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Chile Despertó: Del estallido social a la rebelión popular

Chile Despertó: Del estallido social a la rebelión popular

Por Convergencia 2 de Abril

La revuelta popular provocada por el alza en el pasaje del transporte público no es un acontecimiento nuevo en nuestra historia: la “Revuelta de la Chaucha”, en agosto de 1949 y la “Batalla de Santiago, el 2 de abril de 1957[1] son dos de los hitos similares más recordados. En ambas ocasiones, las revueltas duraron dos días, en los cuales se quemaron buses y se destruyeron y quemaron distintos edificios de las ciudades, en especial, de Santiago.

Las movilizaciones iniciadas el 18 de octubre de 2019 tienen, sin embargo, un componente distinto. Si bien surgen como una revuelta frente al alza del transporte público, adquiere rápidamente características propias de una rebelión a nivel nacional – jugando las regiones un rol fundamental – que desafía el pacto transicional sellado entre la Concertación y la Derecha golpista, en el ocaso de la dictadura militar. Sin embargo, aún falta la conducción política de este estallido para que pueda ser considerada como una rebelión propiamente tal que efectivamente logre el cambio de régimen.

La consigna: ¡NO SON 30 PESOS, SON 30 AÑOS!, devela el hastío de un pueblo frente a un pacto establecido a sangre y fuego, y administrado para beneficio de la clase dominante en los años que le siguieron. De esa forma, se abre un nuevo periodo político en el país en el que se configura una crisis de hegemonía, la cual se expresa de forma abierta en esta coyuntura. La capacidad de mantener abierta esta coyuntura está en veremos y depende de la capacidad de despliegue del pueblo y las organizaciones revolucionarias, pero el nuevo periodo político ya no tiene vuelta atrás.

El pacto transicional significó la constitución de un bloque dominante compuesto por las Fuerzas Armadas, la clase empresarial y los partidos políticos de la Concertación y la derecha, quienes se han mantenido gobernando hasta la fecha profundizando las políticas neoliberales que se impusieron hace 46 años, tras el derrocamiento del Gobierno Popular. Los empresarios, representados por la Concertación y la Derecha, a merced de sus intereses, han privatizado cada rincón de la vida de las chilenas y chilenos hasta su miseria más completa. Cada uno de esos rincones, hoy, se constituye en fuerza pujante de una movilización sin precedentes en la democracia chilena post-dictadura.

La privatización de los servicios básicos como la luz y el agua; la disminución acelerada en la capacidad de producción del Estado (Codelco deja de producir un 60% en los últimos 30 años); el traspaso de fondos públicos a manos privadas en la vivienda, la educación, la salud, las pensiones y el trabajo; la privatización de nuestros recursos naturales, en desmedro de la clase trabajadora; y el aumento en los niveles de explotación derivados del creciente endeudamiento para poder seguir viviendo, han generado niveles intolerables de precarización en nuestra clase.

En este escenario, el conflicto presente reclama una acción decidida de la organización revolucionaria. Los crecientes niveles de conciencia de los que el pueblo ha dado suficiente muestra con su movilización y organización en las calles, poniendo en jaque al Gobierno y el resguardo de la propiedad privada, deben ser conducidos hacia una salida al conflicto que permita la acumulación de fuerza social y perspective un nuevo ciclo de lucha social y popular, caracterizada por el ánimo constituyente, pasando de una mera fase destituyente. Pasar de la revuelta a una rebelión popular requerirá la construcción de un sujeto político que de conducción a la movilización actual.

 El bloque dominante: las dos apuestas.

En el Gobierno y en el bloque dominante, que incluye a las Fuerzas Armadas y clase empresarial, existen dos apuestas en estos momentos, que evidencia la situación de crisis en la cual se encuentran. La primera de ellas, es encabezada por los sectores más reaccionarios y pinochetistas, donde se sitúa José Antonio Kast, gran parte de la UDI y sectores de Renovación Nacional. Este sector presionó a Piñera para que decretara el estado de emergencia el primer día de la revuelta y plantean que todo esto se resolverá mediante la represión y criminalización de los “violentistas” que protestan: “si se sacó a los militares a la calle, hay que usarlos”. Esta postura fue la que triunfó durante los primeros 5 días, en los cuales todo el discurso del Gobierno se centró en denunciar los saqueos, provocar miedo, instalar un estado de sitio de facto, y teniendo como corolario la afirmación de Sebastián Piñera el domingo 20 de octubre por la noche: “Estamos en Guerra”. A pesar de la expresión, Piñera sigue siendo considerado como un cobarde por este sector. Este sector apuesta por profundizar la situación de inestabilidad en el país, planteando como salida un gobierno neofascista al estilo de Bolsonaro en Brasil, para lo cual quieren posicionar la figura de un “salvador” ante el caos. Esta expresión pareciera encontrar apoyo en sectores de las Fuerzas Armadas, principalmente, de la Armada, quienes tienen una cultura mucho más reaccionaria que la del Ejército y que se ha visto en la forma de represión desplegada en las regiones de Valparaíso y el Biobío, donde dos de los suyos han sido nombrados Jefes de Defensa Nacional de las plazas correspondientes. Incluso, podría derivar en una apuesta golpista si se vieran desbordados por la movilización popular.

El segundo sector está conformado por aquellos que entienden que la crisis sólo se podrá solucionar “cediendo” y estableciendo una serie de reformas que permitan mantener el modelo neoliberal, aún cuando aquello signifique mayor endeudamiento por parte del Estado. En términos discursivos, este sector impulsará “reformas”, aun cuando se traten de meras medidas reivindicativas centradas principalmente en la transferencia de recursos del Estado a millones de chilenos, con el objetivo de disminuir el encarecimiento de la vida. En el Gobierno este sector es representado por el propio Sebastián Piñera, gran parte de Renovación Nacional, Evópoli y podemos incluir a la Democracia Cristiana también como parte de este bloque. Ninguna de las medidas que impulsen cuestionará el modelo y serán de carácter redistributivo, quedando en evidencia en el discurso de Sebastián Piñera en la noche de este martes 22 de octubre: aumento del salario mínimo subsidiado con fondos estatales, sala cuna universal, seguro para medicamentos y aumento de $20.000 de pensión básica solidaria. Esto no es más que su programa de Gobierno, tratando de completarlo con una verborrea que lo haga compatible con las demandas populares.

