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Ecuador: Violencia neoliberal y respuestas sociales

Ecuador: Violencia neoliberal y respuestas sociales

Ninguno de los experimentos neoliberales impuestos en la región o en otros países del mundo ha estado exento de violencia, del despliegue de distintas formas de agresión a los pueblos, a sus condiciones de vida, a su integridad y derechos. Es una fórmula teñida de sangre y sufrimiento.

Así sucede en Ecuador, que vive intensos días de protesta social como respuesta a un ‘paquetazo’ de medidas económicas que hace parte de un programa más amplio acordado con el FMI, suscrito en marzo último[1]. Los niveles de la represión desplegada son inéditos, lo mismo que la magnitud de la respuesta social, que logra prefigurar un nuevo escenario de fuerzas en medio de la crisis.

La secuencia de hechos es ya ampliamente conocida: ante la paralización de los gremios del transporte y la movilización popular en demanda de la revisión del decreto ejecutivo que duplica los precios de los combustibles, el gobierno se apresuró a decretar el Estado de Excepción por sesenta días, que suspende derechos y garantías y concede atribuciones extraordinarias al ejecutivo, desatando una escalada autoritaria, prepotente y violenta que ha conducido a una exacerbación y agudización del conflicto, a una movilización generalizada en el país, a una crisis política que llega a poner sobre la mesa la salida del gobierno.

Pero lo que se observa en estos días, tanto en términos de la violencia oficial como de la indignación social, no surge en el plazo inmediato sino que proviene del proceso de restauración conservadora y neoliberal que data ya desde hace más de dos años, y de uno más largo de conciencia y afirmación de derechos por parte de la población. Estamos ante un momento de síntesis, que condensa recorridos previos pero a su vez marcado por la incertidumbre. Una agenda neoliberal recargada choca con un pueblo que habiendo experimentado un cambio en sus condiciones de vida en la década anterior, una afirmación de sus derechos, reacciona con fuerza pero en un escenario de turbulencia.

Desde 2017, el gobierno que se estrenó confundiendo derechos con intereses, se volcó a desmantelar las políticas y la institucionalidad avanzadas previamente al amparo de la Constitución de 2008 -con un sentido de redistribución y fortalecimiento de lo público, regulación al mercado, búsqueda de soberanía y del bien común-. La política económica, conducida por representantes empresariales, preparó el terreno para la intervención del FMI, se crearon condiciones de recesión y endeudamiento para tener el pretexto de tal intervención. Un amplio abanico de sectores, desde los político empresariales cuya agenda e intereses se oficializaron, hasta algunos gremios y dirigencias sociales capturados con prebendas, cargos e identificados con un ‘anticorreismo’ ciego y con un extraño antiprogresismo, cobijaron estas políticas que han llevado al estallido social.

Si por un tiempo hubo algún empeño en disfrazar esa agenda con alguna retórica en pro de lo ‘social’, de la ‘anticorrupción’, hoy se asume con frontalidad y servilismo. Entre las pocas declaraciones planteadas con claridad y convicción por parte de quien figura de Presidente –la mayoría son lecturas apuradas, incómodas-, destaca esta, dirigida a dos ex contendores electorales de la derecha (Nebot y Lasso) a quienes ensalza como futuros presidentes: “…cuando ellos tomen las riendas de un país que lo dejamos reinstitucionalizado, reestructurado y eliminadas todas las aberraciones económicas que puedan impedir el desarrollo del país, en ese momento ellos podrán aplicar esos maravillosos planes que tienen para Ecuador» (rueda de prensa 4/10/19)

En esta tarea de preparar el terreno al FMI y a las élites empresariales, no ha faltado la violencia. Un golpe blando se implementó desde 2017. El vicepresidente electo fue apresado sin pruebas de delito, se impuso un plebiscito inconstitucional para crear un Consejo Transitorio de Participación revestido de super poderes, que se encargó de echar por tierra leyes e instituciones, de nombrar a dedo altos funcionarios de los diferentes poderes del Estado, y de innumerables decisiones de todo tipo y alcance. Junto con ello, las restricciones impuestas en áreas como salud y educación pública, y las políticas pro capital y anti trabajo, se tradujeron ya en 2018 en un notable salto en los niveles de empobrecimiento (unas 500.000 personas volvieron a condiciones de pobreza e indigencia).

