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El plan de agresión contra Venezuela continúa en desarrollo y escalando los niveles de presión. Para el 23 de febrero está planteada la fecha en que se supone que se hará entrar la mal llamada ayuda humanitaria, acción que busca generar el quiebre que hasta ahora no han conseguido. Para ello está montado todo un dispositivo mediático que apela a la cultura del entretenimiento como técnica dirigida a sumar consenso en torno a la agresión a Venezuela y una intensificación de la campaña mediática y psicológica dirigida a quebrar la unidad y moral de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

En el contexto preparatorio de lo que pueda ocurrir en esa fecha, se dio el discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Universidad Internacional de Florida, ante un auditorio conformado principalmente por lo más rancio de la mafia mayamera anticubana y anticastrista, fervorosos promotores de las salidas violentas y antidemocráticas en Venezuela. En sus palabras, Trump profirió las ya habituales amenazas contra el país, haciéndolas esta vez de forma directa contra la FANB, además de reafirmar su reconocimiento como supuesto presidente a Juan Guaidó y hacer una inusitada apología al terrorismo en la exaltación que hizo de Óscar Pérez.

De sus palabras, se desprenden además otros análisis. Queda claro, de forma más evidente, que los planes de invasión sobre Venezuela son parte de una estrategia mucho más amplia y profunda de reposicionamiento de Estados Unidos en toda América Latina y de formateo de todo el continente para ajustarlo a los intereses norteamericanos. En ese sentido han venido dando pasos con la imposición de Jair Bolsonaro en la presidencia de Brasil, la conquista electoral del gobierno argentino con Macri, el giro traidor de Lenín Moreno en Ecuador y la continuidad de gobiernos de derecha y serviles a sus intereses con presidentes como Piñera en Chile y Duque en Colombia. En la reconquista del continente, por su importancia política y geoestratégica, tiene especial importancia Venezuela.

Quedó patente, además, que el poder estadounidense ha lanzado sobre el mundo una nueva cruzada contra cualquier forma política alternativa al capitalismo, y en esa cruzada están Venezuela, Cuba y Nicaragua como objetivos principales. El discurso de Trump permite ver graves signos fascistas en esta estrategia, al plantear frontalmente la eliminación del socialismo no sólo como propuesta política sino como pensamiento. Se trata, entonces, de una gran ofensiva restauradora.

El discurso reafirma, en lo concreto de la agresión a Venezuela, que nos encontramos en una fase definitoria de los planes intervencionista sobre el país. La fase actual puede ser calificada como amenaza de guerra para buscar quebrar psicólogicamente al chavismo, principalmente a la FANB, para lograr una rendición. Sin embargo, hasta ahora se han estrellado (y se seguirán estrellando) con la alta moral y disposición de lucha del pueblo, de nuestros(as) soldados(as) y del chavismo.

Vivimos tiempos complejos, en los que la crisis económica y política interna de Estados Unidos, así como la pérdida de espacios de control en el tablero geopolítico ante el crecimiento y fortalecimiento de países como Rusia y China, llevan al imperialismo estadounidense a acciones de fuerza y desesperadas en su afán de mantenerse como hegemón del mundo.

En Venezuela es necesario sumar de forma amplia a todos los sectores nacionalistas y patrióticos del país de forma concreta. Para ello es clave crear espacios amplios de encuentro que vayan perfilando una Alianza Nacional por la Paz, la Soberanía y la Democracia. Esa alianza debe incluir a aquellos(as) que incluso difieren del chavismo pero que, con cordura y sensatez, se oponen al mandado guerrerista de Guaidó y Voluntad Popular. La dirección política militar de la revolución bolivariana debe tomar la iniciativa, con una gran amplitud y flexibilidad estratégica. No son tiempos de sectarismo ni de purismo. La unidad nacional por la paz debe estar más allá del PSUV y del gobierno.

Los y las revolucionaros(as) del mundo, los pueblos que luchamos por el derecho a construir una sociedad humana, más justa y democrática, y por dar paso a un mundo basado en relaciones de solidaridad, de muto respeto a la soberanía y autodeterminación de los pueblos, debemos prepararnos para escenarios más difíciles y complejos que el actual. La solidaridad efectiva entre los pueblos y gobiernos del mundo que rechazan las pretensiones hegemonistas, supremacistas e imperialistas de Estados unidos es hoy un imperativo. Más que una opción, es una necesidad histórica.

Coordinación Nacional Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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