Respaldando esta línea también se encuentran sectores del empresariado, como Andrónico Luksic, quien está impulsando un alza al salario mínimo de hasta $500.000, lo cual será implementado en sus empresas.

En definitiva, la derecha tiene dos apuestas políticas: la que propicia el caos para una solución neofascista y aquella “reformista” que está dispuesta a medidas distributivas de baja intensidad con el objetivo de mantener el pacto transicional. Cabe mencionar que ambas tienen una línea autoritaria, donde apoyan el estado de emergencia y los militares en la calle y que buscan impulsar la ofensiva patronal que se ha visto frustrada en estos dos primeros años de gobierno.

La oposición institucional

El núcleo central de la Concertación (PS-DC-PPD-PR) mantiene una posición similar al sector reformista de la derecha. Reformas no sustantivas, de carácter distributivo de recursos que permitan contener el alza de la vida: aumento de salario mínimo y de la pensión básica solidaria, eliminar algunos impuestos, entre otras que implicarán más gasto social. Otras medidas son de carácter simbólico como las rebajas a las dietas parlamentarias. Estos sectores están dispuestos a negociar con el Gobierno a pesar de que esté decretado el estado de emergencia.

En esta misma línea, se encuentran sectores del Frente Amplio como Comunes, Revolución Democrática y sectores de Convergencia Social, quienes están dispuestos a negociar con el gobierno – aún cuando se mantenga el estado de excepción – con el objetivo de obtener algunas medidas de como el aumento del salario mínimo, rebaja a la dieta parlamentaria y No+AFP. En estos dos sectores se puede impulsar la Asamblea Constituyente, sin embargo, serán incapaces de realizar acciones que lo permitan. Se acostumbraron a reaccionar políticamente conforme a los criterios establecidos en la política transicional.

Por el otro lado, está la línea del Partido Comunista y los sectores “más de izquierda” de Convergencia Social (núcleo de ex ND e IL), quienes se niegan a conversar con el Gobierno mientras se mantenga el estado de excepción constitucional, pero quieren asumir la interlocución desde la institucionalidad jugando un rol de “representación” del movimiento, lo cual es peligroso para el estallido social.

La izquierda rebelde, la clase trabajadora y las organizaciones sociales

Las posibilidades de un proceso pre-revolucionario hubiesen sido posible si hubiese existido pueblo constituido y organizado. Nuestra consigna sobre la construcción de los pies del pueblo demostraba la necesidad de aquello para tener un proceso más profundo en términos revolucionarios. Sin embargo, uno no elige las condiciones en las cuales tiene que desarrollar la táctica y estrategia, por lo cual a pesar de ello, hay que jugar las mejores cartas.

Antes de que ocurriera el estallido social, varias organizaciones realizamos campañas de AGP visibilizando la criminalización hacia los estudiantes por el Gobierno por realizar evasiones masivas, mientras celebra las evasiones tributarias propias y de sus amigos empresarios, como también legitimando las evasiones masivas como mecanismo de lucha. En virtud de la coyuntura, el viernes 21 por la mañana, la CONFECH convocó a una jornada de protesta nacional por el alza del pasaje y la nacionalización del transporte público nacional, sin esperar el estadillo que ocurriría el viernes 18 de octubre. Sin embargo, esta convocatoria anticipada permitió articular rápidamente con organizaciones sindicales, en especial, con los trabajadores portuarios, quienes fueron los únicos que paralizaron el día 21 de octubre.

El mismo sábado, distintas organizaciones convocaron a la Huelga General y a la Protesta Nacional a partir del lunes 21 de octubre, en especial, la Unión Portuaria. En las regiones, el sábado también nos movilizamos y auto-convocamos en las principales ciudades del país, generando movilizaciones que plantearon sus propias demandas y realizaron grandes movilizaciones que provocaron que el Gobierno decretara estado de emergencia en las Regiones del Biobío y Valparaíso, para luego extenderse a gran parte de las regiones y ciudades capitales regionales del país.

Este llamado no tuvo mayor impacto en las organizaciones sindicales, por lo cual el día lunes no existió un gran nivel de adherencia a la huelga, sin embargo, debido al miedo generado a los problemas relacionados con el transporte, se realizó una huelga de facto, pues la mayoría de losa trabajadores no concurrieron a trabajar. Lo más importante de la jornada fueron las concentraciones en distintos puntos que terminaron en una concentración con decenas de miles de personas en Plaza Italia, generando una jornada de protesta importante para proyectar la movilización y la huelga de los trabajadores portuarios, que paralizó 20 puertos.

Esa misma tarde, el espacio de Unidad Social liderado por la CUT, No+AFP y Confusam, llamó a una Huelga General para los días 23 y 24 de octubre. El llamado a la Huelga General es importante, pues la nomenclatura utilizada en ocasiones anteriores sobre el Paro Nacional, nunca derivaba en una paralización efectiva. Esta Huelga General logró sumar a Sindicatos estratégicos claves de la Minería y del Metro. Asimismo, derivó en una masiva marcha que se tomó la Alameda congregando a cientos de miles de personas y manteniendo cortada la Alameda durante horas.

Esto provocó que el Gobierno realizara un llamado a los trabajadores portuarios, mineros, de la ANEF y de la CUT para dialogar, sin embargo, estos sectores ya dejaron claro que no dialogarán mientras se mantenga el estado de excepción.