Hoy, en cuestión de días, en el campo de la oposición ya no está en solitario el movimiento Revolución Ciudadana, que una vez hecha evidente la ‘traición’ pasó a denunciar el giro restaurador, en medio de una persecución político judicial intensa a sus integrantes y del cerco mediático a sus iniciativas de movilización. La oposición pasa a repoblarse con organizaciones y fuerzas que ya no pueden detener la presión de las bases –algún ex dirigente indígena se mantuvo en un alto cargo hasta que sus desatinadas declaraciones en defensa del paquetazo forzaron la renuncia-. Al calor de las crecientes movilizaciones, parecería que nadie quiere quedar fuera de la oposición, lo que incluye cálculos electorales de todos los colores.

En la contundente respuesta social se anudan fuerzas y condiciones que pasan a definir una nueva coyuntura. Resalta el retorno de un movimiento indígena que retoma orientaciones y agenda empujado por las bases, tras un período errático signado por alianzas o alineamientos que significaron desgaste y confusión. Su capacidad de movilización da cuenta de la vigencia de las comunas, y proyecta la utilidad de la presencia indígena en varios gobiernos locales de la Sierra (en las elecciones locales de marzo 2019 Pachakutik y otras candidaturas indígenas alcanzaron resultados importantes).

Destaca también la presencia revitalizada de un movimiento estudiantil asociado a la importancia y orientación que alcanzó la educación pública, hoy amenazada. Así mismo, se reafirma la voz y presencia de las mujeres, que atraviesa toda la movilización, sea de forma orgánica o en la marea de lo espontáneo. Intervienen desde el acumulado de su experiencia de confrontación con el FMI, desde el protagonismo en la crítica a los impactos nefastos en las condiciones de vida que traen esas recetas, desde las conocidas dificultades para el trabajo y el cuidado de la vida que propicia la crisis neoliberal.

Los gremios de transportistas dejan ver un perfil menos anclado a sus intereses y más dispuesto a la convergencia. No sin contradicciones, atravesaron una experiencia de interlocución distinta con el Estado, que combinó políticas sectoriales de promoción e incentivo con regulación, que hoy se desdibujan.

En términos más amplios, la masividad y fuerza de una ciudadanía que integró un sentido de derechos. Es en su mayoría, y de manera un tanto difusa, una base ‘correista’ que persiste a pesar de la descalificación y el estigma con que se ha atacado esta corriente desde diversos frentes. A diferencia de otros momentos de imposición neoliberal, la movilización expresa una percepción de pérdida de los avances logrados en una fórmula de prioridad de la vida y el trabajo por sobre el capital, de resistencia al cierre de las posibilidades de transformación que se habían abierto.

Pero los recursos del poder neoliberal son variados, juntan las viejas mañas políticas con la nueva manipulación mediática, la violencia directa con la simbólica, entre otras. Las cartas de mesas de diálogo –invocadas en los dos años para hacer pactos por sobre la Constitución- aún están en juego. Sustituir el cambio de gobierno por un cambio parcial de gabinete presentado como concesión a una demanda social, es una línea que ya empieza a perfilarse. Otros actores, nacionales e internacionales, interpondrán ‘buenos oficios’ para disimular las torpezas gubernamentales y buscar cauces de continuidad de lo sustantivo del acuerdo con el FMI, quizá con algún pequeño maquillaje ‘social’.

[1] Entre 1961 y 2003 se habían suscrito 18 acuerdos con el FMI, todos del tipo stand by. El actual es de Servicio Ampliado, con metas de cambio estructural, modificación de instituciones y leyes cuya aplicación se contempla hasta 2020. Sus alcances anti público y pro capital van mucho más lejos que todos los anteriores.

 

Magdalena León – https://www.alainet.org/es/articulo/202594
Dos meses de la Masacre de Ticoporo: que se haga justicia

Dos meses de la Masacre de Ticoporo: que se haga justicia

Por: Reinaldo Iturriza López.

Hace dos meses exactos, el 27 de julio a media mañana, fueron asesinados cinco compañeros y una compañera, militantes de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora (CRBZ) e integrantes de las Brigadas de Defensa Popular Hugo Chávez. El crimen fue perpetrado en el kilómetro 12 de la Reserva de Ticoporo, en el estado Barinas.

Al día siguiente, la Coordinación Nacional de la CRBZ hizo público un comunicado en el que denunciaba: “El modus operandi permite inferir que el cobarde ataque fue realizado por un equipo con entrenamiento militar, presumiblemente integrado por elementos del paramilitarismo colombiano, ex policías venezolanos y delincuencia común”. A su vez, pedía “la mayor celeridad en las investigaciones que lleven al esclarecimiento de los hechos y al castigo de los responsables materiales e intelectuales”.

El sábado 3 de agosto se realizó un emotivo acto en honor a los Mártires de Ticoporo, en el propio lugar de los hechos. Allí estuvimos, junto a compañeros y compañeras de la Comuna Socialista El Maizal, y dirigimos unas palabras.

