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Por lealtad con nuestros mártires avancemos con realismo revolucionario y eficacia política

Por lealtad con nuestros mártires avancemos con realismo revolucionario y eficacia política

Por Gerónimo Paz

Que todo los días en nuestro movimiento sean 22N, que nuestros mártires marquen el camino diario, que su legado y ejemplo animen y prefiguren la organización necesaria, que el compromiso moral con aquellos que marcharon al sacrificio, con aquellos que vivieron y murieron luchando sirva de acicate para cada batalla, para cada esfuerzo.

El 22N no solo recordamos y exaltamos como ejemplo nuestros mártires, sino que reafirmamos nuestra lealtad con los propósitos de una humanidad humana, de una patria justa, democrática y soberana como ellos lo soñaron.

Esa misma lealtad nos debe llevar a la permanente reflexión, la búsqueda incesante de los códigos y coordenadas correctas para una lucha política eficaz que apuntale y dé viabilidad a las transformaciones revolucionarias posibles y necesarias. Buscar la mayor eficacia política posible, encontrar los horizontes complejos, a veces casi indescifrables, de cómo ir construyendo en la  perspectiva de sus sueños, también es un deber nuestro para con ellos.

La Nueva Perspectiva Transformadora propuesta como marco para guiar estratégicamente el movimiento crbzista es también para cumplir con nuestros mártires. Este planteamiento busca actualizar todo lo que tengamos que actualizar para hacer del instrumento político CRBZ un esfuerzo basado en el Realismo Revolucionario, apalancado en una  Ética Política Radical, en un Liderazgo Ético y Democrático y teniendo como propuesta y centro de sus esfuerzos la construcción de una democracia plena, profunda, directa, una Democracia Revolucionaria como la definió Chávez.

La Nueva Perspectiva Transformadora es sobre todo la búsqueda de los caminos  ciertos para ir trochando en el horizonte de los sueños de las mayorías que son los sueños de nuestros mártires.

¡Que vivan los Mártires Bolivarianos!

Mañana será historia: un diario frenético sobre la realidad venezolana

Mañana será historia: un diario frenético sobre la realidad venezolana

Desde hace varios años, Venezuela se encuentra en el ojo del huracán mundial. El periodista  Marco Teruggi relata esa realidad en su nuevo libro.

Por Leandro Albani para: La tinta

Leer Mañana será historia. Diario urgente de Venezuela es lanzarse a un río caudaloso que, por momentos, permite descansar en un breve remanso, para después ser arrastrado por corrientes frenéticas que no sabemos a qué destino final nos llevarán. Esa vorágine que se respira al pasar cada página del libro es la misma que hace vibrar la historia de Venezuela.

Publicado por la Editorial Sudestada, Mañana será historia… puede ser una guía para quienes buscan entender la realidad venezolana. Pero también se convierte en una bitácora cotidiana en donde revolución y necesidad se entrelazan, siempre desde un relato que rescata las voces de los principales protagonistas del proceso político y social iniciado por Hugo Chávez en 1998: los hombres y las mujeres del pueblo, que se niegan a perder la dignidad conquistada, que luchan contra enemigos internos y externos, y que deben combatir los errores de quienes, en muchas ocasiones, deciden los destinos de una revolución que despertó a América Latina del letargo.

Teruggi teje páginas que se convierten en una road movie por los Llanos venezolanos para luego, apenas unos párrafos más abajo, analizar y desenredar una situación económica que no siempre es entendida en su totalidad desde países como Argentina.

Venezuela Chavez pueblo la-tinta

Sociólogo, periodista, pero, sobre todo, un protagonista más de las victorias, tragedias y contradicciones del proceso bolivariano, Teruggi –que vive en Venezuela desde 2013-, llegó recientemente a Argentina, donde inició una maratón de presentaciones por todo el país. Autor de Lo que Chávez sembró. Testimonios desde el socialismo comunal (Sudestada, 2015) y de los poemarios Siempre regreso al pie del árbol (2012) y Días Fundados (2014), Teruggi dialogó con La tinta sobre Mañana será historia…, la actualidad venezolana y la figura siempre presente de Hugo Chávez.

—¿Por qué elegiste estructurar el libro como un diario?