La primera tarea se cumplió: cambió el momento político y el estallido social comienza a adquirir contenido y conducción política, en manos de sectores en los cuales no podemos confiar, pero que se asoman como los únicos que cuentan con la conducción de fuerza necesaria para ello.

¿Qué hacer en el escenario actual?

El estallido social sigue en pie, pero existen tareas pendientes. Existen tres escenarios que visualizamos como salidas políticas a la crisis.

La primera salida viene de los sectores autoritarios del Gobierno, que apaguen la rebelión con sangre y fuego como lo vienen haciendo, haciendo retroceder la movilización. Esto puede derivar en un fortalecimiento de la figura de José Antonio Kast para que triunfe en las próximas elecciones o bien, menos probable, pero debiendo ser considerado, podría terminar en un golpe de Estado encabezado por las Fuerzas Armadas y la derecha pinochetista.

Una segunda salida puede ser un nuevo pacto entre la clase empresarial y los partidos políticos institucionalizados – incluyendo al FA y al PC – conforme al cual impulsen en el Congreso una serie de reformas redistributivas que logren desmovilizar. Esto ralentizará el movimiento popular, postergando el estallido, pues es imposible mejorar la calidad de vida de millones de personas manteniendo el sistema capitalista neoliberal. Esta salida también puede estar “revestida” de un diálogo con organizaciones sindicales, territoriales, estudiantiles y sociales en general, por lo cual es importante desconfiar de las dirigencias burocráticas tal como lo hemos venido haciendo. Si dialogamos con ellos, es para evitar que esto ocurra.

La tercera salida probable, y por la cual apostamos, es una salida que beneficie al pueblo y genere condiciones para impulsar un cambio de régimen y de periodo en el corto plazo. Para ello, nos jugaremos por mantener abierta la movilización, generar espacios de encuentro y de deliberación popular que apueste por una Asamblea Popular Constituyente, en el cual se construya el pliego del pueblo y la plataforma de lucha para luego lograr una Asamblea Nacional Constituyente que permita canalizar este nuevo momento político. Para ello es importante que las organizaciones sociales constituidas puedan ser un dinamizador en este proceso y puedan conducirlo, mientras se generan espacios de representación en todo el territorio. En ese entramado, en donde la correlación de fueras a nivel de conducción, es decir, de nuestra fuerza política frente al resto, y a nivel de correlación de fuerza a nivel de masas, nos indique que nuestra apuesta para estos momentos está en la acumulación de fuerza a través de las Asambleas Populares, que permiten acrecentar los niveles de organización del pueblo y el crecimiento de las fuerzas políticas revolucionarias.

En consecuencia, planteamos lo siguiente como “quehacer” en virtud del análisis que realizamos:

  1. El primer elemento que destacamos es que la Rebelión Popular desbordó la demanda concreta por la cual se inició, planteando una crítica al sistema capitalista neoliberal perpetuado en los últimos 30 años por el pacto transicional. Por ello, es importante canalizar las demandas del pueblo a través de un Pliego del Pueblo que sea elaborado a partir de una Asamblea Popular Constituyente, que permita poner fin al Pacto Transicional propiciando un cambio de régimen y de periodo político, derivando en una Asamblea Nacional Constituyente. Para ello, es indispensable que renuncie Sebastián Piñera y todo su Gobierno.
  2. La Rebelión Popular debe ser capaz de generar “ganadas concretas” para el pueblo, demostrando que la única forma para transformar la sociedad es a través de la lucha directa contra el Gobierno y sus medidas. Entre estas ganadas se plantea un petitorio que resuelva algunos problemas inmediatos de la clase trabajadora. Entre estos puntos la organización impulsará lo siguiente:

(I) salario mínimo y jornada laboral de 40 horas;

(II)  estatización del transporte público y gratuidad para estudiantes y adultos mayores;

(III) condonación de las deudas educacionales;

(IV) estatización de la energía y congelamiento inmediato de las tarifas de energía eléctrica;

(V) fin a las AFP y un nuevo sistema de reparto, tripartito y solidario, con pensiones mínimas equivalentes a salario mínimo;

(VI) salud pública y gratuita, con baja en el precio de los medicamentos y sistema nacional de cuidados;

(VII) derogación del Código de Aguas, estatización de las empresas sanitarias para rebajar el cobro de agua potable;

(VIII) retiro de la reforma tributaria y fin al IVA en servicios canasta familiar.

(IX) Aborto legal, seguro y gratuito.

  1. Para lo anterior debemos impulsar la movilización, pues es lo único que nos garantiza mantener abierto el conflicto y obtener ganadas concretas. Para ello debemos agitar la movilización; desplegarnos en acciones con todas las formas de lucha a través de cacerolazos, barricadas y acciones de protesta en general. Debemos mantener la situación de ingobernabilidad y ser capaces de alterar la normalidad del funcionamiento de las ciudades, cuestión que se ha logrado hasta este sexto día de rebelión. Para ello, se hace central levantar la consigna “Renuncia Piñera”, en cuanto a la profundización de la crisis política en la que se encuentra hoy su gobierno y, en general, los partidos tradicionales que han administrado nuestra miseria, pero también porque nos permite denunciar su política criminal en contra de la organización y movilización social.
  2. Para construir y acumular fuerza social, debemos ser capaces de levantar Asambleas Territoriales que nos permitan avanzar hacia la Asamblea Popular Constituyente. Estas Asambleas, además de la profundización programática, deben ser capaces de levantar espacios de autodefensa territorial y constituirse como espacios para resolver problemas del barrio, principalmente, de desabastecimiento si es que se mantiene la movilización. Asimismo, estos espacios se proyectan como espacios de control popular y de poder en los territorios, con el objetivo de determinar espacios de la vida.