Más recientemente, el 10 de septiembre, la compañera Yenifer Urbina, coordinadora municipal de la CRBZ, concejala del municipio Sucre de Barinas por el PSUV, vocera del Comité de Víctimas de la Masacre de Ticoporo, y quien también dirigió unas palabras en el referido acto en honor a las víctimas, sufrió un atentado en la carretera entre Socopó y Chameta. Por fortuna, Yenifer resultó ilesa.

Lamentablemente, hasta los momentos, las investigaciones no han arrojado ningún resultado. Por tanto, hoy me sumo a quienes exigen justicia por la Masacre de Ticoporo.

#JusticiaPorMasacreDeTicoporo

Tomado de: https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2019/09/27/dos-meses-de-la-masacre-de-ticoporo-que-se-haga-justicia/

Belankazar ¿cómo opera una red de explotación infantil disfrazada de academia de modelaje?

Belankazar ¿cómo opera una red de explotación infantil disfrazada de academia de modelaje?

El día de ayer las redes sociales fueron saturadas con la denuncia de una presunta red de explotación infantil. Belankazar, una academia y agencia de modelaje.

Esta agencia, que se autodescribe como especialistas en la formación de modelos profesionales, es acusada de vender material de las sesiones de fotos de sus estudiantes, mayores y menores de edad, por unas cifras que van desde 20$ mensuales hasta 200$ anuales a distintos suscriptores y páginas pornográficas, ésto sin conocimiento de las modelos ni de los padres de las mismas.

La agencia de modelaje, con sedes en Sabana Grande y Boleíta ofrece el servicio de clases de modelaje profesional a niñas a partir de los cinco años. Al entrar en sus diversas redes se pueden observar fotos de niñas y mujeres jóvenes, no cuesta mucho encontrar fotos de niñas, menores de 12 años posando en trajes de baños no acordes a su edad, lencería, usando tacones altos, maquilladas, con extensiones de cabello y uñas postizas, una producción que no se distingue en nada a la realizada para elaborar un producto estético de una mujer adulta. Según la denuncia inicialmente realizada por un «influencer», que ahora está siendo investigada por la Dirección de
Protección Integral a la Familia del CICPC y por la cual fueron retenidos anoche tres de los directivos, la agencia está vendiendo material gráfico y audiovisual «exclusivo» de las mujeres y niñas desde su página web y a páginas web relacionadas con la industria porno y grupos de pedofilia a través de una suscripción en divisas y criptomonedas (lo que permite el total anonimato del suscriptor). Ejemplos de estas prácticas se pueden observar por capturas de pantallas que se encuentran con el numeral #belankazar en la red social twitter.

Ante la denuncia, el repudio de la sociedad venezolana ha sido contundente, el reclamo de justicia unánime, al igual que el cuestionamiento a los padres por no haberse dado cuenta de la situación a pesar de la evidente carga sexual de las fotos. Los usuarios cuestionaron como una madre, y en menor medida un padre, permite que su hija pequeña pose semi desnuda y con poses sexualizadas sin dimensionar lo sospechoso de la situación. Estas críticas hacia las madres y no en la misma medida hacia los padres, es un síntoma de cómo opera el patriarcado incluso a la hora de culpabilizar. Deslindando responsabilidades, o en el mejor de los casos, igualando responsabilidades en la comparación de una madre con un proxeneta.

Para entender como pasa ésto es necesario contextualizar el entramado cultural en el que estamos viviendo. Como sociedad capitalista estamos cada vez más expuestos a contenidos sexuales en la televisión, las redes sociales, la radio; la sexualización de los contenidos publicitarios y de entretenimiento es cada vez más extrema, un ejemplo es que, en algunos casos mientras los padres/madres trabajan o realizan labores domésticas los niños son entretenidos con la televisión o el internet, a veces con canales musicales que ofrecen en su pantallas piezas de reguetón o trap, cuyas letras apuntan abiertamente a contenidos sexuales y, cuyos videos, están a una delgada línea del soft porno o porno suave. Este proceso de exposición constante a la cultura comercial del sexo opera en la psiquis de los adultos que hemos normalizado ver mujeres (mayormente) semi desnudas en espacios de entretenimiento que deberían de ser aptos para todo público y opera en los niños quienes, al estar en una etapa del desarrollo -donde parte elemental del aprendizaje es la imitación-, empiezan a repetir las canciones, movimientos, formas de baile que ven en las pantallas y que luego, al ser imitadas frente a adultos son aplaudidas por considerarlas «graciosas». Los niños imitan conductas sexualizadas, los padres y adultos del entorno las normalizan y validan.