La primera pregunta que me hice es cómo hacer para contar toda esa realidad. Cuando digo toda esa realidad, va desde la cotidianeidad hasta el conflicto internacional, pasando por la experiencia de organización popular, la descripción de un paisaje, una reflexión o un diálogo. Son las formas que pueden contener esa realidad extraordinaria, que está en un momento único de su historia y que no se repetirá. La forma de diario surgió como una posibilidad de ordenarlo temporalmente y permitir que adentro ingresaran todos los géneros que logré construir. Hay momentos de crónica, de reflexión, de ensayo, de literatura de viaje, de análisis más duro económico y político, de denuncias, de cartas. Todas esas formas son posibilidades de atrapar lo que uno va viviendo y en lo cual está inmerso. La idea de un diario quiere decir que quien escribe no está afuera y observa desde una supuesta neutralidad, que algunos sectores del periodismo les gusta hacer creer que todavía existe, sino que está adentro de lo que está pasando. Y tiene que ser creíble y saber de qué está hablando. El “yo” aparece poquito, pero aparece, para que, al que está leyendo, le permita aterrizar un poco más y preguntarse cómo vive y sobrevive esa persona que le habla.


El objetivo principal del libro es intentar narrar una época, que es más que una serie de acontecimientos o una reflexión, que es más que dos o tres personas. Es un momento histórico, es el espíritu de un país de un determinado momento, muy específico, que está viviendo en una batalla inmediata, en la que estamos muy a la defensiva comunicacionalmente y donde nos han ganado de mano. También es un libro para quienes vendrán después y nos pregunten qué pasaba en Venezuela.


—En el libro, te centrás bastante en el proceso comunal y campesino. ¿Por qué te recostaste sobre ese sector para contar la historia?

—Primero, porque fue mi puerta de entrada al país. Cuando ingresé al proceso revolucionario fue a través de ese universo. Y porque siempre vi que, en ese sector, había una potencia de transformación que no había en otros, ligada al proyecto que planteó Chávez, de lo que significó en términos organizativos y en horizonte de transformación. Y también porque mis héroes y heroínas siempre estuvieron ahí. Mis puntos de referencia, la gente que más admiro, siempre estuvo en esos espacios. Hay mucho que va transcurriendo en esa dimensión: desde lo maravilloso que son las experiencias comunales hasta lo trágico que tiene el asesinato de dirigentes campesinos. Todo eso es parte del espacio del cual hablo y del cual, muchas veces, analizo la realidad.

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El libro está situado en un lugar, que no es mejor ni peor. También tiene que ver con un ritmo del país,  por lo cual, a su vez, me despego y vuelco la escritura al conflicto político que se está desarrollando. Por ejemplo, todo lo que fue abril y junio de 2017, cuando había campesinos a los que les quitaban tierras los terratenientes que financiaban a los sectores paramilitares, pero el eje estaba puesto en el análisis de cómo iba tomando forma el asalto al poder por la fuerza de la oposición. Justamente, lo más difícil siempre es hacer una síntesis, que todos esos elementos convivan. Gran parte de mis fuentes de información, o desde donde podía aterrizar más lo que estaba pasando, tenía que ver con el universo de los territorios concretos. Ahí donde hay un caudal de información que, muchas veces, no está en los medios de comunicación. La particularidad para hacer periodismo en Venezuela es que, muchas veces, es difícil acceder a las fuentes y esas fuentes se pueden conseguir desde las alturas políticas y dirigenciales, o desde muy abajo en los territorios.

—¿Cómo fue abordar los temas de la burocracia y la corrupción dentro del proceso bolivariano?

Lo de la corrupción no era un tema hasta que Maduro, un día, dijo que ese era el principal enemigo de la revolución. Cosa que, incluso, los medios estatales pasaron por alto, pero Maduro lo dejó sentado. En septiembre de 2017, cuando vino el nuevo Fiscal General, Tarek William Saab, abrió la situación de la corrupción en sus dimensiones más fuertes, atacando problemas muy complejos, como el de PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A.). Ahí, el tema entró en pleno debate público, incluso contra resistencias de sectores al interior del chavismo, que dicen que de eso no hay que hablar. Ahí se pudo empalmar ese debate alrededor de la corrupción con los números que iba dando la Fiscalía General, lo que permitía complejizar muchas cosas. Creo que hay una dimensión de lo que sucede en Venezuela que no se puede entender sin incorporar ese factor, sabiendo que eso es una agenda de la derecha para el continente. Pero también sabiendo que el proceso bolivariano se propuso abordarlo. Al contrario de otros procesos, lo puso en el centro de la mesa, diciendo que había que hacerse responsable y encabezar una batalla contra esto.