En definitiva, tendremos Asambleas Territoriales; luego Asambleas Comunales; posteriormente, Asambleas Provinciales y Regionales que levanten el pliego del pueblo y el Plan de Lucha; para terminar en una Asamblea Popular Constituyente. Todo esto debe realizarse en las próximas semanas según las capacidades que tengamos, pues debe realizarse mientras la movilización esté latente.

  1. En lo inmediato, nos parece central ser claros en nuestra completa negativa a negociar mediante se mantenga el estado de emergencia. No estamos dispuestos a impulsar ninguna mesa de diálogo mientras los militares se mantengan en las calles. Nos parece central denunciar la represión, tortura y asesinatos, en especial la violencia política sexual, a las que hoy estamos siendo sometidos/as por este gobierno criminal. Por último, es central denunciar la represión selectiva de dirigentes sociales, que muestra una política dirigida de este gobierno criminal hacia ciertos sectores organizados, entre los cuales se encuentra la izquierda rebelde.
  2. Nuestro sujeto de interpelación debe ser construido en la Asamblea Popular Constituyente, como espacio de articulación de las distintas organizaciones del pueblo. No obstante ello, por el momento impulsaremos las articulaciones multisectoriales que existen en nuestras localidades, en los cuales convergen organizaciones sindicales, estudiantiles, territoriales, feministas entre otras.

En conclusión, estamos ante la posibilidad de que la revuelta o estallido social se transforme en una rebelión popular, para lo cual es necesario dar dirección y contenido político a la movilización. Para ocasionar el cambio de régimen será necesario mantener abierta la movilización, mientras que se desarrollan a Asambleas Populares en distintos espacios y niveles territoriales, en miras a avanzar a una Asamblea Popular Constituyente, que sea capaz de referenciar a un sujeto de conducción que pueda ser parte hegemónica en una Asamblea Nacional Constituyente. Para que ello ocurra, debe renunciar el Gobierno de Sebastián Piñera.

En el corto plazo, debemos ser capaces de posicionar un “pliego mínimo” de sentidas demandas populares que se puedan obtener mientras nos movilizamos, con el objetivo de legitimar la lucha popular de masas como un mecanismo efectivo para obtener ganancias para nuestro pueblo.

Tanto a corto como mediano plazo, debemos ser capaces de acumular fuerza social que nos permita resistir la oleada represiva en caso de que el conflicto se cierre por el bloque en el poder. La lucha revolucionaria es de largo alcance y puede que este 2019 sea nuestro 1905. No obstante, dejaremos todas nuestras fuerzas en las calles donde hoy lucha nuestro pueblo para que las muertes de quienes lucharon estos días no sean en vano.

Con todas las fuerzas de la historia: continúa la lucha. ¡Hasta que la dignidad se haga costumbre!

¡RENUNCIA PIÑERA!

¡ FUERA LOS MILITARES DE LAS CALLES!

¡A LEVANTAR LA ORGANIZACIÓN EN NUESTROS TERRITORIOS PARA AVANZAR A LA ASAMBLEA POPULAR CONSTITUYENTE!

¡LUCHAR, CREAR, PODER POPULAR!

[1] El nombre de nuestra organización es un homenaje a las revueltas del pueblo, pues 60 años después de dicha revuelta, convergimos 3 organizaciones revolucionarias: un 2 de abril de 2017.

Defender la victoria de Evo es defender la paz, la democracia, la prosperidad y la soberanía de América Latina toda

Defender la victoria de Evo es defender la paz, la democracia, la prosperidad y la soberanía de América Latina toda

Al complejo escenario recientemente configurado en América Latina con las rebeliones populares antineoliberales en Ecuador, Haití y Chile, en las cuales las fuerzas de derecha que gobiernan en esos países han respondido con la más brutal represión, se agrega un nuevo capítulo: el desconocimiento del contundente triunfo electoral de Evo Morales por parte de la derecha boliviana e internacional, respaldado por el poder mediático del planeta y por la élite del poder económico y político de EEUU.
Los hechos ocurridos en Bolivia durante la noche y la madrugada de ayer permiten afirmar que el plan implica el mismo guión aplicado en Venezuela durante las elecciones del 14 de abril de 2013, cuando Nicolás Maduro Moros ganó las elecciones al candidato de la derecha Henrique Capriles Radonsky: 1) desconocimiento del resultado electoral por parte del candidato perdedor sin que exista ningún elemento probatorio para ello, 2) circulación de fakenews supuestamente probatorias de un fraude electoral, 3) violencia y vandalismo en la calle, 4) falsos positivos para acusar de violencia a los simpatizantes de Evo y de represión al gobierno, 5) desconocimiento del resultado electoral por parte de organismos internacionales como la OEA y de organizaciones no gubernamentales como Human Rigth Watch, 6) desconocimiento del resultado electoral por parte de voceros y voceras políticas de fuerzas derechistas en el continente, como el caso de María Corina Machado y Andrés Pastrana.

La aplicación de este formato pone nuevamente en evidencia cómo las fuerzas de derecha en los países de nuestro continente actúan cohesionadas y alineadas bajo la dirección de Estados Unidos en su plan estratégico para recuperar el control del poder político en los países latinoamericanos y restituir el continente a los tiempos del ALCA.
También se pone en evidencia, además, su carácter autoritario y elitesco: para esas fuerzas no tiene ningún valor la voluntad de las mayorías populares, esas fuerzas no son demócratas, no reconocen a las mayorías populares como sujeto histórico conductor de su destino, sólo actúan en función de los intereses estadounidenses en la medida en que de esa forma garantizan sus intereses en tanto élites locales: en Venezuela y Bolivia alegan fraude electoral e ilegitimidad de los presidentes de ambos países, electos trasparentemente por el voto popular; en Ecuador, Chile y Haití avalan la cruenta represión, ocultan los crímenes de lesa humanidad, inventan fantasmas y conspiraciones para ocultar que el neoliberalismo es rechazado con violencia por las mayorías.
La amenaza que se cierne hoy sobre Bolivia es grave. A pocos meses de que EEUU desarrollara en Venezuela el plan Guaidó, en el cual no sólo se aplican todos los pasos arriba mencionados sino que se agrega la autoproclamación presidencial y el reconocimiento internacional de la misma por parte de factores de poder internacional encabezados por el gobierno de EEUU y la OEA, podríamos estar ante un nuevo ensayo de esa estrategia, que implica, además de la posible autoproclamación del candidato perdedor como presidente y su posterior reconocimiento: 1) presión para que se quiebre la fuerza armada, traicione la institucionalidad y se cuadre a favor de las fuerzas antidemocráticas e injerencistas, 2) operaciones psicológicas para fabricar un estallido social, 3) presión para que se quiebre la unidad política en torno al liderazgo de Evo y García Linera, 4) agresión diplomática para desconocer al gobierno legítimo de Evo y aislarlo internacionalmente, 5) amenaza militar y agresión económica, 6) declaración de un gobierno paralelo en algún territorio del país o fuera de éste.