Aunado a la hiper sexualización está la histórica cosificación de la mujer a través de concursos de belleza, que refuerzan la idea instaurada en la sociedad patriarcal de que la mujer es un objeto, en este caso de entretenimiento, al servicio de las demandas masculinas, mujeres objeto que tienen que cumplir con un conjunto de medidas, estándares y requerimientos que le permitan ser considerada «bella» y alcanzar la tan ansiada aprobación. Quienes defienden los concursos de belleza, entre otras cosas, argumentan que las participantes que están allí lo hacen por voluntad propia, sin embargo, si desde que una niña tiene uso de razón, como actividad familiar la ponen a observar concursos de belleza, y vez a los miembros de su microsistema (entorno inmediato, la familia) admiran a esas hermosas mujeres el mensaje subyacente es que, para ser querida, esa niña tiene que ser bella como una «Miss». Es pertinente añadir a ésta contextualización de cómo opera la presión social en la demanda de «ser bella» (bella bajo ciertas medidas y estereotipos). Recordemos las denuncias de prostitución, trata de mujeres y presión para la realización de actos sexuales a cambio de patrocinios a los que se asoció el concurso de belleza insine de Venezuela en 2018 y que llevó a la renuncia de Ismel Sousa. Creemos normal el uso del cuerpo femenino como un objeto que puede ser comercializado.

A la naturalización de la hipersexualización de la infancia y de la cosificación de la mujer hay que añadir la poca información que existente acerca de la industria de la pornografía, un negocio tan lucrativo como el tráfico de droga y de uso generalizado que, a pesar de esto último, no deja de ser un tema tubú en la sociedad venezolana. El uso, énfasis en uso, de la mujer en la industria de la pornografía, tan naturalizado como los dos ìtems que apertura éste párrafo, esconde dolorosas
tramas de violencia de género, expresadas en lo físico, lo psicológico y lo patrimonial; mientras la mujer expone su cuerpo al dolor, enfermedades y humillaciones, son los productores lo que se llevan las ganancias, un ejemplo de ésto lo encontramos en Mìa Khalifa, ésta conocida exponente de la industria pornoráfica habló para la cadena BBC News y reportó una ganancia neta de 12.000$ a pesar de que se estima que las productoras para las que trabajó siguen reportando entradas millonarias gracias al uso de sus videos.

Si como adutos estamos todo el tiempo bombardeados de productos publicitarios y de entretenimiento hiper sexualizados y esos productos rodean los espacios domésticos donde crecen nuestros niños y niñas al punto de normalizar la hiper sexualización infantil, si naturalizamos que la mujer DEBE ser bella, y bella bajo estándares bien cerrados y precisos y vemos normal que ésa belleza sea la llave para acceder a ciertos espacios del entretenimiento, si, además, desconocemos como operan las industrias de la pornografía y la prostitución ¿quiénes se benefician? ¿cómo funciona? ¿quiénes las manejan? ¿que pueden hacer padres y madres para prevenir estos hechos?

Si todo ésto se combina, tenemos el coctel perfecto para que unas niñas sean victimas de explotación sexual infantil bajo la mirada de sus padres y madres y éstos, no lo noten. Apuntar nuestras críticas hacia los verdaderos culpables de tan lamentable situación es la primera necesidad en casos como el que se acaba de hacer público. Debatir sobre responsabilidades individuales en tanto madres o padres, y no así en el entramado cultural, es desviar los posibles mecanismos de superación de un sistema totalmente deshumanizado, como lo es el patriarcado.

Carolina Cruz y Matías Pacheco

Elecciones primarias en Argentina: Triunfo popular

Elecciones primarias en Argentina: Triunfo popular

El domingo pasado se celebraron elecciones primarias en la República Argentina. Las mismas constituyeron un contundente triunfo popular, consumándose la derrota del candidato oficialista de Cambiemos,  aplastado por más de quince puntos porcentuales. Un resultado que ni las encuestas más optimistas se acercaban a vaticinar. El pueblo argentino se volcó masivamente a las urnas para propiciar un duro golpe a la fracción más reaccionaria del capital, vehículo del FMI, aliada de la justicia y los grandes medios de comunicación, cristalina enemiga de los y las trabajadoras. Quien capitalizó electoralmente la debacle del oficialismo en estas primarias fue la fórmula peronista que llevaba a Alberto Fernández como candidato a presidente y a Cristina Fernández de Kirchner como vice.

