle, una para mañana miércoles 30 de enero y otra para el sábado 2 de febrero. Ambas se dan con nuevos elementos: apoyo estadounidense que aumenta en sus niveles de presión, tanto económica como militar y diplomática, una nueva campaña mediática y diplomática sobre supuestas violaciones a derechos humanos en el país impulsada entre otros por el cantante español Miguel Bosé, y el inicio de actuación del Estado legítimo en contra de Guaidó. Esto, a la espera de que cierre el cuadro internacional de apoyo a Guaidó y al golpe más allá de EEUU, Israel y el Grupo de Lima.

Fracasado el primer intento de violencia la semana pasada, cabe esperar algún nuevo intento de falsa bandera en el marco de las movilizaciones, o que se reactive el esquema de 2017, que consistió en: 1) movilizaciones masivas de oposición conducidas a puntos no autorizados que inevitablemente generan confrontación con los cuerpos de seguridad encargados de custodiar el paso a esos puntos, para generar las “convenientes” imágenes de “represión” y épica de “resistencia”, 2) violencia mercenaria, generalmente ejecutada de noche, pagada, con sus cifras e imagenes de muerte, saqueo, fuego y destrucción, 3) la confusion interesada de los datos e imágenes de unos hechos y otros en los twitts y post de redes sociales y en las notas de prensa y reportajes de los medios del mundo.

Hasta ahora, la programada ejecución del plan en los dos niveles planteados, el nacional y el internacional, no parece haber cuajado del todo. La apuesta principal a la que se aspiraba llegar como resultado de la agresión híbrida y el aumento de la presion al máximo, que era el quiebre interno, la implosión por cualquiera de las vías (la popular, la militar, la institucional), no ha ocurrido. Venezuela y el chavismo han resistido. Pero sabemos que la presión seguirá. Sabemos también que el actual plan de golpe puede ser también parte de la preparación de un escenario futuro. Mientras la implosión interna no ocurra y sigan firmes el pueblo, la FANB, los poderes públicos y las fuerzas políticas patriotas, siempre quedará abierto el único camino por el que puede concretarse la tan anunciada ruta descrita por Guaidó para que se cumpla el objetivo de EEUU. Ese camino es la violencia, inoculada por alguna de las vías que EEUU ha experimentado en su historia reciente para apoderarse de riquezas, pueblos y territorios.

Golpe en Venezuela: violencia y búsqueda de fractura institucional

Golpe en Venezuela: violencia y búsqueda de fractura institucional

Por Eduardo Viloria Daboín

I

El intento de golpe de Estado en Venezuela continúa en desarrollo y va cargado con altas dosis de violencia: iniciada la madrugada del 21 de enero en Caracas, ésta continuó desarrollándose, intensificándose y expandiéndose a distintas regiones del país. Era de esperarse: el plan diseñado, coordinado y ordenado desde Estados Unidos para derrocar a Nicolás Maduro y acabar con la revolución bolivariana sólo tiene esa vía para intentar imponerse.

La autoproclamación de Guaidó como presidente de Venezuela, realizada el 23 de enero, por más que haya contado con el programado apoyo e inmediato reconocimiento de Donald Trump y de los gobiernos de Argentina, Colombia, Perú, Brasil, Canadá, Paraguay y parte de la Unión Europea, no tiene cómo hacerse realmente efectiva en el territorio venezolano. Esto, sin contar con el fracaso del plan golpista en la OEA: Mike Pompeo, Luis Almagro y los países del Grupo de Lima no lograron que la asamblea general reconociera el supuesto gobierno de Guaidó ni admitiera su embajador.

Los cinco poderes del Estado, institucional y democráticamente elegidos, se mantienen firmes en torno al presidente Nicolás Maduro como Jefe del Estado y del Gobierno del país. Lo mismo ocurre con la gran mayoría de las alcaldías y gobernaciones y con la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que expresó el 24 de enero, de forma pública y unitaria, su subordinación y lealtad a Maduro, a la constitución y al pueblo venezolano.