Lo de la burocracia fue evolucionado. Primero, había una lógica más de análisis, demostrando cómo la burocracia opera y atenta en lo cotidiano, de forma invisible, contra los procesos de organización popular. Después, fue mutando más hacia el debate que hay en torno al proyecto político y económico, que es más que un asunto de burocracia. Es hacia dónde se está orientando el trazo estratégico en lo económico. El nudo principal del debate más complejo está ahí. ¿Por qué hemos visto, en el último tiempo, que la apuesta a lo comunal, social, estatal –sacando a algunos puntos clave, como PDVSA-, ha ido corriéndose del centro de la escena y la apuesta ha sido los acuerdos con el empresariado? ¿Qué hay detrás de eso? ¿Es algo solamente táctico o es estratégico? ¿Cómo se enmarcan los desalojos campesinos, los asesinatos de dirigentes, las dificultades para que crezcan las comunas al interior de ese debate? Esto tiene que ver más con el ejercicio teórico de cuál es el modelo económico que se está planteando en la situación actual, que no es la ideal. Es una situación que carga errores que se acumularon, junto con un bloqueo económico internacional cada vez más agudo, al mismo tiempo que los sectores empresarios boicotean la economía. En ese contexto, ¿qué se está planteando? Ahí, el ejercicio es más teórico sobre cuál es la proyección económica, sabiendo que la economía es política concentrada.

—¿Cómo podés describir a la oposición venezolana?

—Acorralada por su propia incapacidad de crear escenarios insurreccionales o incendiarios, en la que después termina quemada por su propio fuego. Hay un sector grande de la oposición que está convencido que sólo se va a saldar a través de una salida violenta. No lo plantea por una cuestión de concepción ideológica, sino porque ha cometido tantos errores, ha desacumulado lo poco que tenía, que llegó a un punto en el cual no tiene más remedio que plantearlo en ese sentido. Pero es tan crítica su situación que, para que eso sea realidad, no depende de su propia fuerza, sino que depende de un factor internacional. Ahí está la paradoja del asunto. Plantean una salida para la cual ellos no tienen la fuerza, por eso piden, con sus operadores internacionales, que se geste una acción desde el frente exterior bajo el paraguas de la crisis humanitaria.


La oposición ha cometido tantos errores y ha empujado hasta tan lejos el conflicto, que la derrota, sus contradicciones y sus disputas le ha costado ser un actor, en términos políticos, casi inexistente, por fuera de la comunicación. Hoy, se puede poner a cualquier dirigente de la oposición en una calle donde sus sectores son mayoritarios y no va juntar más de cien personas, porque no les creen.


Después, hay otro sector que oscila entre acompañar la línea más violenta y no respaldarla, y que el gobierno intenta acercarlo para dialogar. El planteo sigue siendo construir democracia participativa al interior de una democracia representativa. Hace falta una oposición que participe con las reglas del juego que están establecidas y, contra la mitología que se plantea, la misma derecha se encarga de desmentir. Cuando ganan elecciones, las reconocen, pero cuando pierden, no. El problema es cuando se presentan de conjunto, algunos ganan y otros pierden, entonces, los que perdieron les piden a los que ganaron que no reconozcan su victoria. En su propia capacidad de dispararse a los pies entre ellos, han creado una especie de crisis política muy honda que lleva a la situación en la que, hoy, la principal vocería, su línea de acción y estrategia está en Estados Unidos, mediada a través de Colombia.

—¿Cómo aparece la figura de Chávez en el libro?