Se trata de una hora crucial para la hermana Bolivia y para nuestra América. La victoria de la paz, la democracia y la soberanía de Bolivia será la victoria de la paz, la democracia y la soberanía de América Latina. No es poca cosa lo que está en juego.
Para ello será clave la mayor y más unitaria solidaridad internacional posible con Evo y con el pueblo boliviano, será clave la capacidad del liderazgo boliviano para mantener la unidad y cohesión popular ante las presiones, la guerra mediática y la agresión, será clave la unidad que exista entre el pueblo, la fuerza armada y el liderazgo de Evo y García Linera, será clave la actuación unitaria, cohesionada y audaz de las fuerzas diplomáticas en el continente y fuera de éste para detener la avanzada que dirige Estados Unidos, será clave la capacidad que tengamos para romper el cerco comunicacional y poder contrarrestar las campañas de desinformación y manipulación que pretenderán falsear la realidad de Bolivia.
La batalla por la independencia y prosperidad de América Latina no ha terminado. Seguimos de pie y en lucha. Las fuerzas que pretenden doblegarnos y someterenos no descansan y no descansarán. La unidad de los pueblos es hoy más que nunca una necesidad histórica irrenunciable.

Sigamos firmes, sigamos alerta, sigamos construyendo la integración que nos hará fuertes para resistir y vencer las élites internacionales y nacionales que sólo nos quieren sometidos(as).

Coordinación Nacional Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

Batalla crucial en Bolivia

Batalla crucial en Bolivia

De cara a las elecciones generales que se realizan hoy en el Estado Plurinacional de Bolivia, conversamos con José Carlos Llerena, miembro de la organizado política La Junta (Perú) y del capítulo Perú de Alba Movimientos, quien actualmente se encuentra en Santa Cruz desarollando trabajo político con la organización  Azules del Oriente e impulsando, junto a otros compañeros de la articulación continental de Alba Movimientos, la campaña internacional de solidaridad y unidad nuestroamericana Un Abrazo para Bolivia, la cual a la fecha ha recibido saludos de más de cuarenta países de todo el mundo en solidaridad con el proceso de cambio en el país boliviano y específicamente con el el líder de este pueblo, Evo Morales.

¿Que está en juego en Bolivia en estas elecciones?

Esta pregunta se puede dividir en dos: en el plano nacional, en el plano boliviano, está en juego la continuidad del proceso de cambio boliviano que luego de 13 años le devolvió la dignidad al pueblo boliviano, sin depender de las fórmulas del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional; antes Bolivia se equiparaba en nivel de pobreza casi a Haití, que sabemos que es un país que padece todas las consecuencias nefastas del modelo neoliberal y, justamenten por eso hoy día llevan casi un mes de protestas y movilizaciones en todo el país. Está en juego la nacionalización de los recursos que ha logrado que se redistribuya la riqueza entre el pueblo boliviano, entre los distintos bonos como Juancito Pinto, Juana de Azurduy, que tienen que ver con educación, salud, redistribución de la riqueza para lidiar con los problemas de justicia social que Bolivia venía arrastrando.

También hoy en día hay un modelo económico sólido, con años de crecimiento, un modelo económico seguro. Ha habido un cambio importante en la moneda, el ahorro del pueblo en dólares ha disminuido y ha crecido el ahorro en moneda nacional. A partir de la redistribución de la riqueza se ha generado mayor capacidad de consumo y una mejora en la calidad de vida de las personas de millones de bolivianos y bolivianas.

El Estado ha crecido y se ha abierto para incluir líderes y lideresas indígenas, pueblos originarios, y así cumplir con el proyecto de Estado plurinacional. Entonces, en lo nacional están en juego todas esas conquistas. Si bien se toma como hito formal la primera elección donde gana el presidente Evo Morales, no nos podemos olvidar que esto tiene origen en la guerra del agua, la guerra del gas del 2002, 2003, donde hubo muchos muertos, muchos fallecidos y fallecidas del pueblo en estas luchas populares que abrieron el llamado ciclo progresista, como El Caracazo en Venezuela, el Argentinazo en Argentina. Entonces, por un lado están en juego todas estas conquistas que hoy en día se mantienen a pesar de la ofensiva neoliberal y neoconservadora en el continente nuestro americano.

Desde el punto de vista geopolítico, estratégico, estas elecciones son fundamentales para la unidad latinoamericana, en esta ofensiva neoliberal y neoconservadora donde Venezuela y Bolivia son los focos de resistencia. De alguna manera Bolivia, por la solidez económica que ha venido manejando, no está sufriendo el asedio como lo vive nuestra hermana Venezuela. A pesar de que acá ya se expulsó a la USAID y que en la embajada norteamericana solo queda un encargado de negocios, no es que la presencia norteamericana haya sido eliminada del todo, está presente siempre impulsado las fuerzas reaccionarias.

¿Cómo caracterizaría estas elecciones de hoy?