Sin instituciones ni fuerza armada, solo quedaría el pueblo como actor clave para poder inclinar la balanza a favor del plan golpista. Sin embargo, la movilización bolivariana del 23 de enero, así como multitudinarias movilizaciones en distintos estados del país realizadas el 24 y 25 de enero, vienen demostrando que el chavismo sigue teniendo fuerte cohesión, organización y capacidad de movilización, a pesar del descontento y de la mella que la crisis económica y de servicios ha venido generando en su base social. La intensa propaganda en redes sociales y wassap dirigida a generar un estallido social tampoco ha dado resultado.

Otro factor decisivo serían los medios privados de comunicación masivos tradicionales, que fueron determinantes en el golpe contra Hugo Chávez en el 2002 y en el sabotaje petrolero de 2002-2003. Hasta ahora se mantienen a distancia del golpe y del lado del poder legítimamente constituido. Un ejemplo: ayer optaron por transmitir al unísono la rueda de prensa del presidente Maduro (sin que se haya activado el recurso de la transmisión conjunta obligatoria nacional de radio y televisión) y abandonar la transmisión del golpista Juan Guaidó en el encuentro con los medios que había convocado desde la plaza Bolívar de Chacao.

II

Es la violencia, entonces, junto con el aumento de las presiones y amenazas de Estados Unidos, la táctica que el plan golpista ha desplegado con mayor fuerza. Se trata de una violencia financiada, planificada, administrada y dirigida. ¿Para qué? Para generar terror en la población, desgastar los cuerpos de seguridad y la fuerza armada, amedrentar, desmovilizar y anular las fuerzas populares organizadas que respaldan al gobierno de Maduro, para estimular a la población y provocar violencia masiva, saqueos, destrucción, y para tener insumos con los cuales construir una matriz de opinión mundial que acompañe el relato de las vocerías políticas nacionales e internacionales según el cual el pueblo venezolano se está rebelando contra una dictadura que lo reprime al protestar a causa de una supuesta crisis humanitaria. Nada distinto a los anteriores intentos golpistas de 2002, 2003, 2013, 2014 y 2017, sólo que con al menos dos variantes.

1) En esta ocasión, la violencia se ha dirigido hacia las zonas populares donde se concentra la base social más sólida del chavismo, y en contra de infraestructuras de instituciones públicas y el Psuv. Esto, por varias razones:

  1. La violencia en 2014 y 2017 se concentró principalmente en zonas de clase media y alta de las principales ciudades, lo cual terminó generando un resultado político negativo de alto impacto para la dirigencia opositora. Buena parte de la desmovilización, desencanto y desgaste de su base social se debe al padecimiento sostenido de la violencia a la que ese sector fue sometido entonces. Igualmente ocurrió con el elevado nivel de participación en las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente, en la que incluso sectores opositores asistieron a votar (en contra del llamado hecho por la dirigencia de la derecha) para acabar con la violencia. Por ello, en esta ocasión este factor entró en sus cálculos y se optó por mantener la violencia lejos de estos sectores.

  2. Conviene más a la matriz mediática que se busca construir que la violencia que se logra documentar en videos y fotografías tenga como contexto los sectores populares y sus ejecutores sean visiblemente personas pertenecientes a esa clase social. Si el plan aspira seguir profundizando el relato de la crisis humanitaria, éste no será favorecido si la violencia se desarrolla únicamente en sectores de clase media y alta.

  3. La gente de las zonas populares es la más afectada por la crisis económica y de servicios. Por ello, hay mayor probabilidad de que, sembrando violencia focalizada en estas zonas, pueda prenderse una espiral que la lleve a niveles de mayor envergadura.

  4. Es en las zonas populares donde se gesta de forma preponderante la vinculación de jóvenes a bandas delictivas armadas, que terminan siendo la mano de obra y carne de cañón de las mafias del narcotráfico, el paramilitarismo, el contrabando, el robo y comercio de vehículos, autopartes, equipos electrónicos. De allí que haya sido en estas zonas donde se infiltren los cabecillas de la derecha que tienen la tarea de reclutar estos jóvenes y pagarles en dólares para que ejecuten la violencia.