Un poco de historia

En el 2001 el neoliberalismo sufría en Argentina un durísimo golpe en el marco de una crisis social y económica de magnitud que sus propias políticas habían provocado. Las heroicas jornadas de diciembre, con un pueblo volcado masivamente a las calles como lo fue el Caracazo contra las medidas neoliberales, ponían en jaque al gobierno de Fernando de La Rúa que, asediado por la movilización popular, se veía obligado a huir en helicóptero de la Casa Rosada. Con aquella rebelión, el pueblo argentino hacía su aporte a la modificación de la correlación de fuerzas que haría lugar en todo el continente y que daría inicio al ciclo progresista nuestroamericano. Un ciclo que, con el Comandante Chávez a la cabeza, le diría NO al ALCA de Bush en 2005. En Argentina, importantes demandas del movimiento popular serían asumidas por los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, recomponiéndose en ese camino la desvencijada institucionalidad burguesa que en 2001 había sido puesta en cuestión, resumida en la consigna “que se vallan todos, que no quede ni uno solo”. A diferencia de los procesos que más avanzaron en esos años (Venezuela o Bolivia), en la Argentina no se modificó  la Constitución neoliberal de 1994.

Esa reconstituida institucionalidad sería la que hacia 2015 permitiría el triunfo de Mauricio Macri y su coronación como presidente. Quienes se habían tenido que ir en helicóptero de la Casa Rosada, catorce años después volvían por la puerta grande. El gobierno derechista de Cambiemos tenía como propósito fundamental modificar la correlación de fuerzas lograda tras las jornadas de 2001, su objetivo era infligir una derrota duradera a los sectores populares, consolidando una reestructuración regresiva del capitalismo argentino, modificando el modelo de acumulación en detrimento del mercado interno, las pymes y el consumo popular, barriendo el “capitalismo humano” (como autodefinía Cristina a su gobierno), por un modelo abiertamente en contra de las mayorías.

Durante sus cuatro años de gestión, la política económica del macrismo produjo cientos de miles de despidos, cuatro millones de nuevos pobres, exorbitantes tarifazos, reducción del salario real, transferencia de ingresos hacia los ganadores del modelo (capital financiero, energéticas, grandes exportadores agrarios y mineros), hambre y miseria en el pueblo argentino. Así y todo, las reformas estructurales que se proponía implementar, no pudieron ser aplicadas. La movilización popular no lo permitió (expresivas fueron las multitudinarias luchas por la legalización del aborto y contra la reforma previsional). Ante dicho freno, los mercados comenzaron a desconfiar de la capacidad del macrismo para llevar adelante la tarea por la cual lo invistieron, la respuesta desordenada a ese desencanto fue lo que precipitó la corrida cambiaria, el bloqueo del financiamiento internacional y la consecuente recurrencia al FMI. En el mejor momento de Cambiemos, luego de haber ganado las elecciones de medio término en 2017, el movimiento popular en la calle encendía la mecha que lo terminó de dinamitar este domingo.

Vacío de poder y perspectivas

Por el régimen electoral argentino, la votación del domingo fue una gran encuesta que en sí misma no resuelve nada. Se trata de primarias obligatorias que sólo dirimen las internas partidarias, no se eligieron ni cargos ejecutivos ni legislativos, eso ocurrirá en las generales de octubre. Pero la contundencia de los resultados (47% para Alberto Fernández, 32% para Mauricio Macri), enterró las posibilidades del candidato oficialista, abriendo una situación por demás compleja. Un virtual período de transición, pero sin transición, pues aún no se ha votado un nuevo presidente ni un nuevo Congreso.

Esta paradoja genera un vacío de poder. El FMI jugó todas sus fichas a la reelección de Macri, prestándole 50.000 millones de dólares a un candidato y no al país. La derrota de su títere, expone fuertemente al organismo internacional. La deuda, a todas luces impagable, coloca a la Argentina al borde del default. Todo este conjunto de situaciones, desató una corrida cambiaria el lunes siguiente a las elecciones, que pulverizó el salario de las y los trabajadores argentinos. Este ataque a los sectores populares tiene fines extorsivos de cara a los próximos comicios definitivos de octubre.

La situación se encuentra en tensión y abierta. El triunfo popular del pasado domingo se define independientemente del gobierno que reemplazará al de Mauricio Macri. Alberto Fernández es un peronista moderado de buena relación con la embajada de Estados Unidos, que ha renegado de las políticas más progresistas de Cristina, tal como advirtió Diosdado Cabello en estos días.

La contundente derrota del macrismo en las primarias constituye un golpe a la derecha continental y los intereses de Estados Unidos en la región. Pero la misma sólo podrá ser consumada con la movilización popular. Esa movilización que originó la victoria, la misma que puede ensancharla.

Matías Pacheco, Federico Simonetti.

 

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