Estas elecciones son las elecciones más complicadas que atraviesa el proceso de cambio boliviano y son fundamentales para la resistencia frente a la avanzada  neoliberal. Un gobierno boliviano distinto al de Evo Morales impactaría en cómo se profundice el asedio multidimensional contra Venezuela. La guerra no convencional se vería intensificada porque Bolivia ya no sería ese foco de resistencia que viene acompañando al proceso venezolano y debilitando, por ejemplo, al grupo de Lima. Además, Bolivia representa una luz al final del túnel en este momento para los pueblos, a pesar de todas las contradicciones que todo proyecto alternativo puede tener nos demuestra que sí es posible salirnos de los linderos que nos plantea hegemónicamente el Banco mundial, el FMI, el imperialismo norteamericano que quiere preservar lo que ellos denominan su patio trasero y seguir despojándonos de recursos y territorios para sostener su modo de vida, el “american way of life”.

Hoy sufragan aproximadamente 7 millones de bolivianos y bolivianas. Se va a elegir presidente, vicepresidente, 9 representantes a ante organismos supraestatales del exterior y los 13º diputados y 36 senadores que conformaran la asamblea legislativa plurinacional.

Del total de habilitados a sufragar en estas elecciones en particular, es importante destacar que más del 40% están conformados por jóvenes del 18 a 35 años, esto es importante porque la juventud es una juventud que ha crecido en pleno proceso de cambio, es una juventud que no conoce cómo era la Bolivia limosnera, la Bolivia que vivía cumpliendo lo que el FMI dictaba y este es un desafío comunicacional, político para el binomio Evo Morales-Álvaro Garcia linera y es una oportunidad también para la reacción imperialista que no deja de operar mediante sus lacayos de la oligarquía boliviana, siempre servil al interés yankee.

¿Cuáles son las expectativas? ¿Qué análisis hay sobre posibles resultados?

Para que Evo Morales continúe siendo presidente y se cumpla la agenda 20 – 25 debe ganar por más del 50% de los votos válidamente emitidos o superar el 40% con una ventaja superior a los 10 puntos del segundo más votado. Las encuestas son diversas, algunas dicen que supera por mucho el 40%, otras dicen que no. Sacando el promedio Evo Morales está en 39%, 38% pero si supera en más de 10% a Carlos Mesa entonces el desafío de mañana es superar el 40%. Ahora bien, estas encuestas contemplan el voto urbano, el rural siempre es incierto y allí Evo  tiene un gran acumulado. Tmbién está el voto internacional. Es importante destacar que, por ejemplo, la comunidad boliviana en Argentina respalda al presidente Evo Morales y ellos podrían otorgar entre 2 y 3 puntos al conteo final.

El pronóstico es reservado, no se podría decir desde ya que está ganado. Aunque el discurso oficial del Estado es que ellos están convencidos de que van a ganar en primera vuelta y que el desafío es ganar los dos tercios de la asamblea legislativa para lograr gobernabilidad en el siguiente periodo del proceso de cambio.

En términos netamente electorales, ¿cuáles fuerzas están en disputa?

Esta es la elección presidencial más complicada que atraviesa el, proceso de cambio, el instrumento político Movimiento Al Socialismo. Es el proceso electoral que el instrumento atraviesa más desgastado luego de 13 años. El desgaste se siente en la calle y dentro del instrumento, este desgaste es propio de todo proceso que viene extendiéndose y programáticamente no viene acompañado de los cambios para lograr evitar ese desgaste.

Las encuestas en primer lugar ponen a Evo Morales con Alvaro García Linera, en segundo lugar, colocan a Carlos Mesa Gisbert de Comunidad Ciudadana. Evo le lleva más de diez puntos; no ha logrado capitalizar todo el voto descontento que por distintas razones puede tener la gente y tampoco ha logrado lograr adeptos de la derecha más radical que es la derecha cruceña, cuyo candidato es Oscar Ortiz, de la organización Bolivia Dijo NO, que logró gran impulso durante el 21F en el referéndum que se celebró hace unos años. Oscar Ortiz no llega ni al 10%, mientras Carlos Mesa representa una derecha antigua, conocida, digamos una centro derecha, y Ortiz representa el federalismo cruceño que congrega a muchas capitales de Santa Cruz que es el motor económico de Bolivia.

Es probable que en estas elecciones Ortiz pase a 4to lugar y el candidato Chi Hyun Chung, del partido demócrata cristiano pase a tercer puesto. Este último es un médico pastor evangélico originario de Corea Del Sur nacionalizado boliviano que es muy polémico. Vendría a ser el candidato outsider, tiene declaraciones machistas, cumple con el perfil de los candidatos azuzados y prefabricados por el imperio yankee para capitalizar el voto juvenil, descontento, en el contexto de redes sociales que es importante en Bolivia por el nivel de uso de las mismas. No es gratuito que se haya mencionado que la embajada norteamericana éste operando con mecanismos como Cambridge Analytica.

La relación entre Ortiz y Mesa ha sido muy confrontativa, ha habido mucha tensión dentro de la derecha y eso lo percibimos como una manifestación más de las tensiones que se están viviendo en el continente dentro de los grupos de poder generada principalmente por la crisis del modelo económico que no da más para más, que es el capitalismo y que en Bolivia podemos ver en la poca capacidad de unidad entre Carlos Mesa y Ortiz para vencer a Evo Morales.  Por eso existe el temor de que pase a segunda vuelta, ahí la elección se polariza más y sería posible que Evo Morales y García Linera perdiesen por ése factor. Sin embargo hay encuestas que dan ganadores, en una segunda vuelta a Morales-Linera con un puntaje de 8 o 9 puntos de diferencia. No hay racionalidad aritmética o un silogismo lógico de pasar a segunda vuelta y que los votos de Ortiz pasen a Mesa, hay muchos conflictos entre otros grupos, cada uno tiene su propia agenda e intereses.