—Aparece de una manera compleja, como un punto sobre el cual volver para reflexionar en términos del proyecto político estratégico. Aparece en su relación muy fuerte emotivo sentimental y de manera consciente con la gente, con lo que representó Chávez para millones de personas. También aparece desde un lugar de ausencia que pesa, en la necesidad que estuviera Chávez. Incluso aparece desde un lugar de no saber qué decir. Hay un texto, es uno de los pocos artículos que incorporo en el libro sobre un aniversario del fallecimiento de Chávez, y que cuento cómo fue el proceso de escritura de ese artículo y su dificultad. Porque dentro de una revolución hay cosas complejas de procesar y que son parte de aprender a vivir en esa revolución. Como, por ejemplo, sectores que hacen usurpaciones de la palabra y que nombran y vanaglorian y glorifican, pero, en su práctica cotidiana, hacen exactamente lo contrario. A veces, es preferible el silencio antes de que salir a plantear algunos ejes que no tiene razón de entrar en ese momento en el debate público. Chávez está omnipresente y, a veces, aparece como una ausencia. Hay algo que, incluso, parecería una pesadilla de la que nos despertamos y aparece.

Tomado de https://latinta.com.ar/2018/10/manana-sera-historia-un-diario-frenetico-sobre-la-realidad-venezolana/

 

 

La burguesía nacional, el modelo económico alternativo y el proyecto histórico

La burguesía nacional, el modelo económico alternativo y el proyecto histórico

La reflexión necesaria

Gerónimo Paz

Recientemente se ha planteado un debate sumamente importante y necesario que puede contribuir al encuentro de coordenadas para construir respuestas al complejo cuadro actual de la Revolución Bolivariana. Nos referimos al debate abierto por el ministro Castro Soteldo sobre la necesidad de ir a la construcción de una burguesía revolucionaria que motorice, según sus palabras, el desarrollo económico y la liberación nacional. Decimos puede contribuir y no ahogarse en un laberinto teórico estéril si se aterriza y se ubica en nuestros tiempos históricos, se incorpora un balance sobre las experiencias socialistas y progresistas que existen y han existido, pero además se hace en función de un esfuerzo concreto, es decir, que combine la reflexión filosófica y teórica con esfuerzos prácticos para adelantar una alternativa al capital.

Desde nuestra perspectiva el debate grueso pasa por definir y consensuar con la sociedad venezolana un modelo económico productivo que apunte a profundizar y ampliar las bases del horizonte trasformador abierto por la Revolución Bolivariana, que mantenga la perspectiva humanista, democrática radical y de liberación social, y que debe necesariamente estar anclado y en correspondencia con las condiciones y posibilidades que devienen de las circunstancias históricas en las que debe construirse. Por eso el debate debe hacerse en unas condiciones históricas, políticas, económicas y sociales concretas, no desde lo abstracto, de lo filosófico, pues como dijo un amigo mío, en el mundo de los modelos teóricos todo es perfecto; con base en una experiencia histórica hartamente aleccionadora sobre modelos y experimentos que ciertamente no funcionaron, por múltiples causas y factores, y que hoy no pueden seguir siendo marcos de referencia más que para saber lo que no se debe hacer en la construcción de una alternativa trasformadora.

No hay desafío más grande para quienes seguimos soñando y luchando por un mundo distinto que atrevernos a aceptar que los marcos teóricos, filosóficos y hasta programáticos sobre los que fundamos los proyectos anticapitalistas fracasaron y, desde esta certeza, reconstruir incluso epistemológicamente el sistema de ideas y planteamientos para construir una nueva forma de concebir e imaginar un mundo más allá de esto que llamamos capitalismo. Decimos esto porque los recursos y herramientas teóricas con las que se ha abordado el debate tiene mucho de una perspectiva reflexiva que creemos sirve poco para poder resolverlo desde el punto de vista de una utilidad concreta para los desafíos concretos, para la tarea concreta que es lo que le daría sentido al mismo.

Este debate puede abordarse desde tres posturas ideológicas, principalmente. En primer lugar, desde el dogmatismo puritano que tiene como expresión un falso radicalismo, casi siempre inconsecuente incluso con sus dogmas pues hacen poco para llevarlos a la practicas. Son los que piensan que de aquí al socialismo puro hay un pasito y que solo es un problema de claridad ideológica y voluntad de la dirección política, que, expropiando los medios de producción, estatizando la banca, eliminado la propiedad privada de un solo plumazo resolveríamos el problema. La cuestión de la revolución se reduce a un conjunto de medidas que hay que tomar y ya. Para estos es un verdadero sacrilegio hablar lo manifestado por Castro Soteldo.