2) En el actual plan golpista, la violencia, en los días iniciales previos al 23 de enero, se concentró en zonas populares cercanas al perímetro de seguridad del Palacio de Miraflores como Catia, la avenida Sucre, La Pastora, Cotiza, Altagracia. En 2017 la violencia fue avanzando lentamente, con el paso de las semanas, hacia el centro de Caracas. Se trataba de coronar la épica con el asedio a Miraflores. En 2019, se trató de comenzar por allí. Esto, con el objetivo de que, si se lograba consolidar posiciones y generar una espiral masiva, se pudiese avanzar en una escalada de violencia creciente hacia Miraflores. Las imágenes de gente del pueblo protestando en torno al Palacio de Miraflores y siendo reprimidas por los cuerpos de seguridad apostados en el sitio, combinadas con el asalto armado al cuartel de Cotiza, hubieran sido oro puro para la mediática mundial que acecha con sus cámaras el país, y hubiera preparado un mejor escenario para la movilización que la derecha convocó para el 23 de enero y para la autoproclamación de Guaidó programada para ese día.

Los reportes contabilizan hasta ahora 28 personas fallecidas y han sido presentados genéricamente como “fallecimientos ocurridos en las protestas en Venezuela”. Así, sin mayor caracterización ni detalle. Medios como CNN, BBC, New Herald, ni siquiera mencionan nombres. Simplemente instrumentalizan la muerte, el número no más, para sumar al relato de la supuestamente sistemática violación del derecho a la vida y a la manifestación por parte del gobierno de Nicolás Maduro. No dicen que las supuestas protestas han sido en su mayoría violentas y que en ellas ha estado implicado el uso de armas de fuego contra los cuerpos de seguridad, ni mencionan el intento de linchamiento de un guardia nacional en el este de Caracas. Hay denuncias de un uso desproporcionado de la fuerza por parte de los cuerpos de seguridad del Estado en el control de esta violencia. La investigación profunda de este aspecto y del método de generación de la violencia será un elemento clave para combatir el discurso que en materia de DDHH se erige contra el gobierno de Maduro.

III

La otra forma de violencia que podría forzar, en el escenario interno, la concreción fáctica de la autoproclamación de Guaidó, sería la que generaría un eventual quiebre en la unidad que hasta ahora han mantenido la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y los cuerpos de inteligencia y seguridad del Estado, así como su lealtad a Maduro, la constitución y el pueblo de Venezuela.

El pronunciamiento conjunto del ministro de defensa, Vladimir Padrino, y del alto mando de todos los componentes de la FANB, ratificando su lealtad y subordinación, dejó claro que esa opción está cerrada. De allí que de inmediato al mismo surgiera la avalancha de fakenews y análisis mediáticos para atacar al ministro y al alto mando, para descalificarlos y para hacer el llamado a los cuadros medios de la jerarquía a que desconozcan la cadena de mando.

Guaidó, por su parte, desde un principio ha mantenido como parte de su discurso el llamado a la insurrección a la FANB y el plan ha avanzado en varias acciones en ese sentido: la Asamblea en desacato e ilegal redactó y aprobó una ley de amnistía para los militares que se cuadren con el golpe de Estado, y se le ha tendido anzuelos públicos al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional.

En esa dirección apuntan: 1) las amenazas de guerra concretas, como la emitida por el almirante general Craig Faller el 24 de enero, en la que señaló que entre las opciones que están sobre la mesa para deponer a Maduro está la invasión militar: “Lo hicimos en Panamá para deponer a Noriega, en Haití cuando reemplazamos al dictador por Aristide, y pacíficamente lo hicimos en Filipinas”, 2) el juego de tensión generado en torno a la ruptura de relaciones diplomáticas con EEUU que Maduro decretó el 23 de enero, la cual implica la salida del personal de la embajada en un lapso de 72 horas que se cumple hoy 26 de enero: Pompeo declaró que actuarían con reciprocidad si se ponía en peligro la seguridad de sus ciudadanos en Venezuela, 3) la declaración del envío de ayuda humanitaria al país, que implicaría que le sea permitida su entrada por parte de las autoridades. Pretenden generar terror, quebrar la moral y fracturar la FANB.