¿Qué otros factores podrían incidir en la elección?

 La derecha superficialmente juega a azuzar un discurso ultra radical entre lo movimientos indígenas que originalmente era protagónicos en el proceso de cambio, sin embargo, hay un núcleo duro que apoya a Evo Morales que es el 33% aproximadamente. También durante estos 13 años la fórmula Morales – García ha sabido juntar otros intereses, hay una nueva clase media que depende mucho del peso de la moneda nacional frente al dólar, esta clase media por más que no tenga una subjetividad de izquierda sabe que las fórmulas de derecha van a golpear su capacidad adquisitiva, su modo de vida. Así, grupos económicos o empresariales que se han visto beneficiados como la banca nacional, el ahorro público que es muy fuerte, entonces no se puede decir que a Evo lo apoya solo el pueblo, porque hay contradicciones que se han azuzado, el incendio a La Chiquitania es básicamente uno de esos ejemplos de cómo pretenden instaurar estas narrativas para generar contradicciones dentro del instrumento político, insisto un instrumento de 13 años, desgastado, que luego de tanto tiempo no está ajeno a tener sus propias contradicciones porque seguimos dentro de un modelo capitalista.

Felizmente, en este caso uno de los puntos donde el proyecto se mantiene fiel a su esencia es en el tema de la soberanía, a la nacionalización de los recursos, sobre todo de los hidrocarburos. Quien apoya a Evo Morales no es algo tan simple como decir el pueblo. Hay un despliegue de negociaciones políticas que se han venido desarrollando con distintos sectores y es por eso que hay incluso empresarios cruceños que apoyan al proceso de cambio porque se han beneficiado con el boom económico boliviano que es destacado mundialmente.

¿Y después de las elecciones qué viene?

Desde los movimientos sociales y desde Alba Movimientos sabemos que esta disputa por el poder en una instancia de democracias liberales, burguesas, del poder estatal es solo una parte de la lucha estratégica, y que el 21 de octubre debe comenzar otra disputa desde abajo, debe haber una acción política ya no pensada en lógicas electorales, en lógicas de democracias liberales sino en lógicas de movimientos sociales, para construir el poder popular, para profundizar en el proyecto porque la derecha no descansa, el imperialismo no descansa y estamos seguros de que va a haber desconocimiento internacional, van a tratarse de generar situaciones a modo de guarimbas como las vistas en Venezuela y Nicaragua porque ya se está viendo aquí en Santa Cruz como bloques separatistas, federalistas como la Unión Juvenil Cruceñista que ya hace unas semanas salió a agredir a militantes del mas evidenciando lógicas racistas, antipatriotas.

Ganar las elecciones da un respiro, ayuda a ganar tiempo, como el mismo compañero Álvaro García Linera habla, para las olas progresistas. Sin embargo, ese tiempo hay que usarlo no solamente para echar a andar la administración pública, el estado Plurinacional, sino para evaluar y construir colectivamente el proyecto revolucionario.

En particular en Bolivia creo que esto debería de apuntar a la subjetividad, a recobrar la mística y eso solamente se puede dar mediante la politización, la formación, organización y movilización.

No podemos olvidar que todo esto conquistado, si bien se llegó por elecciones, se debe a la tradición de lucha de un pueblo y ni la mejor redistribución de la riqueza, ni los mejores logros de justicia social pueden dormir ese espíritu de lucha, sedar ese espíritu y esa moral de combate del pueblo boliviano.

Prensa CRBZ

Latinoamérica vs. El neoliberalismo: capítulo Haití

Latinoamérica vs. El neoliberalismo: capítulo Haití

Puerto Príncipe se encuentra paralizado. Escuelas cerradas al igual que los centros médicos y cualquier otro organismo estatal hace más de un mes. Un país invadido a través de la Minustah (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas para Haití). Las masivas movilizaciones del pueblo haitiano acorralan día a día al gobierno de Jovenel Moíse. Latinoamérica y otro capítulo en la lucha contra el neoliberalismo.

Hoy, al cumplirse un nuevo aniversario del asesinato de Jean Jacques Dessalines, el esclavo que se convirtió en el líder de la revolución haitiana y su independencia, el país se encuentra en una abierta disputa en las calles entre un modelo que, al igual que en resto de la región, se arma de balas y va dejando muertos para imponerse, y un pueblo entero que en las calles rechaza las consecuencias del mismo. Hablamos con Lautaro Rivara, militante del Frente Patria Grande (Argentina). Miembro de la Brigada Dessalines, una brigada de solidaridad permanente de las organizaciones de Alba Movimientos y la Vía Campesina, que está próxima a cumplir los 10 años en el país.

¿Cuál es el estado actual de la situación en el país? ¿Cuáles son las causas de las actuales manifestaciones?

Actualmente estamos en una situación crítica. Entramos en la sexta semana de protestas del último ciclo de una larga crisis. Estas protestas surgen a partir de la crisis energética. Ésta generó un desabastecimiento del combustible en todo el país, y sus consecuencias, principalmente el encarecimiento de los precios a nivel nacional.

Esto en el contexto de un país con características fuertemente desiguales, activamente empobrecido por décadas de políticas coloniales y neoliberales, donde 70% de la población intenta sobrevivir con 2 dólares diarios.

Este ciclo de protestas es diario. Cientos de miles de personas diariamente salen en la capital y en los otros departamentos y demás ciudades del país.

Hace más de un mes que no hay clases, al igual que ocurre en centros de salud. Tampoco hay actividad en ningún organismo estatal. Mismo en los comercios. Están suspendidos los elementos que hacen a la vida cotidiana.

No está llegando la asistencia internacional. Ni alimentos ni agua, como pasa en el sudeste. Se está camino a una nueva y recurrente crisis humanitaria en el país.