En segundo lugar, desde un pragmatismo rapaz, oportunista, vacío de contenidos de fondo, que es la ideología, por decirlo así, de quienes se han aprovechado de los espacios de poder para enriquecerse y que, convertidos en una clase económica emergente, ven en una eventual radicalización socialista a la vieja usanza de la revolución el riesgo de sus intereses y privilegios. Son los falsos chavistas, no creen ni en socialismo ni en democracia, ni el mercado, ni en liberalismo, en nada, solo atienden a los que les conviene. Son la continuación de la forma parasitaria de acumulación mediante la apropiación de la renta nacional a través de la corrupción principalmente.

Y en tercer lugar, desde el realismo revolucionario, ver el necesario cambio de paradigma económico social con sentido del momento histórico, pero con perspectiva de un horizonte de esperanza hacia un mundo más humano, ético y democrático. El realismo revolucionario significa entender que el proceso de trasformación será gradual y para que sea progresivo y continuo es fundamental dos cosas: en primer lugar, la emergencia de un liderazgo radicalmente ético y democrático fundido con los propósitos más altos del pueblo y de la patria; en segundo lugar, construir y sostener una mayoría nacional bajo un concenso social sobre el tipo de sociedad a construir, una sociedad humanista y profundamente democrática en la cual se cuestione los contenidos antagónicos que supone el capitalismo para estos propósitos. Es la hegemonía del humanismo, de la democracia revolucionaria, de la economía humanista como marcos programáticos del nuevo proyecto histórico. Esto es la esencia del pensamiento chavista en lo ideológico y en lo estratégico.

El horizonte temporal de los cambios hacia ese mundo humanista y radicalmente democrático es infinito y por lo tanto difícil de definir. Lo cierto es que, dado un conjunto de factores y variables, por mucho tiempo éste transitará en el marco del mismo capitalismo y en esas condiciones los procesos transformadores tendrán que ir arrebatando conquistas en todos los órdenes de la vida social a las fuerzas del capitalismo en una dinámica que, como estamos viendo en el último decenio en América Latina con el ciclo de gobiernos progresistas, será de avances, retrocesos y estancamiento. Será, como dice García Linera, una disputa permanente. Visto así, eso que llamamos socialismo es un horizonte utópico, pero esa utopía tendrá que ser uno de los pilares sobre los que se asienta la ética del nuevo liderazgo trasformador, o vanguardia, como prefieran, lo que será la garantía de que no se sucumba ni al pragmatismo soez ni a un reformismo sin perspectiva histórica de los cambios y sin visión estratégica lejana.

 

Este somero marco reflexivo nos permite aterrizar el debate. La cuestión, como decíamos al principio, es concebir y desarrollar un modelo económico alineado a esta perspectiva trasformadora. Ya Chávez lo definió con meridiana claridad antes que más nadie. Chávez, consciente de las limitaciones que imponía su tiempo histórico, propuso una modelo de economía mixta humanista y productiva para la superación del agotado sistema rentista parasitario. Por eso no entendemos mucho cómo algunos marxistas que se dicen chavistas peguen el grito al cielo cuando escuchan a Castro Soteldo hablar sobre la necesidad de una burguesía nacional revolucionaria. A propósito, para complicar más aun el debate, valdría la pena la pregunta: ¿Que significa ser revolucionario en estos tiempos? Ya tenemos más de 160 años del manifiesto comunista y un siglo desde la primera revolución que se planteó el socialismo como fin, algo debe haber cambiado el mundo desde entonces, solo que muchos no se han percatado.