Guaidó hizo lo propio nuevamente ayer desde la plaza Bolívar de Chacao y a través de su cuenta de twitter. Quedó claro que las acciones inmediatas planteadas en la agenda del plan en el escenario interno van en esa dirección: “Los invito a descargar la Ley de Amnistía, porque el domingo vamos a entregársela al familiar, amigo y vecino militar. En pequeños grupos pueden acercarse a las comandancias y entregarlas (…). Nos vamos a organizar en pequeños grupos, para que se las entreguen a la familia militar, a sus amigos militares, y después entregarlos a las comandancias cercanas, son acciones pacíficas”. Esto, luego de una seguidilla de twitts sobre le tema: “Quiero insistir en el mensaje a la familia militar: llegó el momento de ponerse del lado de la Constitución. Soldado de la patria, pónganse del lado del pueblo de Venezuela (…). Van a tener una prueba importante. ¿Van a permitir el ingreso de la ayuda humanitaria? (…). Es hora de que salga Cuba de las FAN,que se retiren de los puestos de decisión, hermano cubano usted es bienvenido a quedarse aquí en esta patria, pero fuera de los puestos de decisión, soberanía”. No hace falta agregar nada. La evidencia es total.

IV

El golpe está en proceso desde todos los flancos. La presión internacional de EEUU es cada vez mayor y más abierta: hoy llega a un punto clímax con el cumplimiento de las 72 horas de plazo para que todo el personal de la embajada abandone Venezuela. La derrota en la OEA, lejos de amainar el temporal puede acelerar otras acciones y amenazas. EEUU nombró a Elliot Abrams, experto en intervencionismo, procesado por tráfico de drogas y armas en el caso Irán-Contra, involucrado en el golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002, como responsable para “conducir las negociaciones” en Venezuela. Estados Unidos convocó el Consejo de Seguridad de la ONU para tratar el tema de Venezuela. La Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA dictó medidas cautelares a favor de Guaidó y su familia. Francia, España y Alemania anuncian que reconocerán a Guaidó como presidente si Maduro no convoca a elecciones en un plazo de ocho días.

Toda esa presión internacional necesita que se logre inclinar la balanza en el cuadro interno en contra de Maduro y su gobierno. Necesitan que se fracture el bloque de los cinco poderes que se mantiene unido en torno a Maduro como Jefe de Estado, que se fisure en alguna de sus instancias el poder ejecutivo del cual Maduro también es el jefe, que la sólida unidad del Psuv y del chavismo se rompa y que la unidad y lealtad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana se quiebre.

Estamos en esa fase del golpe, la de la búsqueda del quiebre institucional para que pueda darse la violencia que necesita el plan golpista y para que pueda generarse en el territorio del país un poder dual, dividido, que de beligerancia concreta y capacidad de actuación real a Guaidó. Ese quiebre implicaría la capacidad de Guaidó de ejercer concretamente el golpe de Estado que hasta ahora solo ha sido una proclamación. La agenda de movilización de derecha convocada en lo inmediato apunta a presionar en lo interno en esa dirección. Podría implicar, también, un nuevo escenario servido para la infiltración de la violencia.

De no concretarse estas posibilidades, queda de nuevo la jugada del lado de los factores internacionales con Estados Unidos a la cabeza, con el escenario alimentado por nuevos elementos y variables. Allí están las acciones económicas y militares como las siguientes opciones. La historia de América Latina está plagada de muerte, autoritarismo, pobreza y saqueo por voluntad del poder estadounidense. Hoy Venezuela está en el centro de un nuevo asalto.

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