El actual estado de situación tiene un origen histórico. El FMI fracasa en su viejo proyecto de armar el “Taiwán del Caribe”, como lo llamaron los Clinton, que básicamente es una maquiladora, una estación intermediaria de la cadena de valor. Maquilas, con un costo laboral extremadamente bajo. Trabajadoras y trabajadores que sólo estén confeccionando textiles y ensamblando piezas electrónicas para el mercado de EEUU. Con algunas pequeñas economías de enclave: turismo de lujo, paraísos fiscales, extracción de oro en el norte y la fuerte presencia del narcotráfico, un 12% de la cocaína consumida en Estados Unidos pasa por Haití.

Este es el modelo que está en crisis.

También hay otras variables que generan el rechazo y el malestar. Una de ellas es la corrupción endémica. El desfalco de fondos que llegaron al país en el marco de los acuerdo de Petrocaribe. Estamos hablando que de 3800 millones de dólares, 2 mil millones han sido malversados, según lo reconocen los propios informes oficiales, en los que se comprueba la participación del presidente y altos funcionarios del gobierno. Esto generó movilizaciones muy masivas en agosto de 2018. Más de un millón y medio de personas salieron entonces a las calles.

La situación económica del país es totalmente adversa, inflación del 20% anual, devaluación constante de la moneda. A esto se suma la crisis energética y se genera un combo que recae sobre una población que ya viene viviendo sin margen, sin margen para desarrollar su vida.

     

¿Cómo se llega a la actual crisis energética?

Este último ciclo de la crisis, la crisis energética tiene dos causas principales. Ambas externas. En primer lugar,  el FMI impulsa una política global de eliminación de subsidios al combustible. Al igual que en lo hizo recientemente en Ecuador, trajo esta política al país el año pasado. Se emitió un decreto en julio de 2018 para aumentar la gasolina un 50%. La respuesta fue inmediata, se generó una reacción popular de masas. Más de 1,5 millones de personas salieron a las calles. Se echó para atrás la medida y renunció el entonces primer ministro Jack Guy Lafontant.

Esta medida fue suspendida temporalmente. Se sabe que esta intención de aumentar los combustibles aun está presente. En ese marco el gobierno comenzó a retener el stock de combustible que tenia en las terminales portuarias, argumentando que no contaba con los fondos para pagar las importaciones, con la clara intención de avanzar en la eliminación de los subsidios.

La otra causa son los daños que genera la política injerista de EEUU en la región. El embargo sobre Venezuela impacta en Haití. El combustible que llegaba a través del circuito de distribución de Petrocaribe hoy ya no llega, lo que obliga al país a salir a un mercado en el que el Estado no puede pagar. Estas dos causas, las políticas globales del FMI y los impactos de la política de agresión a Venezuela, están detrás de esta última crisis energética que se está viviendo.

¿Cómo es la situación de las organizaciones del campo popular?

Es paradójico. Hay relativamente bajos niveles de organicidad, lo que responden a la precariedad material de la vida. Sin embargo tenemos un altísimo nivel de movilización popular y de conciencia política.

Se están viviendo protestas realmente masivas prácticamente todos los días. El dinamismo más claro esta dado por un sujeto joven de la periferia de la capital y de los grandes centros urbanos.

En términos políticos organizativos se han delineado dos grandes bloques de oposición en el país. Un primer bloque que podemos definir entre moderado y conservador, con sectores de extrema derecha adentro, que se llama “Alternativa Consensual”, hegemonizado por el sector Democrático Popular, la vieja clase política haitiana, que ha participado en gobiernos anteriores. Por otro lado hay otro gran espacio opositor que se conformó en agosto de este año, el Foro Patriótico, que aglutina a movimientos campesinos, sindicatos, movimientos de mujeres, de derechos humanos, organizaciones juveniles, estudiantiles. Este Foro Patriótico tiene un programa que contempla la construcción de un gobierno amplio, de coalición, un gran acuerdo nacional. Que atienda las urgencias del país en materia alimentaria, de salud, educativa. Se plantea una reforma del sistema político, principalmente el electoral, que esta viciado y controlado técnica y políticamente por Estados Unidos. El programa incluye el llamado a una Asamblea Soberana, una Asamblea Constituyente. Cambiar la estructura política del país y reorientarlo hacia otros objetivos, otro horizonte. Esta es la propuesta del Foro Patriótico, en donde participamos los movimientos del ALBA y Vía Campesina, y otras organizaciones.

¿Qué mensaje hay para las organizaciones del resto de Nuestra América?

Llamamos a la solidaridad. La comunidad internacional se identifica en Haití por aquellos que justamente no son tal comunidad, sino la articulación de los intereses de algunas potencias como EEUU, Francia, Canadá. Hacemos un llamado a la otra comunidad internacional, la que representan los gobiernos revolucionarios, los gobiernos progresistas, los movimientos sociales, las organizaciones populares, los movimientos de los derechos humanos, a que no le saquemos los ojos a Haití, que está en una situación crítica y dramática, y a la vez esperanzadora. En ningún lugar hay movilizaciones de esta magnitud y radicalidad que enfrente sostenidamente la represión que ya se ha cobrado muchas vidas. Con un pueblo con alto nivel de conciencia y un historial de lucha enorme. Es dado esperar que se produzcan grandes transformaciones en el país. Es una zona estratégica en el Caribe. Es importante desestabilizar las políticas coloniales en las periferias.

Es necesario visibilizar la situación, deconstruir las marañas de mentiras históricas sobre el país, romper el cerco mediático que se monta alrededor de las luchas que está haciendo este pueblo, es desde las sombras que el imperialismo ha hecho sus peores atrocidades, como se viene haciendo en Haití desde la invasión de la Minustah (Misión de las Naciones Unidas en Haití).

El pueblo que hizo la primera de las revoluciones sociales en el continente puede alumbrar la segunda para el tiempo que vendrá. Es necesario la solidaridad y el apoyo activo.

 

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora.

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