El modelo de economía mixto propuesto por Chávez supone un Estado Democrático y Radicalmente Ético que administra los sectores estratégicos de la economía para garantizar el bien supremo de la sociedad, una economía social en sus más diversas expresiones, y un sector privado al cual hay que garantizar igualmente sus derechos y garantías para que cumpla su papel dentro del proceso de desarrollo nacional. Si esto es así, si esto es lo que Chávez definió, pero además tiene un gran sentido de realismo histórico, solo el dogmatismo y la falta de visión estratégica puede ver esto como una blasfemia. Por tanto, ningún chavista debería estar alarmado por el planteamiento hecho. El sector privado, como se entiende, tiene un papel concreto qué jugar en la construcción de este modelo económico humanista que es lo que esta planteado como objetivo estratégico por un buen rato. Por eso no es una travesura ideológica plantear la construcción de un sector privado productivo, patriota y humanista. Toda vez que esto es una necesidad objetiva nos guste o no y, si partimos que la vanguardia de la sociedad en trasformación, tendrá un liderazgo revolucionario que junto a una mayoría nacional sostiene un proyecto histórico y dirige el Estado, pues es lógico que se trabaje porque el sector privado de la economía tenga un carácter progresista, productivo y comprometido con los más altos intereses del país. Lo contrario, como de alguna manera ha pasado, es dejarlo servido en bandeja de plata a la propaganda enemiga, a los sectores neoliberales que los encandilan y manipulan con sus argumentos anticomunistas.

 

Claro que se necesita un sector productivo con sentido nacional, innovador, audaz, que contribuya a desarrollar el mercado interno, con ética productiva. Este es un sector que, al igual que el trabajador, el campesino, el comunero, etc., la revolución debe entender como parte de los sujetos políticos y persuadirlo a formar parte del proyecto humanista nacional, porque en pleno proceso de expansión del capitalismo financiero parasitario que promueve el neoliberalismo sólo un proyecto como el chavista les garantiza sus aspiraciones e intereses. Pero hasta ahora no hemos sido eficaces en demostrarles esto, se han cometido errores de carácter vanguardista y hasta voluntarista. Ese sector se ha sentido acorralado, perseguido y no convocado. No es verdad que todo empresario es un pillo, un acaparador, un bicho sin alma. Conocemos gente en ese sector con verdadera vocación productiva y con mejores valores éticos que muchos chavistas confesos. No se puede despachar la tarea estratégica de un sector productivo privado con sentido nacional y patriótico, tan estratégico como construir el sector social o el Estadal de la economía con el manido argumento de que son explotadores, especuladores, etc. Es una tarea que corresponde con las condiciones históricas actuales salvo que se crea y se piense que estamos a un tris de construir el comunismo.

 

Particular interés debe tener el sector de la pequeña y mediana empresa, las empresas familiares, los emprendimientos. En Alemania, por ejemplo, las ‘mittelstand’, o pequeñas y medianas empresas, ocupan el 60% de la población activa. El concepto ‘mittelstand’ engloba empresas que cuentan con hasta 500 empleados y cuyas ventas anuales no superan los 50 millones de euros. Actualmente, los fabricantes del sector están ampliando sus mercados en China y los países de Asia y América Latina. Cuba está construyendo su propio sector privado con la política de cuentapropistas en el marco de su plan de actualización de su modelo económico y social. En esto coincidimos con el profesor Earle Herrera cuando dice que la Cuba que debemos imitar no es la Cuba de los años 60 si no la Cuba actual en la forma de entender las condiciones históricas reales y actuar en consecuencia con realismo revolucionario.

No se trata de viejos clichés izquierdistas como reformismo, o revisionismo. No nos interesa esos debates para nosotros caducados y para los efectos prácticos de las luchas trasformadoras estériles. El marxismo no es la luz del mundo, el marxismo es solo una ventana más para comprender la realidad, para objetivizarla. Si no transcendemos de los marcos marxistas e incorporamos otras perspectivas de análisis en el esfuerzo de repensar la alternativa trasformadora vamos ineludiblemente a seguir dando tumbos sin encontrar respuestas gruesas a preguntas gruesas que nos impone la lucha por una alternativa al capitalismo. Otra cosa es entender que el sector privado tiene un papel o está llamado a ser la vanguardia de la liberación nacional, pues la vanguardia para la superación de las dependencias que coartan nuestra soberanía e independencia será tarea de un amplio abanico plural de sectores sociales, entre lo que caben estos sectores con los cuales las fuerzas democráticas y trasformadoras en el marco de la democracia revolucionaria tendremos que disputar el liderazgo de la sociedad.

Para finalizar, el debate tiene que ver también con una cuestión clave para los proyectos alternativos al capitalismo, es la cuestión de la libertad en una democracia radical con horizonte socialista. Si aceptamos que el propósito ultimo del socialismo es la libertad plena del ser humano y aceptamos que en socialismo estén garantizados los derechos de las mujeres, de los niños, de la diversidad sexual, que quien quiera pueda, eso sí, aportando a la sociedad, hacer lo que mejore le parezca, puede ser cura, ingeniero, maestro, albañil, agricultor, político etc. ¿Por qué alguien en el ejercicio de su libertad y siempre bajo las normas que garantizan el bien común no puede decidir ser empresario en socialismo? Son estos los temas que merecen ser debatidos más allá de la prestablecidas verdades y certezas de una izquierda que, aunque duela decirlo y lo decimos con respeto: fracasó.

 

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Carta a Chicha

Carta a Chicha

Tenía cuatro años cuando te conocí. Era un día de París, estabas con las Abuelas, buscaban. Llevabas la imagen de Clara Anahí, de cada nieto, cada nieta, nuestra historia. Ya habías recorrido el mundo, entrado a las puertas de los infiernos para encontrarla, conocido gente hermosa que te quiso, te admiró, por lo inmensa, por lo sencilla, como ese caramelo que le regalaste a Cortázar sin conocerlo porque tosía. No recuerdo ese día de París. Me lo cuenta mi padre, era en la rue Pernety, donde nos criamos con mis hermanos. La distancia con que nací entraba en el nombre que llevabas bordado en el pañuelo blanco.

Treinta años después nos vimos por última vez. Fue en tu casa de La Plata, en enero. Entré a tu habitación, tomaste mate cocido, me preguntaste por Venezuela, desde donde te escribo hoy -llueve desde que amanecí, caen goteras en mi habitación, en mis dedos, en mis palabras, en la manera de decir tu nombre. Tu hermano se enamoró de esta tierra, siempre me lo contabas. Te pregunté lo que siempre te pregunto desde que entré una tarde de invierno a tu casa en el 2004. Ese día me acerqué y te pedí que me contaras. Nos sentamos, me contestaste todo lo que te preguntaba. Había algo que viene de muy lejos en tu forma de abrazarme, de buscar en mi algo de ellas, de Diana, de Clara Anahí. Dejaba que me miraras, encontraras en mí todo lo que quisieras encontrar.

Tu casa siempre estuvo abierta para quien quiso acercarse a conocer, a investigar, a leerte, a ayudarte con lo que pudiera para los juicios, para encontrar a Clara, a cada nieta, cada nieto. Por eso tanta gente sabía donde vivías, te iba a visitar, a quererte.

La historia no sería la misma sin vos. Ni la verdad, ni la memoria, ni la justicia, Diana, Posky, ni la casa de los conejos, de la resistencia, donde crece un limonero que dice que la vida vuelve, que las risas ganan, que no pudieron. Hiciste inmensidades, un cielo en cada mano, en el bastón que acompañó tus últimos pasos, en la sonrisa de cada reencuentro.

El agua cae Chicha. Tengo tu nombre en un lugar hondo y silencioso desde que amanecí. Junto al tuyo el de Clara Anahí, la injusticia, esa misma que sentí el día en que partió Kewpie, su otra abuela, mi abuela, que tanto querías. Ya no tendrá abuelos ni abuelas para abrazar cuando la encontremos. Porque lo haremos, o será ella quien nos encuentre. Le diremos lo tanto, tu belleza, tu tristeza, la verdad que le enseñaste al mundo, ese mundo que hoy está más solo.

Sé que miles seguirán tu ejemplo, ya lo hacen. Abrirán la casa, contarán la historia, pronunciarán los nombres que amaste, mostrarán las fotos que observaste tantas horas, dirán Chicha como quien habla de alguien que brilla y da la vida. Así lo haré. Gracias. Infinitamente gracias. Por haber sido, por habernos hecho mejor. Hablo por mí, hablo por muchos, por muchas. No descansaré hasta abrazar a Clara Anahí. Ese día estarás vos, en el centro de todo estarás vos, y Diana, y Posky, y los compañeros, las compañeras, y mis hermanos, mis padres, mis abuelos, mis tíos, mis primos, cada persona que te quiso. Estará todo lo que no pudieron robarnos porque a pesar de tanto vencimos, gracias a vos vencimos, podremos vencer.

 

Marco Teruggi

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